Capítulo 38: La Carta a Wentworth

"Capítulo 38: La Carta a Wentworth," Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: José Smith, (2007)


De la vida de José Smith

Además de ser Presidente de la Iglesia, José Smith tenía muchas otras responsabilidades en Nauvoo. En mayo de 1842 pasó a ser alcalde de la ciudad, por lo que también era el juez principal del Tribunal Municipal de Nauvoo; por otra parte, era teniente general y comandante de la Legión de Nauvoo; y en febrero de 1842, asumió la función de editor del Times and Seasons, periódico de la Iglesia que se publicaba dos veces por mes, y que proporcionaba una forma de comunicación de los líderes de la Iglesia con los santos, de publicar revelaciones y discursos importantes, además de difundir las noticias de la Iglesia. John Taylor, que era integrante del Quórum de los Doce Apóstoles, fue nombrado para atender muchos de los aspectos de su publicación bajo la dirección del Profeta.

En la primera edición que salió mientras el Profeta era el editor, éste escribió que el periódico iba a contener artículos sobre “los sucesos importantes que ocurran diariamente a nuestro alrededor; el rápido avance de la verdad; las muchas comunicaciones que recibimos todos los días de los élderes que están lejos, tanto en este país, como en Inglaterra, en el resto del continente europeo y en otras partes del mundo; el estado conflictivo de las naciones; las epístolas y las enseñanzas de los Doce; y las revelaciones que recibimos del Altísimo” 1 .

En el tiempo en que el Profeta fue el editor, el Times and Seasons publicó documentos de gran importancia. En marzo de 1842 se publicaron el texto del libro de Abraham y dos de los facsímiles; el tercero de éstos se publicó en mayo. También en marzo el Profeta comenzó a publicar la “Historia de José Smith”, relato que más adelante pasó a titularse History of the Church [Historia de la Iglesia].

En el número del periódico que apareció el 1º de marzo de 1842, el Profeta publicó lo que llegó a conocerse después como “la Carta a Wentworth”. Al describir las razones por las que había escrito ese documento, explicó: “A pedido del señor John Wentworth, editor y propietario del [periódico] Chicago Democrat, he escrito la siguiente reseña de los comienzos, el progreso, la persecución y la fe de los Santos de los Últimos Días, de los cuales tengo el honor, sujeto a Dios, de ser el fundador. El señor Wentworth dice que desea entregar este documento al señor [George] Barstow, amigo suyo, que está escribiendo una historia de New Hampshire. Puesto que el señor Barstow ha dado los debidos pasos para obtener la información correcta, todo lo que le pido es que publique el documento completo, sin agregados ni tergiversación” 2 .

A fin de cuentas, George Barstow no incluyó el relato del Profeta en su historia por haber decidido limitar su libro a los acontecimientos ocurridos sólo hasta el año 1819 3 . Pero la Carta a Wentworth tiene inmenso valor para los Santos de los Últimos Días; es un documento original de José Smith en el que testifica del llamamiento sagrado que había recibido de Dios, de sus visiones, su ministerio y sus enseñanzas; relata los comienzos y el progreso de la Iglesia, así como las persecuciones sufridas por los santos; contiene una declaración profética del éxito futuro de la Iglesia en la tierra bajo la mano protectora del Gran Jehová. Además, contiene varios datos importantes que no se encuentran en ninguna de las otras enseñanzas del Profeta, incluso una descripción de las planchas de oro y un bosquejo del contenido del Libro de Mormón. Un detalle significativo es que fue la primera vez que José Smith mismo publicó un relato de su Primera Visión.

Concluye con las trece declaraciones de doctrina de la Iglesia que se conocen ahora como los Artículos de Fe, y es un potente testigo del llamamiento divino del profeta José Smith.

Las enseñanzas de José Smith

Dios el Padre y Jesucristo aparecieron ante José Smith en respuesta a la oración de éste.

“Nací en el pueblo de Sharon, Condado de Windsor, Vermont, el 23 de diciembre del año del Señor 1805. Cuando [tenía] diez años, mis padres se mudaron a Palmyra, Nueva York, donde residimos durante unos cuatro años; de allí nos mudamos al pueblo de Manchester. Mi padre era granjero y me enseñó el arte de la agricultura y la cría de animales. Cuando tenía unos catorce años, comencé a reflexionar sobre la importancia de prepararme para un estado futuro, y al averiguar [sobre] el plan de salvación, me encontré con que había gran conflicto en las ideas religiosas; si iba a una organización, me hablaban de un plan, y si iba a otra, de otro, cada uno proclamando que su credo particular era el summum bonum [el máximo] de la perfección. Al considerar que todos no podían estar en lo cierto y que Dios no podía ser el autor de tanta confusión, decidí investigar el tema más a fondo, pensando que si Dios tenía una Iglesia, ésta no podía estar dividida en diferentes facciones, y que si Él enseñaba a una organización que adorara de cierta manera y administrara un tipo de ordenanzas, no enseñaría a otra principios que fueran diametralmente opuestos.

