Capítulo 7: José y Hyrum Smith, testigos de Cristo

Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph Fielding Smith, 2013


“Elevamos nuestras voces en acción de gracias por la vida y el ministerio del profeta José Smith, de Hyrum Smith, el Patriarca, y de los profetas y apóstoles y hombres y mujeres justos que han edificado sobre el cimiento que ellos establecieron”.

De la vida de Joseph Fielding Smith

Desde una edad muy temprana, Joseph Fielding Smith supo que su familia tenía una conexión especial con el profeta José Smith. Se sintió inspirado por el ejemplo de su abuelo, Hyrum Smith, hermano mayor y amigo leal del profeta José. Hyrum prestó servicio fielmente al lado de su hermano como líder de la Iglesia; también ayudó con la publicación del Libro de Mormón y fue llamado para ser uno de los Ocho Testigos del libro. El 27 de junio de 1844, José y Hyrum fueron martirizados en Carthage, Illinois, sellando así su testimonio del Salvador y de Su evangelio. “¡En vida no fueron divididos, y en su muerte no fueron separados!” (D. y C. 135:3).

Joseph Fielding Smith nunca conoció a sus abuelos Smith, ya que mucho antes de nacer, su abuelo Hyrum murió como mártir, y Mary Fielding Smith, esposa de Hyrum, también murió joven. Joseph Fielding Smith dijo: “No conocí a mi abuela Smith. Siempre lo he lamentado, ya que fue una de las mujeres más nobles que ha vivido; pero sí conocí a su buena hermana, mi tía Mercy Thompson. De niño solía ir a visitarla a su casa y sentarme en su regazo, y ella me contaba relatos sobre el profeta José Smith, y cuán agradecido estoy por esa experiencia”1.

Joseph Fielding Smith también aprendió del ejemplo de su padre, Joseph F. Smith, que había conocido al profeta José Smith en persona. Hablando en cuanto a su padre, Joseph Fielding Smith dijo: “No había ningún elemento de duda ni de incertidumbre en su testimonio. Eso era especialmente verdad cuando hablaba de la divinidad de nuestro Salvador o de la misión del profeta José Smith”2.

Esos ejemplos y enseñanzas llevaron a Joseph Fielding Smith a adquirir un testimonio del Evangelio restaurado durante su niñez. “No recuerdo ningún momento en el que no creyera en la misión de nuestro Señor y Salvador Jesucristo ni en la misión del profeta José Smith”3, dijo más adelante. Cuando enseñaba el Evangelio, en ocasiones expresaba su testimonio en términos de relaciones familiares: “¿Amo yo al profeta José Smith? Sí, lo amo, tal como mi padre antes que yo. Lo amo porque fue el siervo de Dios y por la restauración del Evangelio, y por los beneficios y bendiciones que yo y los míos, y ustedes y los suyos, hemos recibido mediante las bendiciones que se confirieron a ese hombre y a los que se asociaron con él”4.

Aun cuando el presidente Smith estaba agradecido por las enseñanzas y el legado de su familia, su testimonio era propio. Él dijo: “Siempre he estado muy agradecido por el testimonio que recibí por medio del Espíritu del Señor de que José Smith, el Profeta de Dios, fue llamado para encabezar la dispensación del cumplimiento de los tiempos”5. En otra ocasión testificó: “Tengo conocimiento, por el don de Dios, de que en el año 1820, José Smith efectivamente vio al Padre y al Hijo; que el Padre presentó a Su Hijo; que el Hijo habló con él, le preguntó qué deseaba saber y le dio consejo; le dijo qué hacer, con la promesa de que con el tiempo recibiría más luz y que la plenitud del Evangelio, que en ese entonces no estaba sobre la faz de la tierra, sería restaurada”. Luego compartió la certeza de que todas las personas pueden recibir el mismo testimonio: “Toda alma sobre la faz de la tierra que tenga el deseo de saberlo tiene ese privilegio, puesto que toda alma que se humille, y en las profundidades de la humildad y la fe, con un espíritu contrito, vaya ante el Señor, recibirá ese conocimiento con la misma seguridad como que vive”6.

