La vida y el ministerio de Joseph Fielding Smith

Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph Fielding Smith, 2013


El presidente Joseph Fielding Smith “solía usar tres grandes palabras que nunca olvidaré”, recordaba el presidente Gordon B. Hinckley. Las palabras eran “leal y fiel”. El presidente Hinckley dijo: “En sus discursos, en sus conversaciones privadas, en sus oraciones al Señor, suplicaba que fuésemos leales y fieles”1. El presidente Thomas S. Monson compartió un recuerdo similar: “Aun a una edad avanzada, siempre rogaba: ‘Seamos leales y fieles hasta el final’”2.

“Leales y fieles”. Para el presidente Joseph Fielding Smith, eso representaba mucho más que una frase muy repetida; era una expresión sincera de la esperanza que tenía para todos. Era además una descripción de su vida, desde su niñez hasta su servicio como Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Un “hijo de la promesa”

Joseph Fielding Smith “nació como hijo de la promesa”, dijo el élder Bruce R. McConkie, del Quórum de los Doce Apóstoles, yerno del presidente Smith, quien explicó que Julina Lambson Smith “tuvo tres hijas pero no tuvo hijos, entonces acudió al Señor y, al igual que Ana de antaño, ‘hizo voto’ [1 Samuel 1:11]. Su promesa fue que si Jehová le daba un hijo varón, ‘ella haría todo lo que estuviera en su poder para ayudarlo a honrar a Jehová y a su padre’. Jehová escuchó sus oraciones, y ella cumplió la promesa que le había hecho”3. El 19 de julio de 1876, Julina y su esposo, Joseph F. Smith, recibieron en su familia a un hijo varón. Le pusieron el nombre de su padre, Joseph Fielding Smith, hijo.

Al nacer, Joseph Fielding Smith entró a formar parte de una familia de gran fe, servicio y liderazgo. Su abuelo, Hyrum Smith, era hermano del profeta José Smith y un valiente testigo de la restauración del Evangelio. El Señor nombró a Hyrum “profeta, vidente y revelador de [Su] iglesia”, diciendo que el nombre de Hyrum se guardaría “en memoria honorable, de generación en generación para siempre jamás” (D. y C. 124:94, 96). Junto con su hermano José, Hyrum selló su testimonio con su sangre, muriendo como mártir a manos de una chusma el 27 de junio de 1844 (véase D. y C. 135).

Presidente Joseph F. Smith y Julina Lambson Smith, padres de Joseph Fielding Smith.

Joseph F. Smith, padre de Joseph Fielding Smith, tuvo grandes responsabilidades sobre los hombros desde que era niño. Siendo el primogénito de Hyrum y Mary Fielding Smith, tenía cinco años cuando su padre murió como mártir y nueve años cuando ayudó a su madre viuda a conducir su carromato desde Nauvoo, Illinois, hasta el valle del Lago Salado. Más tarde prestó servicio como misionero y como miembro del Quórum de los Doce Apóstoles. Era Consejero de la Primera Presidencia cuando nació su hijo Joseph. Desde el 17 de octubre de 1901 hasta el 19 de noviembre de 1918, prestó servicio como Presidente de la Iglesia.

Julina Lambson Smith, madre de Joseph Fielding Smith, era miembro de una de las primeras familias pioneras que llegaron al valle del Lago Salado. Desde la edad de nueve años, creció en el hogar de su tío, George A. Smith, que en ese entonces era miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, y de su tía Bathsheba W. Smith (más adelante el élder Smith prestó servicio como Primer Consejero de la Primera Presidencia bajo el presidente Brigham Young, y posteriormente la hermana Smith prestó servicio como Presidenta General de la Sociedad de Socorro). En su vida adulta, Julina fue una esposa y madre devota y una miembro dedicada de la Sociedad de Socorro. Se le conocía por su compasión y su habilidad como partera [matrona] al haber traído “a casi 1.000 bebés al mundo” y velado por las madres de ellos4. Desde octubre de 1910 hasta abril de 1921, prestó servicio como Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro.

El trabajo y el juego de joven

Joseph aprendió a trabajar a una temprana edad. Su familia era dueña de una granja en Taylorsville, Utah, a unos 16 kilómetros de su hogar, en donde él y sus hermanos ayudaban con el riego, la cosecha de heno y el cuidado del ganado. En la casa, la familia atendía un huerto grande de vegetales, varios árboles frutales, tres hileras largas de vides, un averío de pollos, tres vacas y varios caballos. El presidente Joseph F. Smith practicó el matrimonio plural, así que la familia tenía muchas bocas que alimentar y también muchas manos para ayudar con el trabajo. Ya que Joseph Fielding Smith era uno de los hijos mayores de una familia grande, se le dieron algunas responsabilidades que usualmente le corresponderían a un adulto. Además de esas responsabilidades, siempre se mantuvo al día en su estudio para la escuela.

El primer trabajo que tuvo Joseph fuera de la casa y la granja familiar fue al lado de su madre. A menudo conducía un carruaje de caballo para ayudarle a cumplir con sus deberes como partera. En los últimos años de la adolescencia, encontró empleo en la Institución Cooperativa Mercantil de Sión (ZCMI, por sus siglas en inglés), en donde trabajaba largas jornadas y realizaba labores físicamente agotadoras. Más adelante recordó: “Trabajaba como bestia de carga todo el día y estaba agotado al llegar la noche, por cargar costales de harina y de azúcar, y jamones y tocinos sobre la espalda. Yo pesaba 68 kilos, pero no titubeaba en levantar un costal de 91 kilos y echármelo sobre los hombros”5.

Para equilibrar sus pesadas responsabilidades de trabajo, Joseph encontraba tiempo para jugar. A él y a sus hermanos les gustaba jugar de noche alrededor de la casa, escondiéndose entre las parras, “especialmente cuando las uvas estaban maduras”6. Además le encantaba jugar al béisbol. Cada barrio tenía un equipo organizado, y él disfrutaba mucho de esas rivalidades amistosas.

El estudio del Evangelio y el crecimiento espiritual

Aunque el béisbol era importante para el joven Joseph Fielding Smith, a veces se iba temprano de los partidos, impulsado por el interés en algo que era aun más importante para él. En esas ocasiones, se le encontraba apartado “en el pajar o en la sombra de un árbol para regresar a su lectura” del Libro de Mormón7. “Desde mis recuerdos más tempranos”, dijo más adelante, “desde que aprendí a leer, he tenido más placer y satisfacción del estudio de las Escrituras, de leer acerca del Señor Jesucristo y el profeta José Smith, y de la obra que se ha realizado para la salvación del hombre, que de cualquier otra cosa en todo el mundo”8. Comenzó a establecer una rutina de estudio personal del Evangelio cuando recibió su primer ejemplar del Libro de Mormón a la edad de ocho años. Leía con avidez los libros canónicos y las publicaciones de la Iglesia. Llevaba consigo una edición tamaño bolsillo del Nuevo Testamento para leer durante la hora del almuerzo, al caminar a su trabajo en ZCMI y de regreso a casa. Con constancia y persistencia, aumentó la fortaleza de su testimonio del Evangelio restaurado.

De joven, Joseph Fielding Smith a menudo salía temprano de sus prácticas de béisbol para leer el Libro de Mormón en el pajar de la familia.

Pero el crecimiento espiritual de Joseph no se limitó a su silencioso estudio personal. Participaba fielmente en las reuniones y clases de la Iglesia, y recibió ordenanzas y bendiciones del sacerdocio. Sentía una atracción especial hacia el templo. Cuando nació, el Templo de Salt Lake había estado bajo construcción durante 23 años. “Durante su juventud, Joseph había observado con sumo interés el progreso diario de la construcción de ese magnífico edificio. Había visto llegar la última de las enormes piedras de granito en un vagón de ferrocarril desde la cantera… Había visto cómo las majestuosas agujas finalmente tomaban forma… [Dijo:] ‘Solía preguntarme si viviría suficiente tiempo para ver la terminación del templo’”9.

El 6 de abril de 1893, Joseph asistió a la primera sesión dedicatoria del Templo de Salt Lake. El presidente Wilford Woodruff, cuarto Presidente de la Iglesia, presidió la sesión y ofreció la oración dedicatoria. Sentado en el estrado, a la izquierda del presidente Woodruff, se encontraba su Segundo Consejero, el presidente Joseph F. Smith.

Cuando Joseph Fielding Smith tenía 19 años, recibió su bendición patriarcal de su tío, John Smith, que en aquel entonces prestaba servicio como Patriarca de la Iglesia, la cual le dio mayor fortaleza espiritual. Se le dijo a Joseph:

“Tendrás el privilegio de vivir hasta una edad muy avanzada, y es la voluntad del Señor que llegues a ser un hombre poderoso en Israel…

“Tendrás el deber de sentarte en concilio con tus hermanos y de presidir entre el pueblo. También tendrás el deber de viajar mucho aquí y en el extranjero, por tierra y por agua, trabajando en el ministerio. Y yo te digo, levanta la cabeza, alza la voz sin temor ni parcialidad, tal como te lo indique el Espíritu del Señor, y descansarán sobre ti las bendiciones de Él. Su Espíritu dirigirá tu mente y te dará palabras y juicio, de manera que logres confundir la sabiduría de los inicuos y desechar los consejos de los injustos”10.

