Capítulo 8: La Iglesia y el reino de Dios

Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph Fielding Smith, 2013


“Que todos los hombres sepan con certeza que esta es la Iglesia del Señor y que Él dirige sus asuntos. ¡Qué privilegio es ser miembro de una institución tan divina!”

De la vida de Joseph Fielding Smith

El servicio de Joseph Fielding Smith como Presidente de la Iglesia, desde el 23 de enero de 1970 hasta el 2 de julio de 1972, fue la cumbre de toda una vida de dedicación en el reino del Señor. Él dijo en tono de broma que recibió su primera asignación en la Iglesia cuando era bebé. Cuando tenía nueve meses de edad, él y su padre, el presidente Joseph F. Smith, acompañaron al presidente Brigham Young a St. George, Utah, para asistir a la dedicación del Templo de St. George1.

De joven, Joseph Fielding Smith sirvió en una misión de tiempo completo, y posteriormente se le llamó como presidente de un quórum del sacerdocio y como miembro de la Mesa General de la Asociación de Mejoramiento Mutuo de los Hombres Jóvenes (que antecedió a la actual organización de los Hombres Jóvenes). También trabajó como secretario en la oficina del Historiador de la Iglesia y ayudó como secretario no oficial de su padre cuando éste era presidente de la Iglesia. Mediante esas oportunidades de prestar servicio, Joseph Fielding Smith llegó a apreciar la inspirada organización de la Iglesia y su función de guiar a las personas y familias a la vida eterna.

A Joseph Fielding Smith se le ordenó apóstol del Señor Jesucristo el 7 de abril de 1910. Prestó servicio como miembro del Quórum de los Doce Apóstoles durante casi sesenta años, incluso casi veinte de ellos como presidente de dicho quórum. En carácter de apóstol, ayudó a dirigir la Iglesia en todo el mundo. Participó en muchos aspectos de la misión de la Iglesia al prestar servicio como Historiador de la Iglesia, presidente del Templo de Salt Lake, presidente de la Sociedad Genealógica de Utah y consejero de la Primera Presidencia.

El presidente Joseph Fielding Smith, un dedicado siervo en el reino del Señor.

Joseph Fielding Smith fue un hombre sencillo y sin pretensiones, que nunca ambicionó esos cargos. No obstante, cuando el Señor lo llamó a prestar servicio, obedeció con gusto y entusiasmo. Demostró esa dedicación calladamente cierto día en que, a los 89 años de edad, asistió a una reunión. Al caminar desde su casa, resbaló y cayó varios escalones. Aunque se lesionó una pierna, caminó unos cuatrocientos metros “cojeando como un anciano”, según dijo, para poder cumplir con sus responsabilidades. Tras la reunión, caminó de regreso a casa, donde finalmente permitió que lo examinara un médico. El médico determinó que la pierna del presidente Smith se había fracturado en varias partes. Más adelante, el presidente Smith se refirió a esa experiencia. “La reunión pareció extenderse un poco”, dijo. “Pero al fin y al cabo, así sucede con la mayoría de las reuniones”2.

En un mensaje dirigido a los jóvenes Santos de los Últimos Días, el presidente Smith explicó la razón por la cual era tan dedicado a la obra de la Iglesia:

“Sé que Dios vive. Sé que Jesucristo es el Hijo Unigénito en la carne de nuestro Padre. Tengo fe perfecta en la misión del profeta José Smith y de quienes le han sucedido.

“Sé que tenemos la verdad del evangelio sempiterno de Jesucristo con la misma certeza que sé que estoy vivo. Si no lo supiera, no querría estar aquí ni tener nada que ver con esta obra; mas lo sé con cada fibra de mi ser. Dios me lo ha revelado”3.

Las enseñanzas de Joseph Fielding Smith

1

Después de siglos de oscuridad espiritual y apostasía, el Señor ha restaurado Su evangelio y organizado Su Iglesia sobre la tierra

El Señor [ha] restaurado el Evangelio y organizado] nuevamente Su Iglesia sobre la tierra. La razón de dicha organización y restauración es el hecho de que el mundo había estado durante siglos en la oscuridad espiritual, sin la autoridad ni el entendimiento; no sabía cómo adorar al Dios viviente…

Se había roto el convenio eterno; había desaparecido el entendimiento correcto de los principios del Evangelio debido a la apostasía; había cesado entre los hombres el derecho de oficiar en las ordenanzas del Evangelio. Se hizo necesario que se restaurara todo aquello, y que aumentara la fe entre las personas por medio de la apertura de los cielos y la restauración del Evangelio.

