Capítulo 2: Nuestro Salvador, Jesucristo

Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph Fielding Smith, 2013


“Que quede bien claro en su mente, ahora y en todo momento, que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente que vino al mundo para dar Su vida a fin de que nosotros vivamos. Ésa es la verdad y es una verdad fundamental. Sobre ella se edifica nuestra fe”.

De la vida de Joseph Fielding Smith

En su carácter de apóstol, el presidente Joseph Fielding Smith fue fiel a su llamamiento de ser uno de los “testigos especiales del nombre de Cristo en todo el mundo” (D. y C. 107:23). Él dijo: “Procuro amarlo, a nuestro Redentor, por encima de todo lo demás. Es mi deber hacerlo. Viajo por todo este país como uno de Sus testigos especiales. No podría ser testigo especial de Jesucristo si no tuviera el conocimiento absoluto y certero de que Él es el Hijo de Dios y el Redentor del mundo”1.

Como padre, el presidente Smith estaba igualmente dedicado a su responsabilidad de testificar del Salvador. El 18 de julio de 1948, envió una carta a sus hijos Douglas y Milton, que estaban prestando servicio como misioneros de tiempo completo. Él escribió:

“En ocasiones me siento a reflexionar y, al leer las Escrituras, pienso en la misión de nuestro Señor, en lo que hizo por , y cuando esos sentimientos me sobrevienen, me digo a mí mismo: No puedo serle desleal. Me amó con un amor perfecto, tal como ha amado a todos los hombres, especialmente a quienes le sirven, y yo debo amarlo con todo el amor que pueda, aun cuando sea imperfecto, aunque no debiera serlo. Es maravilloso. No viví en la época del Salvador y no me ha visitado en persona. No lo he visto; Su Padre y Él no han sentido que sea necesario otorgarme una bendición tan grande como ésa. Pero no es necesario; he sentido Su presencia. Sé que el Santo Espíritu me ha iluminado la mente y me lo ha revelado, de manera que en verdad amo a mi Redentor, espero, y siento que es verdad, mejor que cualquier otra cosa en esta vida. No quisiera que fuera de otra manera; deseo serle fiel. Sé que murió por mí, por ustedes y por toda la humanidad para que vivamos nuevamente por medio de la resurrección. Sé que murió a fin de que pueda ser perdonado de mis errores, mis pecados, y ser limpiado de ellos. Cuán maravilloso es ese amor. Como podría yo, al tener ese conocimiento, hacer otra cosa que no sea amarle, a mi Redentor. Deseo que mis hijos que están en el campo misional sientan lo mismo. Quiero que mis hijos y mis nietos se sientan igual, y que nunca se alejen de la senda de la verdad y la rectitud”2.

Uno de los hijos del presidente Smith escribió:

“Cuando éramos niños, con mucha frecuencia lo oíamos decir: ‘Si tan sólo las personas del mundo comprendieran las pruebas, las tribulaciones, los pecados que el Señor tomó sobre Sí para nuestro beneficio’. Cada vez que hablaba de eso, se le llenaban los ojos de lágrimas.

“[En una ocasión] cuando estábamos mi padre y yo sentados solos en su estudio, observé que había estado en profunda meditación. No me atrevía a romper el silencio, pero finalmente él habló. ‘Oh, hijo mío, me hubiera gustado que estuvieras conmigo el jueves pasado cuando me reuní con las Autoridades Generales en el templo. ¡Si tan sólo hubieras podido escucharles testificar del amor que tienen por su Señor y Salvador, Jesucristo!’ Luego inclinó la cabeza y las lágrimas le corrieron por las mejillas y cayeron en su camisa. Entonces, después de varios segundos, sin siquiera levantar la cabeza, pero moviéndola de un lado a otro, dijo: ‘¡Cuánto amo a mi Señor y Salvador Jesucristo!’”3.

Enseñanzas de Joseph Fielding Smith

1

Jesucristo es el Hijo Unigénito de Dios y el Salvador del mundo.

