Capítulo 19: Estar en el mundo sin ser del mundo

Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph Fielding Smith, 2013


“Aunque estamos en el mundo, no somos del mundo. Se espera de nosotros que venzamos al mundo y vivamos del modo que corresponde a los santos”.

De la vida de Joseph Fielding Smith

El 29 de diciembre de 1944, Lewis, hijo del presidente Joseph Fielding Smith, falleció mientras prestaba servicio en el Ejército de los Estados Unidos. A pesar del dolor que sufrió el presidente Smith, recibió consuelo al recordar la buena vida de Lewis. “Si Lewis hizo o dijo alguna vez algo malo, jamás lo supe”, escribió el presidente Smith en su diario personal. “Sus pensamientos eran puros, al igual que sus acciones … Aunque el golpe es muy brusco, tenemos la paz y la dicha de saber que era puro y estaba libre de los vicios que prevalecen tanto en el mundo y que se hallan en el ejército. Fue fiel a su fe y es digno de una resurrección en gloria, cuando nos reunamos de nuevo”1.

Unos once años más tarde, el presidente Joseph Fielding Smith y su esposa Jessie observaron características similares en otros militares. Se hallaban en una gira por las misiones de la Iglesia de Asia oriental y también visitaban a los Santos de los Últimos Días estadounidenses que prestaban servicio en las fuerzas armadas. El presidente Smith y su esposa quedaron impresionados con esos jóvenes, quienes, a pesar de las tentaciones del mundo, llevaban una vida buena y pura. En la conferencia general de octubre de 1955, el presidente Smith declaró:

“Ustedes, los padres y madres que tienen hijos que sirven en las fuerzas armadas, pueden estar orgullosos de ellos. Son buenos jóvenes. Algunos de nuestros soldados son conversos que han sido guiados a la Iglesia por las enseñanzas, y tanto por el precepto como por el ejemplo; principalmente por el ejemplo de los miembros de la Iglesia que también prestan servicio con ellos en las fuerzas armadas.

“Conocí a cierta cantidad de jóvenes que dijeron: ‘Nos unimos a la Iglesia por motivo de la vida de esos jóvenes y porque ellos nos enseñaron los principios del Evangelio’.

“Están realizando una buena labor. Quizás haya uno o dos que sean negligentes, pero los jóvenes con quienes he tenido el privilegio de reunirme y hablar, testificaban de la verdad y andaban en humildad.

“Y al reunirme con los oficiales y capellanes… dijeron sin excepción: ‘Nos agradan sus jóvenes; son puros; son confiables’”2.

El presidente Smith amonestó a los miembros de la Iglesia a ser, al igual que esos soldados, “diferentes del resto del mundo”3. En tales mensajes, con frecuencia hablaba sobre santificar el día de reposo, obedecer la Palabra de Sabiduría, respetar los nombres del Padre Celestial y de Jesucristo, vestirse con modestia y guardar la ley de castidad. Les aseguró a los Santos de los Últimos Días que las bendiciones que recibirían si abandonaban las iniquidades del mundo y guardaban los mandamientos “excederían cualquier cosa que ahora podemos comprender”4.

Incluso en épocas de guerra, podemos vivir en el mundo pero no ser del mundo.

Las enseñanzas de Joseph Fielding Smith

1

El Señor espera que abandonemos las iniquidades del mundo y vivamos del modo que corresponde a los santos

Vivimos en un mundo malvado e inicuo; pero aunque estamos en el mundo, no somos del mundo. Se espera de nosotros que venzamos al mundo y vivamos del modo que corresponde a los santos… Tenemos mayor luz de la que el mundo tiene y el Señor espera más de nosotros de lo que espera de ellos5.

En el capítulo diecisiete de Juan —que me es difícil leer sin lágrimas en los ojos— …nuestro Señor, al orar a Su Padre con toda la ternura de Su alma, puesto que sabía que había llegado la hora en que Él había de ofrecerse como sacrificio, rogó por Sus discípulos. En esa oración dijo:

“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.

“No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

“Santifícalos en tu verdad; tu palabra es la verdad” (Juan 17:15–17).

Si vivimos la religión que el Señor ha revelado y que hemos recibido, no pertenecemos al mundo; no debemos tomar parte en toda la insensatez de éste, ni participar de sus pecados y sus errores —errores de filosofía y errores de doctrina, errores en relación al gobierno, o cualesquiera que esos errores fueren— no debemos tomar parte en ello.

En lo único en que sí hemos de tomar parte es en guardar los mandamientos de Dios. Eso es todo; ser fieles a todo convenio y toda obligación que hayamos aceptado y tomado sobre nosotros6.