Más adelante ese mismo año, después de su cumpleaños número 20, recibió nuevas oportunidades de prestar servicio y de crecer espiritualmente. Se le ordenó al oficio de élder en el Sacerdocio de Melquisedec, y recibió la investidura del templo. Hacia el final de su vida, cuando prestaba servicio como Presidente de la Iglesia, declaró: “Cuán agradecido estoy de poseer el santo sacerdocio. Todos mis días he procurado magnificar mi llamamiento en el sacerdocio y espero perseverar hasta el fin en esta vida y disfrutar de la hermandad de los santos fieles en la vida venidera”11.

Su cortejo y matrimonio

Conforme el joven Joseph Fielding Smith ayudaba a mantener a la familia, estudiaba el Evangelio y se preparaba para recibir las bendiciones del sacerdocio, sus esfuerzos no pasaban desapercibidos para una jovencita de nombre Louie Shurtliff. Louie, cuyos padres vivían en Ogden, Utah, fue a vivir con la familia Smith para poder asistir a la Universidad de Utah, que en aquel entonces se encontraba del otro lado de la calle de donde vivían los Smith.

Al principio, la relación de Joseph y Louie no era nada más que una amistad formal, pero gradualmente se fue convirtiendo en cortejo. Como la pareja tenía poco dinero, el cortejo se limitaba principalmente a leer juntos en la sala familiar, a charlar, a caminar juntos y a asistir a las actividades sociales de la Iglesia. A Joseph también le gustaba escuchar a Louie tocar el piano. De vez en cuando iban a alguna presentación en un teatro local. Cuando Louie terminó su segundo año de estudios universitarios, el cortejo se había convertido en enamoramiento, tanto así que una o dos veces, cuando no había clases, Joseph recorrió 160 kilómetros de ida y vuelta en bicicleta, sobre caminos de tierra llenos de surcos, para verla en Ogden12.

Con el tiempo, Louie y Joseph hablaron de matrimonio. Sin embargo, había un interrogante en sus mentes: ¿se llamaría a Joseph a servir en una misión? En aquellos días, los jóvenes y las señoritas que deseaban servir en una misión no hablaban con su obispo para que los recomendara. El trámite de los llamamientos misionales se realizaba en su totalidad a través de la oficina del Presidente de la Iglesia. Un joven nunca sabía cuándo encontraría un llamamiento misional en el buzón.

Louie terminó su carrera en la universidad en la primavera de 1897, y se mudó de nuevo a Ogden, con sus padres. Un año después, ya que no parecía que fuera a llegar un llamamiento misional, la pareja decidió seguir adelante con sus planes de matrimonio. Como dijo Joseph después: “La convencí de que cambiara su lugar de residencia, y el 26 de abril de 1898, fuimos al Templo de Salt Lake y nos casó mi padre, el presidente Joseph F. Smith, por esta vida y por la eternidad”13. Al iniciar su vida juntos, Joseph y Louie vivieron en un pequeño apartamento en la propiedad de la familia Smith.

La obediencia al llamamiento misional

En los comienzos de la Iglesia, a menudo se llamaba a hombres casados a servir en misiones de tiempo completo, así que Joseph y Louie no se sorprendieron cuando el 17 de marzo de 1899 llegó por correo un llamamiento misional firmado por el presidente Lorenzo Snow. No obstante, quizás le haya sorprendido un tanto a Joseph el lugar donde se le asignó trabajar. Antes de recibir el llamamiento, había tenido una conversación con el presidente Franklin D. Richards, Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, acerca de la posibilidad de recibir un llamamiento misional. Más tarde Joseph recordó: “[Él] me preguntó a dónde me gustaría ir. Le dije que no deseaba nada en particular, sólo ir a donde me enviaran. Pero él dijo: ‘Seguramente habrá algún lugar a donde preferirías ir’. Y le dije: ‘Pues bien, preferiría ir a Alemania’. ¡De modo que me enviaron a Inglaterra!”14.

El élder Joseph Fielding Smith cuando era misionero de tiempo completo.

Louie decidió vivir con sus padres mientras Joseph estaba de viaje. Sentía que así podría soportar la soledad de estar separada de su esposo; y trabajó en la tienda de su padre a fin de ganar algo de dinero para ayudar a costear la misión de Joseph15.

El 12 de mayo de 1899, un día antes de partir para el campo misional, el élder Smith y otros misioneros recibieron instrucciones del presidente Joseph F. Smith y de los élderes George Teasdale y Heber J. Grant, del Quórum de los Doce Apóstoles. Fue la única capacitación que recibieron antes de salir como misioneros de tiempo completo. En esa reunión, cada uno de los misioneros recibió un certificado misional oficial. El del élder Smith decía así:

“Por medio del presente se certifica que el portador, el élder Joseph F. Smith, hijo, es miembro fiel y de buena conducta de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y ha sido debidamente designado por las Autoridades Generales de dicha Iglesia a una misión a Gran Bretaña para predicar el Evangelio y administrar todas las ordenanzas pertenecientes a su oficio.

E invitamos a todos los hombres a escuchar sus enseñanzas y consejos como un hombre de Dios enviado a abrirles la puerta a la vida y la salvación, y a ayudarle en sus viajes, en cualquier cosa que necesite.

Rogamos a Dios, el Eterno Padre, que conceda al élder Smith y a todos los que lo reciban y le ofrezcan hospitalidad las bendiciones del cielo y la tierra, durante esta vida y por toda la eternidad, en el nombre de Jesucristo. Amén.

Firmado en Salt Lake City, Utah, el 12 de mayo de 1899, en representación de dicha Iglesia. Lorenzo Snow, George Q. Cannon, Jos. F. Smith, La Primera Presidencia”16.

Al día siguiente, la familia se congregó en casa para despedir a Joseph y a un hermano mayor a quien también se había llamado a servir en Inglaterra. No obstante, un miembro de la familia estaba ausente en la reunión. Emily, una hermana menor de Joseph, estaba escondida, avergonzada por algo que había hecho varios años atrás. Cuando Joseph cortejaba a Louie, a veces Joseph enviaba a Emily y a los otros niños a la cama temprano para pasar tiempo a solas con su novia. Frustrada al percibir eso como una injusticia, Emily a menudo había pedido en oración que el Señor enviara a su hermano a una misión alejada. Ahora que él en verdad se iba, se sentía culpable por la responsabilidad que ella podría tener por su partida17.

Joseph y Louie sabían que el llamamiento de servir en Inglaterra había venido del Señor. Joseph estaba ansioso de cumplir con su deber y Louie estaba complacida de que su esposo fuera a servir en una misión, pero ambos bregaban con la idea de estar separados. Cuando llegó el momento de que el élder Smith partiera a la estación del ferrocarril, “Louie trató de ser valiente; trató de evitar que Joseph la viera llorar. Pero fue muy difícil ocultar sus ojos enrojecidos. Y Joseph ya extrañaba tanto su hogar con simplemente pensar en partir que no tenía muchos deseos de hablar con nadie… Tenía un nudo en la garganta al detenerse en la puerta principal de la casa de la calle First North Street, le dio un beso de despedida a cada uno de sus seres queridos: mamá, papá, hermanos y hermanas, tías, y por último, Louie. ‘Adiós, mi preciosa Louie. Que Dios te bendiga y te guarde para mí’”18.

La siembra de la semilla del Evangelio en Inglaterra

Desde el momento en que el tren —incómodo y lleno de humo de tabaco— aceleró alejándose de su casa, el élder Smith se dedicó a su misión. Las anotaciones que hizo en su diario y las cartas que envió y recibió revelan las dificultades que tuvo como misionero y la fe y devoción con que las afrontó.

Al final de su primer día de obra misional en Inglaterra, escribió en su diario: “Éste ha sido un día muy importante en mi corta vida. Llegué de casa hace menos de un mes con el propósito de predicar el evangelio de nuestro Señor… Hoy he estado repartiendo folletos y logré entregar 25. Es la primera vez que trato de hacer este tipo de labor y no me fue muy fácil… Di mi testimonio al mundo por primera vez hoy, pero más adelante podré hacerlo mejor. Con la ayuda del Señor haré Su voluntad tal como se me llamó a hacerlo”19.

Cuando su padre le envió algunos dólares para sus necesidades, él respondió: “Tendré mucho cuidado con el dinero que me enviaste. No gasto nada a menos que tenga buenos motivos para hacerlo”. También le mencionó a su padre su determinación de aprender y enseñar el Evangelio: “Estoy aquí para predicar el Evangelio y espero poderlo hacerlo bien… Deseo mejorar mi intelecto y mis talentos mientras estoy aquí, para que siempre pueda ser útil para algo en la vida… Quiero ser recto en todas las cosas y nada me complace más que aprender algo acerca del Evangelio. Mi deseo es conocerlo y obtener sabiduría”20.

