Capítulo 26: La preparación para la venida de nuestro Señor

Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph Fielding Smith, 2013


“Preparad la vía del Señor y enderezad sus senderos, porque la hora de su venida está cerca” (D. y C. 133:17)

De la vida de Joseph Fielding Smith

Una vez el presidente Joseph Fielding Smith dijo a un grupo de Santos de los Últimos Días que él estaba “orando para que llegara el fin del mundo”. Dijo: “Si llegara mañana, me daría gusto”. Como respuesta a esa declaración, una mujer habló lo suficientemente fuerte para que otras personas la escucharan. “Oh, espero que no”, dijo ella.

Al compartir aquella experiencia posteriormente, el presidente Smith enseñó:

“¿No quieren que venga el fin del mundo?

“La mayoría de las personas tienen una idea equivocada de lo que significa el fin del mundo…

“…Cuando Cristo venga, será el fin del mundo … No habrá guerras, ni tumultos, ni envidias, ni mentiras; no habrá iniquidad. Entonces los hombres aprenderán a amar al Señor y a guardar Sus mandamientos, y si no lo hacen no permanecerán aquí. Ese es el fin del mundo, y es lo que pidió el Salvador en oración cuando Sus discípulos acudieron a Él y dijeron: ‘Enséñanos a orar’. ¿Qué hizo Él? Les enseñó: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra’ [véase Lucas 11:1–2].

“Es eso por lo que estoy orando. El Señor oraba pidiendo que llegara el fin del mundo, y yo también”1.

En sus sermones y escritos, el presidente Smith a menudo citaba las profecías de las Escrituras acerca de los últimos días, del papel de José Smith en la preparación del camino del Señor, y de la venida del Salvador a la tierra en gloria. Expresó sus profundos sentimientos sobre aquellas profecías en la oración dedicatoria del Templo de Ogden, Utah:

“Como Tú sabes, oh Dios nuestro, vivimos en los últimos días, cuando las señales de los tiempos se están manifestando; cuando estás apresurando Tu obra en su tiempo; y cuando ya hemos escuchado la voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas [véase Mateo 3:3]…

“Oh Padre nuestro, anhelamos el día en que vendrá el Príncipe de paz, cuando la tierra descansará y la rectitud se hallará de nuevo sobre su faz; y rogamos con corazones humildes y contritos que soportemos el día y seamos hallados dignos de vivir con Aquel a quien Tú has señalado para ser el Rey de reyes y Señor de señores, a quien sean la gloria y el honor, y el poder y el dominio ahora y para siempre”2.

“Anhelamos el día en que vendrá el Príncipe de paz”.

Las enseñanzas de Joseph Fielding Smith

1

La venida del Señor está cerca

Rápidamente nos acercamos al día grande de Jehová, aquella época de “renovación”, cuando Él vendrá entre las nubes del cielo a fin de ejecutar venganza sobre los impíos y preparar la tierra para el reinado de paz para todos los que estén dispuestos a cumplir Su ley [véase Hechos 3:19–20]3.

Han ocurrido muchas cosas… para inculcarles a los miembros fieles de la Iglesia el hecho de que está cerca la venida del Señor. El Evangelio se ha restaurado. La Iglesia está plenamente organizada. El sacerdocio se ha conferido al hombre. Se han revelado las diversas dispensaciones desde el principio y se han entregado sus llaves y autoridad a la Iglesia. Israel se ha congregado y se está congregando en la tierra de Sión. Los judíos regresan a Jerusalén. El Evangelio se predica en todo el mundo como testimonio a toda nación. Se construyen templos y en ellos se realiza tanto la obra de ordenanzas a favor de los muertos, como de los vivos. Los corazones de los hijos se han vuelto hacia sus padres, y los hijos buscan a sus muertos. Se han revelado los convenios que el Señor prometió hacer con Israel en los últimos días, y miles de personas del Israel congregado los han concertado. Y así avanza la obra del Señor, y todo eso son señales de la próxima llegada de nuestro Señor…

Las palabras de los profetas se están cumpliendo rápidamente, pero sucede con base en principios tan naturales que la mayoría de nosotros no lo vemos.

