Capítulo 21: Proclamar el Evangelio al mundo

Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph Fielding Smith, 2013


“Hemos gustado los frutos del Evangelio y sabemos que son buenos, y deseamos que todos los hombres reciban las mismas bendiciones y el mismo espíritu que han sido derramados tan abundantemente sobre nosotros”.

De la vida de Joseph Fielding Smith

Joseph Fielding Smith y su esposa, Louie, no se sorprendieron cuando recibieron una carta, firmada por el presidente Lorenzo Snow, en la que llamaba a Joseph a servir en una misión de tiempo completo. En los primeros días de la Iglesia, los hombres casados a menudo prestaban servicio lejos de casa, de modo que cuando la carta llegó el 17 de marzo de 1899, aproximadamente un mes antes de su primer aniversario de bodas, Joseph y Louie aceptaron la oportunidad con fe y valor, mezclados con tristeza por saber que estarían separados durante dos años.

El élder Smith prestó servicio en Inglaterra, a unos 7.600 kilómetros de casa. Él y Louie se escribían con frecuencia, y eran cartas llenas de expresiones de amor y testimonio. En una de las primeras cartas del élder Smith a Louie, escribió: “Sé que la obra que he sido llamado a realizar es la obra de Dios; de no ser así, no permanecería aquí un minuto más; no, no me hubiera ido de casa. Pero sé que nuestra felicidad depende de mi fidelidad mientras esté aquí. Yo debería estar dispuesto a hacer esto por amor hacia la humanidad cuando el Salvador pudo sufrir como lo hizo por nosotros … Estoy en las manos de nuestro Padre Celestial, y Él me cuidará y protegerá si cumplo con Su voluntad; estará contigo mientras yo esté lejos, y te cuidará y protegerá en todas las cosas”1.

El élder Smith y sus compañeros de misión fueron dedicados siervos del Señor. En una carta a Louie, le informó que cada mes él y los otros misioneros distribuían unos diez mil folletos y visitaban unas cuatro mil casas. Sin embargo, después de ese informe, hizo la siguiente observación que daba qué pensar: “No pienso que se lea un folleto, o más de uno, por cada cien”2. Durante el tiempo que el élder Smith estuvo en Inglaterra, muy pocas personas aceptaron el mensaje del Evangelio restaurado. En el transcurso de sus dos años de servicio, “no tuvo ningún converso, no tuvo la oportunidad de realizar ni un solo bautismo, aun cuando sí confirmó a un converso”3. Sin poder ver muchos resultados de su labor, se consolaba al saber que estaba haciendo la voluntad del Señor y que estaba ayudando a preparar personas que quizá recibirían el Evangelio más adelante en su vida.

Durante aproximadamente dos semanas de su misión, el élder Smith estuvo confinado en un hospital con otros cuatro misioneros. Los cinco élderes se habían expuesto a la viruela, por lo que se les puso en cuarentena a fin de prevenir que la enfermedad se propagara. Aun cuando el élder Smith se refirió a su estadía como un “encarcelamiento”, él y sus compañeros le sacaron el mayor partido posible. Incluso compartieron el Evangelio con el personal del hospital. Al final del confinamiento, el élder Smith escribió el siguiente informe en su diario: “Hicimos amistad con las enfermeras y con otros que nos visitaron durante nuestro encarcelamiento. En muchas ocasiones hemos tenido conversaciones con ellos sobre el Evangelio; también les dejamos libros para leer. Cuando salimos del hospital, cantamos uno o dos himnos, lo cual entre otras cosas impresionó a los que los escucharon, pues los dejamos con lágrimas en los ojos. Pienso que dejamos una impresión positiva en el hospital, especialmente con las enfermeras, quienes confesaron que no somos el tipo de personas que creían que éramos y [que] ahora nos defenderán en todo momento”4.

El élder Smith concluyó su misión en junio de 1901. Setenta años después, regresó a Inglaterra como Presidente de la Iglesia a fin de presidir en una conferencia de área. Para ese entonces, las semillas que sembraron él y otros habían germinado y florecido. Se regocijó al ver a tantos santos británicos en las reuniones5. Dijo: “Varias estacas de Sión, un templo dedicado al Señor, una cantidad considerable de edificios para barrios y estacas, y obra misional de mucho éxito; todo ello testifica del hecho de que la Iglesia está madurando en la Gran Bretaña”. Y dijo que ese progreso en ese lugar era representativo de lo que sucedería por todo el mundo. Declaró que el Evangelio es para todas las personas y que “la Iglesia se establecerá en todo lugar, en toda nación, incluso hasta los confines de la tierra, antes de la segunda venida del Hijo del Hombre”6.