De modo que el Señor envió a Sus mensajeros de Su presencia con la plenitud del Evangelio y con poder, así como con la autoridad del sacerdocio para que fuera conferida a los hombres; y les dio mandamientos… puesto que el Señor conocía las calamidades que habrían de sobrevenir al mundo, y era Su voluntad que se diera a los hombres la amonestación adecuada y la oportunidad de recibir el Evangelio a fin de que se arrepintiesen y volviesen de sus caminos de maldad y sirviesen al Señor [véase D. y C. 1:17–23]4.

Anunciamos que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es el reino de Dios sobre la tierra, el único lugar donde los hombres pueden acudir para aprender las verdaderas doctrinas de salvación y encontrar la autoridad del santo sacerdocio5.

Mis queridos hermanos y hermanas: Estoy agradecido más allá de lo que se puede expresar por las bendiciones que el Señor me ha dado a mí y a los miembros fieles de Su Iglesia en las diversas naciones de la tierra, y a todos Sus hijos en todas partes.

Le agradezco cada día de mi vida porque ha restaurado en estos últimos días Su evangelio eterno para salvación de todos aquellos que crean y obedezcan las leyes del mismo6.

2

El Señor mismo dirige la obra de la Iglesia y nosotros tenemos el privilegio de ser miembros de ella

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es en realidad, literalmente, el reino de Dios sobre la tierra7.

Deseo decir que ningún hombre puede dirigir esta Iglesia por sí mismo. Es la Iglesia del Señor Jesucristo; Él está a la cabeza. La Iglesia lleva Su nombre, tiene Su sacerdocio, administra Su evangelio, predica Su doctrina y efectúa Su obra.

Él escoge hombres y los llama a ser instrumentos en Sus manos para lograr Sus propósitos, y los guía y dirige en sus labores. No obstante, los hombres son solamente instrumentos en las manos del Señor, y el honor y la gloria por todo lo que Sus siervos logren es de Él y debe atribuírsele para siempre.

Si esta fuera la obra del hombre, fracasaría; mas es la obra del Señor y Él no fracasa. Y tenemos la certeza de que si guardamos los mandamientos y somos valientes en el testimonio de Jesús y fieles a todo lo que se nos confíe, el Señor nos guiará y dirigirá a nosotros y a Su Iglesia en las sendas de la rectitud, para el logro de todos Sus propósitos8.

Quisiera decir a todos los miembros de la Iglesia de todo el mundo que esta Iglesia tiene una misión divinamente señalada que efectuar bajo la dirección e inspiración de Jesucristo, nuestro Salvador, y que nada detendrá Sus planes al respecto; [la Iglesia] cumplirá los designios de nuestro Padre Celestial. Espero que los santos de todo el mundo agradezcan al Señor diariamente por ser miembros de Su Iglesia y por la misión del profeta José Smith de restaurar el Evangelio para nuestro gozo y felicidad9.

A los sinceros de corazón de toda nación, les decimos: el Señor los ama; desea que reciban las bendiciones plenas del Evangelio; los invita ahora a creer en el Libro de Mormón, a aceptar a José Smith como profeta y a entrar en Su reino aquí en la tierra y de ese modo llegar a ser herederos de la vida eterna en Su reino celestial10.

Jamás ha habido momento alguno desde la organización de la Iglesia en que un hombre la haya dirigido. No fue así en los días de José Smith ni de Brigham Young; ni lo ha sido desde entonces. Es la obra del Señor, y no olviden que es el Todopoderoso quien efectuará esta obra, y no el hombre11.

Sé que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es el reino de Dios sobre la tierra y que, tal como ahora está constituida y dirigida, tiene la aprobación del Señor y avanza en el curso indicado.

Que todos los hombres sepan con certeza que esta es la Iglesia del Señor y que Él dirige sus asuntos. ¡Qué privilegio es ser miembro de una institución divina!12

3

La Iglesia está organizada para ayudar a los miembros a hallar gozo y felicidad en esta vida, y la vida eterna en la venidera

El Señor ha establecido todas las cosas en orden y nos ha dado un sistema perfecto. El hombre no puede mejorarlo. Si lleváramos a cabo aquello que el Señor ha revelado, tal como Él lo ha revelado, entonces todas las cosas serían perfectas, puesto que la organización es perfecta; su teoría —su planificación— carece de defectos13.