Quisiera decirles con toda claridad y convicción que nosotros creemos en Cristo, y que lo aceptamos sin reservas como el Hijo de Dios y el Salvador del mundo4.

“Todas las cosas se concentran en el Señor Jesucristo, el Redentor del mundo, y alrededor de Él”.

Sabemos que en Cristo se encuentra la salvación; que fue el Hijo Primogénito del Padre Eterno; que fue escogido y preordenado en los concilios de los cielos para llevar a cabo la Expiación infinita y eterna; que nació en el mundo como el Hijo de Dios y que mediante el Evangelio ha traído a la luz la vida y la inmortalidad.

Creemos con una seguridad perfecta que Cristo vino a rescatar a los hombres de la muerte temporal y espiritual que vino al mundo como consecuencia de la caída de Adán, y que tomó sobre Sí los pecados de todos los hombres con la condición de que se arrepintiesen…

Creemos que mediante la gracia somos salvos, después de hacer cuanto podamos [véase 2 Nefi 25:23], y que al edificar sobre el fundamento de la expiación de Cristo, todos los hombres deben labrar su salvación con temor y temblor ante el Señor [véase Filipenses 2:12; Mormón 9:27]5.

La diferencia entre nuestro Salvador y el resto de nosotros es que nosotros hemos tenido un padre terrenal y, por lo tanto, estamos sujetos a la muerte. Nuestro Salvador no tuvo un Padre terrenal, así que la muerte estaba sujeta a Él. El tenía poder para dar Su vida y volver a tomarla [véase Juan 10:17–18], pero nosotros no tenemos el poder de dar nuestra vida y luego tomarla de nuevo. Es mediante la expiación de Jesucristo que recibimos la vida eterna, por medio de la resurrección de los muertos y por la obediencia a los principios del Evangelio6.

Ciertamente Él es el Hijo Unigénito de Dios y, mediante Su gracia y la gracia de Su Padre, nos ha redimido del pecado con la condición de que nos arrepintamos. Sabemos que se ha levantado de los muertos, que ha ascendido a lo alto, que ha tomado cautivo al cautiverio [véase Salmos 68:18], y que ha llegado a ser el autor de salvación para todos los que crean, se arrepientan de sus pecados y lo acepten como el Redentor del mundo [véase Hebreos 5:9]. A los Santos de los Últimos Días no se les ha dejado en la duda en cuanto a estas cosas7.

Mientras que los hombres pueden formular planes, adoptar teorías, presentar obras extrañas y recopilar y enseñar muchas doctrinas peculiares, una enseñanza es básica, y de ella no nos podemos apartar: todas las cosas se concentran en el Señor Jesucristo, el Redentor del mundo, y alrededor de Él. Lo aceptamos a Él como el Unigénito del Padre en la carne, el único que ha vivido en la carne que ha tenido un Padre que es inmortal. Debido a Su primogenitura y las condiciones que rodearon Su venida a la tierra, llegó a ser el Redentor de los hombres; y mediante el derramamiento de Su sangre tenemos el privilegio de regresar a la presencia de nuestro Padre, con la condición de que nos arrepintamos y aceptemos el gran plan de redención del cual Él es el autor8.

Testificamos que el evangelio de Jesucristo es el Plan de Salvación; y que mediante el sacrificio expiatorio de nuestro Señor todos los hombres serán levantados en inmortalidad para ser juzgados por Él de acuerdo con sus hechos en la carne; y que aquellos que crean y obedezcan la plenitud de la ley del Evangelio serán levantados también a vida eterna en el reino de nuestro Padre9.

2

Llegamos a ser hijos e hijas de Jesucristo por medio de Su expiación y mediante los convenios que hacemos de obedecerle

Nuestro Padre Celestial es el Padre de Jesucristo, tanto en el espíritu como en la carne. Nuestro Salvador es el Primogénito en el espíritu, el Unigénito en la carne10.

Él [Jesucristo] es nuestro Hermano Mayor y fue honrado por el Padre con la plenitud de autoridad y poder como miembro de la gran Presidencia: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo11.