El élder Joseph Fielding Smith en 1910, poco después de que se le ordenó como apóstol

Enseñanzas de Joseph Fielding Smith

1

Sólo nosotros tenemos la plenitud del Evangelio restaurado, y deseamos que todas las personas reciban la misma bendición

En Su infinita sabiduría, y para cumplir las promesas y convenios que concertó con los profetas de la antigüedad, el Señor ha restaurado en estos postreros días la plenitud de Su evangelio sempiterno. Este Evangelio es el Plan de Salvación; se ordenó y estableció en los concilios de la eternidad antes de ser puestos los fundamentos de esta tierra, y se ha revelado de nuevo en nuestra época para la salvación y bendición de todos los hijos de nuestro Padre en todas partes…

Casi seiscientos años antes de Cristo, es decir, antes de Su venida, el gran profeta Nefi dijo a su pueblo: “…hay un Dios y un Pastor sobre toda la tierra.

“Y viene el tiempo en que él se manifestará a todas las naciones…” (1 Nefi 13:41–42).

Ya comienza el alba de ese día prometido. Ésta es la época señalada para la predicación del Evangelio en todo el mundo y para la edificación del reino del Señor en toda nación. Hay personas buenas y rectas en todos los países que aceptarán la verdad; que ingresarán a la Iglesia y que llegarán a ser una luz para guiar a su propio pueblo…

…El Evangelio es para todo pueblo, y el Señor espera que aquellos que lo reciban obedezcan sus verdades y las ofrezcan a los de su propia nación y lengua.

De modo que, con espíritu de amor y hermandad, ahora invitamos a todos los hombres en todas partes a que presten atención a las palabras de vida eterna reveladas en esta época por conducto del profeta José Smith y sus colaboradores.

Extendemos esta invitación a los demás hijos de nuestro Padre Celestial: “Venid a Cristo, y perfeccionaos en Él, y absteneos de toda impiedad” (Moroni 10:32).

Los invitamos a que crean en Cristo y en Su evangelio, a que vengan a Su Iglesia y sean uno con Sus santos.

Hemos probado los frutos del Evangelio y sabemos que son buenos, y deseamos que todos los hombres reciban las mismas bendiciones y el mismo espíritu que han sido derramados tan abundantemente sobre nosotros7.

Reconozco que hay personas buenas y devotas entre todas las sectas, partidos y denominaciones, y que serán bendecidas y recompensadas por todo el bien que hacen. Pero el hecho es que solamente nosotros tenemos la plenitud de esas leyes y ordenanzas que preparan al hombre para la plenitud de recompensa en las mansiones celestiales. Así decimos a las personas buenas y nobles, a las rectas y devotas en todas partes: Conserven todo lo bueno que tengan; aférrense a cada principio verdadero que ya tienen, pero vengan y participen de mayor luz y conocimiento, los cuales Dios, que es el mismo ayer, hoy y para siempre, está otra vez derramando sobre Su pueblo8.

Ruego que los propósitos del Señor en la tierra, tanto dentro como fuera de la Iglesia, se lleven a cabo rápidamente; que bendiga a Sus fieles santos, y que las huestes de hombres que buscan la verdad y cuyo corazón sea recto delante del Señor lleguen a ser herederos con nosotros de la plenitud de las bendiciones del Evangelio restaurado9.

2

Todo miembro de la Iglesia tiene la responsabilidad de usar su fuerza, energía, recursos e influencia para proclamar el Evangelio

Hemos escuchado que todos somos misioneros … A todos se nos ha apartado, aunque no por la imposición de manos; no se nos ha dado un llamamiento especial; no se nos ha seleccionado específicamente para realizar la obra misional, pero, como miembros de la Iglesia, habiéndonos comprometido al avance del evangelio de Jesucristo, nos convertimos en misioneros. Ésa es parte de la responsabilidad de todo miembro de la Iglesia10.

