Capítulo 6: La importancia de la Santa Cena

Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph Fielding Smith, 2013


“Participar de esos emblemas constituye una de las ordenanzas más santas y sagradas de la Iglesia”.

De la vida de Joseph Fielding Smith

El 5 de octubre de 1929, tras diecinueve años de servicio como apóstol, el élder Joseph Fielding Smith se puso de pie en el Tabernáculo de Salt Lake para ofrecer su discurso de conferencia general número 39. Dijo: “Quisiera hablar de una o dos cosas en las que he estado pensando en relación con la cuestión de la Santa Cena, [y] más particularmente en lo tocante a las reuniones que se han establecido en la Iglesia por revelación, por mandamiento del Señor, para participar de esos emblemas que representan el cuerpo y la sangre de Jesucristo”. A manera de introducción al tema, compartió sus sentimientos sobre la Santa Cena:

“A mi juicio, la reunión sacramental es la más sagrada [y] la más santa de todas las reuniones de la Iglesia. Al reflexionar sobre la reunión del Salvador y Sus apóstoles en aquella noche memorable en la que Él presentó la Santa Cena; al pensar en esa ocasión solemne, mi corazón se colma de admiración y se conmueven mis sentimientos. Considero esa reunión como una de las más solemnes y maravillosas desde el comienzo de los tiempos.

“Allí el Salvador les enseñó en cuanto a Su sacrificio que estaba a punto de verificarse, el cual ellos, en su perplejidad, no podían entender. Les habló claramente de Su muerte y de que Su sangre sería derramada, y lo dijo en la hora misma de Su agonía por los pecados del mundo. Fue una ocasión muy solemne; allí se instituyó la Santa Cena y se mandó a los discípulos reunirse a menudo y conmemorar la muerte y los sufrimientos de Jesucristo, pues Su sacrificio era para la redención del mundo.

“Él estaba a punto de tomar sobre Sí la responsabilidad de pagar la deuda que sobrevino al mundo mediante la Caída, a fin de que los hombres pudieran ser redimidos de la muerte y del infierno. Había enseñado a las personas que sería crucificado para poder atraer a todos los hombres a Sí mismo, y para que no sufriesen todos los que se arrepintieran y creyeran en Él y guardaran Sus mandamientos, pues Él tomaría sobre Sí los pecados de ellos”1.

“…haced esto en memoria de mí” (Lucas 22:19).

Las enseñanzas de Joseph Fielding Smith

1

El Señor nos ha mandado que nos reunamos con frecuencia para participar de la Santa Cena

Participar de esos emblemas [el pan y el agua] constituye una de las ordenanzas más santas y sagradas de la Iglesia, una ordenanza que ha reemplazado el matar y comer el cordero pascual que [simbolizaba] el sacrificio de nuestro Redentor sobre la cruz … Desde los tiempos del éxodo de Egipto hasta la crucifixión de nuestro Redentor, se mandaba a los israelitas que observaran la Pascua en cierta época todos los años. En la solemne noche anterior a la Crucifixión, el Señor cambió esa ordenanza y en su lugar dio la Santa Cena. Se nos ha mandado reunirnos con frecuencia, no solamente una vez al año, e ir a la casa de oración y recordar allí a nuestro Redentor y hacer convenio con Él al participar a menudo de esa santa ordenanza2.

La persona que se ausenta de la reunión sacramental semana tras semana y mes tras mes, y a la que nada le impide asistir, no es leal a la verdad; no la ama. Si lo hiciera, estaría presente para participar de esos emblemas: tan sólo un pequeño trozo de pan, un pequeño vaso de agua; desearía hacerlo para mostrar su amor por la verdad y su servicio leal al Hijo de Dios3.

Se nos ha llamado a conmemorar ese gran acontecimiento [la expiación de Jesucristo] y a tenerlo presente constantemente. Con ese fin se nos convoca una vez a la semana para participar de esos emblemas, testificando así que recordamos a nuestro Señor, que estamos dispuestos a tomar Su nombre sobre nosotros y que guardaremos Sus mandamientos. Se nos pide que renovemos ese convenio cada semana; y no podemos retener el Espíritu del Señor si no cumplimos con dicho mandamiento regularmente. Si amamos al Señor, estaremos presentes en esas reuniones con un espíritu de adoración y oración, recordando al Señor y el convenio que hemos de renovar todas las semanas mediante la Santa Cena, tal como Él lo ha requerido de nosotros4.

