Capítulo 5: La fe y el arrepentimiento

Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph Fielding Smith, 2013


“Lo que precisamos dentro de la Iglesia, así como fuera de ella, es el arrepentimiento. Necesitamos más fe y más determinación de servir al Señor”.

De la vida de Joseph Fielding Smith

El presidente Joseph Fielding Smith enseñó: “El perdón de los pecados viene por medio de la fe y el arrepentimiento sinceros”1. Dijo que “es necesario no solamente que creamos, sino que nos arrepintamos”, y también enseñó que cuando realizamos buenas obras con fe hasta el fin, “recibiremos la recompensa de los fieles y un lugar en el reino celestial de Dios”2. Con el deseo de que todas las personas recibieran esa recompensa, testificó de Jesucristo y predicó el arrepentimiento a lo largo de su ministerio.

Al principio de su servicio como apóstol, dijo: “He considerado que ha sido mi misión, habiendo recibido esa impresión, pienso yo, del Espíritu del Señor en mis viajes para visitar las estacas de Sion, decir a las personas que ahora es el día para arrepentirse, y hacer un llamado a los Santos de los Últimos Días de que recuerden sus convenios, las promesas que han hecho con el Señor, de que guarden Sus mandamientos y sigan las enseñanzas y las instrucciones de los élderes de Israel —los profetas de Dios— tal como se han registrado en estas santas Escrituras. En todas las cosas debemos caminar con humildad y circunspección ante el Señor para que seamos bendecidos y guiados por Su Santo Espíritu. Me parece que éste es el día de amonestación. Ha sido la época de amonestación desde el día en que el Profeta recibió por primera vez la manifestación de los cielos de que el Evangelio sería restaurado”3.

Un domingo, en la reunión sacramental, el presidente Smith le dijo a la congregación la razón por la que hablaba con una voz de amonestación. Su hijo Joseph, que asistió a la reunión, más tarde escribió: “Recuerdo vívidamente algunos de los comentarios que [mi padre] hizo en esa ocasión. ‘¿Quién es su amigo, o quién los ama más que nadie?’, le preguntó a la congregación. ‘¿La persona que les dice que todo está bien en Sión, que la prosperidad está a la vuelta de la esquina, o la persona que les advierte de las calamidades y dificultades que se han prometido si no se viven los principios del Evangelio? Deseo que sepan que amo a los miembros de la Iglesia, y no quiero que ninguno me señale con dedo acusador cuando pasemos más allá del velo de la existencia terrenal y me diga: ‘Si tan solo me hubiera advertido, no estaría en este aprieto”. Y es por eso que levanto una voz de amonestación con la esperanza de que mis hermanos y hermanas estén preparados para un reino de gloria’”4.

El presidente Joseph Fielding Smith expresó su razón de llamar a los Santos de los Últimos Días al arrepentimiento: “…amo a los miembros de la Iglesia”.

Quienes trabajaban de cerca con el presidente Smith veían que detrás de sus severas advertencias había un hombre con tierna preocupación por las personas que luchaban con el pecado. El élder Francis M. Gibbons, que prestó servicio como secretario de la Primera Presidencia, con frecuencia estuvo presente cuando el presidente Smith consideraba asuntos de disciplina de la Iglesia. El élder Gibbons recordó: “Siempre tomaba sus decisiones con bondad y amor y con el mayor margen de misericordia que las circunstancias pudieran justificar. No era raro que dijera, al enterarse de las circunstancias de un caso grave: ‘¿Por qué no se comporta la gente?’. No lo decía con tono acusador ni de condenación, sino con tristeza y pesar”5. El presidente Spencer W. Kimball, que prestó servicio con el presidente Smith como miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: “En muchas ocasiones hemos dicho que ya que los Doce serán jueces de Israel, a cualquiera de nosotros nos alegraría quedar en las manos de él, pues su juicio sería bondadoso, misericordioso, justo y santo”6. Cuando el presidente Smith ordenaba obispos, a menudo les aconsejaba: “Recuerde que todos tenemos debilidades, y que cada historia tiene por lo menos dos perspectivas. Si comete un error de juicio, asegúrese de errar por el lado del amor y la misericordia”7.