Joel prometió que el Señor derramaría Su Espíritu sobre toda carne: los hijos y las hijas profetizarían, los ancianos soñarían sueños y los jóvenes verían visiones [véase Joel 2:28–29]…

Entre las señales de los últimos días habría un aumento de conocimiento. A Daniel se le mandó: “Cierra las palabras y sella el libro [de su profecía] hasta el tiempo del fin. [Y en ese día] muchos correrán de aquí para allá”, dijo él, “y el conocimiento aumentará” (véase Daniel 12:4). Y en la actualidad, ¿no corren las personas “de aquí para allá” como nunca antes en la historia del mundo?…

…¿No ha aumentado el conocimiento? ¿Alguna vez en la historia del mundo se ha derramado tanto conocimiento sobre el pueblo? Pero tristemente, las palabras de Pablo son verdaderas: las personas “siempre están aprendiendo, pero nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad” (2 Timoteo 3:7)…

¿No hemos tenido numerosos rumores de guerras? [Véase D. y C. 45:26]. ¿No hemos tenido guerras tales como el mundo jamás había visto antes? ¿No existe en la actualidad conmoción entre las naciones, y no están preocupados sus gobernantes? ¿No se han derrocado reinos y no ha habido grandes cambios entre las naciones? Toda la tierra está en conmoción. Todos los días se informa sobre terremotos en diversos lugares [véase D. y C. 45:33]…

Y, sin embargo, este antiguo mundo sigue adelante con sus asuntos, poniendo muy poca atención a todo lo que ha dicho el Señor y a todas las señales y las indicaciones que se han dado. Los hombres endurecen el corazón y dicen “…que Cristo demora su venida hasta el fin de la tierra” (D. y C. 45:26)4.

No hace mucho se me preguntó si yo podía decir cuándo vendría el Señor. Respondí que sí; y ahora respondo que sí. Yo sé cuando vendrá Él: mañana. Tenemos Su palabra al respecto. Permítanme leerla:

“He aquí, el tiempo presente es llamado hoy hasta la venida del Hijo del Hombre; y en verdad, es un día de sacrificio y de requerir el diezmo de mi pueblo, porque el que es diezmado no será quemado en su venida”.

Ahora bien, he allí un mensaje suficiente en cuanto a los diezmos.

“Porque después del día de hoy viene la quema —esto es, hablando según la manera del Señor— porque de cierto os digo, mañana todos los soberbios y los que hacen maldad serán como rastrojo; y yo los quemaré, porque soy el Señor de los Ejércitos; y no perdonaré a ninguno que se quede en Babilonia” [D. y C. 64:23–24].

De manera que les digo que el Señor viene mañana. Preparémonos, pues5.

“Rápidamente nos acercamos al día grande de Jehová, aquella época de ‘renovación’, cuando Él vendrá entre las nubes del cielo”.

2

Cuando venga Cristo se efectuará un juicio

La parábola del trigo y la cizaña que el Señor enseñó se refería a los últimos días. Según el relato, un sembrador plantó buena semilla en su campo, pero mientras dormía, vino el enemigo y sembró cizaña en éste. Cuando empezaba a brotar la hierba los siervos querían ir a arrancar la cizaña, mas el Señor les mandó que dejaran crecer juntos el trigo y la cizaña hasta que la cosecha madurara, no fuese que arrancaran el trigo tierno al destruir la cizaña. Entonces, al fin de la siega, debían salir a cosechar el trigo y atar la cizaña para quemarla. En la explicación de esta parábola, el Señor dijo a Sus discípulos que “la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles” [véase Mateo 13:24–30, 36–43; D. y C. 86]6.

La cizaña y el trigo crecen juntos, y han estado creciendo en el mismo campo durante todos estos años; pero está próximo el día en que se recogerá el trigo en los graneros, y también se juntará la cizaña para ser quemada; y se efectuará una separación: los justos de los inicuos; y conviene que cada uno de nosotros guarde los mandamientos del Señor, que nos arrepintamos de nuestros pecados, que nos volvamos a la rectitud, si en nuestro corazón hay necesidad de arrepentimiento7.

Edifiquen y fortalezcan a los miembros de la Iglesia en la fe en Dios; bien sabe la Providencia que la necesitamos. Son tantas las influencias que actúan entre los mismos miembros de la Iglesia, para dividirnos, y va a haber, uno de estos días en un futuro cercano, una separación del trigo y de la cizaña, y nosotros somos trigo o somos cizaña. Nos vamos a hallar de un lado o del otro8.