Enseñanzas de Joseph Fielding Smith

1

Dos temas se destacan más que ningún otro: que Jesucristo es el Hijo de Dios y que José Smith fue un profeta

Enlazamos los nombres de Jesucristo y de José Smith. Cristo es el Señor; Él labró el sacrificio expiatorio; Él es la resurrección y la vida; por medio de Él todos los hombres son levantados a la inmortalidad, mientras quienes crean y obedezcan Sus leyes también ganarán la vida eterna.

José Smith fue un profeta, llamado en estos últimos días a recibir por revelación las verdades de salvación del Evangelio, y a ser el administrador legal, con poder de lo alto, para administrar las ordenanzas del Evangelio.

Puesto que esas verdades reveladas por medio de él son las que saldrán a toda nación antes de la Segunda Venida, no es de extrañar que Moroni le haya dicho a José Smith que “entre todas las naciones, tribus y lenguas se tomaría su nombre para bien y para mal, o sea, que se iba a hablar bien y mal de él entre todo pueblo” [José Smith—Historia 1:33].

Tampoco es de extrañarse que más adelante el Señor le haya dicho al Profeta: “Los extremos de la tierra indagarán tu nombre, los necios se burlarán de ti y el infierno se encolerizará en tu contra;

“en tanto que los puros de corazón, los sabios, los nobles y los virtuosos buscarán consejo, autoridad y bendiciones de tu mano constantemente” (D. y C. 122:1–2).

Los extremos de la tierra están empezando a indagar el nombre de José Smith, y muchas personas de muchas naciones se regocijan en el Evangelio que fue restaurado por medio de él.

Desde el principio de esta dispensación, el testimonio de Jesús, tal como se le reveló a José Smith, se ha predicado en los Estados Unidos, en Canadá, Gran Bretaña, la mayor parte de Europa y las islas del Pacífico.

En años recientes ha habido una expansión casi increíble de la obra en México, en los países de Centroamérica y en Sudamérica.

Y Asia ahora [en 1971] se está abriendo al mensaje del Evangelio de una manera que sobrepasa cualquier cosa del pasado. La Iglesia se está estableciendo en Japón y en Corea, en Taiwán y en Hong Kong, y estamos empezando en Tailandia, Singapur e Indonesia.

Y el día vendrá, con la providencia del Señor, cuando otras naciones, que ahora están cerradas al mensaje de la verdad, nos abrirán las puertas, y los élderes de Israel irán y les hablarán a los sinceros de corazón de esas naciones sobre Cristo y el Evangelio de Su reino, que ha llegado a la tierra en este tiempo por medio del profeta José Smith7.

José Smith es quien ha revelado al mundo el conocimiento de Cristo y de la salvación para esta época y generación8.

Dos temas se destacan más que ningún otro en mi mente: que Jesucristo es el Hijo de Dios, quien fue crucificado por los pecados del mundo, y que José Smith fue un profeta llamado y nombrado para iniciar la dispensación del cumplimiento de los tiempos. Ése es mi mensaje al mundo9.

2

El Señor llamó a José Smith para encabezar esta gloriosa dispensación

José Smith… vino y, bajo la dirección de mensajeros santos, estableció los cimientos para el reino de Dios y de esta obra maravillosa y prodigio a fin de que el mundo esté preparado para la venida del Señor10.

“José Smith fue un profeta llamado y nombrado para iniciar la dispensación del cumplimiento de los tiempos”.

Sé que él [José Smith] fue llamado, nombrado por nuestro Padre Celestial; que recibió revelación y guía del Hijo de Dios que serían de beneficio y una bendición para todos los hombres si las reciben11.

No hay lugar a dudas en mi mente que el Señor levantó al profeta José Smith y le dio revelación y mandamiento, que le abrió los cielos y lo llamó para encabezar esta gloriosa dispensación. Estoy totalmente convencido que en su juventud, cuando fue a orar, vio a Dios el Padre y a Su Hijo Jesucristo, y que efectivamente estuvo en Su presencia; no hay duda en mi mente; sé que esto es verdad. Sé que más tarde recibió visitas de Moroni, el Sacerdocio Aarónico bajo las manos de Juan el Bautista, el Sacerdocio de Melquisedec bajo las manos de Pedro, Santiago y Juan, y que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días fue organizada el sexto día de abril de 1830, por mandato divino12.