Enseñanzas de Joseph Fielding Smith

1

El primer principio del Evangelio es la fe en el Señor Jesucristo

Nuestra fe está centrada en el Señor Jesucristo, y a través de Él, en el Padre. Creemos en Cristo, lo aceptamos como el Hijo de Dios, y en las aguas del bautismo hemos tomado Su nombre sobre nosotros8.

Tengan presente por encima de todo, ahora y en todo momento, que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente, que vino al mundo para dar Su vida a fin de que nosotros vivamos. Ésa es la verdad y es una verdad fundamental. Sobre ella se edifica nuestra fe. No puede ser destruida. Debemos aferrarnos a esta enseñanza a pesar de las enseñanzas del mundo y de los conceptos de los hombres, pues ella es primordial, es esencial para nuestra salvación. El Señor nos redimió con Su sangre; Él nos dio salvación, siempre y cuando —y hay una condición que no debemos olvidar— obedezcamos Sus mandamientos y lo recordemos siempre. Si hacemos eso, entonces seremos salvos, mientras que las ideas y las locuras de los hombres se desvanecerán de la tierra9.

Es mediante la fe que venimos a Dios. Si no creyéramos en el Señor Jesucristo, si no tuviéramos fe en Él ni en Su expiación, no nos sentiríamos inclinados a prestar atención alguna a Sus mandamientos. Es porque tenemos esa fe que podemos entrar en armonía con Su verdad y tenemos el deseo en nuestro corazón de servirlo…

…El primer principio del Evangelio es la fe en el Señor Jesucristo; y naturalmente no vamos a tener fe en el Señor Jesucristo sin tener fe en Su Padre. Entonces si tenemos fe en Dios el Padre y en el Hijo y somos guiados, tal como deberíamos serlo, por el Espíritu Santo, tendremos fe en los siervos del Señor mediante los cuales Él ha hablado10.

2

La fe significa acción

“La fe es la causa motriz de toda acción” [Lectures on Faith, disertación 1]. Si se detienen a considerar esto por un momento, me parece que estarán de acuerdo que es absolutamente cierto tanto en las cosas temporales como en las espirituales. Es cierto en nuestros propios actos, así como en los actos de Dios…

“La fe sin obras es muerta” [Santiago 2:26]; en otras palabras, no existe. Pienso que lo que Santiago está diciendo claramente es: “Muéstrame tu fe sin obras, y no habrá resultado; pero yo te mostraré mi fe con mis obras, y algo se llevará a cabo” [véase Santiago 2:18]. La fe significa acción … La fe, por lo tanto, es más fuerte que la creencia…

La fe es un don de Dios; toda cosa buena es un don de Dios. Ésa es una enseñanza de las Escrituras que se encuentra en el capítulo 11 de Hebreos —el cual es una muy buena disertación en cuanto a la fe— [y] en las revelaciones que el Señor nos ha dado en Doctrina y Convenios y en otras Escrituras. La fe no se puede obtener con la falta de acción o mediante la indiferencia o la creencia pasiva. El mero deseo de obtener la fe no producirá fe, al igual que el deseo de ser un experto en música o la pintura no traerá la destreza en esas cosas sin acción inteligente. Es allí donde yace el problema. Obtenemos un testimonio del Evangelio, creemos en José Smith, en Jesucristo, en los principios del Evangelio, pero ¿cuánto empeño estamos poniendo en ellos?

… Si deseamos tener una fe viva y perdurable, debemos estar activos en el desempeño de todo deber como miembros de esta Iglesia…

¡Si tan solo tuviéramos la fe que manifestó Nefi! Lean el capítulo 17 de 1 Nefi cuando sus hermanos se le estaban oponiendo y se burlaban de él porque iba a construir un barco, y dijeron:

“Nuestro hermano está loco, pues se imagina que puede construir un barco; sí, y también piensa que puede atravesar estas grandes aguas” [1 Nefi 17:17].

Nefi les contestó:

“Si Dios me hubiese mandado hacer todas las cosas, yo podría hacerlas. Si me mandara que dijese a esta agua: Conviértete en tierra, se volvería tierra; y si yo lo dijera, se haría” [1 Nefi 17:50].