Llegará el día en que no tendremos este mundo. Será cambiado. Obtendremos un mundo mejor; uno que es recto, porque cuando venga Cristo, Él limpiará la tierra.

Lean lo que está escrito en nuestras Escrituras. Lean lo que Él mismo ha dicho. Cuando Él venga, limpiará esta tierra de toda su iniquidad y, hablando de la Iglesia, ha dicho que enviará a Sus ángeles y ellos recogerán de Su reino, que es la Iglesia, todo lo que cause tropiezo [véase Mateo 13:41]9.

[El] día grande y terrible no puede ser otro momento que el de la venida de Jesucristo para establecer Su reino, en poder, entre los rectos de la tierra y para limpiar el mundo de toda la iniquidad. No será un día de temor ni para causar espanto en el corazón de los rectos, mas será un gran día de temor y terror para los impíos. Eso lo hemos aprendido de las palabras de nuestro Salvador mismo, al enseñárselas a Sus discípulos [véase Mateo 24; José Smith—Mateo 1]10.

Se efectuará un juicio cuando venga Cristo. Se nos informa que los libros serán abiertos, que los muertos serán juzgados por las cosas que estén escritas en los libros, y entre éstos estará el libro de la vida [véase Apocalipsis 20:12]. Veremos sus páginas; nos veremos a nosotros mismos tal como somos, y hemos de comprender con un entendimiento recto que los juicios que se nos imparten son justos y verdaderos, bien sea que lleguemos al reino de Dios… para recibir esas gloriosas bendiciones o ser expulsados11.

Suplico a los Santos de los Últimos Días que se mantengan firmes y fieles en el cumplimiento de todo deber, que guarden los mandamientos del Señor, que honren el sacerdocio, a fin de que permanezcamos cuando el Señor venga —bien sea que estemos vivos o muertos, no importa— para ser partícipes de esa gloria12.

3

A fin de prepararnos para la venida del Señor, debemos velar y orar y poner en orden nuestra casa

Hay muchos acontecimientos en el mundo de hoy que indican que el día grande del Señor se está aproximando, cuando el Redentor aparecerá de nuevo para establecer Su reino en rectitud en preparación para el reinado milenario. Mientras tanto, el deber de los miembros de la Iglesia es procurar conocimiento, y prepararse mediante el estudio y la fe para el inicio de ese día grande y glorioso13.

No tenemos que preocuparnos por los tiempos y la época en que Cristo vendrá, pero sí tenemos que velar, orar y estar preparados14.

A veces me molesto con algunos de nuestros élderes que, al discursar, dicen que el Señor vendrá cuando todos seamos lo suficientemente rectos para recibirlo. El Señor no va a esperar a que nos volvamos rectos. Cuando Él esté listo para venir, vendrá —cuando la copa de iniquidad esté llena— y si en ese momento no somos rectos, sencillamente será una lástima para nosotros, porque seremos clasificados entre los impíos, y seremos cual rastrojo que se barrerá de la faz de la tierra, porque el Señor dice que la iniquidad no permanecerá15.

¿Seguiremos dormidos en total ignorancia o indiferencia ante todo lo que el Señor nos ha advertido? Yo les digo: “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor.

“Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría y no dejaría minar su casa.

“Por tanto, también vosotros estad preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis” (Mateo 24:42–44).

Ruego que hagamos caso de esa advertencia que dio el Señor y pongamos nuestra casa en orden y estemos preparados para la venida de Él16.

4

Los Santos de los Últimos Días pueden ser instrumentos en las manos de Dios para preparar un pueblo para la venida del Señor.

¿No sería algo muy extraño que el Señor viniera e iniciara Su reinado de paz, ejecutara venganza sobre los inicuos, limpiara la tierra de pecado, sin enviar mensajeros para preparar el camino delante de Él? ¿Hemos de esperar que el Señor venga a juzgar al mundo sin que primero lo amoneste y prepare los medios para que escapen todos los que se arrepientan?