“Como creía en la palabra de Dios, tuve confianza en la declaración de Santiago: ‘Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada’ [Santiago 1:5]. Me retiré a un lugar aislado en el bosque y comencé a invocar al Señor; mientras me encontraba concentrado en ferviente súplica, mi mente fue apartada de todo lo que me rodeaba y me envolvió una visión celestial, y vi a dos gloriosos Personajes, que se asemejaban exactamente el uno al otro en rasgos y apariencia, rodeados de una luz brillante que eclipsó la del sol a mediodía. Me dijeron que todas las denominaciones religiosas creían doctrinas incorrectas y que ninguna era reconocida por Dios como Su Iglesia y reino; y se me mandó expresamente ‘no seguirlas’, al mismo tiempo que recibí la promesa de que la plenitud del Evangelio se me daría a conocer en un tiempo futuro.

El Libro de Mormón se escribió en la antigüedad sobre planchas de oro que un mensajero divino entregó a José Smith.

“La noche del 21 de septiembre del año del Señor 1823, mientras me hallaba orando a Dios y esforzándome por ejercer la fe en las promesas preciosas de las Escrituras, de pronto surgió en el cuarto una luz como la del día, sólo que mucho más pura y gloriosa en aspecto y fulgor; en verdad, a primera vista era como si la casa estuviera llena de un fuego consumidor; su aparición me produjo tal conmoción que afectó todo mi cuerpo; al momento, un personaje se puso de pie delante de mí, rodeado de una gloria que era aún mayor que la que me rodeaba. Ese mensajero me declaró que era un ángel de Dios, enviado para traer las alegres nuevas de que el convenio que Él había hecho con el antiguo Israel estaba por cumplirse, que la obra preparatoria para la segunda venida del Mesías iba a comenzar muy pronto, y que había llegado el tiempo en que el Evangelio sería predicado con potestad en toda su plenitud a todas las naciones, a fin de que se preparara un pueblo para el reinado milenario. Se me dijo que yo había sido escogido para ser un instrumento en las manos de Dios, a fin de que se cumplieran algunos de Sus propósitos en esta gloriosa dispensación.

“Se me informó también sobre los habitantes nativos de esta tierra y se me mostró quiénes eran y de dónde venían; se me dio a conocer un bosquejo de su origen, su progreso, su civilización, sus leyes y gobiernos, su rectitud y su iniquidad, y de las bendiciones que Dios finalmente quitó al pueblo; también se me dijo dónde había depositadas unas planchas sobre las cuales estaba grabado un compendio de los registros de los antiguos profetas que habían vivido en este continente. El ángel apareció ante mí tres veces en la misma noche, y me reveló las mismas cosas. Después de haber recibido muchas visitas de los ángeles de Dios revelándome la majestad y la gloria de los acontecimientos que ocurrirían en los últimos días, en la mañana del 22 de septiembre del año del Señor 1827, el ángel del Señor entregó los registros en mis manos.

“Los registros estaban grabados en planchas que parecían de oro; cada plancha medía [aproximadamente] 15 cm. de ancho por 20 cm. de largo, y eran más delgadas que una hoja de lata. Estaban llenas de grabados, en caracteres egipcios, y unidas en un tomo como las hojas de un libro, con tres aros que atravesaban todo el volumen; éste tenía unos quince centímetros de espesor, y una parte estaba sellada. Los caracteres de la parte que no estaba sellada eran pequeños y hermosamente grabados. Todo el libro mostraba muchas señales de antigüedad en su elaboración, y mucha habilidad en el arte del grabado. Junto con los registros había un instrumento extraño, que los antiguos llamaban ‘Urim y Tumim’, y que consistía en dos piedras transparentes colocadas en el borde de aros y aseguradas a un pectoral. Por medio del Urim y Tumim, traduje el registro por el don y el poder de Dios.

“…Este libro… nos dice que nuestro Salvador apareció en este continente después de Su resurrección; que estableció aquí el Evangelio en toda su plenitud, magnificencia, poder y bendición; que tuvieron apóstoles, profetas, pastores, maestros y evangelistas, con el mismo orden, el mismo sacerdocio, las mismas ordenanzas, dones, poderes y bendiciones que se disfrutaron en el continente oriental; que el pueblo fue aniquilado por causa de sus transgresiones; que al último de los profetas que existió entre ellos se le mandó escribir un compendio de sus profecías, su historia, etc., y esconderlo en la tierra, y que éste saldría a luz y se uniría con la Biblia para el cumplimiento de los propósitos de Dios en los últimos días. Al que desee un relato más detallado lo remito al Libro de Mormón, que se puede comprar en Nauvoo o a cualquiera de nuestros élderes viajantes.

