Capítulo 18: Vivir de toda palabra que sale de la boca de Dios

Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph Fielding Smith, 2013


“El acto supremo de la adoración es guardar los mandamientos, seguir los pasos del Hijo de Dios, hacer en todo momento aquello que le agrada a Él”.

De la vida de Joseph Fielding Smith

El presidente Joseph Fielding Smith manifestó: “Yo procuro mi salvación, y sé que sólo puedo hallarla en la obediencia a las leyes del Señor al guardar los mandamientos, al efectuar obras de rectitud, al seguir los pasos de nuestro líder en la vanguardia, Jesús, el ejemplo y caudillo de todos”1.

Además de procurar su propia salvación, el presidente Smith obraba con diligencia a fin de ayudar a otras personas a hacer lo mismo. El élder Francis M. Gibbons, quien prestó servicio como secretario de la Primera Presidencia, observó que el presidente Smith “consideraba que era su deber elevar la voz de amonestación cuando las personas comenzaban a apartarse de la senda marcada por las Escrituras, y no tenía intención alguna de abandonar dicho deber, a pesar de lo que cualquier persona dijera. Que el hablar claro lo hiciese impopular en algunos círculos no parece haber tenido ningún efecto disuasorio en él; su propósito no era volverse popular ni famoso ante las personas. Más bien, consideraba su función semejante a la de un atalaya en una torre cuyo deber era hacer sonar la voz de alarma a quienes estaban abajo y no podían ver el peligro que se avecinaba”2.

En una ocasión, el presidente Smith compartió una experiencia que ilustraba el cambio de corazón que puede ocurrir en una persona que da oído a esa voz de amonestación:

“Hace algunos años asistí a una conferencia de estaca y hablé sobre la Palabra de Sabiduría … Cuando fui a la parte trasera del edificio [al concluir la conferencia], se habían ido casi todos, pero un hombre me ofreció la mano y dijo:

“‘Hermano Smith, ése ha sido el primer discurso sobre la Palabra de Sabiduría que me ha agradado’.

“Le dije: ‘¿No ha escuchado otros discursos sobre la Palabra de Sabiduría?’.

“Respondió: ‘Sí, pero éste es el primero que he disfrutado’.

“Yo dije: ‘¿A qué se debe?’.

“Él contestó: ‘Pues verá, ahora guardo la Palabra de Sabiduría’”3.

Las enseñanzas de Joseph Fielding Smith

1

Dios gobierna el universo mediante la ley, y nosotros estamos sujetos a dicha ley

Puesto que el Todopoderoso gobierna el universo entero mediante leyes inmutables, todas las personas deberían aceptar que el hombre, que es la mayor de todas Sus creaciones, debe estar sujeto a dichas leyes. El Señor ha declarado esa verdad concisa y convincentemente en una revelación dada a la Iglesia:

“A todos los reinos se ha dado una ley;

“y hay muchos reinos; pues no hay espacio en el cual no haya reino; ni hay reino en el cual no haya espacio, bien sea un reino mayor o menor.

“Y a cada reino se le ha dado una ley; y para cada ley también hay ciertos límites y condiciones.

“Todos los seres que no se sujetan a esas condiciones no son justificados” (D. y C. 88:36–39).

Esa verdad es evidente. Así pues, es razonable que esperemos que el reino de Dios sea gobernado mediante la ley y que todos aquellos que deseen entrar allí estén sujetos a ella. “He aquí, mi casa es una casa de orden, dice Dios el Señor, y no de confusión” (D. y C. 132:8).

El Señor ha dado al hombre un conjunto de leyes que llamamos el evangelio de Jesucristo. Debido a la falta de inspiración y de guía espiritual, los hombres pueden estar en desacuerdo con respecto a dichas leyes y su aplicación, pero difícilmente podrá existir disputa alguna tocante al hecho de que tales leyes en verdad existen y de que toda persona que procure entrar a ese reino está sujeta a ellas4.

Tenemos toda verdad, toda doctrina, toda ley y todo requisito, toda práctica y ordenanza necesarios para ser salvos y exaltados en el cielo más alto del mundo celestial5.