Se envió a Noé al mundo para advertir del diluvio. Si las personas hubiesen escuchado, habrían escapado. Se envió a Moisés a conducir a Israel a la tierra prometida para cumplir las promesas hechas a Abraham. Se envió a Juan el Bautista a preparar el camino para la venida de Cristo. En todos los casos, el llamado vino mediante la apertura de los cielos. Se envió a Isaías, a Jeremías y a otros profetas a amonestar a Israel y a Judá antes de que les sobreviniera la dispersión y el cautiverio. Si hubieran prestado atención, se habría escrito una página distinta en los anales de la historia. Tuvieron la oportunidad de escuchar; se les amonestó y tuvieron los medios de escape, los cuales rechazaron.

El Señor prometió tener el mismo interés en el género humano antes de Su segunda venida17.

A José Smith se le envió a preparar el camino para la Segunda Venida, mediante la proclamación de la plenitud del Evangelio y al otorgar a todos los hombres los medios de escape de la iniquidad y la transgresión18.

Cuando el ángel Moroni visitó al joven José Smith, profetizó sobre la segunda venida del Salvador (véase José Smith—Historia 1:36–41).

Juan, en Patmos, vio en una visión de los postreros días “a otro ángel volar por en medio del cielo, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los que moran en la tierra, y a toda nación, y tribu, y lengua y pueblo” [Apocalipsis 14:6].

En cumplimiento de esa promesa, José Smith declaró que Moroni —un antiguo profeta de este continente, y ahora un ser resucitado— le enseñó el Evangelio, dándole instrucciones referentes a la restauración de todas las cosas antes de la venida de Cristo. Y el Señor dijo: “Porque, he aquí, Dios el Señor ha enviado al ángel para que proclame en medio del cielo: Preparad la vía del Señor y enderezad sus senderos, porque la hora de su venida está cerca” [D. y C. 133:17].

Al aceptar que lo anterior es verdadero, los Santos de los Últimos Días creen que se ha establecido la comunicación con los cielos en los tiempos modernos, y que ahora el “evangelio del reino” se envía como testimonio al mundo antes que venga Cristo [véase Mateo 24:14]19.

Se podría considerar a los Santos de los Últimos Días extraños y singulares por creer que se les ha llamado a cumplir ese pasaje de las Escrituras [Mateo 24:14], pero ellos envían misioneros diligentemente a todos los extremos de la tierra con plena confianza en que el Señor ha hablado. Además, cuando todas las naciones hayan escuchado este mensaje, cual se ha revelado en estos postreros días, entonces podremos esperar la venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, porque en aquel día todas las naciones habrán sido amonestadas por los mensajeros que se les enviaron de acuerdo con la promesa del Señor20.

El Evangelio es para todos los hombres, y la Iglesia será establecida en todas partes, en toda nación, aun hasta los cabos de la tierra, antes de la segunda venida del Hijo del Hombre…

…Él ha extendido Su mano por segunda vez para reunir a Israel en la Iglesia, y esta vez levantará congregaciones de Sus santos en todas las naciones21.

De la oración dedicatoria del Templo de Ogden, Utah:

Oh Padre, apresura el día en que prevalecerá la rectitud; cuando los gobernantes de las naciones abrirán sus fronteras a la predicación del Evangelio; cuando la puerta de la salvación se abrirá de par en par para el sincero, recto y bueno de entre todo pueblo.

Rogamos por la dispersión de la verdad; rogamos por la causa misional; pedimos fortaleza, montos y recursos para proclamar Tus verdades sempiternas a más de Tus demás hijos en toda nación, entre todo pueblo, y entre quienes hablen toda lengua…

…Es nuestro deseo ser instrumentos en Tus manos para preparar un pueblo para la venida de Tu Hijo22.

5

El Milenio será una época de paz y un tiempo para trabajar en la obra del Señor

Los rectos se regocijarán cuando Él venga, porque entonces vendrá la paz a la tierra, la rectitud al pueblo, y ese mismo espíritu de paz y gozo y felicidad que prevaleció sobre este continente durante doscientos años [véase 4 Nefi 1:1–22], se establecerá de nuevo entre el pueblo y con el tiempo llegará a ser universal; y Cristo reinará como Señor de señores y Rey de reyes durante mil años. Anhelamos esa época23.

Durante mil años prevalecerá ese feliz tiempo de paz, y en el debido tiempo todos los habitantes de la tierra serán traídos al redil de la Iglesia24.

El Evangelio se enseñará con mucha más intensidad y con mayor poder durante [el] Milenio, hasta que todos los habitantes de la tierra lo abracen25.

