Capítulo 4: Fortalecer y preservar a la familia

Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph Fielding Smith, 2013


“La voluntad del Señor es fortalecer y preservar la unidad familiar”.

De la vida de Joseph Fielding Smith

El presidente Joseph Fielding Smith dijo: “La familia es la organización más importante en esta vida y en las eternidades”1. No hubo lugar donde enseñara esto con más claridad que en su propio hogar, donde dio el ejemplo como amoroso esposo, padre y abuelo. A pesar de tener un horario muy ocupado como apóstol, siempre apartó tiempo para su familia, para lo cual “[compensaba] por los días que estábamos separados al sobrecargarles una dosis doble de afecto cuando estaba en casa”2.

En una ocasión se le preguntó a la hermana Ethel Smith, segunda esposa del presidente Smith: “¿Podría decirnos algo del hombre que usted conoce?” Consciente de que muchos miembros de la Iglesia veían a su esposo como una persona demasiado severa, respondió:

“Me piden que les diga en cuanto al hombre que yo conozco. Con frecuencia he pensado que cuando él muera la gente dirá: ‘Fue un hombre muy bueno, sincero, ortodoxo, etc.’ Hablarán de él de acuerdo con la forma en que el público lo conoce; pero el hombre que tienen en mente es muy diferente del que yo conozco. El que yo conozco es un esposo y padre amable y amoroso, cuya mayor ambición en la vida es hacer que su familia sea feliz, y se olvida completamente de sí mismo en sus esfuerzos por lograrlo. Él es el hombre que arrulla a un niño inquieto hasta que se duerme, que cuenta historias a los niños a la hora de dormir, que nunca está demasiado cansado u ocupado para quedarse hasta tarde en la noche o levantarse temprano en la mañana a fin de ayudar a los hijos más grandes a resolver problemas desconcertantes del colegio. Cuando hay enfermedad, el hombre que conozco atiende al afligido y vela por él con ternura. Es su padre por quien lloran, pues sienten que su presencia es la panacea para todos sus males. Son sus manos las que vendan las heridas, sus brazos que dan valor al que sufre, su voz que les reprocha con suavidad cuando cometen errores, hasta que la felicidad de ellos se convierte en algo que lo hará feliz a él…

“El hombre que yo conozco no es egoísta, no se queja; es considerado, atento, comprensivo y hace todo lo que esté a su alcance para hacer que la vida sea un gozo supremo para sus seres queridos. Ése es el hombre que conozco”3.

Los hijos del presidente Smith compartieron ejemplos de sus esfuerzos por fortalecer y preservar a la familia, y por “hacer que la vida [fuera] un gozo supremo” para ellos. En una biografía de Joseph Fielding Smith, los coautores Joseph Fielding Smith, hijo, y John J. Stewart incluyeron el siguiente recuerdo: “Era un día feliz para los pequeños ver a papá ataviado con un delantal empezar a preparar una gran cantidad de tartas. La de carne picada con fruta y especias era una de sus favoritas, y él preparaba su propio relleno. Pero también se aventuraba a hornear otros tipos de tartas: de manzana, cereza, durazno y calabaza. Su labor de hornear tartas se convertía en un proyecto familiar, pues enviaba a los pequeños en una y otra dirección a ayudar a juntar los utensilios de cocina y los ingredientes necesarios. El sabroso y tentador aroma de las tartas en el gran horno hacían que la espera fuera un momento de alegría para la familia. Las vigilaba con mucha atención para asegurarse de no sacarlas demasiado pronto ni demasiado tarde. Mientras tanto Ethel preparaba lo necesario para hacer helado casero, y los pequeños se turnaban para darle vuelta a la manivela del aparato para confeccionarlo”4.

Douglas A. Smith dijo que él y su padre habían tenido una “gran relación”. Compartió ejemplos de actividades que les gustaba hacer juntos: “Nos gustaba boxear de vez en cuando, o por lo menos hacer de cuenta que estábamos boxeando. Yo le tenía demasiado respeto como para pegarle, y él me tenía demasiado amor como para pegarme a mí … Era más bien como boxear con un contrincante imaginario. Solíamos jugar ajedrez y me alegraba mucho cuando le podía ganar. Ahora que miro en retrospectiva pienso que quizá él me dejaba ganar”5.