2

Guardar los mandamientos es una expresión de nuestro amor por el Señor

Nuestra responsabilidad en la Iglesia es adorar al Señor en espíritu y en verdad, y eso es lo que procuramos hacer con todo el corazón, alma y mente. Jesús dijo: “Al Señor tu Dios adorarás y a él sólo servirás” (Mateo 4:10).

Creemos que la adoración es mucho más que la oración, la predicación y las prácticas del Evangelio. El acto supremo de la adoración es guardar los mandamientos, seguir los pasos del Hijo de Dios, hacer en todo momento aquello que le agrada a Él. Una cosa es servir al Señor sólo con palabras; otra completamente diferente es respetar y honrar Su voluntad al seguir el ejemplo que Él nos ha dado … Me regocijo por el privilegio de seguir Sus pasos. Me complace mucho decir que estoy agradecido por las palabras de vida eterna que he recibido en este mundo y por la esperanza de vida eterna que tengo en el mundo venidero si me conservo fiel y leal hasta el fin6.

“Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15).

Esta es la ley para los miembros de la Iglesia, en las palabras del Salvador: “El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama…” (Juan 14:21). Además, el Salvador dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15)…

El Salvador jamás cometió pecado alguno ni tuvo la conciencia atormentada de ninguna forma. No tenía necesidad de arrepentirse como ustedes y yo tenemos; pero de alguna manera que no puedo entender, cargó el peso de mis transgresiones y de las de ustedes … Vino y se ofreció a Sí mismo como sacrificio para pagar la deuda de cada uno de entre nosotros que esté dispuesto a arrepentirse de sus pecados y volverse a Él y guardar Sus mandamientos. Piensen en ello, si les es posible. El Salvador llevó aquella carga de alguna manera que sobrepasa nuestra comprensión. Lo sé, porque yo acepto Su palabra. Él nos habla del tormento por el que pasó; el tormento era tan grande que rogó a Su Padre si era posible que no tuviera que beber la amarga copa y desmayar: “…pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42). La respuesta que recibió de Su Padre fue: “Tienes que beberla”.

¿Puedo evitar amarlo? No, no puedo. ¿Lo aman ustedes? Entonces guarden Sus mandamientos7.

3

Si nos apartamos de los mandamientos del Señor, no podemos esperar recibir Sus bendiciones

Cuando nos apartamos de los mandamientos que el Señor nos ha dado para nuestra guía, no tenemos derecho a Sus bendiciones8.

¿De qué nos aprovecha hacerle peticiones al Señor si no tenemos ninguna intención de guardar Sus mandamientos? Tal oración es una burla vana y un insulto ante el trono de la gracia. Si ése es el caso, ¿cómo nos atrevemos a tener la presunción de esperar una respuesta favorable? “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado; llamadle en tanto que está cercano. Deje el malvado su camino y el hombre inicuo sus pensamientos; y vuélvase a Jehová, quien tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, quien será amplio en perdonar”. Así lo dijo Isaías (Isaías 55:6–7). ¿Pero no está siempre cerca el Señor cuando le suplicamos? ¡Ciertamente no! Él ha dicho: “Fueron lentos en escuchar la voz del Señor su Dios; por consiguiente, el Señor su Dios es lento en escuchar sus oraciones y en contestarlas en el día de sus dificultades. En los días de paz estimaron ligeramente mi consejo, mas en el día de sus dificultades por necesidad se allegan a mí” [D. y C. 101:7–8]. Si nos allegamos a Él, Él se allegará a nosotros, y no se nos abandonará; pero si no nos allegamos a Él, no tenemos ninguna promesa de que Él nos responderá en nuestra rebelión9.

No podemos orar al Señor y decir: “Escucha nuestra causa, concédenos la victoria, haz lo que deseamos que hagas, pero no nos pidas que hagamos lo que Tú quieres”10.

Es necesario que andemos en la luz plena de la verdad, no en parte de la verdad solamente. No tengo el privilegio de desechar algunos de los principios del Evangelio y de creer en otros, y luego sentir que tengo derecho a todas las bendiciones de la salvación y la exaltación en el reino de Dios. Si queremos la exaltación, si queremos el lugar que el Señor ha preparado para los que son justos y leales, entonces debemos estar dispuestos a andar en la luz plena del evangelio de Jesucristo y guardar todos los mandamientos. No podemos decir que algunos de ellos son pequeños e insignificantes y que por tanto al Señor no le importará si los transgredimos. Se nos manda vivir de acuerdo con toda palabra que sale de la boca de Dios [véase Deuteronomio 8:3; D. y C. 98:11]. Él dice: “¿Por qué me llamáis: Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” [véase Lucas 6:46]11.