No interpreten a partir de lo que he dicho que yo creo que hemos de mantenernos apartados de todas las personas que no formen parte de la Iglesia y no relacionarnos con ellas. Yo no he dicho eso, pero sí deseo que seamos Santos de los Últimos Días constantes, y si las personas del mundo andan en oscuridad y pecado, y en contra de la voluntad del Señor, allí es donde hemos de establecer el límite7.

Cuando nos unimos a la Iglesia… se espera que abandonemos muchos de los hábitos del mundo y vivamos como es digno de los santos. Ya no hemos de vestir, hablar, actuar, ni aun pensar como otras personas lo hacen a menudo. Muchas personas en el mundo consumen té, café, tabaco y licor, y se hallan involucradas en el uso de drogas. Muchas usan lenguaje profano y son vulgares e indecentes, inmorales e impuras en su vida, pero todo eso debe ser ajeno a nosotros. Somos los santos del Altísimo…

Exhorto a la Iglesia y a todos sus miembros a abandonar las iniquidades del mundo. Debemos rehuir la falta de castidad y toda forma de inmoralidad, cual lo haríamos con una plaga…

Como siervos del Señor, nuestro propósito es andar por el sendero que Él nos ha trazado. Deseamos no solamente hacer y decir aquello que le complazca, sino que procuraremos vivir de tal manera que nuestra vida sea como la de Él8.

Santificar el día de reposo

Deseo decir algunas palabras en cuanto a observar y santificar el día de reposo. Ese mandamiento se dio en el principio, y Dios mandó a los santos y a todos los pueblos de la tierra que observaran el día de reposo y lo santificaran; un día de cada siete. En dicho día debemos descansar de nuestras obras, ir a la casa del Señor y ofrecer nuestros sacramentos en Su día santo; porque es un día que se ha señalado para descansar de nuestras obras y rendir nuestras devociones al Altísimo [véase D. y C. 59:9–10]. Ese día hemos de ofrecerle a Él nuestro agradecimiento y honrarlo mediante la oración, el ayuno, el canto, y al edificarnos e instruirnos mutuamente9.

El día de reposo ha llegado a ser un día de placer, de diversión; cualquier cosa menos un día de adoración… y lamento decir que demasiados miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días —aunque uno ya sería demasiado— se han sumado a esa conducta, y algunos miembros de la Iglesia consideran el día de reposo como un día de diversión, de placer, en lugar de un día en el cual podemos servir al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, mente y fuerza…

Ahora bien, ésta es la ley de la Iglesia hoy en día, tal como fue la ley para el Israel de antaño, y alguna de nuestra gente se molesta bastante puesto que sienten que observar el día de reposo restringe sus actividades10.

No tenemos derecho a quebrantar el día de reposo … Lamento mucho que, incluso en las comunidades de los Santos de los Últimos Días, algunas personas no consideran esta doctrina como deben hacerlo; lamento que tengamos entre nosotros quienes parecen creer que está perfectamente bien seguir las costumbres del mundo en ese sentido. Son partícipes de las ideas y conceptos del mundo que quebrantan los mandamientos del Señor. No obstante, si hacemos eso, el Señor nos tendrá por responsables, y no podemos quebrantar Su palabra y recibir la bendición que corresponde a los fieles11.

Obedecer la Palabra de Sabiduría

La Palabra de Sabiduría es una ley básica. Señala la senda y nos da amplias instrucciones en cuanto a alimentos y bebidas, los que son buenos para el cuerpo como también los perjudiciales. Si seguimos de manera sincera lo que está escrito, con la ayuda del Espíritu del Señor, no necesitamos mayor consejo. Esa indicación maravillosa contiene la siguiente promesa:

“Y todos los santos que se acuerden de guardar y hacer estas cosas, rindiendo obediencia a los mandamientos, recibirán salud en el ombligo y médula en los huesos;

“y hallarán sabiduría y grandes tesoros de conocimiento, sí, tesoros escondidos;

“y correrán sin fatigarse, y andarán sin desmayar” [D. y C. 89:18–20]12.

Se gastan miles de millones de dólares al año en tabaco y en bebidas alcohólicas embriagantes. La ebriedad y la inmundicia que esos males acarrean a la familia humana socavan no sólo la salud, sino los baluartes morales y espirituales del género humano13.

Se están destruyendo familias debido al creciente uso de drogas ilegales y al abuso de drogas legales14.