El presidente Joseph F. Smith escribió las siguientes palabras de encomio en una carta dirigida al élder Joseph Fielding Smith: “Me agrada tu espíritu, tengo fe en tu integridad, estoy complacido y siento satisfacción por causa de ti. Deseo que cultives sabiduría, juicio prudente y paciencia, además del Espíritu Santo y el amor de Dios”21. Lewis Shurtliff, padre de Louie, también expresó su confianza en el élder Smith: “Siempre sentí que cumplirías una gloriosa misión y obtendrías la experiencia que te prepararía para la situación exaltada a la que estás destinado a ocupar en el futuro”22.

En sus cartas a Louie, Joseph siempre expresaba su amor por ella. A menudo le enviaba flores prensadas dentro de sus “cartas cariñosas y afectuosas”23. También escribió acerca de los desafíos que se le presentaban: “En esta nación hay muchas personas que saben que el Evangelio que enseñamos es verdadero, pero no tienen el valor moral de salir del mundo y abrazarlo”24.

Louie le mandaba cartas por lo menos una vez por semana. “Recuerda”, le escribió una vez, “que estoy aquí para amarte y para orar por ti, y que nunca te olvidaré ni por un solo momento… Siempre ruego que Dios te bendiga, mi querido esposo”25. En sus cartas Louie dejaba muy claro su cariño por su esposo, así como su dedicación al Señor y Su obra. Constantemente le recordaba a Joseph que no permitiera que la añoranza debilitara su determinación de prestar servicio.

El élder Smith necesitaba dicho aliento, porque rara vez encontraba a alguien que quisiera recibir el mensaje del Evangelio restaurado. Años después, le “dijo a su hijo Joseph que las condiciones eran tan malas y la gente mostraba tanto desinterés que comenzó a pensar que no podría continuar. Una noche estuvo acostado despierto, pensando en la necesidad de trabajar para pagar el pasaje de regreso a casa”26. Sin embargo, mediante el ánimo que recibía de sus seres queridos y fortalecido por sus oraciones y por su propio deseo de prestar servicio, superó esos pensamientos. Sabía que el Señor lo había llamado, y sabía que tenía que trabajar diligentemente para el bien de la gente a la que servía y para el de su familia. Él escribió: “Preferiría permanecer aquí para siempre que regresar a casa sin una obra y un relevo honorables… Ruego tener el espíritu del Evangelio y el amor por mis semejantes que me permitan permanecer aquí hasta que sea relevado honorablemente. De no ser por las muchas oraciones que se ofrecen por mí en casa, así como las mías, no podría hacerlo”27.

El élder Joseph Fielding Smith fue relevado honorablemente de su misión el 20 de junio de 1901. En los dos años de servicio diligente, “no obtuvo un solo converso, no tuvo la oportunidad de efectuar un solo bautismo, aunque sí confirmó a un converso”28. No obstante, él y sus compañeros habían sembrado las semillas del Evangelio y habían ayudado a muchas personas a hallar mayor paz y entendimiento; además, él había crecido en lo personal como estudiante y maestro del Evangelio y como líder del sacerdocio.

Un nuevo hogar y nuevas responsabilidades

Joseph llegó a Salt Lake City el 9 de julio de 1901. Luego de pasar unos días con la familia de Louie en Ogden, Joseph y Louie regresaron a su hogar con los Smith y reanudaron su vida juntos. Su matrimonio se caracterizó por la fe, la diligencia y el servicio, al esforzarse por establecer un hogar y una familia y por prestar servicio en la Iglesia.

Louie Shurtliff Smith.

Poco después de que Joseph regresara a su hogar, comenzó a buscar un empleo para mantener a su familia. Con la ayuda de un familiar, obtuvo un empleo temporal en la oficina del registrador del condado de Salt Lake. Unas cinco semanas después, aceptó un puesto en la oficina del Historiador de la Iglesia. Al aprender más acerca de la historia de la Iglesia, también se percató más de las personas que trataban de desacreditar a la Iglesia y a sus líderes. Trabajó incansablemente para proporcionar información en defensa de la Iglesia. Fue el comienzo de un servicio que bendeciría a la Iglesia durante los años venideros.

En la primavera de 1902, Louie quedó embarazada. Ella y Joseph estaban agradecidos por su pequeño apartamento, pero anhelaban construir su propia casa. El empleo estable de Joseph les permitió empezar a hacer planes. Contrataron una empresa de construcción e hicieron los arreglos para que Joseph hiciera gran parte del trabajo a fin de recortar gastos. Su primer bebé, una niña llamada Josephine, nació en septiembre de 1902, y se mudaron a su casa nueva unos 10 meses después. En 1906, después que Louie hubo pasado un embarazo difícil, recibieron a otra hija en su hogar y le pusieron el nombre de Julina.

Joseph siempre estaba dispuesto a participar en la obra de salvación del Señor, y tuvo muchas oportunidades de hacerlo. En 1902 se le llamó a servir como uno de los presidentes del vigésimo cuarto quórum de los setenta, cuyas funciones incluían ser el instructor del quórum (en ese entonces, la Iglesia tenía más de cien quórumes de Setentas, y los miembros de esos quórumes no eran Autoridades Generales). A Joseph también se le llamó a prestar servicio en la Mesa General de la Asociación de Mejoramiento Mutuo de los Hombres Jóvenes y como miembro del sumo consejo de la Estaca Salt Lake. Su hermano Hyrum, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, lo ordenó sumo sacerdote. En la Conferencia General de abril de 1906, se le sostuvo como Historiador Auxiliar de la Iglesia, y en enero del año siguiente se le nombró miembro de un comité especial cuyo propósito era “preparar datos para defender a la Iglesia contra los ataques de sus enemigos”29.

Cuando el padre de Joseph servía como Presidente de la Iglesia, Joseph a menudo le ayudaba con la correspondencia y otros deberes administrativos, y en ocasiones acompañaba a su padre en sus asignaciones de la Iglesia. Incluso una vez Joseph viajó representando al presidente Smith. Él escribió: “Fui a Brigham City [Utah] a petición de mi padre para dedicar el centro de reuniones del Barrio 2 de Brigham City. Ellos tenían muchos deseos de que él ofreciera la oración dedicatoria, pero como él padecía un resfrío severo, me envió en su lugar”. Cuando el presidente de estaca y un obispo recibieron a Joseph en la estación del tren, no estaban muy contentos de verlo30. Se dijo que el presidente de estaca comentó: “Podría echarme a llorar a gritos. Esperábamos al Presidente de la Iglesia, y en su lugar llegó un jovencito”. Según una versión de la historia, Joseph respondió bromeando: “Yo también podría llorar”31.

Aunque muchos de las responsabilidades de la Iglesia de Joseph lo alejaban del hogar, él y Louie también encontraban tiempo para prestar servicio juntos y disfrutar de su mutua compañía. En la anotación que hizo en su diario personal el 1 de noviembre de 1907, escribió: “Pasé la mayor parte del día con Louie en el Templo de Salt Lake, uno de los días más felices de nuestra vida y el más provechoso para nosotros”32.

Las Pruebas y las bendiciones

En marzo de 1908, Joseph dejó de lado muchas de sus responsabilidades de la Iglesia porque sentía la necesidad de estar lo más posible con Louie en casa. Ella padecía una enfermedad grave y persistente relacionada con las primeras etapas de su tercer embarazo. A pesar de las oraciones, las bendiciones del sacerdocio, las solícitas atenciones de su esposo y los esmerados cuidados de los doctores, siguió empeorando. Murió el 30 de marzo.

En su dolor, Joseph escribió: “Durante este mes que ha sido de constante ansiedad y preocupación para mí, he pasado por las más profundas y dolorosas pruebas y experiencias. Y durante todo ello he dependido de la fortaleza y el consuelo que me da el Señor. Después de sufrir los dolores más agudos por tres o cuatro semanas y tras una enfermedad que duró casi dos meses, mi amada esposa fue liberada de su sufrimiento… y partió de mi lado y del de nuestros queridos bebés hacia un mundo mejor, en donde esperamos con paciencia y pesar reunirnos con la mayor gloria”. Joseph dijo que su esposa “murió firme en la fe y leal a todo principio del Evangelio”33.

En poco tiempo Joseph se sintió abrumado con la tarea de criar a dos pequeñitas sin la madre. Sus padres invitaron a la joven familia a vivir con ellos. Mas a pesar de esa ayuda, el viudo se dio cuenta de que sus pequeñas necesitaban las atenciones de una madre amorosa.

Ethel Reynolds Smith.

Tal como lo hacía con todas sus decisiones importantes, Joseph hizo del asunto una cuestión de oración ferviente. Ethel Georgina Reynolds, que era secretaria en la oficina del Historiador de la Iglesia, fue la respuesta a sus oraciones. Joseph la invitó a un día de campo en el parque con sus hijas el 6 de julio de 1908. La salida fue un éxito, ya que los cuatro disfrutaron de la compañía de los demás. Diez días después, Joseph y Ethel tuvieron una salida juntos sin las niñas, y poco tiempo después se comprometieron.

Ethel y Joseph se sellaron en el Templo de Salt Lake el 2 de noviembre de 1908. Años después, en una carta dirigida a Ethel, Joseph escribió: “No sabes cuántas veces le ha dado gracias al Señor de no haber cometido un error cuando necesitaba una compañera. Fuiste enviada a mí”34. Además de ser una compañera amorosa para con Joseph, Ethel pronto se convirtió en una segunda madre para Josephine y Julina.