Con un corazón lleno de amor por todos los hombres, pido a los miembros de la Iglesia que aprendan y vivan el Evangelio y que usen su fuerza, energía y recursos para proclamarlo al mundo. Hemos recibido un cometido del Señor; ha dado un mandato divino; nos ha ordenado salir con diligencia incansable y ofrecer a Sus otros hijos esas verdades salvadoras que fueron reveladas a José Smith11.

Nuestra misión, repito, consiste —hasta donde sea posible— en regenerar, en llevar al arrepentimiento a cuantos hijos de nuestro Padre Celestial nos sea posible … Es una obligación que el Señor ha puesto sobre la Iglesia, y más particularmente, sobre los quórumes del sacerdocio de la Iglesia, a la vez que es una obligación que corresponde a cada alma por separado12.

Hay entre nosotros una gran cantidad de almas sinceras que nunca han aceptado la oportunidad de encontrar, o que nunca se han tomado la molestia de buscar estas gloriosas verdades que se han dado a conocer en las revelaciones del Señor. No piensan en estas cosas; viven entre nosotros, nos relacionamos con ellas y tenemos contacto con ellas diariamente. Piensan que somos personas agradables, pero que tenemos puntos de vista religiosos peculiares y, por lo tanto, no prestan atención a nuestra religión; por consiguiente, esta gran obra misional que se está llevando a cabo ahora en las estacas de Sión está recogiendo la cosecha de almas sinceras y fieles aquí de entre los que anteriormente no habían aprovechado la oportunidad que habían tenido de escuchar el Evangelio13.

“Toda persona que recibe la luz del Evangelio llega a ser una luz y una guía para todos aquellos a quienes pueda enseñar”.

Los que hemos recibido la verdad del Evangelio sempiterno no deberíamos estar satisfechos con nada menos que lo mejor, y lo mejor es la plenitud del reino del Padre; y por ello espero y ruego en oración que vivamos vidas y demos ejemplos de rectitud a todos los hombres a fin de que nadie tropiece, nadie flaquee, nadie se aparte del camino de la rectitud a causa de algo que hagamos o digamos14.

Hay una influencia que irradia no sólo de la persona, sino también de la Iglesia. Pienso que el éxito que tengamos en el mundo depende en gran parte de la actitud de los santos. Si estuviéramos completamente unidos, en pensamiento, en hechos, en nuestras acciones; si amáramos la palabra de la verdad, si camináramos en ella como el Señor desea que lo hagamos, entonces irradiaría de esta comunidad, de [congregaciones] de Santos de los Últimos Días de todas estas comunidades, hacia todo el mundo, una influencia que sería irresistible. Más hombres y mujeres sinceros se convertirían, puesto que el Espíritu del Señor iría delante de nosotros para preparar el camino … Si ellos, este pueblo, guardaran los mandamientos del Señor, serían una fuerza y un poder y una influencia que acabarían con la oposición y prepararían a las personas para recibir la luz del Evangelio sempiterno; y cuando no lo hacemos, asumimos una responsabilidad que tiene consecuencias terribles.

¿Cómo me sentiría yo, o ustedes, cuando se nos llame a comparecer ante el tribunal, si alguien nos señalara con el dedo y dijera que “si no hubiera sido por las acciones de este hombre o de este grupo, habría recibido la verdad, pero me cegué porque ellos, aunque profesaban que tenían la luz, no vivían de conformidad con ella”?15.

“El Señor dice que si trabajamos todos nuestros días y salvamos aunque fuere una sola alma, grande será nuestro gozo con ella; [véase D. y C. 18:15]; por otra parte, cuán grande será nuestro pesar y nuestra condenación si por nuestros actos llegamos a desviar de la verdad a un alma16.

Los Santos de los Últimos Días, dondequiera que se encuentren, son y deben ser una luz para el mundo. El Evangelio es una luz que sale de la obscuridad, y toda persona que recibe la luz del Evangelio llega a ser una luz y una guía para todos aquellos a quienes pueda enseñar.

La responsabilidad de ustedes… es ser testigos vivientes de la verdad y de la divinidad de la obra. Esperamos que vivan el Evangelio y que labren su propia salvación, y que otros, al ver las buenas obras de ustedes, sean conducidos a glorificar a nuestro Padre Celestial [véase Mateo 5:16]17.