Amelia Smith McConkie recordó: “Era casi divertido estar enfermo, ya que nos prestaba atención especial … Nos entretenía con buena música que tocaba en el viejo tocadiscos Edison. Para nuestro deleite, bailaba con la música o marchaba por la habitación, o incluso trataba de cantar … Nos traía naranjas grandes, hermosas y dulces, y se sentaba en la cama para pelarlas y luego nos daba un gajo a la vez. Nos contaba historias de su niñez, o de cómo su padre lo cuidaba cuando estaba enfermo. Si la ocasión lo ameritaba, nos daba una bendición”6. Amelia también reveló el método de su padre para disciplinar a sus hijos: “Si era necesario corregir a alguno de nosotros por habernos comportado mal, simplemente nos ponía las manos sobre los hombros, nos veía a los ojos con una mirada triste en los suyos, y decía: ‘Ojalá mis pequeños se portaran bien’. Ninguna paliza ni cualquier otro tipo de castigo podría haber sido más efectivo”7.

El amor del presidente Smith por sus hijos y la atención que les daba se extendía a sus nietos. Su nieto Hoyt W. Brewster, hijo, habló de una ocasión en la que, como misionero en los Países Bajos, se le permitió asistir a la dedicación del Templo de Londres, Inglaterra, en 1958. Cuando él y otros misioneros entraron a la sala de asambleas, su abuelo lo vio. Hoyt más tarde recordó: “Sin vacilar siquiera por un momento, se levantó de la silla y extendió los brazos, indicándome que me acercara. En ese momento no vi a Joseph Fielding Smith, Presidente del Consejo de los Doce Apóstoles… sino a un abuelo que vio a uno de sus nietos a quien tanto amaba. No dudé en separarme de mi grupo y apresurarme al estrado, donde me abrazó y besó enfrente de toda esa asamblea solemne. Para mí ése fue uno de los momentos más sagrados y memorables de mi vida”8.

Enseñanzas de Joseph Fielding Smith

1

La familia es la organización más importante en esta vida y en las eternidades.

Quisiera recordarles cuán importante es la unidad familiar en el plan de nuestro Padre Celestial; de hecho, la organización de la Iglesia existe para ayudar a la familia y a sus miembros a alcanzar la exaltación.

La unidad familiar y la dedicación de la familia al Evangelio son de tanta importancia que el adversario ha centrado gran parte de su atención en la destrucción de las familias de nuestra sociedad. Por todos lados se está atacando la integridad básica de la familia como el fundamento de lo que es bueno y noble en la vida … La liberalización de las leyes respecto al aborto por todo el mundo es evidencia de la indiferencia existente hacia la santidad de la vida. Las familias están siendo destruidas por el aumento en el uso de drogas ilegales así como en el abuso de drogas legales. El desprecio por la autoridad de parte de más y más jóvenes generalmente empieza con la falta de respeto y la desobediencia en el hogar…

A medida que las fuerzas del maligno atacan al individuo al despedazar sus raíces familiares, es imperioso que los padres Santos de los Últimos Días mantengan y fortalezcan a la familia. Posiblemente haya unas pocas personas muy fuertes que puedan sobrevivir sin el apoyo de una familia, pero la mayoría de nosotros necesitamos el amor, la enseñanza y la aceptación que emana de aquellos que verdaderamente se interesan en nosotros9.

Hay ciertas verdades antiguas que serán verdades mientras el mundo perdure, y que ninguna cantidad de progreso podrá cambiar. Una de ellas es que la familia (la organización que consta de un padre, una madre e hijos) es la base de todas las cosas de la Iglesia; otra es que los pecados en contra de la vida familiar pura y sana serán los que, entre todos los demás, al final de seguro serán más castigados en las naciones donde tengan lugar…

Mucho más importante que la cuestión de ocupación o riqueza de la gente es la cuestión de la forma en que lleva su vida familiar. Todo lo demás es de consecuencia menor, mientras haya hogares reales, y mientras los que constituyan esos hogares cumplan con su deber los unos para con los otros10.

