Capítulo 25: El nacimiento de Jesucristo: Las “nuevas de gran gozo”

Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph Fielding Smith, 2013


“¿Y qué de esta historia maravillosa? ¿Hemos permitido que penetre nuestra vida e influya en ella? ¿La hemos aceptado en su pleno significado y sin reservas?”

De la vida de Joseph Fielding Smith

Durante la temporada navideña de 1971, un periodista de un periódico tuvo la oportunidad de pasar tiempo con el presidente Joseph Fielding Smith y con miembros de la familia de éste. El periodista compartió lo que había visto de la vida del profeta:

“La Navidad es una época especial para el presidente Joseph Fielding Smith. Es un día para la familia y para recordar; pero más que nada, para el presidente Smith, la Navidad es un día para los niños.

“‘Creo que lo que más me gusta de la Navidad son los niños’, dijo el presidente Smith al abrazar más fuerte a su bisnieta.

“Con una gran Biblia ilustrada sobre el regazo, el presidente Smith y dos de sus bisnietas, Shanna McConkie, de cuatro años, y Sherri, de dos, volvían las páginas que relataban el nacimiento de Cristo. Se quedaron un buen rato mirando la página con la ilustración de la escena del pesebre. Había una relación estrecha entre el presidente Smith y las niñas…

“El presidente ha disfrutado de la visita de muchos miembros de la familia durante la temporada navideña. ‘La Navidad es una época en que las familias deben estar reunidas’, dijo él”1.

Para el presidente Smith, las tradiciones navideñas se centraban en el nacimiento, el ministerio y la expiación del Salvador. Como respuesta a las felicitaciones navideñas que recibía de miembros de la Iglesia, él dijo: “Aprecio la consideración de quienes me envían tarjetas de Navidad. Las considero una expresión de amor y un recordatorio del nacimiento del Salvador, a quien honramos y adoramos como cabeza de la Iglesia. Su mensaje era de paz y buena voluntad. Y ése es mi deseo para mis semejantes de todas partes”2.

En diciembre de 1970, el presidente Smith publicó un mensaje navideño para los miembros de la Iglesia de todo el mundo. En parte decía:

“Les saludo en esta temporada navideña con amor y hermandad y rogando que nuestro Padre Eterno les considere con misericordia y derrame sobre ustedes Sus abundantes bendiciones.

“En esta época en que abunda la iniquidad, en que hay grandes tribulaciones sobre la tierra, en que hay guerras y rumores de guerras, todos tenemos necesidad, como nunca antes, del cuidado del Señor que guía y protege.

“Debemos saber que a pesar de todos los problemas y pruebas que nos sobrevengan, aun así el Señor gobierna en los asuntos de la tierra, y que si guardamos Sus mandamientos y somos leales y fieles a Sus leyes, Él nos bendecirá aquí y ahora, y en su debido tiempo nos recompensará con la vida eterna en Su reino…

“…Ahora ruego que en esta temporada navideña, y en todo momento, podamos centrar nuestra fe en el Hijo de Dios y obtener para nosotros mismos aquella paz que sobrepasa todo entendimiento”3.

La historia del nacimiento del Salvador, “no importa cuántas veces se la relate, nunca se vuelve anticuada”.

Las enseñanzas de Joseph Fielding Smith

1

La historia del nacimiento de nuestro Redentor es elocuente dentro de su humilde simplicidad

No hay otra historia tan hermosa, ni que pueda conmover el alma del humilde con tal profundidad, como esta gloriosa historia del nacimiento de nuestro Redentor. No hay palabras que pueda pronunciar el hombre para embellecer, ni mejorar ni acrecentar la elocuencia de su humilde simplicidad. No importa cuántas veces se le relate, nunca se vuelve anticuada; y es muy infrecuente que se narre en el hogar de los hombres. Tratemos de imaginarnos que estamos afuera con los pastores que cuidaban sus rebaños esa noche memorable. Eran hombres humildes que no habían perdido la fe de sus padres, y cuyo corazón no se había endurecido como el de los gobernantes de los judíos en los días del ministerio de nuestro Señor, porque si así hubiera sido, los ángeles no se les habrían aparecido con su glorioso mensaje. Repitamos esa historia maravillosa.

“Y había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre sus rebaños.

“Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor.

“Pero el ángel les dijo: No temáis, porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que serán para todo el pueblo:

“que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.

“Y esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.

“Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios y decían:

“¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!

“Y aconteció que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron los unos a los otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido y que el Señor nos ha manifestado.

“Y vinieron de prisa y hallaron a María, y a José, y al niño acostado en el pesebre” [Lucas 2:8–16].

¿Puede alma alguna leer esto y no conmoverse por el espíritu de humildad y sentirse impresionada por la sencilla verdad de la historia?4

2

Aunque Jesucristo era el Hijo de Dios, vino a este mundo como bebé y progresó de gracia en gracia hasta recibir la plenitud

Supongo que todos entendemos el hecho de que Jesucristo era Jehová, quien guió a Israel en los días de Abraham y Moisés, y ciertamente desde los días de Adán. También que Jehová, o Jesucristo, se apareció en la forma de un personaje de espíritu al hermano de Jared, y que nació como bebé en este mundo, y creció en él hasta alcanzar la madurez5.