Su servicio como miembro del Quórum de los Doce Apóstoles

Poco antes de la Conferencia General de abril de 1910, murió el presidente John R. Winder, Primer Consejero de la Primera Presidencia. El élder John Henry Smith, quien había estado prestando servicio en el Quórum de los Doce, fue llamado a servir en la Primera Presidencia, dejando así un lugar vacante en el Quórum de los Doce. La Primera Presidencia y el Quórum de los Doce se reunieron en el Templo de Salt Lake para hablar de los hombres que estarían calificados para llenar dicha vacante. Después de reunirse en consejo durante una hora, más o menos, no pudieron “lograr ningún sentir unánime sobre el asunto. Finalmente, el presidente Joseph F. Smith se retiró a un cuarto solo y se arrodilló en oración en busca de guía. Cuando regresó preguntó un poco titubeante a los otros trece apóstoles si estarían dispuestos a considerar que su hijo, Joseph Fielding Smith, hijo, ocupara el llamamiento. Dijo que se sentía renuente a sugerirlo, puesto que su hijo Hyrum ya era miembro del Consejo y su hijo David era Consejero del Obispado Presidente. Temía que los miembros de la Iglesia se sintieran contrariados si se nombraba a otro de sus hijos como Autoridad General. Sin embargo, se sintió inspirado a ofrecer el nombre de Joseph para su consideración. Los demás parecieron sentirse inmediatamente receptivos a la sugerencia y apoyaron al presidente Smith en ella.

“Aparentemente el presidente Smith confió la decisión de escoger a Joseph a la madre [de éste] antes de anunciarlo en la conferencia. Edith S. Patrick, hermana de Joseph, dijo: ‘Recuerdo que mamá nos contó que en 1910 papá regresó a casa después de su reunión de consejo en el templo y parecía estar muy preocupado. Cuando se le preguntó lo que le preocupaba, dijo que Joseph había sido elegido como miembro de los Doce. Dijo que las Autoridades Generales lo habían elegido unánimemente y que ahora él, como Presidente, sería criticado duramente por haber hecho apóstol a su hijo. Mamá le dijo que no se preocupara ni un minuto por lo que la gente podría decir. Ella sabía que el Señor lo había escogido y dijo que sabía que honraría su llamamiento’.

“…En aquel entonces se acostumbraba no notificar a la persona elegida con anticipación, sino más bien se enteraba de su nombramiento cuando se leía su nombre en la conferencia para pedir el voto de sostenimiento. Y así fue que cuando Joseph Fielding salió de la casa hacia la conferencia el 6 de abril de 1910; no tenía idea de que ya lo habían escogido”. Al entrar en el Tabernáculo, uno de los acomodadores le preguntó: “Bien, Joseph, ¿quién será el nuevo apóstol?”. Y él respondió: “No lo sé. ¡Pero no será usted ni seré yo!”

Justo antes de que se leyera el nombre del miembro más nuevo del Quórum de los Doce, Joseph sintió la inspiración del Espíritu diciéndole que ese nombre tal vez fuera el suyo. Aún así, más adelante dijo que cuando anunciaron su nombre, “Quedé tan atónito y estupefacto que casi no podía hablar”.

Más tarde ese mismo día, fue a casa a darle la noticia a Ethel, quien no había podido asistir a la reunión. Comenzó diciendo: “Creo que vamos a tener que vender la vaca. ¡Ya no tendré tiempo para cuidarla!”35.

Durante los sesenta años que fue miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, Joseph Fielding Smith vio muchos cambios en el mundo. Por ejemplo, cuando fue llamado al apostolado, muchas personas aún usaban caballos y carruajes como su principal medio de transporte. Cuando terminó su servicio en el Quórum, a menudo viajaba a sus asignaciones en aviones de reacción.

El Quórum de los Doce Apóstoles en 1921. El élder Joseph Fielding Smith está de pie en el extremo izquierdo.

El élder Smith ocupó muchos puestos de confianza y responsabilidad mientras prestaba servicio como miembro del Quórum de los Doce. Durante los primeros ocho años de su ministerio como apóstol, sirvió extraoficialmente como secretario de su padre. Prestó servicio en esa función hasta que su padre murió, en noviembre de 1918. En esa función, Joseph Fielding Smith se desempeñó como escribiente cuando su padre dictó la visión de la redención de los muertos que ahora se encuentra en Doctrina y Convenios 138.

El élder Smith prestó servicio como Historiador Auxiliar de la Iglesia, como Historiador de la Iglesia por casi 50 años, como consejero de la presidencia del Templo de Salt Lake, como presidente del Templo de Salt Lake, como presidente de la Utah Genealogical and Historical Society [Sociedad Genealógica e Histórica de Utah], primer editor y gerente comercial de la revista Utah Genealogical and Historical Magazine [revista Genealógica e Histórica de Utah], y director del Comité Ejecutivo de la Mesa de Educación de la Iglesia. También sirvió como director del Comité de Publicaciones de la Iglesia, asignación que le requería leer miles de páginas de manuscritos antes que se redactaran como manuales de lecciones y otras publicaciones de la Iglesia.

El 6 de octubre de 1950 se le apartó como Presidente en Funciones del Quórum de los Doce, y prestó servicio en ese puesto hasta abril de 1951, cuando se le apartó como Presidente del Quórum de los Doce. Ocupó ese puesto desde abril de 1951 hasta enero de 1970, en cuya oportunidad llegó a ser el Presidente de la Iglesia. Desde 1965 hasta 1970, también prestó servicio como Consejero de la Primera Presidencia mientras continuaba con sus responsabilidades como Presidente del Quórum de los Doce.

Un ministerio de severa amonestación y tierno perdón

En su primer discurso de conferencia general, el élder Joseph Fielding Smith habló directamente a cualquier persona que “alzara su voz contra los actos de las autoridades que presiden a la Iglesia”. Pronunció esta severa declaración: “Deseo alzar una voz de amonestación a todos los que sean miembros de la Iglesia y decirles que es mejor que se arrepientan y se vuelvan al Señor, no sea que Sus juicios caigan sobre ellos, no sea que pierdan la fe y se aparten de la verdad”36.

Durante todo su ministerio, siguió alzando la voz de amonestación. Una vez dijo: “He considerado que ha sido mi misión, ya que así me ha inspirado, pienso yo, el Espíritu del Señor durante mis viajes por las estacas de Sión, a decirle al pueblo que hoy es el día del arrepentimiento… Siento que mi misión es proclamar el arrepentimiento y pedir al pueblo que sirva al Señor”37.

Esa forma directa y sin evasivas de enseñar estaba atenuada por la gentileza y la bondad. En una ocasión, el élder Boyd K. Packer fue testigo de ello en una reunión cuando Joseph Fielding Smith era director del Comité Misional de la Iglesia. “Se presentó el informe de un accidente que sufrieron dos élderes misioneros en un automóvil propiedad de la Iglesia. Un anciano que era vendedor de verduras se había pasado la señal de alto con su camioneta, y había golpeado el auto de los misioneros de lado y lo había arruinado totalmente. El conductor de la camioneta recibió una citatorio por parte de la policía. No tenía seguro contra accidentes. Afortunadamente, ninguno de los misioneros quedó herido de gravedad.

“El presidente Smith se quedó sentado en silencio mientras los miembros del comité consideraban el asunto. Después de analizarlo un rato le pidieron al Director Ejecutivo del Departamento Misional que contratara a un abogado y que litigara el caso en los tribunales.

“Sólo entonces se le preguntó al presidente Smith si estaba de acuerdo con tomar esas medidas. En voz baja dijo: ‘Sí, podríamos hacerlo. Y si litigamos con todo el peso de la ley, quizás hasta logremos quitarle la camioneta al pobre hombre; y entonces ¿cómo se ganaría la vida?’

“‘Nos miramos unos a otros, un poco avergonzados’, dijo el élder Packer. ‘Luego acordamos que la Iglesia podía comprar otro auto para los misioneros, seguir adelante con su obra y dejar el asunto en paz’”38.

“Un padre y esposo amable y cariñoso”

Cuando se llamó al élder Smith al apostolado, tenía tres hijas: Josephine y Julina, y la primogénita de Ethel, Emily. Siete meses después, la familia recibió otra hija, y Ethel y Joseph le pusieron el nombre de Naomi. Debido a complicaciones del parto, Naomi tuvo que luchar por su vida, y la familia temía que no viviera mucho tiempo. No obstante, como dijo su padre más adelante, “fue salvada por el poder [de] la oración y de una bendición de salud tras parecer que el aliento no podía entrar en su cuerpo”39. Después Ethel tuvo siete hijos más: Lois, Amelia, Joseph, Lewis, Reynolds, Douglas y Milton.

Por las asignaciones del presidente Smith como apóstol, a menudo tenía que ausentarse de casa por largos periodos. Pero cuando estaba en casa, concentraba su atención en la familia. Su esposa Ethel lo describía como “un padre y esposo amable y cariñoso cuya mayor ambición en la vida era hacer feliz a su familia, olvidándose por completo de sí mismo al esforzarse por lograrlo”40.