Los padres pueden ayudar a sus hijos a “andar en la luz plena de la verdad”.

4

Cuando guardamos los mandamientos del Señor, estamos en el camino a la perfección

El Señor espera que creamos en Él, que aceptemos Su evangelio sempiterno, y que vivamos en armonía con Sus términos y condiciones. A nosotros no nos corresponde seleccionar y obedecer aquellos principios del Evangelio que nos agraden y olvidar el resto. No es nuestra prerrogativa decidir que algunos principios ya no se aplican a nuestras circunstancias sociales y culturales.

Las leyes del Señor son eternas, y tenemos la plenitud de Su evangelio sempiterno y estamos obligados a creer en todas Sus leyes y verdades y luego andar de conformidad con ellas. No hay nada más importante para cualquier persona que guardar los mandamientos del Señor. Él espera que nos aferremos a todo principio verdadero, que pongamos en primer lugar en nuestra vida las cosas de Su reino, que sigamos adelante con firmeza en Cristo y que le sirvamos con toda nuestra alma, mente y fuerza. Escuchemos la esencia de todo el asunto en las palabras de las Escrituras: “Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto es el todo del hombre” (Eclesiastés 12:13)12.

Con frecuencia pienso, y supongo que ustedes lo hacen también, en ese gran y magnífico discurso —el más grandioso que se haya predicado jamás, hasta donde sabemos— el cual llamamos el Sermón del Monte … Si tan sólo damos oído a esas enseñanzas, podremos regresar de nuevo a la presencia de Dios, el Padre, y de Su Hijo Jesucristo.

Con frecuencia pienso en aquello, que en realidad es una síntesis:

“Sed, pues, vosotros perfectos, así como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” [Mateo 5:48]

… Yo creo que el Señor quiso decir exactamente lo que dijo, que debemos ser perfectos, así como nuestro Padre que está en los cielos es perfecto. Eso no sucederá de repente, sino línea sobre línea, precepto tras precepto, ejemplo tras ejemplo, e incluso entonces no será mientras vivamos en esta vida mortal, puesto que tendremos que ir aun más allá de la tumba antes de alcanzar esa perfección y ser semejantes a Dios.

Sin embargo, aquí ponemos los cimientos; aquí es donde se nos enseñan esas sencillas verdades del evangelio de Jesucristo, en este estado de probación, para prepararnos para aquella perfección. Es mi deber, y el de ustedes, que sea mejor hoy de lo que fui ayer, y que ustedes sean mejores hoy de lo que fueron ayer, y mejores mañana de lo que fueron hoy. ¿Por qué? Porque estamos en ese camino; si guardamos los mandamientos del Señor, estamos en el camino a la perfección, y eso sólo puede ocurrir mediante la obediencia y el deseo en el corazón de vencer al mundo…

…Si tenemos algún defecto, si tenemos alguna debilidad, allí es donde debemos concentrarnos, con el deseo de vencer, hasta que venzamos y conquistemos. Si un hombre siente que le es difícil pagar el diezmo, entonces eso es lo que debe hacer, hasta que aprenda a pagarlo. Si se trata de la Palabra de Sabiduría, eso es lo que debe hacer, hasta que aprenda a amar dicho mandamiento13.

5

Conforme guardamos los mandamientos, el Señor nos consuela, nos bendice y nos fortalece para que lleguemos a ser hombres y mujeres dignos de la exaltación

Para complacer [al Señor], no sólo hemos de adorarle con gratitud y alabanza, sino rendir obediencia voluntaria a Sus mandamientos. Al así hacerlo, Él está obligado a conceder sus bendiciones; puesto que es sobre ese principio (la obediencia a la ley) que todas las cosas se basan [véase D. y C. 130:20–21]14.