Al elegir a un representante que encabezara esta “obra maravillosa… a punto de aparecer entre los hijos de los hombres” [véase D. y C. 4:1], el Señor no seleccionó a alguien versado en el aprendizaje y las tradiciones del mundo. Sus caminos no son los caminos del hombre; tampoco sus pensamientos son como los del hombre [véase Isaías 55:8]. Alguien que hubiera recibido instrucción en el aprendizaje del mundo hubiera tenido mucho que desaprender de las tradiciones y filosofías de los hombres. En Su gran sabiduría, el Señor escogió a un joven poco sofisticado, un joven de catorce años, a quien el Señor reveló la plenitud del Evangelio, que el mundo no recibiría por causa de la incredulidad. A través de años de guía celestial —pues fue instruido por mensajeros de la presencia del Señor— este joven, José Smith, fue preparado para dirigir la obra de la restauración del Evangelio y la edificación del reino de Dios13.

3

El Señor dijo que esta generación tendría Su palabra mediante el profeta José Smith

En toda época en que el Evangelio está sobre la tierra, éste debe ser revelado a los profetas del Señor, y ellos deben ser llamados para ser los administradores legales a fin de efectuar y de dirigir la ejecución de las ordenanzas de salvación para sus semejantes.

José Smith es el profeta a quien el Señor llamó en esta época para restaurar las verdades de la salvación y para recibir las llaves y los poderes para administrarlas.

El Señor le dijo: “…esta generación recibirá mi palabra por medio de ti” (D. y C. 5:10). Y luego, refiriéndose al Evangelio restaurado mediante José Smith, el Señor dijo: “…este Evangelio del Reino será predicado en todo el mundo, por testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin, o sea, la destrucción de los inicuos” [José Smith—Mateo 1:31]14.

Ahora les digo:

Que es en José Smith en quien todos los hombres de esta era deben poner la mira para aprender la verdad en cuanto a Cristo y Su evangelio.

Que a su debido tiempo el nombre de este Profeta se conocerá en todo rincón de la tierra y entre todo pueblo.

Que los sinceros de corazón lo aceptarán como profeta y adorarán al Señor a quien él revelo.

Que la Iglesia que él organizó por mandato divino prospera porque sigue las revelaciones recibidas por él.

Y que todos los que crean en las enseñanzas de José Smith y obren de conformidad con el camino trazado por él llegarán al conocimiento de que Jesucristo es el Hijo de Dios que fue crucificado por los pecados del mundo.

De la misma forma que sé que Jesús es el Cristo —mediante la revelación del Espíritu Santo— sé que José Smith es, fue y para siempre será un profeta de Dios…

Con espíritu de testimonio y de acción de gracias, [comparto] estas palabras inspiradas de Doctrina y Convenios: “José Smith, el Profeta y Vidente del Señor, ha hecho más por la salvación del hombre en este mundo, que cualquier otro que ha vivido en él, exceptuando sólo a Jesús” (D. y C. 135:3)15.

4

José Smith y su hermano Hyrum estuvieron unidos en vida y en la muerte

Estoy agradecido por la restauración de la verdad eterna en esta última dispensación del Evangelio; por la misión y ministerio de José Smith, el Profeta, y de mi abuelo Hyrum Smith, el Patriarca; y por el hecho de que las llaves del reino de Dios han sido confiadas otra vez al hombre en la tierra16.

José y Hyrum Smith: ¡En vida no fueron divididos, y en su muerte no fueron separados! (D. y C. 135:3).

“Y además, de cierto te digo, bendito es mi siervo Hyrum Smith, porque yo, el Señor, lo amo a causa de la integridad de su corazón, y porque él ama lo que es justo ante mí, dice el Señor” [D. y C. 124:15].

¿A quién no le gustaría recibir un tributo como éste de confianza y alabanza proveniente del Señor? Hyrum Smith estuvo entre los primeros que se bautizaron en esta dispensación. A lo largo de su vida se mantuvo al lado de su hermano José y lo fortaleció con ánimo, fe y amor devoto. Hyrum era un hombre con una maravillosa ternura de corazón. Poseía profunda humildad y amaba a su hermano más que a su propia vida, lo cual se demuestra con su muerte mediante la cual obtuvo una corona de mártir. Era intrépido en su defensa de la verdad. Ciertamente “amaba lo que era correcto”.