Ésa fue su fe11.

En la actualidad no andamos por vista, como lo hicimos antes de venir a este mundo, pero el Señor espera que andemos por fe [véase 2 Corintios 5:7]; y al andar por fe recibiremos la recompensa de los rectos, si nos aferramos a los mandamientos que se han dado para nuestra salvación12.

A menos que el hombre se aferre a la doctrina y ande con fe, y acepte la verdad y cumpla los mandamientos tal como han sido dados, será imposible que reciba la vida eterna, no importa cuánto confiese con sus labios que Jesús es el Cristo, o que crea que el Padre lo envió al mundo para la redención del hombre. De manera que Santiago tiene razón al decir que los demonios “creen y tiemblan”, pero no se arrepienten [véase Santiago 2:19]13.

3

El arrepentimiento es el segundo principio del Evangelio y es esencial para nuestra salvación y exaltación

El arrepentimiento es el segundo principio fundamental del Evangelio y el fruto de la fe14.

Lo que precisamos dentro de la Iglesia, así como fuera de ella, es el arrepentimiento. Necesitamos más fe y más determinación de servir al Señor15.

¿Es cierto que algunos entre nosotros tienen la idea de que no importa si pecamos, siempre y cuando no sea un pecado grave o mortal, y que aún así seremos salvos en el reino de Dios? Nefi vio nuestro día y dijo que eso era precisamente lo que dirían las personas [véase 2 Nefi 28:7–9]. Pero yo les digo que no podemos apartarnos del camino de la verdad y la rectitud y aún así retener la guía del Espíritu del Señor16.

No hay lugar en Sión para quien peca intencionalmente. Hay lugar para el pecador arrepentido, para el hombre que se aparta de la iniquidad y busca la vida eterna y la luz del Evangelio. No debemos considerar el pecado con el más mínimo grado de tolerancia, así como el Señor no puede hacerlo, sino que debemos andar recta y perfectamente delante del Señor17.

Los hombres sólo pueden ser salvados y exaltados en el reino de Dios en rectitud; por tanto, debemos arrepentirnos de nuestros pecados y andar en la luz tal como Cristo está en la luz [véase 1 Juan 1:7], a fin de que Su sangre nos limpie de todos los pecados y tengamos confraternidad con el Señor y recibamos de Su gloria y exaltación18.

Necesitamos el arrepentimiento, y necesitamos que se nos diga que nos arrepintamos19.

4

En el principio del arrepentimiento se pone de manifiesto la misericordia del Padre Celestial y de Jesucristo

El arrepentimiento es uno de los principios más reconfortantes y gloriosos que se enseñan en el Evangelio. Ese principio pone de manifiesto la misericordia de nuestro Padre Celestial y de Su Hijo Unigénito, Jesucristo, quizá con mayor fuerza que cualquier otro principio. ¡Qué cosa tan terrible sería el que no existiera el perdón de los pecados ni los medios para la remisión de los pecados para quienes estuvieran humildemente arrepentidos! Sólo podemos imaginar en parte el horror que nos sobrevendría si tuviéramos que soportar el castigo de nuestras transgresiones para siempre jamás sin la esperanza de alivio alguno. ¿Cómo se obtiene ese alivio? ¿Por medio de quién se puede obtener?

Nuestro Señor ha dicho:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.

“Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” [Juan 3:16–17; véanse también los versículos 18–21].

Si el Padre no hubiera enviado a Jesucristo al mundo, entonces no podría haber remisión de pecados y no podría haber alivio alguno del pecado por medio del arrepentimiento20.

“El arrepentimiento es uno de los principios más reconfortantes y gloriosos que se enseñan en el Evangelio”.

Si realmente entendiéramos y pudiéramos sentir aunque fuera en menor grado el amor y la misericordiosa disposición de Jesucristo de sufrir por nuestros pecados, estaríamos dispuestos a arrepentirnos de todas nuestras transgresiones y a servirle21.

5

El arrepentimiento comprende el pesar sincero por el pecado y el apartarse completamente de él

Las Escrituras dicen:

“Ofrecerás un sacrificio al Señor tu Dios en rectitud, sí, el de un corazón quebrantado y un espíritu contrito” [D. y C. 59:8].