Mientras crecía, Jesús obtuvo conocimiento “línea por línea y precepto por precepto”.

Nuestro Salvador era un Dios antes de nacer en este mundo y trajo consigo ese mismo estado al venir aquí. Era tan Dios cuando nació en esta tierra como lo fue antes. Pero en lo concerniente a esta vida, parece que tuvo que comenzar igual que todos los demás niños, y debió obtener Su conocimiento línea por línea. Lucas dice que Él “crecía en sabiduría, y en estatura y en gracia para con Dios y los hombres” [Lucas 2:52]. Juan escribe que “y no recibió de la plenitud al principio”, sino que tuvo que progresar “de gracia en gracia hasta que recibió la plenitud” [D. y C. 93:13]…

Evidentemente, antes de llegar a los doce años de edad —pues fue entonces cuando asombró a los doctores y sabios en el templo— había aprendido mucho en cuanto a los asuntos de Su Padre [véase Lucas 2:46–49]. Ese conocimiento pudo haberlo recibido mediante revelación, la visitación de ángeles o de alguna otra manera. No obstante, Su conocimiento en lo que concernía a esta vida tuvo que recibirlo línea por línea y precepto por precepto. No hay duda de que estuvo en comunicación, de tiempo en tiempo, con Su Padre Celestial.

…“Jesús creció con sus hermanos, se fortaleció y esperó en el Señor a que llegara el tiempo de su ministerio. Y servía bajo su padre, y no hablaba como los demás hombres, ni se le podía enseñar, pues no necesitaba que hombre alguno le enseñara. Y pasados muchos años, se acercó la hora de su ministerio” [Traducción de José Smith, Mateo 3:24–26].

La declaración del Señor de que no podía hacer sino lo que había visto hacer al Padre, significa sencillamente que a Él le fue revelado lo que el Padre había hecho [véase Juan 5:19–20]. Sin duda, Jesús vino al mundo sujeto a las mismas condiciones requeridas a cada uno de nosotros; Él olvidó todo y tuvo que crecer de gracia en gracia. Su olvido, o el que se le haya quitado Su conocimiento anterior, era necesario tal como lo es en el caso de cada uno de nosotros, a fin de cumplir con la presente existencia temporal.

El Salvador no tuvo la plenitud al principio, sino que tras recibir Su cuerpo y la Resurrección, le fue dada toda potestad en el cielo y en la tierra. Aunque era un Dios, aun el Hijo de Dios, con poder y autoridad para crear esta tierra y otras tierras, aun así había algunas cosas de las que carecía y que no recibió sino hasta después de Su resurrección. En otras palabras, no había recibido la plenitud hasta que recibió un cuerpo resucitado6.

3

Jesucristo vino a este mundo a redimirnos de la muerte física y de la espiritual

Jesucristo vino aquí para cumplir una misión definida que se le asignó antes de establecerse el fundamento de esta tierra. En las Escrituras se habla de Él como “el Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” [Apocalipsis 13:8]. Él se ofreció para venir en el meridiano de los tiempos para redimir a los hombres de la Caída que les sobrevendría por la transgresión de Adán.

…Jesús es la única persona que ha nacido en este mundo que no tuvo un padre terrenal. El Padre de Su cuerpo es también el Padre de Su Espíritu y el de los espíritus de todos los hombres. De Su Padre obtuvo la vida eterna; de Su madre obtuvo la facultad de morir, porque Su madre era una mujer mortal. De ella recibió Su sangre y de Su Padre recibió Su inmortalidad. Y así, al tener poder para dar Su vida y volverla a tomar, pudo pagar el precio de la transgresión de Adán y redimir a todas las criaturas del sepulcro7.

La verdadera razón de la venida de Jesucristo al mundo… fue, primeramente,… redimir de la muerte física o terrenal a todos los hombres, la cual Adán trajo al mundo; y en segundo lugar,… redimir a todos los hombres de la muerte espiritual o expulsión de la presencia del Señor, a condición del arrepentimiento y de la remisión de los pecados y de la perseverancia hasta el fin de la probación terrenal de éstos8.

Nos regocijamos por el nacimiento del Hijo de Dios entre los hombres.

Estamos agradecidos por el sacrificio expiatorio que Él llevó a cabo mediante el derramamiento de Su propia sangre.

Estamos agradecidos de que nos haya redimido de la muerte y haya abierto la puerta para que podamos alcanzar la vida eterna.

Rogamos paz en la tierra, la propagación del Evangelio y el triunfo final de la verdad.

Suplicamos a los hijos de nuestro Padre de todas partes a unirse a nosotros y hacer aquello que nos dé a todos paz en este mundo y la gloria eterna en el mundo venidero [véase D. y C. 59:23]9.