Las Escrituras nos enseñan que Jesucristo es Padre e Hijo. La verdad sencilla es que Él es el Hijo de Dios por nacimiento, tanto en espíritu como en la carne, pero es el Padre por causa de la obra que ha efectuado12.

El Salvador llega a ser nuestro Padre, en el sentido en que el término se utiliza en las Escrituras, porque nos ofrece vida, vida eterna, mediante la Expiación que efectuó por nosotros. En la maravillosa enseñanza dada por el rey Benjamín encontramos esto: “Ahora pues, a causa del convenio que habéis hecho, seréis llamados progenie de Cristo, hijos e hijas de él, porque he aquí, hoy él os ha engendrado espiritualmente; pues decís que vuestros corazones han cambiado por medio de la fe en su nombre; por tanto, habéis nacido de él y habéis llegado a ser sus hijos y sus hijas” [Mosíah 5:7; véanse también los versículos 8–11].

De manera que llegamos a ser la progenie, hijos e hijas de Jesucristo, mediante los convenios que hacemos de obedecerle. Por causa de Su divina autoridad y de Su sacrificio sobre la cruz, llegamos a ser hijos e hijas engendrados espiritualmente, y Él es nuestro Padre13.

“Llegamos a ser la progenie, hijos e hijas de Jesucristo, mediante los convenios que hacemos de obedecerle”.

Tal como los nefitas de la época del rey Benjamín, nosotros los Santos de los Últimos Días también hemos tomado sobre nosotros el nombre de Cristo [véase Mosíah 5:1–9; 6:1–2]. Cada semana en la reunión sacramental, como se nos manda que lo hagamos, tomamos sobre nosotros Su nombre para siempre recordarle, y eso es en lo que los nefitas hicieron convenio14.

3

El Salvador se ha revelado a Sí mismo en esta dispensación, y cada uno de nosotros puede tener un testimonio perdurable de Él.

Aceptamos a Jesús como el Redentor del mundo. Sabemos… que se reveló a Sí mismo en esta dispensación. No dependemos del testimonio… de personas dignas de la antigüedad que vivieron en Su época y que conversaron con Él en Su ministerio, y a quienes se apareció después de Su resurrección. Tenemos testigos que han vivido en nuestra propia era, que lo han visto, que supieron que Él vive y que nos han testificado a nosotros y al mundo en cuanto a ese hecho. Sabemos que sus testimonios son verdaderos. José Smith no quedó a solas para testificar en esta dispensación de la misión de Jesucristo, ya que el Señor levantó a otros testigos que, junto con el profeta José Smith, vieron al Redentor, recibieron instrucción de Él y lo vieron en el cielo sentado a la diestra del Padre rodeado de santos ángeles. Nos han dado su testimonio, el cual acusará al mundo para condenar a todos aquellos que no le presten atención.

Pero tampoco dependemos como miembros de la Iglesia de los testimonios de José Smith, Oliver Cowdery, Sidney Rigdon ni cualquier otro que ya haya muerto, quienes en esta dispensación recibieron maravillosas revelaciones y visiones del Señor por medio de las cuales supieron que Jesús vive y que es el Redentor del mundo. Tenemos un testimonio personal dado mediante el Espíritu del Señor a todos los que han vivido de conformidad con el Evangelio. Si hemos vivido en armonía con la verdad después de haber sido bautizados por la remisión de nuestros pecados, y confirmados por la imposición de manos para recibir el don del Espíritu Santo, el Señor nos ha revelado personalmente que esas cosas son verdad. No dependemos del testimonio de ninguna otra persona para obtener ese conocimiento, ya que sabemos mediante el Espíritu que Jesús es el Cristo, el Redentor del mundo15.