Hyrum Smith nació el 9 de febrero de 1800 y era casi seis años mayor que el Profeta. José Smith no recibió honra alguna que no compartiera Hyrum, y éste se regocijaba con su hermano por todas las bendiciones que el Señor le otorgaba. Esa misma cualidad de amor fraternal la demostraba el profeta José por su hermano Hyrum. Pasaron juntos los mismos pesares y alegrías; sobre ambos descendieron las mismas persecuciones. Compartieron los mismos calabozos por causa del Evangelio, y cuando llegó el momento de sellar su testimonio, compartieron juntos la corona del martirio. “¡En vida no fueron divididos, y en su muerte no fueron separados!” [D. y C. 135:3]…

Lo que figura a continuación es un merecido homenaje que le dio el Profeta: “Hermano Hyrum, ¡qué corazón tan fiel tienes! ¡Quiera el Eterno Jehová coronar tu cabeza con bendiciones sempiternas como recompensa por lo que has hecho por mi alma! Cuántos son los sufrimientos que hemos pasado juntos; y otra vez nos encontramos encadenados por la inexorable mano de la opresión. Hyrum, tu nombre se escribirá en el Libro de la Ley del Señor, para que los que vengan después de ti lo vean y sigan el modelo de tus obras”.

Nuevamente el Profeta dijo: “Podría orar suplicando que todos mis hermanos fueran como mi amado hermano Hyrum, que posee la apacibilidad de un cordero y la integridad de Job, y en resumen, la mansedumbre y la humildad de Cristo; y lo amo con ese amor que es más fuerte que la muerte, pues nunca he tenido motivo para reprenderlo, ni él a mí”17.

5

José y Hyrum Smith sellaron su testimonio con su sangre

Mi abuelo, el patriarca Hyrum Smith, fue llamado para poseer las llaves de esta dispensación mancomunadamente con el profeta José, su hermano menor. El Señor ha dicho que en boca de dos testigos se establecerán todas las cosas [véase 2 Corintios 13:1]…

José Smith no podía quedar solo, de otro modo su obra habría fracasado; así como la obra del Salvador requirió la confirmación de otro testigo, ¿quién podía testificar de Cristo aparte de Su Padre? [véase Juan 8:12–18]. Por tanto, el Señor llamó a otro hombre para que estuviera junto a José Smith y poseyera las llaves de la salvación en esta dispensación como un testigo con él…

…[Hyrum Smith] no solamente fue llamado para ser el patriarca de la Iglesia, lo cual era suyo por derecho de nacimiento, sino que al mismo tiempo el Señor le dijo:

“Y desde ahora en adelante, lo nombro profeta, vidente y revelador de mi iglesia, así como mi siervo José;

“a fin de que también obre de común acuerdo con mi siervo José, y de él reciba consejo, y mi siervo José le mostrará las llaves mediante las cuales podrá pedir y recibir, y ser coronado con igual bendición, gloria, honra, sacerdocio y dones del sacerdocio que en un tiempo se confirieron al que fue mi siervo Oliver Cowdery;

“para que mi siervo Hyrum testifique de las cosas que le mostraré, a fin de que su nombre se guarde en memoria honorable, de generación en generación para siempre jamás” [D. y C. 124:94–96].

De acuerdo con este llamamiento y mandamiento, el profeta José Smith confirió sobre Hyrum Smith todas las llaves, autoridad y dones del sacerdocio que él, el Profeta, poseía, y que anteriormente había poseído Oliver Cowdery. El Señor también le reveló a Hyrum Smith todo lo que era necesario para hacer de él, completamente y al máximo grado, un testigo junto a su hermano José, como profeta, vidente, revelador y presidente de la Iglesia, y para pararse junto a su hermano José a la cabeza de esta dispensación, por esta vida y toda la eternidad, como testigo de Jesucristo18.

Junto a su hermano, mi abuelo, el patriarca Hyrum Smith, él [José Smith] selló su testimonio con su sangre en la cárcel de Carthage. Y yo, por mi parte, quisiera ser un instrumento en las manos del Señor para proclamar a los confines de la tierra que la salvación está otra vez a nuestro alcance, porque Él levantó a un gran vidente para restaurar Su reino en la tierra19.