Dios nos ha dado [mandamientos] para que podamos acercarnos más a Él y ser edificados en la fe y fortalecidos. No nos ha dado mandamiento alguno, en ningún momento, que no fuera para nuestro consuelo y bendición. No se dan meramente para complacer al Señor, sino para hacernos mejores hombres y mujeres, y dignos de la salvación y la exaltación en Su reino15.

Si vamos al templo, levantamos la mano y hacemos convenio de que serviremos al Señor y observaremos Sus mandamientos y nos mantendremos sin mancha del mundo. Si comprendemos lo que hacemos, entonces la investidura nos será por protección durante toda la vida; una protección que no tiene el hombre que no va al templo.

He oído decir a mi padre que en los momentos de prueba, en la hora de la tentación, él pensaba en las promesas, en los convenios que había hecho en la Casa del Señor, y que éstos eran una protección para él … En parte, esas ceremonias son para dicha protección. Nos salvan ahora y nos exaltan en el futuro, si las honramos. Sé que se da esa protección, puesto que yo también la he experimentado, al igual que millares de otras personas que han recordado sus obligaciones16.

En el templo, hacemos convenio de que “serviremos al Señor y observaremos Sus mandamientos y nos mantendremos sin mancha del mundo”.

El Señor nos dará dones; nos avivará la mente. Él nos dará conocimiento que despejará toda dificultad y nos pondrá en armonía con los mandamientos que nos ha dado; nos dará un conocimiento que estará arraigado tan profundamente en nuestra alma que jamás podrá desarraigarse, si tan sólo procuramos la luz, la verdad y el entendimiento que se nos prometen y que podemos recibir solamente con ser leales y fieles a todos los convenios y obligaciones que pertenecen al evangelio de Jesucristo17.

La gran promesa que se hace a los miembros de esta Iglesia que están dispuestos a sujetarse a la ley y guardar los mandamientos del Señor es que no sólo han de recibir un lugar en el reino de Dios, sino que también han de tener la presencia del Padre y del Hijo; y eso no es todo, puesto que el Señor ha prometido que les será dado todo lo que Él tiene [véase D. y C. 84:33–39]18.

Mediante la obediencia a aquellos mandamientos que se estipulan en el evangelio de Jesucristo, y al continuar obedeciendo, recibiremos inmortalidad, gloria, vida eterna y moraremos en la presencia de Dios el Padre y Su Hijo Jesucristo, donde en verdad los conoceremos19.

Si andamos por los senderos de la virtud y la santidad, el Señor derramará Sus bendiciones sobre nosotros a un grado que jamás hubiéramos supuesto posible. Seremos verdaderamente, como Pedro expresó, “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios” (1 Pedro 2:9). Y seremos un pueblo adquirido por Dios porque no seremos como otras personas que no viven de acuerdo con estas normas…

Como siervos del Señor, nuestro propósito es andar por el sendero que Él nos ha trazado. Deseamos no solamente hacer y decir aquello que le complazca, sino que procuramos de vivir de tal manera que nuestra vida sea como la de Él.

Él mismo nos dio el ejemplo perfecto en todas las cosas y nos dijo: “Sígueme tú”. A Sus discípulos nefitas les preguntó: “¿Qué clase de hombres habéis de ser?”. Y luego respondió: “En verdad os digo, aun como yo soy” (3 Nefi 27:27).

Ahora estamos consagrados a la obra más grandiosa del mundo. Este sacerdocio que poseemos es el poder y la autoridad del Señor mismo; y Él nos ha prometido que si magnificamos nuestros llamamientos y andamos en la luz, tal como Él está en la luz, tendremos gloria y honor con Él para siempre en el reino de Su Padre.

Con tan gloriosa esperanza ante nosotros, ¿podemos hacer menos que abandonar los caminos de maldad del mundo? ¿No pondremos primero en nuestra vida las cosas del reino de Dios? ¿No procuraremos vivir de toda palabra que salga de Su boca?20

Testifico que el Señor ha hablado en nuestros días; que Su mensaje es de esperanza, gozo y salvación; y les prometo que si andan a la luz del cielo, si son leales a lo que se les ha confiado y guardan los mandamientos, tendrán paz y gozo en esta vida y vida eterna en el mundo venidero21.