El Señor ha establecido en Su Iglesia una organización de sacerdocio dirigida por apóstoles y profetas; y ha proporcionado otras organizaciones… para ayudar y auxiliar al sacerdocio.

En cada dispensación del Evangelio hay necesidades especiales por satisfacer, problemas que resolver y ayuda que debe brindarse para asistir y auxiliar a los miembros de la Iglesia a labrar su salvación “con temor y temblor” ante el Señor (véase Filipenses 2:12). Por esta razón tenemos organizaciones auxiliares [la Sociedad de Socorro, los Hombres Jóvenes, las Mujeres Jóvenes, la Primaria y la Escuela Dominical] destinadas a ayudar y auxiliar al sacerdocio. Están organizadas de tal manera que puedan satisfacer las necesidades de la gente en cualesquiera condiciones sociales que existan. Son parte del gobierno de Dios y están establecidas a fin de ayudar a los miembros de la Iglesia a perfeccionar su vida y hacer aquello que les asegure gozo y felicidad en esta vida, y la vida eterna en la venidera…

En efecto, la Iglesia y sus entidades constituyen una organización de servicio destinadas a ayudar a la familia y la persona. Los maestros orientadores, los líderes del sacerdocio y los obispos son nombrados para guiar a aquellos con quienes trabajan hacia la vida eterna en el reino de nuestro Padre, y las organizaciones auxiliares se establecen para ayudar y auxiliar en esta gran obra de salvación.

No podemos recalcar lo suficiente la gran necesidad de utilizar todos esos programas para beneficio y bendición de todos los hijos de nuestro Padre…

Si todos hacemos todo lo que debemos a fin de llevar adelante los programas de la Iglesia, el Señor nos bendecirá y prosperará tan abundantemente que el éxito coronará nuestra labor y, de todo ello, la paz y el gozo serán nuestra recompensa aquí y la vida eterna en el más allá14.

4

Nuestro servicio en la Iglesia expresa amor por los demás y agradecimiento por el servicio infinito del Señor

El Señor está con la Iglesia; Él nos guía; Su Espíritu descansa sobre este pueblo. Lo que Él requiere de nosotros es que le sirvamos con humildad y con unidad de corazón y alma15.

Nuestro Salvador vino al mundo a enseñarnos a tener amor los unos por los otros, y puesto que esa gran lección se puso de manifiesto a través de Su gran sufrimiento y muerte para que nosotros pudiéramos vivir, ¿no deberíamos expresar el amor que tenemos por nuestros semejantes mediante el servicio prestado en su beneficio? ¿No deberíamos servir en Su causa a fin de demostrar nuestro agradecimiento por el servicio infinito que Él nos prestó?

El hombre que hace solamente aquellas cosas en la Iglesia que le conciernen sólo a él, nunca alcanzará la exaltación. Por ejemplo, el hombre que está dispuesto a orar, a pagar sus diezmos y ofrendas, y atender los deberes comunes que conciernen a su vida personal, y nada más, nunca alcanzará la meta de la perfección16.

Nunca rehúsen servir; cuando algún oficial presidente les pida ayuda, acepten con gusto y den lo mejor que tengan a esa tarea. El Señor espera eso de nosotros, y estamos bajo convenio de así hacerlo. Seguir dicho curso trae gozo y paz y, al mismo tiempo, quienes sirven reciben la mayor bendición. El maestro obtiene más que aquel a quien enseña; la bendición que regresa a nosotros cuando aceptamos un llamamiento de trabajar en la Iglesia es mucho mayor que la bendición que impartamos a otras personas. Quien se niega a realizar labor alguna o elude las responsabilidades cuando éstas se le dan en la Iglesia está en grave peligro de perder la guía del Espíritu. Con el tiempo se vuelve apático e indiferente a todos los deberes y, al igual que la planta que no se cultiva ni se riega, se marchita y sufre una muerte espiritual17.

Su competente servicio no pasa desapercibido para ese Dios a quien sirven y a cuya obra están consagrados18.

“Su competente servicio no pasa desapercibido para ese Dios a quien sirven y a cuya obra están consagrados”.