Juntos, José y Hyrum Smith sellaron su testimonio con su sangre.

Elevamos nuestras voces en acción de gracias por la vida y el ministerio del profeta José Smith, de Hyrum Smith, el Patriarca, y de los profetas y apóstoles y hombres y mujeres justos que han edificado sobre el cimiento que ellos establecieron20.

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Preguntas

  • El presidente Smith habló de parientes que le ayudaron durante su infancia a nutrir su testimonio de la misión de José Smith (véase “De la vida de Joseph Fielding Smith”). ¿Qué podemos hacer para ayudar a los niños a obtener un testimonio de la misión del profeta José Smith?

  • ¿De qué maneras están enlazados los nombres de Jesucristo y de José Smith? (véase la sección 1). ¿En qué forma ha tenido una influencia el ministerio del profeta José Smith en el testimonio que usted tiene del Salvador y de Su evangelio?

  • Medite en cuanto a las observaciones del presidente Smith sobre el hecho de que el Señor llamó a José Smith en vez de a “alguien versado en el aprendizaje y las tradiciones del mundo” (sección 2). ¿De qué manera puede ayudarnos este conocimiento cuando nos sintamos inadecuados para cumplir con nuestras responsabilidades?

  • En la sección 3, el presidente Smith cita Doctrina y Convenios 5:10 y 135:3. ¿Cómo podría usted explicar esos versículos a alguien que no esté familiarizado con la misión de José Smith?

  • ¿Qué puede aprender de la relación que existía entre José Smith y su hermano Hyrum? (véase la sección 4).

  • ¿Qué es lo que siente cuando piensa en que José y Hyrum Smith sellaron su testimonio con su sangre? (véase la sección 5). ¿De qué maneras podemos honrar su sacrificio?

Ayuda didáctica

Una forma de fomentar el aprendizaje diligente es escuchar detenidamente cuando alguien hace una pregunta o un comentario. “El escuchar con atención es una manifestación de amor y con frecuencia requiere sacrificio. Cuando verdaderamente escuchamos a otras personas, por lo general debemos refrenarnos de lo que queremos decir para entonces permitir que otros puedan expresarse” ( La enseñanza: El llamamiento más importante, 2000, pág. 71).

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    Notas

  1.   1.

    En Conference Report, abril de 1962, pág. 44.

  2.   2.

    En Bryant S. Hinckley, “Joseph Fielding Smith”, Improvement Era, junio de 1932, pág. 459.

  3.   3.

    En Conference Report, abril de 1962, pág. 44.

  4.   4.

    En Conference Report, abril de 1960, pág. 73.

  5.   5.

    En Conference Report, abril de 1962, pág. 45.

  6.   6.

    En Conference Report, octubre de 1949, págs. 88–89.

  7.   7.

    En Conference Report, octubre de 1970, pág. 6.

  8.   8.

    Véase “El primer Profeta de la última dispensación”, Liahona, diciembre de 1979, pág. 30.

  9.   9.

    En Conference Report, abril de 1920, págs. 108–109.

  10.   10.

    En Conference Report, abril de 1920, pág. 107.

  11.   11.

    En Conference Report, octubre de 1949, pág. 88.

  12.   12.

    “To Know for Ourselves”, Improvement Era, marzo de 1970, pág. 3.

  13.   13.

    Essentials in Church History, 1950, págs. 20–21.

  14.   14.

    En Conference Report, octubre de 1970, pág. 6.

  15.   15.

    Véase “El primer Profeta de la última dispensación”, pág. 31.

  16.   16.

    “A Prophet’s Blessing”, Ensign, julio de 1972, pág. 130.

  17.   17.

    “Hyrum Smith: A Tribute by Joseph Fielding Smith”, Improvement Era, febrero de 1933, pág. 201; se eliminó la cursiva del original; véase también Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, págs. 491, 518.

  18.   18.

    En Conference Report, abril de 1930, págs. 91–93; véase también Doctrina de Salvación, editado por Bruce R. McConkie, 3 tomos, 1979, tomo I, págs. 206, 208.

  19.   19.

    Véase “El primer Profeta de la última dispensación”, pág. 31.

  20.   20.

    “Ogden Temple Dedicatory Prayer”, Ensign, marzo de 1972, pág. 9.