2

Tomamos la Santa Cena en memoria de la expiación de Jesucristo

Los miembros de la Iglesia tienen el deber de andar con humildad y fidelidad en el conocimiento y entendimiento de la expiación de Jesucristo … Tengo la impresión —me gustaría estar equivocado, pero no creo que lo esté— de que un porcentaje muy, muy grande de los miembros de la Iglesia no se da cuenta de lo que significa comer un pequeño trozo de pan, y beber un pequeño vaso de agua en memoria del derramamiento de la sangre de nuestro Salvador, Jesucristo, y de Su sacrificio sobre la cruz.

Permítanme señalar la bendición [del pan]. Voy a leerla humildemente a fin de que comprendamos lo que contiene:

“Oh Dios, Padre Eterno, en el nombre de Jesucristo, tu Hijo, te pedimos que bendigas y santifiques este pan para las almas de todos los que participen de él, para que lo coman en memoria del cuerpo de tu Hijo, y testifiquen ante ti, oh Dios, Padre Eterno, que están dispuestos a tomar sobre sí el nombre de tu Hijo, y a recordarle siempre, y a guardar sus mandamientos que él les ha dado, para que siempre puedan tener su Espíritu consigo. Amén” [D. y C. 20:77]…

Comer en memoria de Él; ¿significa que sólo he de recordar que hace unos dos mil años unos hombres inicuos lo arrestaron, lo colgaron sobre la cruz, le hundieron clavos en las manos y los pies, y lo dejaron allí para que muriera? Para mí tiene un significado mucho más profundo que ése. Recordarle; ¿por qué estuvo en la cruz? ¿En qué [me] beneficio gracias a que Él estuvo en la cruz? ¿Qué sufrimiento padeció en la cruz para que yo pudiese ser redimido o exonerado de mis pecados?

Pues bien, naturalmente alguien podría pensar: Tenía clavos hundidos en las manos y los pies, y estuvo colgado allí hasta que murió … ¿Qué más sufrió? Eso es algo que pienso que la mayoría de nosotros pasa por alto. Estoy convencido de que Su mayor sufrimiento no fue que le hundiesen clavos en las manos y los pies, ni estar colgado de la cruz, por más atroz y terrible que ello fue. Él llevaba otra carga que era mucho más considerable y profunda. ¿De qué manera? No lo entendemos claramente, pero tengo una ligera idea de ello5.

No creo que exista alguno de nosotros que no haya hecho algo malo para luego lamentarlo y desear no haberlo hecho; entonces nos ha acusado nuestra conciencia y nos hemos sentido muy, muy desdichados. ¿Han pasado por esa experiencia? Yo sí … Mas aquí tenemos al Hijo de Dios, que lleva la carga de mis transgresiones y las de ustedes … Su mayor tormento no fueron los clavos en las manos ni en los pies, por dolorosos que hayan sido, sino el tormento mental que de algún modo no me es claro. No obstante, Él llevó la carga; nuestra carga. Al igual que ustedes, yo también le agregué algo, como lo ha hecho todo el mundo. Él asumió la responsabilidad de pagar el precio para que yo escapara del castigo —para que ustedes escaparan del castigo— con la condición de que recibiéramos Su evangelio y fuéramos leales y fieles en él.

Ahora bien, eso es en lo que trato de pensar; eso es lo que recuerdo; la agonía atroz de cuando clamaba en oración a Su Padre para que pasara de Él la copa. No rogaba sólo por el alivio del [dolor] de que le hubieran hundido clavos en la[s] mano[s] o en los pies; tenía un tormento más grave que todo ello, de alguna manera que yo no comprendo6.

Es imposible para el débil mortal ,y todos nosotros somos débiles, comprender plenamente la magnitud del sufrimiento del Hijo de Dios. No podemos entender el precio que tuvo que pagar. Él dijo al profeta José Smith:

“Porque he aquí, yo, Dios, he padecido estas cosas por todos, para que no padezcan, si se arrepienten; mas si no se arrepienten, tendrán que padecer así como yo; padecimiento que hizo que yo, Dios, el mayor de todos, temblara a causa del dolor y sangrara por cada poro y padeciera, tanto en el cuerpo como en el espíritu, y deseara no tener que beber la amarga copa y desmayar. Sin embargo, gloria sea al Padre, bebí, y acabé mis preparativos para con los hijos de los hombres” [D. y C. 19:16–19].