“Tan pronto como se dio a conocer la noticia de ese descubrimiento, de todas direcciones surgieron informes falsos, tergiversaciones y calumnias, que corrieron como en alas del viento; la casa [nuestra] fue con frecuencia atacada por populachos y personas con designios malvados. Varias veces dispararon contra mí, y apenas escapé, y se ha empleado toda artimaña para quitarme las planchas; pero el poder y la bendición de Dios me han acompañado, y varios comenzaron a creer en mi testimonio.

Aunque la persecución se encarnice contra la Iglesia, nada puede detener el progreso de la verdad.

“El 6 de abril de 1830, en el pueblo de Fayette, Condado de Seneca, estado de Nueva York, se organizó por primera vez la ‘Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días’. Unos pocos fueron llamados y ordenados por el Espíritu de revelación y profecía, y comenzaron a predicar, según el Espíritu se lo inspiraba; y aunque débiles, fueron fortalecidos por el poder de Dios, y muchas personas llegaron a arrepentirse, a sumergirse en el agua y fueron llenas del Espíritu Santo por la imposición de manos. Vieron visiones y profetizaron, echaron fuera demonios y sanaron enfermos por la imposición de manos. Desde aquel momento la obra avanzó con asombrosa rapidez, y pronto se organizaron iglesias en los estados de Nueva York, Pensilvania, Ohio, Indiana, Illinois y Misuri; en este último se formó una colonia considerable en el Condado de Jackson; muchos se unieron a la Iglesia y empezamos a aumentar rápidamente; hicimos grandes compras de tierra, nuestras granjas rebosaban de abundancia y se gozaba de paz y felicidad en nuestros círculos hogareños y por toda la vecindad; pero como no podíamos relacionarnos con nuestros vecinos (muchos de los cuales eran de la más baja calaña y habían huido de la sociedad civilizada para refugiarse en las colonias a fin de escapar a la justicia) en sus bulliciosas diversiones de medianoche, en su profanación del día de reposo ni en sus carreras de caballos y apuestas, al principio comenzaron a ridiculizarnos, y después a perseguirnos, y por fin se juntó un populacho organizado y quemó nuestras casas, cubrió de brea y plumas y azotó a muchos de nuestros hermanos; y finalmente, contra la ley, la justicia y la humanidad, los expulsó de sus viviendas, dejándolos sin hogar, a la deriva en las desoladas praderas, hasta que los niños marcaron el suelo con huellas de su sangre. Esto tuvo lugar en el mes de noviembre, y no tenían otra cubierta que la del cielo en esta estación inclemente del año; ese proceder fue tolerado por la indiferencia del gobierno, y, aunque teníamos títulos de garantía para nuestra tierra y no habíamos violado ninguna ley, no pudimos obtener nada de compensación.

“Muchos estaban enfermos y aun así fueron expulsados de sus casas en forma inhumana, teniendo que soportar todo ese abuso y buscar refugio donde pudieran encontrarlo. Como resultado, muchos murieron por quedar privados de las comodidades de la vida y de los cuidados necesarios; muchos niños quedaron huérfanos, hubo mujeres que enviudaron y hombres que quedaron viudos; el populacho nos arrebató nuestras granjas, se llevó miles de cabezas de ganado, ovejas, caballos y cerdos, y rompió, robó o de otro modo destruyó nuestros artículos del hogar, los bienes de las tiendas y la imprenta y los tipos para impresión.

“Muchos de nuestros hermanos se mudaron al Condado de Clay, donde continuaron viviendo tres años, hasta 1836; en ese tiempo no hubo actos violentos, aunque sí amenazas de violencia. Pero en el verano de 1836 esas intimidaciones comenzaron a tomar una forma más seria, se convocó a reuniones públicas, se aprobaron resoluciones, se nos amenazó con venganza y destrucción y los asuntos empezaron otra vez a tomar un aspecto atemorizante; el Condado de Jackson era ya sobrado antecedente y como las autoridades de aquel condado no habían intervenido, éstas [las del Condado de Clay] alardearon que tampoco lo iban a hacer; al apelar a las autoridades, nos dimos cuenta de que así era, y después de muchas privaciones y pérdida de propiedades, otra vez fuimos expulsados de nuestros hogares.