A los hijos de la familia Smith les causaba gracia la opinión que algunas personas tenían de que su padre era un hombre severo y duro. “En una ocasión… después de que él había predicado un enérgico sermón sobre la importancia de gobernar a nuestros hijos adecuadamente, una mujer enfadada se acercó a dos de las hijitas de él y expresó compasión por ellas [y dijo]: ‘¡Su papá seguramente las golpea!’” Como respuesta a esa acusación, las niñas simplemente se rieron. Conocían a su papá mucho mejor que ella, y sabían que nunca las lastimaría. Cuando él regresaba de sus largos viajes, “eran tiempos felices, desde el momento en que lo recibían con entusiasmo en la estación del tren hasta que con tristeza se despedían nuevamente varios días después”. Jugaban, hacían pasteles y helado, iban de día de campo, andaban en tren y visitaban los cañones y lagos cercanos. Disfrutaban al escucharlo contar anécdotas de sus asignaciones de la Iglesia por todo el mundo41. También trabajaban juntos, manteniéndose ocupados con los quehaceres del hogar42.

Los hijos del presidente Smith practicaban deportes y él asistía a los partidos siempre que podía43. También disfrutaba de practicar deportes con ellos, especialmente el frontón con la mano. Se divertía con ellos, pero era competitivo. Sus hijos Reynolds y Lewis recordaban las ocasiones en las que ambos jugaban juntos contra su padre. Dejaba que ellos escogieran la mano que él usaría durante el partido. Pero aun con una mano a la espalda, siempre “derrotaba por completo a ambos”44.

Tristeza y esperanza

Las asignaciones del élder Smith lejos de casa eran difíciles para Ethel y para los hijos, y las semanas de separación también eran dolorosas para él. El 18 de abril de 1924 viajaba en tren para presidir una conferencia de estaca; Ethel llevaba siete meses de embarazo, y hacía lo que podía por atender a los niños en casa; en una carta, él le escribió: “Estoy pensando en ti y desearía estar constantemente a tu lado estas próximas semanas para ayudar a cuidarte”45. Al pensar en su hogar, terminó la carta con un poema que había escrito. Algunas de las palabras de ese poema forman parte de un himno que se encuentra en algunos himnarios de la Iglesia en inglés con el título “Does the Journey Seem Long?” [“¿Te parece muy largo el camino?”].

¿Te parece el camino muy largo,
el sendero escarpado y abrupto?
¿Espinos y abrojos te impiden avanzar?
¿Te lastiman las piedras filosas
cuando en el duro e intenso calor
te levantas y luchas por perseverar?
¿Desfalleces de pena y tristeza,
y al subir con trabajos la cuesta,
tu alma pesada y cansada está?
¿Te parece pesada la carga
que te ves obligado a alzar?
¿No hay quien te ayude tu pena a cargar?
Nunca más desfallezca tu alma;
la jornada mortal emprendiste;
con ternura te llama un Ser celestial.
Hoy levanta con gozo la vista
y acepta Su mano extendida;
hasta cumbres celestes Él te llevará:
a praderas muy puras y santas,
donde ya no hay pesares ni penas,
y librado de todo pecado estarás,
donde ya no habrá más lamentos,
y no te aquejarán más pesares.
De Su mano al reino de Dios entra ya46.

A partir de 1933, la felicidad de la familia Smith a veces se veía interrumpida por una pesada carga, como lo había expresado el élder Smith en su poema nueve años antes. Ethel comenzó a padecer “una terrible enfermedad que no lograba entender. A veces caía en severas depresiones y en otras ocasiones su mente se aceleraba descontroladamente y forzaba a su cuerpo agotado a hacer más y más. El tierno amor y apoyo de su familia, las oraciones, las bendiciones y las hospitalizaciones no parecían ayudar”47. Después de sufrir durante cuatro años, murió el 26 de agosto de 1937. Al escribir acerca de su muerte, el desconsolado esposo escribió: “Sería imposible encontrar a una mejor mujer, o a una esposa y madre más fiel”48. En la profundidad de su pesar, sintió el consuelo de saber que él y Ethel Reynolds Smith estaban unidos por las eternidades mediante el sagrado convenio del sellamiento.

Una nueva amistad lleva al matrimonio

Cuando Ethel murió, cinco de los hijos aún vivían en casa de la familia Smith. Al poco tiempo dos de ellos se mudarían, porque Amelia estaba comprometida para casarse y Lewis se preparaba para servir en una misión de tiempo completo. Quedarían Reynolds, de 16 años; Douglas, de 13; y Milton, de 10. Preocupado porque sus hijos habían quedado huérfanos de madre, Joseph Fielding Smith meditó sobre la idea de casarse de nuevo.

Con esa idea en mente, el élder Smith pronto comenzó a centrar su atención en Jessie Ella Evans, que era una famosa solista del Coro del Tabernáculo Mormón. Jessie había cantado un solo en los servicios fúnebres de Ethel, y el élder Smith le había enviado una nota de agradecimiento, lo cual había llevado a varias conversaciones por teléfono. El élder Smith y Jessie no se habían conocido antes de esas conversaciones, pero en poco tiempo llegaron a ser buenos amigos.

El élder Smith pasaba los días pensando y orando acerca de la posibilidad de pedirle a Jessie que se casara con él. Finalmente le escribió una carta en la cual le insinuó que le gustaría tener una amistad más personal con ella. Cuatro días después, hizo acopio de valor para entregarle la carta personalmente. La llevó a las oficinas del ayuntamiento y del condado, donde ella trabajaba como registradora del condado. Más adelante escribió en su diario personal: “Fui a la oficina del Registrador del condadoTuve una entrevista muy importante con la registradora, y le dejé la carta que escribí”49. Después de una semana, en la que viajó en tren a reuniones de conferencias de estaca, el élder Smith regresó a casa y visitó de nuevo a Jessie y conversó con ella.

En su típico estilo directo, el élder Smith escribió en su diario: “Me reuní con la señorita Jessie Evans y tuve [una] importante entrevista con ella”. Con sentimientos de admiración mutua, dispusieron lo necesario para que él conociera a la madre de Jessie y para que Jessie conociera a los hijos de él. Menos de un mes después, el 21 de noviembre de 1937, ella aceptó el anillo de compromiso. El 12 de abril de 1938, el presidente Heber J. Grant, séptimo Presidente de la Iglesia, los selló en el Templo de Salt Lake50.

El élder Francis M. Gibbons, quien prestó servicio como secretario de la Primera Presidencia cuando el presidente Smith era Presidente de la Iglesia, describió la relación entre Joseph Fielding Smith y Jessie Evans Smith: “A pesar de una diferencia de edad de veintiséis años, y de diferencias de temperamento, experiencias y formación, Joseph Fielding Smith y Jessie Evans Smith eran asombrosamente compatibles. Ella era sumamente extrovertida, rebosante de diversión y buen humor, y disfrutaba de ser el centro de atención del público. Joseph, por otra parte, era callado, introvertido y retraído, circunspecto y distante, y siempre parecía sentirse un poco incómodo en público y nunca trataba de llamar la atención. Lo que salvaba la amplia brecha entre esas dos personalidades dispares era el amor y el respeto sinceros que se tenían mutuamente”51. Ese amor y ese respeto se extendía a la madre de Jessie, Jeanette Buchanan Evans, con quien Jessie había vivido hasta que se casó. La hermana Evans fue a vivir con su hija al hogar de los Smith y ayudó a atender a los hijos.

Joseph Fielding Smith y Jessie Evans Smith tocando el piano.

Ministrar en un mundo en conflicto

La nueva hermana Smith, a la que los hijos y nietos del élder Smith llamaban tía Jessie, frecuentemente acompañaba a su esposo cuando él viajaba a las conferencias de estaca. Los líderes locales a menudo la invitaban a cantar en las reuniones, y en ocasiones ella persuadía a su esposo a cantar a dúo con ella. En 1939, el presidente Heber J. Grant asignó al élder y a la hermana Smith a hacer una gira por todas las misiones de la Iglesia en Europa.

Cuando los Smith llegaron a Europa, aunque aún no había estallado la Segunda Guerra Mundial, la tensión entre las naciones iba en aumento. El 24 de agosto, mientras estaban en Alemania, la Primera Presidencia indicó al élder Smith que se asegurara de que todos los misioneros que estuvieran en Alemania fueran trasladados a países neutrales. Él coordinó esa labor desde Copenhague, Dinamarca. Durante el traslado de misioneros, Wallace Toronto, que era el presidente de misión en Checoslovaquia, tuvo que enviar a su esposa, Martha, y a sus hijos a Copenhague para que estuvieran a salvo. Él se quedó para asegurar la evacuación libre de riesgos de cuatro misioneros que habían sido detenidos. Pasaron días sin que se supiera nada de ellos. Más tarde Martha recordó:

“Finalmente llegó el día en que todos los trenes, transbordadores y embarcaciones hicieron el último viaje desde Alemania y rogamos en oración que Wally [el presidente Toronto] y los cuatro jóvenes a su cargo estuvieran en ese último transbordador que se dirigía a su puerto base. Al ver que yo estaba muy preocupada y que me afligía más con cada minuto que pasaba, el presidente Smith se me acercó, y amparándome me colocó un brazo sobre los hombros, y dijo: ‘Hermana Toronto, esta guerra no empezará hasta que el hermano Toronto y sus misioneros lleguen a este país de Dinamarca’. El día avanzó y ya entrada la tarde, recibieron una llamada telefónica… ¡Era Wally! Los cinco habían salido de Checoslovaquia con los diplomáticos británicos en un tren especial que se había enviado para recogerlos; habían subido al último transbordador que salía de Alemania y ahora estaban en la costa [de Dinamarca], esperando que se les transportara a Copenhague. El alivio y la felicidad que se sintieron en la casa de misión y entre los 350 misioneros fue como una oscura nube que se disipaba para revelar la luz del sol”52.