Si hay algo que le dé gozo, paz y satisfacción al corazón del hombre, más allá de cualquier otra cosa que yo sepa, es el testimonio perdurable que tengo, y que ustedes tienen, de que Jesucristo es el Hijo de Dios. Ésa es una verdad que no se puede cambiar. Los hombres pueden atacarlo o ridiculizarlo; pueden declarar que Él no es el Redentor del mundo, que Su misión no fue verdadera, o que el propósito de ella, por medio del derramamiento de Su sangre, no fue la de otorgar a todos los hombres la remisión de los pecados con la condición de que se arrepientan. Pueden rehusarse a creer en la resurrección de la muerte, o incluso que Cristo mismo se levantó, tal como las Escrituras lo declaran, después de que Sus enemigos lo mataron; sin embargo, la verdad permanece. Él sí murió por los pecados del mundo, sí llevó a cabo la redención de la muerte, sí otorgó a los hombres la oportunidad del arrepentimiento y de la remisión de los pecados por medio de la creencia y aceptación de los principios del Evangelio y de Su misión. Estas verdades son fundamentales y perdurarán; no pueden ser destruidas, a pesar de lo que los hombres digan o piensen16.

Que quede bien claro en su mente, ahora y en todo momento, que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente que vino al mundo para dar Su vida a fin de que nosotros vivamos. Ésa es la verdad y es una verdad fundamental. Sobre ella se edifica nuestra fe17.

4

Todos debemos tomar la vida de Jesucristo como modelo para la nuestra.

El ejemplo más grande que se ha dado a los hombres es el del Hijo de Dios mismo. Su vida fue perfecta; hizo bien todas las cosas y pudo decir a todos los hombres: “Seguidme” [2 Nefi 31:10]; todos debemos tomar Su vida como modelo para la nuestra.

Les daré un ejemplo de Su vida. Él enseñó a la gente la forma de orar y luego dijo: “De cierto, de cierto os digo que debéis velar y orar siempre, no sea que el diablo os tiente, y seáis llevados cautivos por él. Y así como he orado entre vosotros, así oraréis en mi iglesia, entre los de mi pueblo que se arrepientan y se bauticen en mi nombre. He aquí, yo soy la luz; yo os he dado el ejemplo … Alzad, pues, vuestra luz para que brille ante el mundo. He aquí, yo soy la luz que debéis sostener en alto: aquello que me habéis visto hacer…” [3 Nefi 18:15–16, 24].

Quizá Su consejo más perfecto respecto a esto se lo dio a los discípulos nefitas. “…¿qué clase de hombres habéis de ser?”, preguntó, tras lo cual dio esta respuesta: “En verdad os digo, aun como yo soy” [3 Nefi 27:27]18.

Debemos creer en Cristo y tomar Su vida como modelo para la nuestra. Debemos ser bautizados tal como Él lo fue; debemos adorar al Padre tal como Él lo hizo; debemos hacer la voluntad del Padre tal como Él lo hizo; debemos procurar hacer el bien y obrar rectamente tal como Él lo hizo. Él es nuestro Ejemplo, el gran Prototipo de la salvación19.

Cuando tengan un problema y sea necesario tomar una decisión, tómenla al tiempo que se preguntan: “¿Qué haría Jesús?”, y entonces hagan lo que Él haría.

Pueden sentir la alegría de Su presencia y contar con Su inspiración para que los guíe cada día de su vida si la buscan y viven dignos de ella. El amor de Jesús y la fuerza consoladora de Su Santo Espíritu pueden ser tan reales para ustedes como lo fueron para los niños a los cuales invitó a que se le acercaran cuando Él vivió en la tierra20.

Quisiera decir que los que sigan Su ejemplo llegarán a ser como Él, y serán glorificados con Él en el reino de Su Padre, a fin de obtener honra, poder y autoridad. A ciertos discípulos nefitas que lo habían seguido con íntegro propósito de corazón les dijo: “…seréis tal como yo soy, y yo soy tal como el Padre; y el Padre y yo somos uno” [3 Nefi 28:10]…

Ruego que todos logremos seguir Sus pasos y guardar Sus mandamientos para que podamos ser como Él. Ése es mi deseo y espero que sea el suyo también21.

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Preguntas

  • ¿De qué manera cree que los hijos del presidente Smith se vieron influenciados por el testimonio de él y sus expresiones de amor por el Salvador? (véase “De la vida de Joseph Fielding Smith”). Considere lo que pueda hacer para aumentar su amor por el Salvador y para compartir su testimonio de Él.