3

La Iglesia necesita más misioneros que salgan a trabajar en la obra del Señor

Necesitamos misioneros … El campo es amplio y la mies es mucha, pero los obreros son pocos [véase Lucas 10:2]. Asimismo, el campo está blanco y listo para la siega [véase D. y C. 4:4]…

…Nuestros misioneros salen. Ningún poder ha sido capaz de detener la obra que están realizando. Se ha intentado. Se hicieron grandes esfuerzos en el principio cuando sólo había unos cuantos misioneros, pero el progreso de esta obra no se pudo detener, y no se puede detener ahora. Debe seguir adelante, y así será, a fin de que los habitantes de la tierra tengan la oportunidad de arrepentirse de sus pecados y recibir la remisión de ellos y entrar a la Iglesia y el reino de Dios antes de que esas destrucciones finales sobrevengan a los inicuos, pues han sido prometidas…

Y esos misioneros, que son en su mayoría hombres jóvenes, sin conocimiento de las cosas del mundo, salen con ese mensaje de salvación y confunden a los grandes y poderosos, porque tienen la verdad. Están proclamando este Evangelio; los sinceros y honestos lo están escuchando y se están arrepintiendo de sus pecados y entrando a la Iglesia18.

Esperamos ver el día en el que todo joven Santo de los Últimos Días digno que reúna los requisitos tenga el privilegio de salir a trabajar en la obra del Señor para ser un testigo de la verdad en las naciones de la tierra.

Ahora contamos con muchos matrimonios estables y maduros en esta gran causa misional, pero necesitamos a muchos más; y esperamos que quienes sean dignos y reúnan los requisitos pongan sus asuntos en orden y respondan a los llamados de predicar el Evangelio y que cumplan con sus obligaciones de manera aceptable.

También tenemos a muchas jóvenes en esta obra, pero necesitamos muchas más, aun cuando ellas no tienen la misma responsabilidad que los hermanos, y nuestra mayor preocupación en lo que se refiere a las hermanas jóvenes es que entren en vínculos matrimoniales apropiados en los templos del Señor.

Invitamos a los miembros de la Iglesia a ayudar económicamente en el sostenimiento de la causa misional y a que contribuyan liberalmente de sus recursos para la difusión del Evangelio.

Felicitamos a aquellos que están prestando servicio tan valientemente en la gran causa misional. José Smith dijo: “Después de todo lo que se ha dicho, el mayor y más importante deber es predicar el Evangelio”19.

“Felicitamos a aquellos que están prestando servicio tan valientemente en la gran causa misional”.

4

Debemos predicar las doctrinas de salvación tal como se registran en las Escrituras, con claridad y sencillez y con la guía del Espíritu

En los primeros días de esta dispensación, el Señor dijo a quienes fueron llamados a Su ministerio: “…que todo hombre hable en el nombre de Dios el Señor, el Salvador del mundo… para que la plenitud de mi evangelio sea proclamada por los débiles y sencillos hasta los cabos de la tierra, y ante reyes y gobernantes” (D. y C. 1:20, 23).

A quienes son llamados a “salir a predicar” Su evangelio, y a todos “los élderes, presbíteros y maestros” de Su Iglesia, dijo: “…enseñarán los principios de mi evangelio, que se encuentran en la Biblia y en el Libro de Mormón” y en las otras Escrituras, “conforme el Espíritu los dirija” (véase D. y C. 42:11–13).

Como representantes del Señor no se nos ha mandado ni autorizado enseñar las filosofías del mundo ni las teorías especulativas de nuestra era científica. Nuestra misión es predicar las doctrinas de salvación con claridad y sencillez tal como se han revelado y registrado en las Escrituras.

Después de indicarnos que enseñemos los principios del Evangelio que se encuentran en los libros canónicos, conforme nos dirija el Espíritu, el Señor entonces dio el gran pronunciamiento que gobierna toda la enseñanza de Su evangelio por cualquier persona de la Iglesia: “Y se os dará el Espíritu por la oración de fe; y si no recibís el Espíritu, no enseñaréis” (D. y C. 42:14)20.