Eso quiere decir arrepentimiento.

…El arrepentimiento, de acuerdo con la definición que se da en el diccionario, es el pesar sincero por el pecado con autocondenación y el apartarse completamente del pecado … No puede haber verdadero arrepentimiento sin pesar y sin el deseo de ser librado del pecado.

La contrición es la manifestación de un espíritu quebrantado o humillado a causa del pecado, así como la noción sincera de la bajeza del pecado y la comprensión de la misericordia y la gracia de Dios concedidas al pecador arrepentido … Por esa razón el Señor dice, como ya lo cité anteriormente, que debemos ofrecer un sacrificio “en rectitud, sí, el de un corazón quebrantado y un espíritu contrito”…

El arrepentimiento es un don de Dios … Para algunas personas no es fácil arrepentirse, pero los dones del arrepentimiento y de la fe se darán a todo hombre que los busque22.

He aprendido por experiencia propia que cuando uno desea cambiar, realmente cambiar, se puede lograr. Nuestra conciencia y las Escrituras nos dicen lo que nos debe guiar en la vida, y nos dicen qué hábitos debemos cambiar para nuestro bienestar y progreso eternos23.

6

El momento de arrepentirse es ahora

Dios no va a salvar a todo hombre y mujer en el reino celestial. Si desean llegar allí y tienen faltas, si están cometiendo pecados, si están violando los mandamientos del Señor, y lo saben, ahora es el momento adecuado para arrepentirse y cambiar, y no hacerse a la idea de que es una cosa tan insignificante que el Señor los perdonará; sólo unos pocos azotes, sólo un pequeño castigo y seremos perdonados; porque podrán encontrarse arrojados fuera, si insisten y persisten en tal conducta24

La postergación, aplicada a los principios del Evangelio, es el ladrón de la vida eterna, que es la vida en la presencia del Padre y del Hijo. Hay muchos entre nosotros, incluso miembros de la Iglesia, que sienten que no hay necesidad de apresurarse a observar los principios del Evangelio y a guardar los mandamientos…

No olvidemos las palabras de [Amulek]: “Porque he aquí, esta vida es cuando el hombre debe prepararse para comparecer ante Dios; sí, el día de esta vida es el día en que el hombre debe ejecutar su obra.

“Y como os dije antes, ya que habéis tenido tantos testimonios, os ruego, por tanto, que no demoréis el día de vuestro arrepentimiento hasta el fin; porque después de este día de vida, que se nos da para prepararnos para la eternidad, he aquí que si no mejoramos nuestro tiempo durante esta vida, entonces viene la noche de tinieblas en la cual no se puede hacer obra alguna.

“No podréis decir, cuando os halléis ante esa terrible crisis: Me arrepentiré, me volveré a mi Dios. No, no podréis decir esto; porque el mismo espíritu que posea vuestros cuerpos al salir de esta vida, ese mismo espíritu tendrá poder para poseer vuestro cuerpo en aquel mundo eterno” [Alma 34:32–34]25.

7

Tenemos la obligación para con el mundo de levantar la voz de amonestación

El Señor tiene por objeto que los hombres sean felices; tal es Su propósito. Pero los hombres se niegan a ser felices, y ellos mismos se hacen miserables porque creen que sus caminos son mejores que los de Dios, por motivo del egoísmo, la avaricia y la maldad que hay en sus corazones; y eso es lo que nos está pasando hoy26.

Por las observaciones que hacemos al viajar de un lugar a otro, y por lo que leemos en la prensa pública, nos vemos obligados a llegar a la conclusión de que el arrepentimiento del pecado es extremadamente esencial en todo el mundo hoy en día27.

No piensen que hemos llegado a una condición en que las cosas no pueden empeorar, pues a menos que haya arrepentimiento, serán peores. Así que proclamo el arrepentimiento a este pueblo, a los Santos de los Últimos Días… y a las naciones de la tierra en todas partes28.

Tenemos la obligación para con el mundo de levantar la voz de amonestación, y especialmente a los miembros de la Iglesia [véase D. y C. 88:81]29.