No debemos prestar atención a [las] persuasiones y a la inicua publicidad de lo que es perjudicial para el cuerpo y está condenado por nuestro Padre Celestial y Su Hijo Jesucristo, y que está en contra del Evangelio que Ellos nos han dado…

Nuestros cuerpos deben estar limpios; nuestros pensamientos también deben estarlo. Debemos tener en el corazón el deseo de servir al Señor y guardar Sus mandamientos; de recordar orar y de procurar con humildad los consejos que se reciben a través de la guía del Espíritu del Señor15.

El Señor reveló la Palabra de Sabiduría al profeta José Smith a fin de ayudar a los santos a recibir fortaleza física y espiritual.

Respetar el nombre de la Deidad

Debemos estimar el nombre de la Deidad con el respeto más sagrado y solemne. Nada molesta tanto ni perturba los sentimientos de una persona refinada como oír a alguna persona tosca, ignorante o impura usar desaprensivamente el nombre de la Deidad. Algunas personas han llegado a ser tan blasfemas que parecería que les fuera casi imposible decir dos o tres frases sin el énfasis —como ellos lo consideran— de una frase vulgar o blasfema. Asimismo hay algunas personas que parecen pensar… que usar un vocabulario blasfemo es una virtud varonil y que los eleva sobre el común de la gente… La inmundicia en cualquier forma es degradante y destructiva para el alma, y todo miembro de la Iglesia debe evitarla como si fuera un veneno mortífero.

Con frecuencia un buen relato se ve arruinado sencillamente porque el autor no ha entendido el uso apropiado de los nombres sagrados. Cuando se ponen expresiones blasfemas en boca de personajes que de otro modo serían respetables, en lugar de realzar el relato se le resta valor e interés … ¡Cuán extraño es que algunas personas —incluso personas que son buenas— piensen que usar alguna expresión que incluye el nombre del Señor añade interés, humor o elocuencia a sus relatos!…

Más que cualquier otro pueblo de la tierra, los Santos de los Últimos Días deben estimar con la máxima santidad y reverencia todo aquello que es santo. A la gente del mundo no se le ha instruido como a nosotros en tales asuntos, a pesar de que hay muchas personas honrosas, religiosas y refinadas. Sin embargo, nosotros tenemos la guía del Espíritu Santo y de las revelaciones del Señor, y Él nos ha enseñado de manera solemne en nuestra propia época el deber que tenemos con relación a tales cosas16.

Vestir con modestia y guardar la ley de castidad

Los Santos de los Últimos Días no deben seguir las modas y la falta de modestia del mundo. Nosotros somos el pueblo del Señor; Él espera que llevemos una vida pura y virtuosa, que conservemos nuestros pensamientos limpios y la mente pura, y que nos mantengamos fieles en la observancia de todos Sus otros mandamientos. ¿Por qué hemos de seguir al mundo?, ¿por qué no podemos ser modestos?, ¿por qué no podemos hacer las cosas que el Señor desea que hagamos?17.

Al caminar por la calle en dirección del Edificio de Oficinas de la Iglesia y de regreso, veo mujeres tanto jóvenes como mayores, muchas de ellas “hijas de Sión”, que visten con falta de modestia [véase Isaías 3:16–24]. Comprendo que los tiempos y las modas cambien … [pero] el principio de la modestia y el decoro sigue siendo el mismo … Las normas que han expresado las Autoridades Generales de la Iglesia indican que las mujeres, y también los hombres, deben vestirse con recato. Se les enseña la conducta adecuada y la modestia en todo momento.

A mi modo de ver, es triste la imagen que reflejan las “hijas de Sión” cuando se visten con falta de recato. Es más, esto que digo se aplica a los varones tanto como a las mujeres. El Señor le dio mandamientos al antiguo Israel de que tanto los hombres como las mujeres deben cubrirse el cuerpo y cumplir con la ley de castidad en todo momento.

Hago un llamado a la modestia y la castidad, y a todos los miembros de la Iglesia, varones y mujeres por igual, para que sean castos, puros en su vida y obedientes a los convenios y mandamientos que el Señor nos ha dado…

…El uso de ropa inmodesta, que puede parecer un asunto menor, les quita algo a nuestras jóvenes y a nuestros jóvenes de la Iglesia. Sencillamente hace que sea más difícil observar aquellos principios eternos acorde a los cuales debemos vivir si queremos regresar a la presencia de nuestro Padre Celestial18.