Sin embargo, está dentro de nuestro alcance saber y comprender que la atroz agonía de Su sacrificio nos ha brindado la mayor bendición que es posible dar. Por otra parte, podemos comprender que ese sufrimiento extremo —el cual excedía la capacidad del hombre mortal, ya sea para consumar o soportar— tuvo lugar debido al gran amor que el Padre y el Hijo tenían por el género humano…

…Si apreciáramos cabalmente las muchas bendiciones que llegan a ser nuestras por medio de la Redención que se hizo por nosotros, no hay nada que el Señor pueda pedirnos que nosotros no haríamos deseosa y solícitamente.7.

Estoy seguro de que si pudiéramos imaginar ante nosotros —como yo he intentado hacer muchas veces— la ocasión solemne en la que el Salvador se reunió con Sus apóstoles; si pudiésemos verlos allí reunidos, el Señor en Su tristeza, apesadumbrándose por los pecados del mundo, apesadumbrándose por uno de Sus apóstoles que lo entregaría y, a pesar de ello, enseñando a aquellos once hombres que lo amaban y haciendo convenio con ellos, estoy seguro de que sentiríamos en nuestro corazón que jamás lo abandonaríamos. Si pudiéramos verlos allí reunidos y pudiésemos comprender el peso de la carga que estaba sobre nuestro Señor; y los viéramos salir después de la cena y de cantar un himno, para que se traicionara al Señor, se burlaran de Él y lo escarnecieran, los discípulos para abandonarlo en la hora más intensa de Su prueba, si pudiéramos comprender todo eso, aunque sea apenas —y apenas será, estoy seguro, mis hermanos y hermanas— querríamos andar siempre a la luz de la verdad. Si pudiéramos ver al Salvador de los hombres sufriendo en el Jardín y sobre la cruz, y pudiésemos comprender plenamente todo lo que aquello significó para nosotros, desearíamos guardar Sus mandamientos y amaríamos al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, mente y fuerza, y en el nombre de Jesucristo le serviríamos8.

3

Tenemos el deber de considerar detenidamente el convenio que hacemos al participar de la Santa Cena

Desearía que pudiéramos lograr que los miembros de la Iglesia comprendieran con mayor claridad los convenios que hacen al participar de la Santa Cena en nuestras reuniones sacramentales9.

“Desearía que pudiéramos lograr que los miembros de la Iglesia comprendieran con mayor claridad los convenios que hacen al participar de la Santa Cena”.

He visto cómo dos miembros de la Iglesia que están sentados juntos [en la reunión sacramental] entablan una conversación, se detienen el tiempo suficiente para que se ofrezca la bendición del agua o del pan, y luego empiezan de nuevo la conversación …Aquello me resulta asombroso y estoy seguro de que al Señor también10.

Tenemos el deber de considerar cuidadosa y detenidamente la naturaleza de las oraciones [sacramentales] cuando escuchamos que se ofrecen en nuestras reuniones. Hay cuatro cosas muy importantes que pactamos por convenio cada vez que participamos de esos emblemas, y el acto de participar en sí es señal de que nos comprometemos plenamente a cumplir con las obligaciones, y de ese modo éstas llegan a ser vinculantes para nosotros. Son las siguientes:

1. Comemos en memoria del cuerpo de Jesucristo, prometiendo que siempre recordaremos Su cuerpo herido que fue inmolado sobre la cruz.

2. Bebemos en memoria de la sangre que fue derramada por los pecados del mundo, la cual expió la transgresión de Adán y nos libera de nuestros propios pecados con la condición de que nos arrepintamos verdaderamente.

3. Hacemos convenio de que estaremos dispuestos a tomar sobre nosotros el nombre del Hijo y de que lo recordaremos siempre. Al guardar ese convenio prometemos que se nos llamará por Su nombre y que nunca haremos algo que avergüence ni deshonre dicho nombre.

4. Hacemos convenio de que guardaremos Sus mandamientos, que Él nos ha dado; no sólo un mandamiento, sino que estaremos dispuestos a “vivir de toda palabra que sale de la boca de Dios” [D. y C. 84:44].