5

El Evangelio es la única esperanza del mundo, la única manera de traer paz a la tierra

¿Saben cuál es el mayor poder, el factor más potente de todo el mundo, para el establecimiento permanente de la paz en la tierra? Tras hacer la pregunta, la contestaré; por lo menos expresaré mi punto de vista en cuanto a ello, sin decir nada en cuanto a otras cosas que suceden en el mundo. El factor más grande de todo el mundo es el poder del santo sacerdocio, el cual poseen los Santos de los Últimos Días. Desde el principio el Señor envió a los élderes al mundo, mandándoles que llamaran a la gente, diciendo: Arrepiéntanse, vengan a Sión. Crean en Mi evangelio y tendrán paz.

La paz vendrá, por supuesto, por medio de la rectitud, de la justicia, de la misericordia de Dios, del poder que nos concederá mediante el cual nuestro corazón será conmovido y tendremos amor los unos por los otros. Ahora nuestro deber es declarar esas cosas entre todos los pueblos, llamarlos a venir a Sión donde se ha enarbolado el estandarte —el estandarte de paz— y a recibir las bendiciones de la casa del Señor y la influencia de Su Santo Espíritu que aquí se manifiesta. Y quisiera decirles que nosotros mismos, si prestamos servicio al Señor, tenemos un poder maravilloso con relación al establecimiento de la paz en el mundo.

Ahora bien, estamos dispuestos a que continúen otras cosas del mundo que van en esa dirección. Estamos a favor de todo lo que traiga paz al mundo; pero no perdamos de vista el hecho de que nosotros, los Santos de los Últimos Días, si hacemos causa común y somos uno en nuestro servicio al Señor y enviamos la palabra de vida eterna entre las naciones, tendremos mayor poder, en mi opinión, para establecer la paz en el mundo que ninguna otra fuerza. Estoy completamente de acuerdo con la idea que se ha expresado de que el Señor está utilizando a muchos grupos de personas; Su obra no se limita a los Santos de los Últimos Días, pues ha llamado a muchos a servirle fuera de la Iglesia y los ha investido con poder, los ha inspirado a llevar a cabo Su obra … Sin embargo, mis hermanos y hermanas, no perdamos de vista el hecho de que somos un poder en la tierra para bien y para la difusión de la verdad y el establecimiento de la paz entre toda nación, tribu, lengua y pueblo … Nuestra misión ha sido, y es: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos está cerca” [véase D. y C. 33:10].

Es preciso que continuemos hasta que todos los justos se congreguen, hasta que todo hombre haya sido advertido, hasta que todo el que quiera escuchar, escuche; y todos los que no quieran escuchar también escuchen, pues el Señor ha declarado que no habrá alma que no escuche, ni corazón que no sea penetrado [véase D. y C. 1:2], pues Su palabra saldrá, ya sea por las palabras de sus élderes o por otro medio, no importa; pero a Su debido tiempo acortará Su obra en rectitud; establecerá Su verdad y vendrá a reinar sobre la tierra21.

Respetamos a los demás hijos de nuestro Padre que pertenecen a todas las religiones, partidos y denominaciones, y no deseamos otra cosa más que verlos recibir la luz y conocimiento adicionales que hemos recibido nosotros por medio de la revelación, y que lleguen a ser con nosotros herederos de las grandes bendiciones de la restauración del Evangelio.

Pero poseemos el Plan de Salvación; nosotros administramos el Evangelio; y éste es la única esperanza del mundo, el único medio que traerá paz a la tierra y corregirá los males que existen en todas las naciones22.

Sabemos que si los hombres tienen fe en Cristo, se arrepienten de sus pecados, hacen convenio en las aguas del bautismo de guardar Sus mandamientos y después reciben el Espíritu Santo por la imposición de manos por aquellos que han sido llamados y ordenados a este poder —y si entonces guardan los mandamientos— tendrán paz en esta vida, y vida eterna en el mundo venidero [véase D. y C. 59:23]23.

No hay ninguna cura para los males del mundo, excepto el evangelio del Señor Jesucristo. Nuestra esperanza de lograr la paz, la prosperidad temporal y espiritual, y la herencia final en el reino de Dios se encuentra únicamente en el Evangelio restaurado y por medio de él. Ninguno de nosotros puede desempeñar obra alguna que sea tan importante como la predicación del Evangelio y la edificación de la Iglesia y reino de Dios sobre la tierra24

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Preguntas

  • Piense en la forma en que Joseph Fielding Smith respondió a los desafíos que tuvo como misionero de tiempo completo (véase “De la vida de Joseph Fielding Smith”). ¿Cómo podría el ejemplo de él influir en el servicio que usted preste en la Iglesia?