Ruego que todos nosotros, trabajando juntos como verdaderos hermanos y hermanas en el reino del Señor, obremos de modo tal que cumplamos la gran obra que está por delante19.

5

En esta dispensación, el reino de Dios y la obra del Señor se extenderán por todo el mundo

Se entiende por dispensación del Evangelio el acto de conferir a oficiales escogidos divinamente, mediante comisión de Dios, poder y autoridad para comunicar la palabra de Dios y oficiar en todas las ordenanzas de dicho Evangelio…

Ha habido épocas en las que se ha retirado el Evangelio de entre los hombres debido a sus transgresiones. Tal fue el caso en los días de Noé. Israel se apartó del Señor y quedó en la oscuridad durante muchas generaciones anteriores al advenimiento de Jesucristo, y cuando Él vino entre los hombres restauró la plenitud del Evangelio. Envió a Sus discípulos a proclamar Su mensaje por todo el mundo; no obstante, sólo transcurrieron unos cuantos siglos y las personas de nuevo cayeron en error y perdieron la autoridad para actuar en nombre del Señor. Eso hizo que la apertura de los cielos y el inicio de una nueva dispensación fueran necesarios en preparación para la segunda venida de nuestro Señor en las nubes del cielo para reinar sobre la tierra en gloria durante mil años, acontecimiento que está próximo, aun a las puertas20.

El Evangelio en sí ha sido el mismo en todas las dispensaciones; el Plan de Salvación es el mismo para todos los hijos de nuestro Padre en toda época. De cuando en cuando se ha perdido debido a la apostasía, mas cada vez que el Señor ha tenido un pueblo sobre la tierra, se le han ofrecido las mismas leyes y verdades de salvación que Él nos ha revelado a nosotros.

No obstante, hay algo grande que se ha añadido y que hemos recibido en esta dispensación y que jamás se había tenido. En esta dispensación el Señor ha decretado que la Iglesia nunca más se desviará; esta vez el Evangelio llegó para quedarse. Esta vez la verdad revelada está destinada a preparar un pueblo para la segunda venida del Hijo del Hombre, y la Iglesia estará establecida en todos los lugares de la tierra cuando el Señor venga a dar inicio a la milenaria era de paz y rectitud21.

Somos miembros de una iglesia mundial, una iglesia que tiene el plan de vida y salvación, una iglesia establecida por el Señor mismo en estos últimos días para llevar Su mensaje de salvación a todos Sus hijos en toda la tierra…

Hemos alcanzado la estatura y la fortaleza que nos permiten cumplir el mandamiento que nos fue dado por el Señor a través del profeta José Smith, de que debíamos llevar las buenas nuevas de la Restauración a toda nación y a todo pueblo.

Y no solamente predicaremos el Evangelio en toda nación antes de la segunda venida del Hijo del Hombre, sino que haremos conversos y estableceremos congregaciones de santos entre ellos22.

El reino de Dios y la obra del Señor se extenderán más y más; progresará más rápidamente en el mundo en el futuro de lo que lo ha hecho en el pasado. El Señor lo ha dicho y el Espíritu da testimonio; y yo doy testimonio de ello, pues sé que es verdad. El reino de Dios está aquí para crecer, para extenderse, para echar raíces en la tierra y para permanecer donde el Señor lo ha plantado por medio de Su propio poder y Su propia palabra, para nunca más ser destruido, sino continuar hasta que se cumplan los propósitos del Todopoderoso; [es decir], cada principio que hayan mencionado los profetas desde que comenzó el mundo. Es la obra de Dios, la cual Él mismo, mediante Su propia sabiduría y no por medio de la sabiduría del hombre, ha restaurado en la tierra en los últimos días23.

El Evangelio es para todos los hombres, y la Iglesia será establecida en todas partes, en todas las naciones, hasta los extremos de la tierra, antes de la segunda venida del Hijo del Hombre24.

Sé y testifico que los propósitos del Señor en la tierra prevalecerán. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días está aquí para quedarse. La obra del Señor triunfará; ningún poder de la tierra puede impedir la propagación de la verdad y la predicación del Evangelio en toda nación25.

Les dejo mi bendición y mi seguridad de que Dios está con Su pueblo, y de que la obra a la que estamos consagrados triunfará y rodará hasta que se cumplan los propósitos eternos del Señor26.