Guarden los mandamientos; anden en la luz; perseveren hasta el fin; sean fieles a cada convenio y obligación, y el Señor los bendecirá más allá de sus sueños más preciados22.

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Preguntas

  • Repase el relato que está al final de la sección “De la vida de Joseph Fielding Smith”. ¿Por qué cambian nuestros sentimientos hacia el Evangelio cuando nos esforzamos por guardar los mandamientos?

  • ¿Qué puede aprender usted de los pasajes de las Escrituras que se citan en la sección 1?

  • ¿De qué modo la obediencia a los mandamientos es una expresión de amor por Jesucristo? ¿De qué manera es una expresión de gratitud por Su sacrificio expiatorio? ¿De qué forma es una manera de adorar? (véase la sección 2).

  • Medite sobre las enseñanzas de la sección 3. ¿Por qué es incorrecto esperar que el Señor nos bendiga si no nos esforzamos por ser obedientes?

  • ¿De qué modo le es de provecho para usted saber que no debe esperar llegar a ser perfecto de inmediato, ni incluso en esta vida? (véase la sección 4). Piense en lo que puede hacer cada día, con la ayuda del Señor, para mantenerse “en el camino a la perfección”.

  • En la sección 5, el presidente Smith enumera al menos diez formas en que el Señor nos bendecirá conforme guardemos los mandamientos. ¿Qué experiencias podría comentar usted en las que haya recibido algunas de esas bendiciones?

Pasajes de las Escrituras relacionados con el tema

Mateo 4:4; 2 Nefi 31:19–20; Omni 1:26; D. y C. 11:20; 82:8–10; 93:1; 130:20–21; 138:1–4.

Ayuda didáctica

“Pida a los participantes que compartan lo que hayan aprendido durante su estudio personal del capítulo. Podría ser útil ponerse en contacto con algunos participantes durante la semana y pedirles que vayan preparados para compartir lo que hayan aprendido” (tomado de la página VII de este libro).

Mostrar referencias

    Notas

  1.   1.

    En Conference Report, octubre de 1969, pág. 110.

  2.   2.

    Francis M. Gibbons, Joseph Fielding Smith: Gospel Scholar, Prophet of God, 1992, pág. 313.

  3.   3.

    En Conference Report, octubre de 1935, pág. 12.

  4.   4.

    Véase “Justicia para los muertos”, Liahona, octubre de 1972, pág. 2.

  5.   5.

    En “President Smith’s Last Two Addresses”, Ensign, agosto de 1972, pág. 46.

  6.   6.

    Véase “Sé que mi Redentor vive”, Liahona, mayo de 1972, pág. 3.

  7.   7.

    En Conference Report, abril de 1967, págs. 121–122.

  8.   8.

    En Conference Report, octubre de 1935, pág. 15.

  9.   9.

    En Conference Report, abril de 1943, pág. 14.

  10.   10.

    En Conference Report, octubre de 1944, págs. 144–145.

  11.   11.

    En Conference Report, abril de 1927, págs. 111–112.

  12.   12.

    “President Joseph Fielding Smith Speaks on the New MIA Theme”, New Era, septiembre de 1971, pág. 40.

  13.   13.

    En Conference Report, octubre de 1941, pág. 95.

  14.   14.

    “The Virtue of Obedience”, Relief Society Magazine, enero de 1968, pág. 5.

  15.   15.

    En Conference Report, abril de 1911, pág. 86.

  16.   16.

    “The Pearl of Great Price”, Utah Genealogical and Historical Magazine, julio de 1930, pág. 103.

  17.   17.

    “Seek Ye Earnestly the Best Gifts”, Ensign, junio de 1972, pág. 3.

  18.   18.

    “Keep the Commandments”, Improvement Era, agosto de 1970, pág. 3.

  19.   19.

    En Conference Report, octubre de 1925, pág. 116.

  20.   20.

    Véase “Nuestras responsabilidades como poseedores del sacerdocio”, Liahona, diciembre de 1971, pág. 2.

  21.   21.

    En Conference Report, Conferencia General del Área Británica, 1971, pág. 7.

  22.   22.

    Véase “Consejo a los santos y al mundo”, Liahona, diciembre 1972, pág. 8.