Si hacemos esas cosas, entonces se nos promete la guía constante del Espíritu Santo, y si no las hacemos, no tendremos dicha guía11.

Quisiera hacerles algunas preguntas, y me dirijo, por supuesto, a todos los miembros de la Iglesia. ¿Creen que el hombre que asiste al servicio sacramental con un espíritu de oración, de humildad y de adoración, y que participa de esos emblemas que representan el cuerpo y la sangre de Jesucristo quebrantará intencionalmente los mandamientos del Señor? Si el hombre comprende cabalmente lo que significa participar de la Santa Cena, que está haciendo convenio de tomar sobre sí el nombre de Jesucristo y de recordarle siempre y guardar Sus mandamientos, y si ese voto lo renueva semana tras semana, ¿creen que tal hombre dejará de pagar el diezmo? ¿Creen que ese hombre quebrantará el día de reposo o que no observará la Palabra de Sabiduría? ¿Creen que no se dedicará a la oración, y que desatenderá sus deberes de quórum y demás deberes de la Iglesia? Yo considero que la violación de esos principios y deberes sagrados es imposible cuando los hombres saben lo que significa hacer tales votos semana a semana con el Señor y ante los santos12.

“Tenemos el deber de considerar cuidadosa y detenidamente la naturaleza de las oraciones [sacramentales] cuando escuchamos que se ofrecen”.

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Preguntas

  • En la sección “De la vida de Joseph Fielding Smith”, el presidente Smith expresa sus pensamientos sobre el momento en que el Salvador instituyó la Santa Cena. ¿Por qué ese acontecimiento es importante para usted?

  • Al estudiar la sección 1, considere la importancia de asistir a la reunión sacramental cada semana. ¿Cómo puede prepararse para la reunión sacramental? ¿Qué pueden hacer los padres para ayudar a sus hijos a prepararse?

  • ¿Qué le llama la atención sobre los pensamientos que tenía el presidente Smith al tomar la Santa Cena? (véase la sección 2). ¿Qué podemos hacer para recordar al Salvador y Su expiación al participar de la Santa Cena?

  • Preste atención a los convenios que se enumeran en la sección 3. Medite en silencio cómo se siente usted en cuanto a ellos. ¿De qué forma han ejercido influencia en su vida dichos convenios?

Ayuda didáctica

“Dé asignaciones a los participantes para que lean preguntas seleccionadas del final del capítulo (ya sea en forma individual o en pequeños grupos) y pídales que busquen enseñanzas del capítulo que se relacionen con las preguntas. Luego invítelos a compartir sus ideas y lo que hayan descubierto con el resto del grupo” (tomado de la página VII de este libro).

Mostrar las referencias

    Notas

  1.   1.

    En Conference Report, octubre de 1929, págs. 60–61; véase también Doctrina de Salvación, comp. por Bruce R. McConkie, 3 tomos, 1978–1979, tomo II, págs. 320–321.

  2.   2.

    “Importance of the Sacrament Meeting”, Relief Society Magazine, octubre de 1943, pág. 590; véase también Doctrina de Salvación, tomo II, págs. 319–320.

  3.   3.

    Seek Ye Earnestly, comp. por Joseph Fielding Smith, hijo, 1972, pág. 99.

  4.   4.

    En Conference Report, octubre de 1929, pág. 61; véase también Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 321.

  5.   5.

    “Fall-Atonement-Resurrection-Sacrament”, discurso pronunciado en el Instituto de Religión de la Universidad de Salt Lake City, Utah, el 14 de enero de 1961, págs. 7–8.

  6.   6.

    “Fall-Atonement-Resurrection-Sacrament”, pág. 8.

  7.   7.

    “Importance of the Sacrament Meeting”, págs. 591–592.

  8.   8.

    En Conference Report, octubre de 1929, pág. 63; véase también Doctrina de Salvación, tomo II, págs. 326–327.

  9.   9.

    “Fall-Atonement-Resurrection-Sacrament”, pág. 7.

  10.   10.

    Seek Ye Earnestly, pág. 122.

  11.   11.

    “Importance of the Sacrament Meeting”, pág. 591.

  12.   12.

    En Conference Report, octubre de 1929, págs. 62–63; véase también Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 326.