4

Debemos permitir que la historia del nacimiento del Salvador penetre nuestra vida e influya en ella

Al llegar [la mañana de la Navidad], algunos inclinarán la cabeza en humilde oración al Padre de las luces por las bendiciones que han recibido a través del sufrimiento de Su Hijo amado, y leerán la maravillosa historia con alabanzas de gratitud. Desafortunadamente, otras personas, que saben poco, si es que saben algo, de la deuda que tienen con el Hijo de Dios, celebrarán, no con alabanzas ni humilde oración, sino con jolgorio de embriaguez blasfema, sin la menor idea del significado del nacimiento del Hombre de Galilea…

¿Cómo puede alguien leer esta conmovedora historia del nacimiento de Jesucristo sin sentir el deseo de abandonar sus pecados? En esta época del año conviene que todos y cada uno —el rey en su palacio, si es que todavía hay reyes en palacios, el campesino en su humilde cabaña, los ricos y los pobres por igual— doblemos la rodilla y rindamos honor a Aquel que no tuvo pecado, cuya vida pasó en sacrificio y pesar para el beneficio de Sus semejantes, cuya sangre se derramó como sacrificio por el pecado…

…¿Y qué acerca de esa historia maravillosa? ¿Hemos permitido que penetre nuestra vida e influya en ella? ¿La hemos aceptado en su pleno significado y sin reservas? ¿Creemos que ese bebé fue en verdad el Hijo Unigénito de Dios en la carne? ¿Tenemos fe duradera en Su misión y estamos dispuestos a seguirle con obediencia? Si el mundo así lo hubiera creído, y hubiera escuchado sinceramente Sus enseñanzas, entonces no se habría destrozado por la contención y la iniquidad a través de los tiempos… Ha habido demasiada alabanza de la boca para afuera entre quienes se dicen discípulos del Hijo de Dios, y muy poca adoración real basada en la integridad de Sus enseñanzas.

En esa noche gloriosa, el ángel declaró a los pastores que traía nuevas de gran gozo que eran para todo el pueblo [véase Lucas 2:8–10], pero en general, la gente de todas partes de la faz de la tierra se ha rehusado a recibir las bendiciones de aquellas nuevas. No ha estado dispuesta a abandonar sus pecados, a humillarse y a poner su vida en armonía con las enseñanzas del Maestro…

Una vez más suplico a todos los hombres de todas partes: Apártense de sus hechos inicuos y vuélvanse a la verdadera adoración del Hijo de Dios, para que sus almas se salven en el reino de Él10.

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Preguntas

  • ¿Qué hace usted en su hogar para recordar al Salvador en la época navideña? ¿Qué podemos aprender de las tradiciones navideñas del presidente Smith? (Véase la sección “De la vida de Joseph Fielding Smith”).

  • ¿Por qué creen que la historia del nacimiento de Jesucristo “nunca se vuelve anticuada”? (Véase la sección 1).

  • Repase las palabras del presidente Smith acerca de que Jesucristo vino al mundo como bebé y sobrellevó las dificultades de la vida terrenal (véase la sección 2). ¿Qué piensa y siente usted al meditar sobre la disposición del Salvador de hacer eso?

  • Medite en la relación que existe entre el nacimiento y la expiación del Salvador (véase la sección 3). ¿Cómo pueden los padres ayudar a los hijos a lograr ese entendimiento? ¿Cómo puede dicho entendimiento influir en nuestras tradiciones navideñas?

  • ¿Qué podemos hacer para permitir que la historia del nacimiento del Salvador “penetre nuestra vida e influya en ella”? (Véase la sección 4).

Pasajes de las Escrituras relacionados con el tema

Isaías 53; Lucas 1:26–35; 2; 1 Nefi 11:8–23.

Ayuda didáctica

Los análisis en grupos pequeños brindan “a un gran número de personas la oportunidad de participar en una lección. Las personas que por lo general vacilan en participar probablemente compartan en un pequeño grupo algunas ideas que no expresarían frente a un grupo más numeroso” (La enseñanza: El llamamiento más importante, 2000, pág. 206).

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    Notas

  1.   1.

    “A Big Christmas Hug from Pres. Smith”, Church News, 25 de diciembre de 1971, pág. 3.

  2.   2.

    “A Big Christmas Hug from Pres. Smith”, pág. 3.

  3.   3.

    “Christmas Greetings from President Joseph Fielding Smith to the Members of the Church throughout the World”, Church News, 19 de diciembre de 1970, pág. 3.

  4.   4.

    The Restoration of All Things, 1945, págs. 279–280.

  5.   5.

    Véase correspondencia personal, citada en Doctrina de Salvación, editado por Bruce R. McConkie, 3 tomos, 1978–1979, tomo I, pág. 10.

  6.   6.

    Véase correspondencia personal, citada en Doctrina de Salvación, tomo I, págs. 29–31.

  7.   7.

    Answers to Gospel Questions, comp. por Joseph Fielding Smith, hijo, 5 tomos, 1957–1966, tomo II, págs. 134, 136.

  8.   8.

    “The Resurrection”, Improvement Era, diciembre de 1942, págs. 780–781; véase también Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 244.

  9.   9.

    “Christmas Greetings”, pág. 3.

  10.   10.

    The Restoration of All Things, págs. 278–279, 281–282, 286.