El élder Smith estaba agradecido con el pueblo de Dinamarca, que había permitido que entraran a su país tantos misioneros evacuados. Al estallar la guerra, profetizó que debido a su generosidad, el pueblo danés no sufriría por falta de alimentos durante la guerra. Años después, “el pueblo de Dinamarca había sobrevivido la guerra acaso de mejor modo que el de cualquier otra nación europea. Los santos daneses incluso habían enviado paquetes de ayuda a los Santos de los Últimos Días de Holanda y Noruega que estaban en circunstancias difíciles. Había aumentado sostenidamente el número de miembros, y se habían duplicado los recibos de donativos de diezmos en la Misión Danesa… Los santos daneses consideraron que sus circunstancias eran el cumplimiento directo de [la] profecía que había hecho el élder Joseph Fielding Smith”53.

Al estallar la guerra, el élder Smith organizó la evacuación de los 697 misioneros estadounidenses que prestaban servicio en Europa. Ya que algunos de los misioneros habían servido como líderes de distrito y de rama, el élder Smith transfirió esas responsabilidades de liderazgo a los miembros locales. Tras cumplir con esos deberes, zarpó hacia los Estados Unidos con Jessie. Tomaron un tren desde Nueva York y llegaron a casa siete meses después de haber partido.

Aunque el élder Smith estaba contento de que los misioneros estadounidenses hubieran logrado regresar a salvo a su hogar, expresó su preocupación por la gente inocente que ahora era víctima de la tragedia de la guerra en sus países. Escribió: “Se me conmovía el corazón cada vez que teníamos una reunión y estrechábamos la mano de las personas al terminarla. Todos nos recibían con cariño, y su [amistad] significaba más para mí de lo que ellos quizás comprendieran. Algunos derramaban lágrimas y decían que esperaban problemas muy graves, y que quizás no volviéramos a vernos en esta vida. Ahora siento pena por ellos, y diariamente ruego en oración que el Señor los proteja en esta época espantosa”54.

Lewis, hijo del élder Smith, que estaba en Inglaterra cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, formó parte del último grupo de misioneros que regresó a casa55. Unos dos años y medio después, Lewis cruzó el Océano Atlántico de nuevo, pero esta vez para servir en las fuerzas armadas. “Esa situación nos entristeció a todos”, escribió el élder Smith. “Es una pena que los puros y rectos se vean obligados a participar en un conflicto de proporciones mundiales por causa de la iniquidad de los hombres”56.

El 2 de enero de 1945, el élder Smith recibió un telegrama que le informaba que su hijo había muerto al servicio de su país. Escribió: “La noticia fue una conmoción muy grande, ya que teníamos muchas esperanzas de que pronto estuviera de regreso en Estados Unidos. Sentíamos que se le protegería, ya que había escapado varias veces del peligro. Nos fue difícil comprender cómo pueden pasar esas cosas… Aunque el golpe es muy brusco, tenemos la paz y la dicha de saber que era puro y estaba libre de los vicios que prevalecen tanto en el mundo y que se hallan en el ejército. Fue fiel a su fe y es digno de una resurrección en gloria, cuando nos reuniremos de nuevo”57.

Un maestro y líder de confianza

Como miembro del Quórum de los Doce, Joseph Fielding Smith a menudo daba testimonio de Jesucristo ante los Santos de los Últimos Días, les enseñaba el Evangelio restaurado y llamaba al pueblo al arrepentimiento. Dio más de 125 discursos en conferencias generales, participó en miles de conferencias de estaca y discursó en eventos como conferencias de genealogía y transmisiones de radio. También enseñaba mediante publicaciones. Durante muchos años escribió un artículo en la revista Improvement Era de la Iglesia, donde respondía las preguntas que enviaban los lectores. También escribió otros artículos para las revistas de la Iglesia y para la sección de la Iglesia del periódico Deseret News. Durante su servicio como apóstol, de 1910 a 1972, sus escritos se publicaron en 25 libros, entre ellos Elementos de la Historia de la Iglesia, Doctrina de Salvación, Church History and Modern Revelation [Historia de la Iglesia y la revelación moderna], y Answers to Gospel Questions [Respuestas a preguntas sobre el Evangelio].

Al escuchar sus sermones y leer sus publicaciones, los miembros de la Iglesia llegaron a confiar en el presidente Smith como alguien docto en el Evangelio. Lo que es más, aprendieron a confiar en el Señor y a seguirle. Como dijo el presidente N. Eldon Tanner, Joseph Fielding Smith “influyó en la vida de cientos de miles de personas al vivir y enseñar todo principio del Evangelio mediante la palabra y la pluma. No dejó duda en la mente de nadie de que sabía que Dios vive y que somos Sus hijos, procreados en espíritu; que Jesucristo es el Hijo Unigénito de Dios en la carne; que dio Su vida por nosotros para que disfrutáramos de la inmortalidad; y que al aceptar y vivir el Evangelio podemos gozar de la vida eterna”58.

El élder Bruce R. McConkie comentó:

“La vida y las labores del presidente Joseph Fielding Smith se vieron caracterizadas por tres cosas:

“1. Su amor por el Señor y la fidelidad absoluta e inquebrantable con que se esforzó por demostrar ese amor al guardar Sus mandamientos y siempre hacer lo que complacería al Señor.

“2. Su lealtad al profeta José Smith y a las verdades sempiternas restauradas por medio de él; a su abuelo, el patriarca Hyrum Smith… [que] murió como mártir; y a su padre, el presidente Joseph F. Smith, cuyo nombre está para siempre grabado en la ciudad celestial como el de alguien que perseveró valientemente en la causa de Aquel cuya sangre se derramó para que nosotros viviéramos.

“3. Su propia erudición del Evangelio y perspectiva espiritual; su propia diligencia incansable como predicador de la rectitud; y su propia labor de alimentar a los hambrientos, vestir a los desnudos, visitar a las viudas y a los huérfanos y manifestar la religión pura mediante el precepto y el ejemplo”59.

Los compañeros del presidente Smith del Quórum de los Doce lo consideraban un líder sabio y compasivo. Como reconocimiento en su cumpleaños número 80, los demás miembros del Quórum de los Doce publicaron un tributo a él. Como parte de ese tributo, dijeron:

Nosotros, los que laboramos en el Consejo de los Doce bajo su liderazgo, tenemos la oportunidad de ver la verdadera nobleza de su carácter. Diariamente vemos evidencia continua de su consideración comprensiva y atenta para con sus compañeros al hacer nuestras asignaciones y al coordinar nuestros esfuerzos con la finalidad de que avance la obra del Señor. Sólo desearíamos que toda la Iglesia lograra sentir la ternura de su alma y su gran preocupación por el bienestar de los desafortunados y los afligidos. Él ama a todos los santos y nunca cesa de orar por el pecador.

“Con discernimiento admirable, parece tener sólo dos indicadores para tomar decisiones finales. ¿Cuáles son los deseos de la Primera Presidencia? ¿Qué es lo mejor para el reino de Dios?”60.

Presidente de la Iglesia

Un día de reposo por la mañana, el 18 de enero de 1970, llegó a su fin la vida mortal del presidente David O. McKay. Ahora la responsabilidad de dirigir la Iglesia descansaba sobre el Quórum de los Doce Apóstoles, presidido por Joseph Fielding Smith, de 93 años de edad.

El 23 de enero de 1970, el Quórum de los Doce se reunió y sostuvo oficialmente al presidente Smith en su llamamiento como Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. El presidente Smith escogió a Harold B. Lee como Primer Consejero y a N. Eldon Tanner como Segundo Consejero. Después, los tres fueron apartados para cumplir sus nuevas responsabilidades.

El presidente Joseph Fielding Smith y sus Consejeros de la Primera Presidencia: el presidente Harold B. Lee (en el centro) y el presidente N. Eldon Tanner (a la derecha).

El élder Ezra Taft Benson, quien estuvo presente en esa reunión, recordó: “Tuvimos un maravilloso espíritu de unidad en la reunión y gran evidencia de afecto; los hermanos se abrazaron al seleccionar y al apartar a los nuevos líderes”61

El élder Boyd K. Packer compartió su propio testimonio del llamamiento del presidente Smith:

“Salí de la oficina un viernes por la tarde pensando en la asignación que tenía para la conferencia ese fin de semana. Esperé que el ascensor bajara del quinto piso.