Es nuestro deber cuidarnos unos a otros, protegernos, advertirnos de los peligros, enseñarnos los principios del Evangelio del reino y mantener un frente unido en contra de los pecados del mundo30.

No sé de ninguna otra cosa que sea más importante o necesaria en este tiempo que proclamar el arrepentimiento, incluso entre los Santos de los Últimos Días; y les hago un llamado a ellos, así como a los que no son miembros de la Iglesia, de prestar atención a estas palabras de nuestro Redentor. Él ha afirmado definitivamente que ninguna cosa inmunda puede entrar a Su presencia. Ninguna persona hallará el reino de Dios salvo los que hayan probado que son fieles y hayan lavado sus vestidos en la sangre de Él mediante la fe y el arrepentimiento31.

“Pero he aquí, todas las naciones, tribus, lenguas y pueblos vivirán con seguridad en el Santo de Israel, si es que se arrepienten” [1 Nefi 22:28]. Y es mi oración que se arrepientan. Deseo que moren en seguridad. Deseo que crean en el Santo de Israel, que vino al mundo y expió nuestros pecados, los pecados de toda la humanidad, que nos redimió de la muerte, que nos ha prometido la salvación y la remisión de nuestros pecados con la condición de que nos arrepintamos.

Cómo quisiera que toda la humanidad creyera en Él, que lo adorara a Él y al Padre, y que sirviera al Señor nuestro Dios en el nombre del Hijo, y entonces habría paz, entonces la rectitud prevalecería, entonces el Señor podría establecer su reino sobre la tierra32.

Le ruego al mundo que se arrepienta y crea la verdad, que permita que la luz de Cristo brille en su vida, que conserve todo principio bueno y verdadero que posea y que añada a éstos la luz y el conocimiento adicionales que se han recibido mediante la revelación actual. Le suplico que se una a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y coseche las bendiciones del Evangelio.

Ruego a los miembros de la Iglesia que lleven a cabo las obras de justicia, que guarden los mandamientos, que busquen el Espíritu, amen al Señor, antepongan en su vida las cosas del reino de Dios, y de esa forma labren su salvación con temor y temblor ante el Señor [véase Filipenses 2:12]33.

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Preguntas

  • En la sección “De la vida de Joseph Fielding Smith”, repase los comentarios del presidente Smith en cuanto a la razón por la que deseaba “levantar una voz de amonestación”. ¿Por qué es el llamado al arrepentimiento una expresión de amor?

  • ¿Qué significa para usted centrar su fe en el Padre Celestial y en Jesucristo? (véase la sección 1).

  • ¿Por qué la verdadera fe siempre lleva a la acción? (para algunos ejemplos, véase la sección 2). ¿Cuáles son algunas de las formas en que podemos demostrar nuestra fe con nuestras acciones?

  • ¿En qué forma es el arrepentimiento un “fruto de la fe”? (véase la sección 3).

  • Reflexione en silencio en cuanto a alguna ocasión en que se haya arrepentido y haya sentido la misericordia y el amor del Padre Celestial y de Jesucristo (véase la sección 4). ¿Qué puede compartir en cuanto a su gratitud por la expiación del Salvador?

  • ¿Por qué es imposible el arrepentimiento “sin pesar y sin el deseo de ser librado del pecado”? (véase la sección 5). ¿Cómo podrían los dos últimos párrafos de la sección 5 brindar esperanza a alguien que sienta pesar a causa del pecado?

  • ¿En qué formas es la postergación “el ladrón de la vida eterna”? (véase la sección 6). ¿Cuáles son los peligros de demorar el arrepentimiento?

  • Conforme repase la sección 7, considere lo que significa “levantar la voz de amonestación”. ¿De qué maneras podemos ser amables y amorosos en nuestro esfuerzo por amonestar a los demás?

Ayuda didáctica

“Es a él [al alumno] a quien se debe poner en acción. Si el maestro es la estrella del espectáculo, si sólo habla él y se encarga de todo, es por seguro que está interfiriendo con el aprendizaje de los miembros de la clase” (Asahel D. Woodruff, Teaching the Gospel, 1962, pág. 37; en Virginia H. Pearce, “El salón de clase común y corriente: Lugar eficaz para un progreso firme y continuo”, Liahona, enero de 1997, pág. 13; véase también La enseñanza: El llamamiento más importante, pág. 66).