En lugar de ser una época de descanso, el Milenio será un periodo en que todos trabajarán. No habrá ocio, se emplearán mejores métodos, no se gastará tanto tiempo en las actividades diarias y se dedicará más tiempo a las cosas del Reino. Los santos se mantendrán ocupados en los templos, los cuales estarán edificados en todas partes de la tierra. De hecho, estarán tan ocupados que los templos estarán ocupados la mayor parte del tiempo26.

Habrá mortalidad sobre la faz de la tierra durante los mil años por motivo de la gran obra que se ha de efectuar, la de la salvación de los muertos. Durante esos mil años de paz, la gran obra del Señor se efectuará en los templos, y a dichos templos irá la gente a realizar la obra a favor de quienes hayan muerto y estén esperando que las personas que aún moren de modo mortal sobre la tierra efectúen las ordenanzas pertinentes a su salvación27.

Es nuestro deber salvar a las personas fallecidas, y esta obra continuará durante el Milenio hasta que estén investidos y sellados todos los que tengan derecho a esa bendición28.

Todas las personas que hayan muerto en Cristo se levantarán de los muertos en Su venida y morarán sobre la tierra, así como Cristo estará sobre la tierra durante el Milenio. No permanecerán aquí todo el tiempo durante los mil años, mas se relacionarán con quienes aún estén acá en la vida terrenal. Esos santos resucitados, y el propio Salvador, vendrán para impartir instrucción y guía; para revelarnos las cosas que debemos saber; para darnos información concerniente a la obra en los templos del Señor, a fin de que podamos hacer la labor que es esencial para la salvación de las personas dignas29.

El Señor ha dicho por medio de Sus siervos que, durante el Milenio, quienes hayan pasado a la otra vida y alcanzado la resurrección revelarán en persona toda la información que se requiera para realizar la obra de dichos difuntos a aquellos que aún se encuentren en la vida terrenal. Entonces los muertos tendrán el privilegio de hacer saber lo que deseen y que tienen el derecho de recibir. De esa manera, no se descuidará ningún alma y se perfeccionará la obra del Señor30.

Todos los días de mi vida ruego que el Señor apresure Su obra… Pido en oración que llegue el fin del mundo porque quiero un mundo mejor. Quiero la venida de Cristo. Quiero el reino de paz. Quiero que llegue el momento en que todo hombre pueda vivir en paz y con un espíritu de fe, de humildad y de oración31.

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Preguntas

  • ¿Cómo influye en lo que usted siente sobre el fin del mundo el relato que está en la sección “De la vida de Joseph Fielding Smith”?

  • ¿Cómo pueden las profecías mencionadas en la sección 1 ayudar a prepararnos para la venida del Señor?

  • En la sección 2, estudie las enseñanzas del presidente Smith acerca de la parábola del trigo y la cizaña. ¿Qué podemos hacer para ser parte del “trigo”? ¿Qué podemos hacer para ayudar a nuestra familia y a otras personas?

  • Al prepararnos para la venida del Señor, ¿qué piensa que signifique “velar y orar”? ¿Qué piensa que signifique “poner en orden nuestra casa”? (Véase la sección 3).

  • El presidente Smith rogó: “Es nuestro deseo ser instrumentos en Tus manos para preparar un pueblo para la venida de Tu Hijo” (sección 4). ¿Cómo podemos ayudar a otras personas a prepararse para la venida del Señor?

  • Estudie la sección 5. ¿Cómo puede beneficiarnos ahora saber lo que sucederá en el Milenio?

Pasajes de las Escrituras relacionados con el tema

Salmos 102:16; Isaías 40:3–5; Santiago 5:7–8; D. y C. 1:12; 39:20–21; 45:39, 56–59.

Ayuda didáctica

“El poder más alto, más convincente y que más convierte en la enseñanza del Evangelio… se manifiesta cuando un maestro inspirado dice: ‘Yo sé por el poder del Espíritu Santo, por las revelaciones que el Santo Espíritu ha dado a mi alma, que la doctrina que he enseñado es verdadera’” (Bruce R. McConkie, en La enseñanza: El llamamiento más importante, 2000, pág. 47).

Mostrar las referencias

    Notas

  1.   1.

    The Signs of the Times, 1943, págs. 103–105.

  2.   2.