“Al abrirse lentamente las puertas de éste, vi dentro al presidente Joseph Fielding Smith. Por un momento me sorprendí al verlo, ya que su oficina se encuentra en un piso más abajo.

“Al verlo recortado en el marco de la puerta, me sobrevino un poderoso testimonio: He allí el profeta de Dios. Esa dulce voz del Espíritu que es semejante a la luz, que se relaciona con la inteligencia pura, me afirmó que él era el profeta de Dios”62.

Bajo la dirección del presidente Smith, la Iglesia siguió creciendo; por ejemplo, se crearon 81 estacas, entre ellas la primera estaca en Asia y la primera en África, y el número de miembros de la Iglesia sobrepasó los 3 millones. Se dedicaron dos templos: en Ogden, Utah, y en Provo, Utah.

Aunque la Iglesia crecía por todo el mundo, el presidente Smith recalcó la importancia de cada hogar y cada familia. Recordó a los Santos de los Últimos días que “la organización de la Iglesia realmente existe para ayudar a la familia y a sus miembros a lograr la exaltación”63. Él enseñó: “La familia es la organización más importante en esta vida o en las eternidades… La voluntad del Señor es fortalecer y preservar la unidad familiar”64. En un esfuerzo por fortalecer a las familias y a las personas, la Iglesia puso mayor énfasis en la noche de hogar, un programa que se había fomentado a partir de 1909, cuando el padre del presidente Smith era Presidente de la Iglesia. Bajo la dirección del presidente Joseph Fielding Smith, se designó oficialmente el día lunes para la noche de hogar. Esa noche, la Iglesia no debía realizar ninguna reunión, y se mantendrían cerrados los edificios locales de la Iglesia.

A pesar de su avanzada edad, el presidente Smith abordó su llamamiento con la humildad de un niño y con la energía de un joven. En los dos años y cinco meses que prestó servicio como el profeta, vidente y revelador de la Iglesia, inspiró a los Santos de los Últimos Días de todo el mundo mediante sus mensajes.

Él declaró que “somos hijos procreados en espíritu por Dios, nuestro Padre Celestial”65, y que “debemos creer en Cristo y tomar como modelo la vida de Él”66. Testificó que José Smith “vio a Dios el Padre y a Su Hijo Jesucristo y estuvo en Su presencia”67 y llegó a ser “el revelador del conocimiento de Cristo y de la salvación del mundo para estos días y esta generación”68.

Instó a los santos a “abandonar muchos de los hábitos del mundo”69 pero amar a toda la gente del mundo, a “ver el bien de las personas aunque estemos tratando de ayudarles a vencer uno o dos malos hábitos”70. Les recordó que una forma de demostrar ese “espíritu de amor y hermandad” es compartir el Evangelio, “invitar a todos los hombres en todas partes a que presten atención a las palabras de vida eterna reveladas en esta época”71.

Se acercó a los jóvenes de la Iglesia, reuniéndose con grandes congregaciones de jóvenes Santos de los Últimos Días y animándoles a “permanecer firmes en la fe a pesar de toda oposición”72.

Dirigió la palabra con frecuencia a los poseedores del sacerdocio, recordándoles que han sido “llamados a representar al Señor y poseer Su autoridad”, y exhortándolos a “recordar quiénes son y a actuar en consecuencia”73.

Animó a todos los Santos de los Últimos Días a recibir las bendiciones del templo, a ser fieles a los convenios del templo y a regresar a éste para recibir las ordenanzas sagradas a favor de sus antepasados. Antes de dedicar el Templo de Ogden, Utah, dijo: “Les recuerdo que cuando dedicamos una casa al Señor, lo que en verdad hacemos es dedicarnos a nosotros mismos al servicio del Señor, con el convenio de que utilizaremos la casa en la forma en que Él desea que se utilice”74.

“Guarden los mandamientos”, instó, “anden en la luz; perseveren hasta el fin; sean fieles a cada convenio y obligación, y el Señor les bendecirá más allá de sus sueños más preciados”75.

Al citar al presidente Brigham Young, el presidente Harold B. Lee describió la influencia y el liderazgo del presidente Smith: “El presidente Young dijo lo siguiente: ‘Si vivimos nuestra santa religión y permitimos que reine el Espíritu, [nuestra vida] no parecerá insulsa ni tonta, sino que conforme el cuerpo se aproxime a la disolución, el Espíritu tomará un control más firme sobre la substancia que es imperecedera allende el velo, sacando de las profundidades de aquella eterna fuente de la vida brillantes gemas de inteligencia, que rodean con aureola de sabiduría inmortal el frágil tabernáculo que decae’.

“Hemos sido testigos de ello una y otra vez al participar en conversaciones sobre asuntos muy serios, decisiones que sólo debía tomar el Presidente de la Iglesia. Fue entonces que vimos avivarse esa brillante sabiduría cuando él [el presidente Smith] decía cosas que sin duda excedían su propio entendimiento presente y que tomaba de las profundidades de su alma”76.

“Llamado por el Señor… a otras labores mayores”

El 3 de agosto de 1971 murió Jessie Evans Smith, dejando viudo al presidente Joseph Fielding Smith por tercera vez. A consecuencia de ello, el presidente Smith fue a vivir con su hija Amelia McConkie y el esposo de ésta, Bruce. Los demás hijos se turnaban para visitarlo con regularidad y para llevarlo a pasear. Siguió yendo a su oficina todos los días hábiles, y asistía a reuniones y viajaba por asuntos de la Iglesia.

El 30 de junio de 1972, el presidente Smith dejó la oficina del primer piso del Edificio Administrativo de la Iglesia al finalizar el día. En compañía de su secretario, D. Arthur Haycock, fue a la oficina del Historiador de la Iglesia, donde había prestado servicio antes de ser Presidente de la Iglesia. Deseaba saludar a todos los que trabajaban allí; tras estrecharles la mano, fue al sótano del edificio para estrechar la mano de las operadoras de teléfono y de otras personas que trabajaban en ese lugar y para mostrarles su agradecimiento. Fue su último día en la oficina.

El domingo 2 de julio de 1972, tan sólo 17 días antes de su cumpleaños número 96, asistió a la reunión sacramental en su barrio. Luego, esa misma tarde, visitó a su hija mayor, Josephine, en compañía de su hijo Reynolds. Aquella noche, mientras estaba sentado en su sillón predilecto en la casa de los McConkie, falleció pacíficamente. Como dijo después su yerno, el presidente Smith había sido “llamado por el Señor, al que tanto amaba y al que había servido tan bien, a otras labores mayores en Su eterna viña”77.

Cuando supo de la muerte del presidente Smith, el presidente Harold B. Lee, que ahora era el apóstol de mayor antigüedad sobre la tierra, visitó el hogar de la familia McConkie. “Caminó en silencio hasta el sofá, se arrodilló y tomó una de las manos del profeta entre las suyas. Permaneció en esa posición por algún tiempo, sin hablar, en oración o meditación. Luego se levantó para expresar sus condolencias a la familia, su admiración por el padre de ellos y su admonición de que honraran al presidente Smith viviendo dignamente”78.

Los tributos a “un hombre devoto de Dios”

En los servicios fúnebres del presidente Smith, el presidente N. Eldon Tanner se refirió a éste como “un hombre devoto de Dios que ha prestado servicio a Dios y a sus semejantes con gran nobleza, y que ha guiado mediante el ejemplo a su familia y a todos los que ha sido llamado a presidir; alguien de quien en verdad puede decirse que fue un hombre sin engaño y sin orgullo. Nunca se pudo decir de él”, comentó el presidente Tanner, que ‘[amaba] más la gloria de los hombres que la gloria de Dios’ [Juan 12:43]”79.

El presidente Harold B. Lee dijo: “El hermano Tanner y yo nos hemos encariñado con este hombre durante los últimos dos años y medio. No ha sido un amor fingido. Él engendraba amor porque nos amaba, y lo hemos apoyado así como él nos apoyaba y confiaba en nosotros”80.

Un periódico que había criticado al presidente Smith, y que incluso había cuestionado su llamamiento a los Doce más de 60 años antes, ahora publicaba el siguiente tributo: “Joseph Fielding Smith, hombre firme en su devoción a su credo, aunque tierno con respecto a las necesidades esenciales de la gente de todas partes, dio consejo sabio a quienes le rodeaban, atención amorosa a su familia y liderazgo exaltado a sus responsabilidades para con la Iglesia. Se le extrañará, pero se le recordará con especial estima”81.

Quizás el tributo más significativo fue la declaración de un miembro de la familia, Bruce R. McConkie, yerno del presidente Smith, que lo describió como “un hijo de Dios; un apóstol del Señor Jesucristo; un profeta del Altísimo; y por sobre todo, ¡un padre en Israel!”. El élder McConkie profetizó: “Por muchos años venideros, su voz hablará de entre el polvo conforme las generaciones de personas que aún no han nacido aprendan las doctrinas del Evangelio, de lo que él ha escrito”82.

Conforme usted estudie este libro, las enseñanzas del presidente Joseph Fielding Smith contribuirán a cumplir aquella declaración. Su voz le “hablará de entre el polvo” conforme usted “[aprenda] las doctrinas del Evangelio”.

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    Notas

  1.   1.