“El Evangelio se centra en la familia; se debe vivir en familia”.

No hay nada que pueda suplir un hogar de rectitud. Quizá no se le considere así en el mundo, pero así se le considera y se le debería considerar en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. La familia es la unidad en el reino de Dios11.

La familia es la organización más importante en esta vida o en la eternidad … La voluntad del Señor es fortalecer y preservar la unidad familiar. Les suplicamos a los padres que tomen su lugar debido como cabeza del hogar; suplicamos a las madres que sostengan y apoyen a su esposo y sean una luz para sus hijos12.

El Evangelio se centra en la familia; se debe vivir en familia. Es allí donde recibimos nuestra más grande e importante instrucción al esforzarnos por crear nuestra propia unidad familiar basada en el modelo de la familia de Dios nuestro Padre13.

2

El Señor instituyó la familia para que perdure por la eternidad.

Hemos aprendido que el matrimonio es un principio eterno ordenado antes de la fundación del mundo e instituido en esta tierra antes de que la muerte entrara en ella. Se les mandó a nuestros primeros padres que se multiplicaran e hinchieran la tierra. Naturalmente se deduce que la intención de la organización de la familia también era que fuera eterna. En el plan que se preparó para esta tierra, las leyes que gobiernan el mundo celestial llegaron a ser el cimiento. La gran obra y gloria del Señor es “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” [Moisés 1:39]. La única forma de lograrlo es por medio del matrimonio y la familia; de hecho, ése es el orden eterno entre los que han sido exaltados y lo ha sido en mundos sin fin14.

El plan dado en el Evangelio para el gobierno del hombre en esta tierra es típico de las leyes que gobiernan en el reino de Dios. ¿Es posible imaginar mayor causa de pena que permanecer en el mundo eterno sin tener una relación con padre, madre o hijos? Horroriza pensar en una nación sin la unidad familiar como cimiento fundamental; donde todos los ciudadanos son, comparativamente hablando, extraños entre sí, y donde no se encuentra el afecto natural; donde los lazos familiares no unen a los grupos. Tal situación sólo puede conducir a un fin: anarquía y disolución. ¿No es razonable creer que lo mismo puede ser cierto en relación con el reino de Dios? Si en ese reino no hubiese lazos familiares y todos los hombres y mujeres fueran “ángeles” sin el parentesco natural, como muchas personas creen, ¿puede ser éste un lugar de felicidad? ¿Un cielo?15.

En el templo del Señor, una pareja va para sellarse o casarse por esta vida y por toda la eternidad. Los hijos que nazcan de esa unión serán los hijos de ese padre y esa madre no sólo en la vida terrenal, sino durante toda la eternidad, y llegan a ser miembros de la familia de Dios en el cielo y en la tierra, tal como dijo Pablo [véase Efesios 3:14–15], y ese orden familiar nunca se debe romper…

…Esos hijos que les nacieron tienen el derecho al compañerismo de un padre y una madre, quienes tienen la obligación ante su Padre Eterno de serse fieles y de criar a esos hijos en la luz y la verdad, a fin de que en las eternidades por venir lleguen a ser uno: una familia dentro de la gran familia de Dios16.

Como Santos de los Últimos Días debemos recordar que fuera del reino celestial no hay organización familiar [después de la muerte]. Esa organización está reservada para quienes estén dispuestos a cumplir con todo convenio y toda obligación que se nos llame a recibir durante nuestra estancia aquí en la vida terrenal17.

El reino de Dios será una gran familia. Entre nosotros nos llamamos hermanos y hermanas, y ciertamente llegamos a ser coherederos con Jesucristo por medio de Su evangelio [véase Romanos 8:16–17], hijos e hijas de Dios, y con el derecho de recibir la plenitud de las bendiciones de Su reino si nos arrepentimos y guardamos [los] mandamientos18.