Mostrar las referencias

    Notas

  1.   1.

    Answers to Gospel Questions, compilado por Joseph Fielding Smith, hijo, 5 tomos, 1957–1966, tomo I, pág. 84.

  2.   2.

    “Faith and Works: The Clearing of a Seeming Conflict”, Improvement Era, octubre de 1924, pág. 1151; véase también Doctrina de Salvación, compilado por Bruce R. McConkie, 3 tomos, 1979, tomo II, pág. 293.

  3.   3.

    En Conference Report, octubre de 1919, pág. 88; la cursiva es parte del original.

  4.   4.

    Joseph Fielding Smith, hijo, en Take Heed to Yourselves!, 1966, págs. V–VI.

  5.   5.

    Francis M. Gibbons, Joseph Fielding Smith: Gospel Scholar, Prophet of God, 1992, pág. VIII.

  6.   6.

    Spencer W. Kimball, citado por Bruce R. McConkie en “Joseph Fielding Smith: Apostle, Prophet, Father in Israel”, Ensign, agosto de 1972, pág. 28.

  7.   7.

    En Joseph Fielding Smith, hijo, y John J. Stewart, The Life of Joseph Fielding Smith, 1972, pág. 10.

  8.   8.

    En Conference Report, abril de 1970, pág. 113.

  9.   9.

    En Conference Report, octubre de 1921, pág. 186; véase también Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 284.

  10.   10.

    “Redemption of Little Children”, Deseret News, 29 de abril de 1939, sección de la Iglesia, pág. 3; véase también Doctrina de Salvación, tomo II, págs. 284–285.

  11.   11.

    “Faith”, Deseret News, 16 de marzo de 1935, sección de la Iglesia, págs. 3, 7.

  12.   12.

    En Conference Report, abril de 1923, pág. 139.

  13.   13.

    “Faith and Works: The Clearing of a Seeming Conflict”, pág. 1151; véase también Doctrina de Salvación, tomo II, págs. 292–293.

  14.   14.

    The Restoration of All Things, 1945, pág. 196.

  15.   15.

    “The Pearl of Great Price”, Utah Genealogical and Historical Magazine, julio de 1930, pág. 104; véase también Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 45.

  16.   16.

    En Conference Report, octubre de 1950, pág. 13.

  17.   17.

    En Conference Report, abril de 1915, pág. 120.

  18.   18.

    En Conference Report, octubre de 1969, pág. 109.

  19.   19.

    “A Warning Cry for Repentance”, Deseret News, 4 de mayo de 1935, sección de la Iglesia, pág. 6; véase también Doctrina de Salvación, tomo III, pág. 43.

  20.   20.

    The Restoration of All Things, págs. 196–197.

  21.   21.

    The Restoration of All Things, pág. 199.

  22.   22.

    “Repentance and Baptism”, Deseret News, 30 de marzo de 1935, sección de la Iglesia, pág. 6.

  23.   23.

    “My Dear Young Fellow Workers”, New Era, enero de 1971, pág. 5.

  24.   24.

    “Relief Society Conference Minutes”, Relief Society Magazine, agosto de 1919, pág. 473; véase también Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 16.

  25.   25.

    En Conference Report, abril de 1969, págs. 121, 123.

  26.   26.

    “A Warning Cry for Repentance”, pág. 6; véase también Doctrina de Salvación, tomo III, pág. 34.

  27.   27.

    En Conference Report, octubre de 1966, pág. 58.

  28.   28.

    En Conference Report, octubre de 1932, págs. 91–92; véase también Doctrina de Salvación, tomo III, pág. 30.

  29.   29.

    En Conference Report, abril de 1937, pág. 59; véase también Doctrina de Salvación, tomo III, págs. 47–48.

  30.   30.

    En Conference Report, abril de 1915, pág. 120.

  31.   31.

    En Conference Report, octubre de 1960, pág. 51.

  32.   32.

    En Conference Report, octubre de 1919, pág. 92.

  33.   33.

    En Conference Report, octubre de 1970, págs. 7–8.