2

Las bendiciones prometidas a los fieles son mucho mayores que los placeres temporales del mundo

[Un miembro de la Iglesia dijo en una ocasión que] no podía entender del todo que aunque él pagaba el diezmo y guardaba la Palabra de Sabiduría, era dedicado a la oración y trataba de ser obediente a todos los mandamientos que el Señor le había dado, tenía dificultades para ganarse la vida; mientras que su vecino que quebrantaba el día de reposo (supongo que fumaba y bebía) la pasaba bien, como diría el mundo, no prestaba atención a las enseñanzas de nuestro Señor y Salvador Jesucristo y, sin embargo, prosperaba.

Como saben, tenemos muchos miembros de la Iglesia que reflexionan sobre ello en el corazón y se preguntan por qué. ¿Por qué a ese hombre, al parecer, se le bendice con todo lo bueno de la tierra —dicho sea de paso que mucho de lo que él considera que es bueno, es malo— y, sin embargo, tantos miembros de la Iglesia luchan y trabajan con diligencia para tratar de abrirse paso en el mundo?

La respuesta es algo sencilla. Si en ocasiones, y de vez en cuando lo hago, voy a un partido de fútbol americano o de béisbol, o a algún otro lugar de entretenimiento, invariablemente estoy rodeado de gente que está fumando cigarrillos, puros o pipas sucias. Llega a ser muy molesto y me altera un poco. Generalmente me vuelvo a la hermana Smith y le digo algo, y ella siempre responde: “Bueno, tú sabes lo que me has enseñado. Tú estás en su mundo; éste es su mundo”. Y eso en cierto modo me hace entrar en razón. Sí, estamos en el mundo de ellos, pero no tenemos que ser parte de él.

De modo que, como el mundo en el que vivimos es de ellos, ellos prosperan, pero, mis buenos hermanos y hermanas, su mundo está llegando a su fin…

Vendrá el día en que no tendremos este mundo; será cambiado. Tendremos un mundo mejor; tendremos un mundo que sea recto, ya que cuando Cristo venga, Él limpiará la tierra19.

Si escudriñamos diligentemente, oramos siempre, somos creyentes y andamos en la rectitud, tenemos la promesa del Señor de que todas las cosas obrarán juntamente para nuestro bien [véase D. y C. 90:24]. No se nos promete que estaremos libres de las pruebas y los problemas de la vida, puesto que este estado de probación está diseñado para brindarnos experiencia y situaciones difíciles y contrapuestas.

Jamás estuvo previsto que la vida fuera fácil, mas el Señor ha prometido que Él hará que todas las pruebas y dificultades sean para nuestro bien. Él nos dará la fortaleza y la capacidad para vencer al mundo y mantenernos firmes en la fe a pesar de toda oposición. Es una promesa de que tendremos paz en el corazón pese a la conmoción y los problemas del mundo. Y por encima de todo, es una promesa de que cuando termine esta vida, seremos merecedores de la paz eterna en la presencia de Aquel cuya faz hemos buscado, cuyas leyes hemos guardado, y a quien hemos escogido servir20.

3

Conforme pongamos el reino de Dios en primer lugar en nuestra vida, seremos como una luz al mundo y daremos un ejemplo a seguir

Los Santos de los Últimos Días son como una ciudad asentada sobre un monte que no se puede esconder, y como la vela que alumbra a todos los que están en la casa. Es nuestro deber dejar que nuestra luz alumbre como ejemplo de rectitud, no sólo para las personas entre quienes vivamos, sino también para los pueblos de toda la tierra [véase Mateo 5:14–16]21.

Deseamos ver a los santos de toda nación recibir todas las bendiciones del Evangelio y erigirse como líderes espirituales en sus naciones22.

Hermanos y hermanas, guardemos los mandamientos de Dios tal como han sido revelados. Demos el ejemplo ante las personas de la tierra, para que ellos, al ver nuestras buenas obras, puedan sentir el deseo de arrepentirse y recibir la verdad y aceptar el Plan de Salvación, para que puedan recibir la salvación en el reino celestial de Dios23.

Suplico a Dios que los santos se mantengan firmes frente a las presiones y las tentaciones del mundo; que pongan las cosas del reino de Dios en primer lugar en su vida; que sean fieles a todo lo que se les confíe y observen todo convenio.

Ruego por los de la nueva y joven generación a fin de que conserven la mente y el cuerpo limpios, libres de inmoralidad, del abuso de drogas, y del espíritu de rebelión y de resistencia a la decencia que inunda la tierra.

Padre nuestro, derrama Tu Espíritu sobre estos, Tus hijos, para que se les preserve de los peligros del mundo y se conserven limpios y puros, como dignos aspirantes a regresar a Tu presencia y a morar contigo.