  • Medite en cuanto a las bendiciones de probar “los frutos del Evangelio” (sección 1) y piense en personas con quienes podría compartir esos “frutos”.

  • ¿De qué manera pueden las palabras del presidente Smith de la sección 2 ayudarnos a compartir el Evangelio con los demás?

  • El presidente Smith dijo que la Iglesia necesita más misioneros de tiempo completo, incluso “matrimonios… maduros” (sección 3). ¿Qué podemos hacer para ayudar a los jóvenes a prepararse para servir? ¿Qué puede hacer usted a fin de prepararse para servir?

  • ¿En qué formas pueden nuestras palabras y acciones comunicar la claridad y la sencillez del Evangelio? (véase la sección 4). ¿En qué ocasiones ha sentido al Espíritu Santo dirigirlo en esos esfuerzos?

  • ¿Qué enseñanzas de la sección 5 son particularmente inspiradoras para usted? ¿Qué sentimientos tiene cuando piensa en compartir “la única esperanza del mundo, el único medio que traerá paz a la tierra”?

Ayuda didáctica

Cuando un participante lea en voz alta las enseñanzas del presidente Smith, invite a los otros participantes a “escuchar e identificar principios o conceptos específicos… Si un pasaje contiene palabras o frases difíciles o poco comunes, explíqueselas antes de leer el pasaje correspondiente. Si algún miembro del grupo tuviese dificultad para leer, pida la participación de voluntarios en vez de que todos tomen turnos para hacerlo” (véase La enseñanza: El llamamiento más importante, 2000, pág. 61).

Mostrar referencias

    Notas

  1.   1.

    Joseph Fielding Smith a Louie Shurtliff Smith, en Joseph Fielding Smith, hijo, y John J. Stewart, The Life of Joseph Fielding Smith, 1972, págs. 114–115.

  2.   2.

    Joseph Fielding Smith a Louie Shurtliff Smith, en The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 102.

  3.   3.

    Véase The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 91.

  4.   4.

    Diario de Joseph Fielding Smith, 30 de abril de 1901, Biblioteca de Historia de la Iglesia.

  5.   5.

    Véase Conference Report, Conferencia general de área británica de 1971, pág. 85.

  6.   6.

    En Conference Report, Conferencia general de área británica de 1971, pág. 176.

  7.   7.

    Véase “Sé que mi Redentor vive”, Liahona, mayo de 1972, págs. 1, 2–3.

  8.   8.

    “A Witness and a Blessing”, Ensign, junio de 1971, págs. 109–110.

  9.   9.

    Véase “Libres de la obscuridad”, Liahona, octubre de 1971, pág. 3.

  10.   10.

    Take Heed to Yourselves, compilado por Joseph Fielding Smith, hijo, 1966, págs. 27–28.

  11.   11.

    En Conference Report, octubre de 1970, págs. 5–6.

  12.   12.

    En Conference Report, abril de 1944, pág. 50; véase también Doctrina de Salvación, editado por Bruce R. McConkie, 3 tomos, 1979, tomo I, pág. 292.

  13.   13.

    En Conference Report, abril de 1921, pág. 42.

  14.   14.

    En Conference Report, abril de 1923, pág. 139.

  15.   15.

    En Conference Report, octubre de 1933, págs. 62–63.

  16.   16.

    En Conference Report, abril de 1951, pág. 153.

  17.   17.

    En Conference Report, Conferencia general de área británica de 1971, pág. 176.

  18.   18.

    En Conference Report, abril de 1953, págs. 19–20.

  19.   19.

    En Conference Report, octubre de 1970, pág. 7; véase también Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 330.

  20.   20.

    En Conference Report, octubre de 1970, pág. 5.

  21.   21.

    En Conference Report, octubre de 1919, págs. 89–90.

  22.   22.

    Véase “Mensaje para los miembros de la Iglesia en Gran Bretaña”, Liahona, febrero de 1972, págs. 2–3.

  23.   23.

    En Conference Report, octubre de 1970, pág. 7.

  24.   24.

    Véase “Consejo a los santos y al mundo”, Liahona, diciembre de 1972, pág. 8.