La esperanza de la vida eterna, incluso el reunirse con los miembros de la familia al tiempo de la resurrección, lleva al corazón mayor amor y afecto por cada integrante de la familia. Con esa esperanza, los esposos se inclinan a amar a sus esposas con un amor más fuerte y más santo; y las esposas de la misma manera a amar a sus esposos. Aumentan los sentimientos de ternura que los padres tienen por sus hijos, así como la atención que les prestan, pues los hijos llegan a encariñarse con ellos con lazos de amor y felicidad que no se pueden romper19

3

Fortalecemos y preservamos a nuestra familia a medida que pasamos tiempo juntos, nos amamos y vivimos juntos el Evangelio

La función primordial de un hogar Santo de los Últimos Días es asegurar que cada miembro de la familia se esfuerce por crear el ambiente y las condiciones en los que todos puedan progresar hacia la perfección. Para los padres, esto requiere dedicación de tiempo y energía superiores a las de simplemente cubrir las necesidades físicas de los hijos. Para éstos, significa controlar la tendencia natural hacia el egoísmo.

¿Dedican el mismo tiempo a lograr el éxito con la familia y en el hogar que el que utilizan para lograr el éxito social y profesional? ¿Están dedicando su mejor energía creativa a la unidad más importante de la sociedad, o sea, la familia? ¿O es su relación con la misma simplemente una rutina, una parte poco provechosa de la vida? Tanto los padres como los hijos deben estar dispuestos a darle prioridad a las responsabilidades de la familia a fin de lograr la exaltación familiar20.

“La organización de la Iglesia existe para ayudar a la familia y a sus miembros a alcanzar la exaltación”.

El hogar… es el taller en el que se desarrolla el carácter humano, y la manera en que se forma depende de la relación que existe entre los padres y los hijos. El hogar no podrá ser lo que debe ser a menos que esas relaciones sean de naturaleza apropiada. Es verdad que el que lo sean o no lo sean depende tanto de los padres como de los hijos, pero mucho más de los padres. Deben hacer su mejor esfuerzo21.

“Ya vete y déjame en paz; no tengo tiempo para que me molestes”, le dijo una madre apresurada e impaciente a su pequeñita de tres años que estaba tratando de ayudarle a realizar una tarea doméstica … Cada niño normal nace con el deseo de ayudar, y los padres no tienen el derecho de quejarse. No puede haber monotonía en el trabajo doméstico cuando todos ayudan con las tareas, y a través de la relación que se disfruta durante el desempeño de dichos deberes se produce la compañía más dulce que se puede tener.

Si tuviera que sugerir una cosa que creo que a los padres más nos falta, sería la comprensión de nuestros hijos. Vivan con ellos; sigan sus caminos … Conozcan todo lo que les resulta interesante; lleven una relación cordial con ellos22.

Hemos estado tratando de recalcar a los padres la necesidad de prestar más atención a sus hijos, de tener un poco más del espíritu del Evangelio en su hogar, un poco más de unidad y un poco más de fe; un poco más de responsabilidad en cuanto a lo religioso, en lo espiritual por parte del padre; y también de las madres; más enseñanza del Evangelio en casa23.

A los padres de la Iglesia les decimos: ámense el uno al otro con todo el corazón; guarden la ley de castidad y vivan el Evangelio; críen a sus hijos en la luz y la verdad; enséñenles las verdades salvadoras del Evangelio y hagan de su hogar un cielo en la tierra, un lugar donde el Espíritu del Señor pueda morar y donde la rectitud viva en el corazón de cada miembro24.

Ruego que nuestro Padre Celestial nos brinde a todos la fortaleza para alcanzar nuestro verdadero potencial; invoco Su Espíritu en los hogares de la Iglesia, a fin de que en ellos reinen el amor y la armonía. Que nuestro Padre preserve y exalte a nuestras familias25.

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Preguntas

  • A medida que lea las anécdotas que se encuentran en la sección “De la vida de Joseph Fielding Smith”, considere la forma en que el ejemplo del presidente Smith puede ser una guía en la vida de usted. Piense en las maneras en que usted pueda mejorar personalmente para fortalecer las relaciones familiares.