  • El presidente Smith declaró que “todas las cosas se concentran en el Señor Jesucristo… y alrededor de Él” (sección 1). ¿De qué maneras puede ese concepto verdadero influir en nuestra vida personal? ¿En qué formas puede influir en nuestro hogar?

  • ¿Cómo pueden ayudarle las enseñanzas de la sección 2 a entender su relación con el Salvador? En su opinión, ¿qué significa tomar sobre usted el nombre de Cristo?

  • El presidente Smith advirtió que algunas personas atacarán y ridiculizarán conceptos verdaderos sobre Jesucristo y Su expiación (véase la sección 3). ¿Cómo podemos fortalecer nuestro testimonio a fin de resistir desafíos de ese tipo? ¿De qué manera pueden los padres ayudar a sus hijos a fortalecer su testimonio?

  • Medite en cuanto al consejo del presidente Smith de preguntarse “¿Qué haría Jesús?” (sección 4). ¿Cuáles son algunas formas específicas en que podemos tomar la vida de Jesucristo como modelo para la nuestra? Cuando seguimos Su ejemplo, ¿de qué manera podemos influir en la vida de los demás?

Ayuda didáctica

“[Eviten] la tentación de cubrir demasiado material … [Estamos] enseñando a personas, no temas en sí; y… todo bosquejo de una lección que he visto inevitablemente incluirá más en él de lo que podamos cubrir en la cantidad de tiempo disponible” (Jeffrey R. Holland, “La enseñanza y el aprendizaje en la Iglesia”, Liahona, junio de 2007, pág. 59).

Mostrar las referencias

    Notas

  1.   1.

    “Message of President Joseph Fielding Smith” (discurso pronunciado el 22 de mayo de 1955, Colección de Joseph Fielding Smith, Biblioteca de Historia de la Iglesia), pág. 2.

  2.   2.

    En Joseph Fielding Smith, hijo, y John J. Stewart, The Life of Joseph Fielding Smith, 1972, págs. 387–388; la cursiva es parte del original.

  3.   3.

    En Leon R. Hartshorn, “President Joseph Fielding Smith: Student of the Gospel”, New Era, enero de 1972, pág. 63.

  4.   4.

    Véase “El primer Profeta de la última dispensación”, Liahona, diciembre de 1979, pág. 30.

  5.   5.

    Véase “Libres de la obscuridad”, Liahona, octubre de 1971, págs. 2–3.

  6.   6.

    Véase correspondencia personal, citada en Doctrina de Salvación, editado por Bruce R. McConkie, 3 tomos, 1979, tomo I, págs. 26–27.

  7.   7.

    En Conference Report, abril de 1912, pág. 67.

  8.   8.

    “The One Fundamental Teaching”, Improvement Era, mayo de 1970, pág. 3; la cursiva es parte del original.

  9.   9.

    Véase “Libres de la obscuridad”, pág. 3.

  10.   10.

    Véase correspondencia personal, citada en Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 17.

  11.   11.

    “The Spirit of Reverence and Worship”, Improvement Era, septiembre de 1941, pág. 573; véase también Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 15.

  12.   12.

    Véase correspondencia personal, citada en Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 26.

  13.   13.

    Véase correspondencia personal, citada en Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 27.

  14.   14.

    Man: His Origin and Destiny, 1954, pág. 117.

  15.   15.

    En Conference Report, octubre de 1914, pág. 98.

  16.   16.

    En Conference Report, octubre de 1924, págs. 100–101.

  17.   17.

    En Conference Report, octubre de 1921, pág. 186; véase también Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 284.

  18.   18.

    “Follow His Example”, New Era, agosto de 1972, pág. 4.

  19.   19.

    “The Plan of Salvation”, Ensign, noviembre de 1971, pág. 5.

  20.   20.

    “Christmas Message to Children of the Church in Every Land”, Friend, diciembre de 1971, pág. 3.

  21.   21.

    “Follow His Example”, pág. 4.