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Preguntas

  • ¿Cómo podemos seguir el ejemplo del presidente Smith cuando prestamos servicio en la Iglesia? (véase “De la vida de Joseph Fielding Smith”).

  • Medite en cuanto a las enseñanzas del presidente Smith sobre la restauración del Evangelio (véase la sección 1). ¿Qué siente al pensar que vive en una época en la que la Iglesia del Señor se ha restaurado sobre la tierra?

  • El presidente Smith testificó que Jesucristo está a la cabeza de la Iglesia (véase la sección 2). ¿Cómo podría usted compartir su testimonio de dicha verdad con alguien que no sea miembro de la Iglesia?

  • ¿De qué modo las organizaciones y los programas de la Iglesia le han ayudado a recibir las bendiciones que se mencionan en la sección 3? ¿De qué manera han ayudado a su familia?

  • El presidente Smith dijo: “Nuestro Salvador vino al mundo a enseñarnos a tener amor los unos por los otros” (sección 4). ¿De qué maneras podemos seguir el ejemplo de amor del Salvador cuando prestamos servicio como maestros orientadores o maestras visitantes?

  • Al leer la sección 5, note el modo en que esta dispensación es diferente de las demás. ¿De qué manera el entender eso puede influir en la forma en que servimos en la Iglesia? ¿Qué siente usted al pensar en cuanto a preparar al mundo para la segunda venida del Salvador?

Pasajes de las Escrituras relacionados con el tema

Mosíah 18:17–29; D. y C. 1:30; 65:1–6; 115:4; 128:19–22.

Ayuda didáctica

“Cuando se emplea una variedad de actividades didácticas, los alumnos tienden a entender mejor los principios del Evangelio y a retener más. Un método cuidadosamente seleccionado puede presentar un principio con mayor claridad y hacerlo más interesante y memorable” (La enseñanza: El llamamiento más importante, 2000, pág. 99).

Mostrar las referencias

    Notas

  1.   1.

    Véase Joseph Fielding Smith, hijo, y John J. Stewart, The Life of Joseph Fielding Smith, 1972, pág. 16.

  2.   2.

    En The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 4.

  3.   3.

    “My Dear Young Fellow Workers”, New Era, enero de 1971, pág. 5.

  4.   4.

    En Conference Report, octubre de 1944, págs. 140–141.

  5.   5.

    Véase “Libres de la obscuridad”, Liahona, octubre de 1971, pág. 3.

  6.   6.

    En Conference Report, abril de 1970, pág. 4.

  7.   7.

    Véase “Utilizad los programas de la Iglesia”, Liahona, marzo de 1971, pág. 2.

  8.   8.

    En Conference Report, abril de 1970, pág. 113.

  9.   9.

    Véase “Porque así se llamará mi iglesia”, Liahona, agosto de 1970, pág. 2.

  10.   10.

    Véase “Consejo a los santos y al mundo”, Liahona, diciembre 1972, pág. 8.

  11.   11.

    En Conference Report, octubre de 1968, pág. 123.

  12.   12.

    En Conference Report, octubre de 1970, pág. 8.

  13.   13.

    “The One Fundamental Teaching”, Improvement Era, mayo de 1970, pág. 3.

  14.   14.

    Véase “Utilizad los programas de la Iglesia”, págs. 1–2.

  15.   15.

    “The One Fundamental Teaching”, pág. 3.

  16.   16.

    En Conference Report, abril de 1968, pág. 12.

  17.   17.

    En Conference Report, abril de 1966, pág. 102.

  18.   18.

    En Conference Report, abril de 1970, pág. 59.

  19.   19.

    En Conference Report, abril de 1970, pág. 114.

  20.   20.

    “A Peculiar People: Gospel Dispensations”, Deseret News, 5 de diciembre de 1931, sección de la Iglesia, pág. 6.

  21.   21.

    “A Call to Serve”, New Era, noviembre de 1971, pág. 5.

  22.   22.

    Véase “Mensaje para los miembros de la Iglesia en Gran Bretaña”, Liahona, febrero de 1972, págs. 1–2.

  23.   23.

    En Conference Report, octubre de 1968, pág. 123.

  24.   24.

    Véase “Discurso de clausura”, Liahona, febrero de 1972, pág. 5.

  25.   25.

    Véase “Consejo a los santos y al mundo”, pág. 9.

  26.   26.

    En Conference Report, abril de 1970, págs. 148–149.