    Véase Gordon B. Hinckley, “‘Creed a Sus profetas’”, Liahona, julio de 1992, pág. 62.

  2.   2.

    Thomas S. Monson, en “News of the Church”, Ensign, mayo de 1996, pág. 110.

  3.   3.

    Bruce R. McConkie, “Joseph Fielding Smith: Apostle, Prophet, Father in Israel”, Ensign, agosto de 1972, pág. 29.

  4.   4.

    Julina Lambson Smith, en Joseph Fielding Smith, hijo, y John J. Stewart, The Life of Joseph Fielding Smith, 1972, pág. 52.

  5.   5.

    Joseph Fielding Smith, en The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 65.

  6.   6.

    Joseph Fielding Smith, hijo, y John J. Stewart, The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 51.

  7.   7.

    Joseph Fielding Smith, hijo, y John J. Stewart, The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 57.

  8.   8.

    En Conference Report, abril de 1930, pág. 91.

  9.   9.

    Joseph Fielding Smith, hijo, y John J. Stewart, The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 62.

  10.   10.

    Joseph Fielding Smith, hijo, y John J. Stewart, The Life of Joseph Fielding Smith, págs. 71–72.

  11.   11.

    Joseph Fielding Smith, en Conference Report, octubre de 1970, pág. 92.

  12.   12.

    Véase Joseph Fielding Smith, hijo, y John J. Stewart, The Life of Joseph Fielding Smith, págs. 73–74; Francis M. Gibbons, Joseph Fielding Smith: Gospel Scholar, Prophet of God, 1992, págs. 52–53.

  13.   13.

    Joseph Fielding Smith, en The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 75.

  14.   14.

    Joseph Fielding Smith, en The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 79.

  15.   15.

    Véase The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 80.

  16.   16.

    En The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 81.

  17.   17.

    Véase The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 82.

  18.   18.

    Joseph Fielding Smith, hijo, y John J. Stewart, The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 83.

  19.   19.

    Joseph Fielding Smith, en The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 90.

  20.   20.

    Joseph Fielding Smith, en The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 117; véase también la pág. 116.

  21.   21.

    Joseph F. Smith, en The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 116.

  22.   22.

    Lewis Shurtliff, en The Life of Joseph Fielding Smith, págs. 112–113.

  23.   23.

    Joseph Fielding Smith, hijo, y John J. Stewart, The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 113.

  24.   24.

    Joseph Fielding Smith, en The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 96.

  25.   25.

    Louie Smith, en The Life of Joseph Fielding Smith, págs. 113–114.

  26.   26.

    Joseph Fielding Smith, hijo, y John J. Stewart, The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 92.

  27.   27.

    Joseph Fielding Smith, en The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 115.

  28.   28.

    Véase The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 91.

  29.   29.

    En Francis M. Gibbons, Joseph Fielding Smith: Gospel Scholar, Prophet of God, pág. 124.

  30.   30.

    Véase Joseph Fielding Smith, en The Life of Joseph Fielding Smith, págs. 152–153.

  31.   31.

    Véase Joseph Fielding Smith: Gospel Scholar, Prophet of God, pág. 113.

  32.   32.

    Joseph Fielding Smith, en The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 160.

  33.   33.

    Joseph Fielding Smith, en The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 162.

  34.   34.

    Joseph Fielding Smith, en The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 169.

  35.   35.

    Joseph Fielding Smith, hijo, y John J. Stewart, The Life of Joseph Fielding Smith, págs. 174–176.

  36.   36.

    En Conference Report, octubre de 1910, pág. 39.

  37.   37.

    En Conference Report, octubre de 1919, págs. 88–89.

  38.   38.

    Lucile C. Tate, Boyd K. Packer: A Watchman on the Tower, 1995, pág. 176.

  39.   39.

    Joseph Fielding Smith, en Joseph Fielding Smith: Gospel Scholar, Prophet of God, pág. 162.

  40.   40.

    Ethel Smith, en Bryant S. Hinckley, “Joseph Fielding Smith”, Improvement Era, junio de 1932, pág. 459.

  41.   41.

    Véase The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 14.

  42.   42.

    Véase The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 234.

  43.   43.

    Véase The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 15.

  44.   44.

    Véase The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 237.

  45.   45.

    Joseph Fielding Smith, en The Life of Joseph Fielding Smith, págs. 188–189.

  46.   46.

    Hymns, N° 127.

  47.   47.

    Joseph Fielding Smith, hijo, y John J. Stewart, The Life of Joseph Fielding Smith, págs. 242–243.

  48.   48.

    Joseph Fielding Smith, en The Life of Joseph Fielding Smith, pág. 249.

  49.   49.

    Joseph Fielding Smith, en Joseph Fielding Smith: Gospel Scholar, Prophet of God, pág. 275.

  50.   50.

    Véase The Life of Joseph Fielding Smith, págs. 251–258.

  51.   51.

    Francis M. Gibbons, Joseph Fielding Smith: Gospel Scholar, Prophet of God, págs. 278–279.

  52.   52.

    Martha Toronto Anderson, A Cherry Tree Behind the Iron Curtain, 1977, pág. 32.

  53.   53.

    Sheri L. Dew, Ezra Taft Benson: A Biography, 1987, pág. 204

  54.   54.

    Joseph Fielding Smith, en The Life of Joseph Fielding Smith, págs. 282–283.

  55.   55.

    Véase Joseph Fielding Smith: Gospel Scholar, Prophet of God, pág. 315.

  56.   56.

    Joseph Fielding Smith, en Joseph Fielding Smith: Gospel Scholar, Prophet of God, pág. 332.

  57.   57.

    Joseph Fielding Smith, en The Life of Joseph Fielding Smith, págs. 287–288.

  58.   58.

    N. Eldon Tanner, “A Man without Guile”, Ensign, agosto de 1972, pág. 33.

  59.   59.

    Bruce R. McConkie, “Joseph Fielding Smith: Apostle, Prophet, Father in Israel”, Ensign, agosto de 1972, pág. 28.

  60.   60.

    Quórum de los Doce Apóstoles, “President Joseph Fielding Smith”, Improvement Era, julio de 1956, pág. 495.

  61.   61.

    Ezra Taft Benson, en Sheri L. Dew, Ezra Taft Benson, pág. 411.

  62.   62.

    Boyd K. Packer, “‘El Espíritu da testimonio’”, Liahona, enero de 1972, págs. 44–45.

  63.   63.

    Joseph Fielding Smith, en “Message from the First Presidency”, Ensign, enero de 1971, interior de la portada y pág. 1.

  64.   64.

    Joseph Fielding Smith, “Consejo a los santos y al mundo”, Liahona, diciembre de 1972, págs. 8, 9.

  65.   65.

    Joseph Fielding Smith, Sealing Power and Salvation, Brigham Young University Speeches of the Year, 12 de enero de 1971, pág. 2.

  66.   66.

    Joseph Fielding Smith, “The Plan of Salvation”, Ensign, noviembre de 1971, pág. 5.

  67.   67.

    Joseph Fielding Smith, “To Know for Ourselves”, Improvement Era, marzo de 1970, pág. 3.

  68.   68.

    Véase Joseph Fielding Smith, “El primer profeta de la última dispensación”, Liahona, diciembre de 1979, pág. 30.

  69.   69.

    Joseph Fielding Smith, “Nuestras responsabilidades como poseedores del sacerdocio”, Liahona, diciembre de 1971, pág. 2.

  70.   70.

    Joseph Fielding Smith, “My Dear Young Fellow Workers”, New Era, enero de 1971, pág. 4.

  71.   71.

    Joseph Fielding Smith, “Sé que mi Redentor vive”, Liahona, mayo de 1972, pág. 2.

  72.   72.

    Joseph Fielding Smith, “President Joseph Fielding Smith Speaks on the New MIA Theme”, New Era, septiembre de 1971, pág. 40.

  73.   73.

    Joseph Fielding Smith, en Conference Report, octubre de 1970, pág. 92.

  74.   74.

    Joseph Fielding Smith, en “Ogden Temple Dedicatory Prayer”, Ensign, marzo de 1972, pág. 6; véase también Manual de seminario del Antiguo Testamento, Guía de estudio para el alumno, 2003, pág. 110.

  75.   75.

    Véase Joseph Fielding Smith, “Consejo a los santos y al mundo”, pág. 8.

  76.   76.

    Harold B. Lee, “The President—Prophet, Seer, and Revelator”, Ensign, agosto de 1972, pág. 35.

  77.   77.

    Bruce R. McConkie, “Joseph Fielding Smith: Apostle, Prophet, Father in Israel”, pág. 24.

  78.   78.

    Francis M. Gibbons, Joseph Fielding Smith: Gospel Scholar, Prophet of God, pág. 495.

  79.   79.

    N. Eldon Tanner, “A Man without Guile”, Ensign, agosto de 1972, pág. 32.

  80.   80.

    Harold B. Lee, “The President—Prophet, Seer, and Revelator”, pág. 39.

  81.   81.

    Salt Lake Tribune, 4 de julio de 1972, pág. 12.

  82.   82.

    Bruce R. McConkie, “Joseph Fielding Smith: Apostle, Prophet, Father in Israel”, págs. 24, 27.