    “Ogden Temple Dedicatory Prayer”, Ensign, marzo de 1972, págs. 10–11.

  3.   3.

    The Restoration of All Things, 1945, pág. 302.

  4.   4.

    En Conference Report, abril de 1966, págs. 12–14.

  5.   5.

    En Conference Report, abril de 1935, pág. 98; véase también Doctrina de Salvación, editado por Bruce R. McConkie, 3 tomos, 1978–1979, tomo III, pág. 1.

  6.   6.

    “Watch Therefore”, Deseret News, 2 de agosto de 1941, sección de la Iglesia, pág. 2; véase también Doctrina de Salvación, tomo III, pág. 14.

  7.   7.

    En Conference Report, abril de 1918, págs. 156–157; véase también Doctrina de Salvación, tomo III, pág. 15.

  8.   8.

    “How to Teach the Gospel at Home”, Relief Society magazine, diciembre de 1931, pág. 688; véase también Doctrina de Salvación, tomo III, pág. 15.

  9.   9.

    En Conference Report, abril de 1952, pág. 28; la cursiva es parte del original.

  10.   10.

    Véase “La venida de Elías”, Liahona, junio de 1972, pág. 3.

  11.   11.

    “The Reign of Righteousness”, Deseret News, 7 de enero de 1933, pág. 7; véase también Doctrina de Salvación, tomo III, pág. 58.

  12.   12.

    En Conference Report, abril de 1935; pág. 99; véase también Doctrina de Salvación, tomo III, pág. 37.

  13.   13.

    Answers to Gospel Questions, comp. por Joseph Fielding Smith, hijo, 5 tomos, 1957–1966, tomo V, pág. XII.

  14.   14.

    “A Warning Cry for Repentance”, Deseret News, 4 de mayo de 1935, sección de la Iglesia, pág. 6.

  15.   15.

    “A Warning Cry for Repentance”, pág. 8.

  16.   16.

    En Conference Report, abril de 1966, pág. 15.

  17.   17.

    “A Peculiar People: Modern Revelation—The Coming of Moroni”, Deseret News, 6 de junio de 1931, sección de la Iglesia, pág. 8; véase también Doctrina de Salvación, tomo III, págs. 3–4.

  18.   18.

    “A Peculiar People: Prophecy Being Fulfilled”, Deseret News, 19 de septiembre de 1931, sección de la Iglesia, pág. 6.

  19.   19.

    “A Peculiar People: Modern Revelation—The Coming of Moroni”, pág. 8; véase también Doctrina de Salvación, tomo III, págs. 4–5.

  20.   20.

    “A Peculiar People: Prophecy Being Fulfilled”, Deseret News, 7 de noviembre de 1931, sección de la Iglesia, pág. 6; véase también Doctrina de Salvación, tomo III, pág. 6.

  21.   21.

    En Conference Report, Conferencia General del Área de Inglaterra, 1971, pág. 176.

  22.   22.

    “Ogden Temple Dedicatory Prayer”, págs. 9, 11.

  23.   23.

    “The Right to Rule”, Deseret News, 6 de febrero de 1932, sección de la Iglesia, pág. 8.

  24.   24.

    “Priesthood—Dispensation of the Fulness of Times”, Deseret News, 19 de agosto de 1933, pág. 4; véase también Doctrina de Salvación, tomo III, pág. 63.

  25.   25.

    “Churches on Earth During the Millennium”, Improvement Era, marzo de 1955, pág. 176; véase también Doctrina de Salvación, tomo III, pág. 61.

  26.   26.

    The Way to Perfection, 1931, págs. 323–324.

  27.   27.

    “The Reign of Righteousness”, pág. 7; véase también Doctrina de Salvación, tomo III, pág. 56.

  28.   28.

    En “Question Answered”, Deseret News, 13 de enero de 1934, sección de la Iglesia, pág. 8; véase también Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 156.

  29.   29.

    “The Reign of Righteousness”, pág. 7; véase también Doctrina de Salvación, tomo III, pág. 57.

  30.   30.

    “Faith Leads to a Fulness of Truth and Righteousness”, Utah Genealogical and Historical Magazine, octubre de 1930, pág. 154; se eliminó la cursiva del original; véase también Doctrina de Salvación, tomo III, págs. 62–63.

  31.   31.

    The Signs of the Times, pág. 149.