  • Contemple la importancia de la familia tal como se describe en la sección 1. ¿Qué está haciendo usted para fortalecer a su familia en contra de las influencias negativas del mundo?

  • El presidente Smith habló de “la esperanza de la vida eterna, incluso el reunirse con los miembros de la familia al tiempo de la resurrección” (sección 2). ¿De qué forma influye esa esperanza en la interacción que tiene con los integrantes de su familia?

  • En la sección 3, el presidente Smith hace tres preguntas que nos hacen examinar nuestra conciencia. Responda las preguntas en su mente y, conforme lea esa sección, considere los cambios que pueda realizar en su propia vida para mejorar el ambiente en su hogar.

Pasajes de las Escrituras relacionados con el tema

Proverbios 22:6; 1 Nefi 8:37; D. y C. 88:119; 93:40–50; véase también “La familia: Una proclamación para el mundo”.

Ayuda didáctica

“Pida a los participantes que escojan una sección [del capítulo] y que la lean en silencio y luego pídales que se junten en grupos de dos o tres personas que hayan escogido la misma sección y que conversen acerca de lo que aprendieron” (tomado de la página VIII de este libro).

Mostrar referencias

    Notas

  1.   1.

    Véase “Consejo a los santos y al mundo”, Liahona, diciembre de 1972, pág. 8.

  2.   2.

    Joseph Fielding Smith, hijo, y John J. Stewart, The Life of Joseph Fielding Smith, 1972, pág. 14.

  3.   3.

    Ethel Smith, en Bryant S. Hinckley, “Joseph Fielding Smith”, Improvement Era, junio de 1932, pág. 459.

  4.   4.

    Joseph Fielding Smith, hijo, y John J. Stewart, The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 228.

  5.   5.

    Douglas A. Smith, en D. Arthur Haycock, Exemplary Manhood Award, Brigham Young University Speeches of the Year, 18 de abril de 1972, pág. 5.

  6.   6.

    Amelia Smith McConkie, “Joseph Fielding Smith”, Church News, 30 de octubre de 1993, pág. 10.

  7.   7.

    Amelia Smith McConkie, “Joseph Fielding Smith”, pág. 10.

  8.   8.

    En Francis M. Gibbons, Joseph Fielding Smith: Gospel Scholar, Prophet of God, 1992, pág. 254.

  9.   9.

    Véase “Mensaje de la Primera Presidencia”, Liahona, abril de 1971, págs. 1–2.

  10.   10.

    “Our Children—‘The Loveliest Flowers from God’s Own Garden’”, Relief Society Magazine, enero de 1969, pág. 4.

  11.   11.

    En Conference Report, octubre de 1948, pág. 152.

  12.   12.

    Véase “Consejo a los santos y al mundo”, págs. 8, 9.

  13.   13.

    “Mothers in Israel”, Relief Society Magazine, diciembre de 1970, pág. 886.

  14.   14.

    The Way to Perfection, 1931, pág. 251.

  15.   15.

    “A Peculiar People”, Deseret News, sección de la Iglesia, 2 de abril de 1932, pág. 6; véase también Doctrina de Salvación, editado por Bruce R. McConkie, 3 tomos, 1979, tomo II, pág. 61.

  16.   16.

    En Conference Report, abril de 1961, pág. 49.

  17.   17.

    En Conference Report, octubre de 1948, pág. 153.

  18.   18.

    En Conference Report, abril de 1959, pág. 24.

  19.   19.

    The Way to Perfection, pág. 258.

  20.   20.

    Véase “Mensaje de la Primera Presidencia”, Liahona, abril de 1971, pág. 2.

  21.   21.

    “Our Children—‘The Loveliest Flowers from God’s Own Garden’”, pág. 6.

  22.   22.

    “Our Children—‘The Loveliest Flowers from God’s Own Garden’”, págs. 6–7.

  23.   23.

    Take Heed to Yourselves!, 1966, pág. 354.

  24.   24.

    Véase “Consejo a los santos y al mundo”, pág. 9.

  25.   25.

    Véase “Mensaje de la Primera Presidencia”, Liahona, abril de 1971, pág. 2.