Y permite que Tu benevolencia protectora esté con todos aquellos que buscan Tu faz y que andan delante de Ti en la integridad de su alma, para que puedan ser una luz al mundo, instrumentos en Tus manos para llevar a cabo Tus propósitos sobre la tierra24.

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Preguntas

  • Al leer la sección “De la vida de Joseph Fielding Smith”, considere las dificultades que los jóvenes afrontan hoy en día cuando sus padres o líderes adultos no están presentes. ¿Qué podemos hacer para ayudar a los jóvenes a mantenerse fieles en tales situaciones?

  • ¿Cuáles son algunas de las bendiciones que recibimos al guardar los mandamientos que se mencionan en la sección 1?

  • ¿Cómo podría utilizar las enseñanzas de la sección 2 para ayudar a alguien que esté concentrado en las cosas del mundo? ¿Cómo podemos hallar “paz en el corazón pese a la conmoción y los problemas del mundo”?

  • ¿Cómo puede ayudar nuestro ejemplo a que otras personas abandonen las costumbres del mundo? (véase la sección 3). ¿En qué ocasiones ha visto el poder de un ejemplo de rectitud? Piense en lo que puede hacer para dar un ejemplo de rectitud a su familia y a otras personas.

Pasajes de las Escrituras relacionados con el tema

Mateo 6:24; Marcos 8:34–36; Juan 14:27; Filipenses 2:14–15; Moroni 10:30, 32.

Ayuda didáctica

“Usted puede expresar amor por aquellos a quienes enseña al escucharles con atención y al interesarse sinceramente por ellos y su vida. El amor cristiano tiene el poder de enternecer el corazón de las personas y ayudarles a ser receptivos a los susurros del Espíritu” (La enseñanza: El llamamiento más importante, 2000, pág. 50).

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    Notas

  1.   1.

    Joseph Fielding Smith, hijo, y John J. Stewart, The Life of Joseph Fielding Smith, 1972, págs. 287–288.

  2.   2.

    En Conference Report, octubre de 1955, págs. 43–44.

  3.   3.

    En Conference Report, abril de 1947, págs. 60–61.

  4.   4.

    “Nuestras responsabilidades como poseedores del sacerdocio”, Liahona, diciembre de 1971, pág. 2.

  5.   5.

    “President Joseph Fielding Smith Speaks to 14,000 Youth at Long Beach, California”, New Era, julio de 1971, pág. 8.

  6.   6.

    En Conference Report, abril de 1952, págs. 27–28; véase también “La vida y enseñanzas de Cristo y Sus apóstoles”, 1979, pág. 493.

  7.   7.

    “The Pearl of Great Price”, Utah Genealogical and Historical Magazine, julio de 1930, pág. 104.

  8.   8.

    Véase “Nuestras responsabilidades como poseedores del sacerdocio, págs. 1–2.

  9.   9.

    En Conference Report, abril de 1911, pág. 86.

  10.   10.

    En Conference Report, abril de 1957, págs. 60–61.

  11.   11.

    En Conference Report, abril de 1927, pág. 111.

  12.   12.

    Answers to Gospel Questions, comp. por Joseph Fielding Smith, hijo, 5 tomos, 1957–1966, tomo I, pág. 199.

  13.   13.

    “Be Ye Clean!”, Church News, 2 de octubre de 1943, pág. 4; véase también Doctrina de Salvación, comp. por Bruce R. McConkie, 3 tomos, 1978–1979, tomo III, pág. 260.

  14.   14.

    Véase “Mensaje de la Primera Presidencia”, Liahona, abril de 1971, pág. 2.

  15.   15.

    En Conference Report, octubre de 1960, pág. 51.

  16.   16.

    “The Spirit of Reverence and Worship”, Improvement Era, septiembre de 1941, págs. 525, 572; véase también Doctrina de Salvación, tomo I, págs. 12–13.

  17.   17.

    “Teach Virtue and Modesty”, Relief Society Magazine, enero de 1963, pág. 6.

  18.   18.

    “My Dear Young Fellow Workers”, New Era, enero de 1971, pág. 5.

  19.   19.

    En Conference Report, abril de 1952, pág. 28.

  20.   20.

    “President Joseph Fielding Smith Speaks on the New MIA Theme”, New Era, septiembre de 1971, pág. 40.

  21.   21.

    En Conference Report, octubre de 1930, pág. 23.

  22.   22.

    En Conference Report, Conferencia General del Área Británica, 1971, pág. 6.

  23.   23.

    En Conference Report, abril de 1954, pág. 28.

  24.   24.

    “A Witness and a Blessing”, Ensign, junio de 1971, pág. 110.