“A continuación, nos establecimos en los condados de Caldwell y Daviess, en los cuales formamos colonias grandes y extensas pensando que nos libraríamos del poder opresivo estableciéndonos en condados nuevos, donde hubiera pocos habitantes; pero allí tampoco se nos permitió vivir en paz, sino que en 1838 los populachos volvieron a atacarnos, el gobernador Boggs emitió una orden de exterminación y, con aprobación de la ley, una banda de asaltantes organizados recorrió el condado, nos robó el ganado, las ovejas, los cerdos, etc., asesinó a sangre fría a mucha de nuestra gente, violó la castidad de nuestras mujeres, y a punta de espada nos forzó a firmar los títulos de nuestras propiedades renunciando a ellas; y después de soportar toda indignidad que pudo imponernos la banda de depravados inhumanos e impíos, de doce a quince mil almas, hombres, mujeres y niños, fueron expulsados de sus propios hogares y de tierras de las cuales poseían títulos de garantía, quedando sin hogar, sin amigos y desamparados (en medio de un invierno cruel) para andar a la deriva como exiliados en la tierra o para buscar asilo en un clima más benéfico y entre gente menos barbárica. Muchos enfermaron y murieron a consecuencia del frío y las privaciones que tuvieron que soportar; muchas mujeres quedaron viudas y muchos niños huérfanos e indigentes. Llevaría más tiempo del que tengo aquí para describir la injusticia, los abusos, los asesinatos, el derramamiento de sangre, el robo, la miseria y la angustia que [nos] causaron los procedimientos bárbaros, inhumanos e ilegales del estado de Misuri.

“En la situación a la que me he referido, llegamos en 1839 al estado de Illinois, donde hallamos gente hospitalaria y una tierra acogedora, una gente dispuesta a dejarse gobernar por los principios de la ley y la humanidad. Hemos comenzado a edificar en el Condado de Hancock una ciudad a la que llamamos ‘Nauvoo’. Somos unas seis u ocho mil personas aquí, aparte de los numerosos habitantes de los alrededores del condado y de casi todos los condados del estado. Se nos ha concedido una carta constitucional para la ciudad, así como para una Legión, cuyas tropas tienen actualmente mil quinientos miembros. También poseemos un estatuto para una universidad, para una Sociedad de Agricultura y Manufactura, tenemos nuestras propias leyes y administradores y gozamos de todos los privilegios que tienen otros ciudadanos libres y progresistas.

“La persecución no ha detenido el progreso de la verdad, sino que sólo ha agregado leña al fuego de ésta, que se ha extendido con una rapidez que va en aumento. Orgullosos de la causa que han abrazado y conscientes de nuestra inocencia y de la verdad de su religión, entre la calumnia y la censura, los élderes de esta Iglesia han salido y han establecido el Evangelio en casi todos los estados de la Unión; ha penetrado en nuestras ciudades, se ha esparcido por nuestras villas y ha hecho que miles de nuestros ciudadanos inteligentes, nobles y patriotas obedezcan sus mandatos divinos y se dejen gobernar por sus verdades sagradas. También se ha extendido a Inglaterra, Irlanda, Escocia y Gales, a donde fueron enviados algunos de nuestros misioneros en el año 1840 y donde más de cinco mil almas se unieron al estandarte de la verdad; ahora son numerosas las personas que se nos unen en todo lugar.

“Nuestros misioneros están partiendo para diversas naciones, y se ha erigido el estandarte de la verdad en Alemania, Palestina, Nueva Holanda [Australia], las Indias Orientales y otros lugares. Ninguna mano impía puede detener el progreso de la obra: las persecuciones se encarnizarán, el populacho podrá conspirar, los ejércitos podrán juntarse y la calumnia podrá difamar; mas la verdad de Dios seguirá adelante valerosa, noble e independientemente, hasta que haya penetrado en todo continente, visitado toda región, abarcado todo país y resonado en todo oído, hasta que se cumplan los propósitos de Dios y el gran Jehová diga que la obra está concluida.

Los Artículos de Fe describen doctrinas y principios fundamentales de nuestra religión.

“Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo.

“Creemos que los hombres serán castigados por sus propios pecados, y no por la transgresión de Adán.

“Creemos que por medio de la Expiación de Cristo todo el género humano puede salvarse por la obediencia a las leyes y ordenanzas del Evangelio.

“Creemos que los primeros principios y ordenanzas del Evangelio son: (1) Fe en el Señor Jesucristo; (2) arrepentimiento; (3) bautismo por inmersión para la remisión de pecados; (4) imposición de manos para el don del Espíritu Santo.

“Creemos que un hombre debe ser llamado por Dios por profecía y por la imposición de manos, por aquellos que tienen la autoridad, para predicar el Evangelio y administrar sus ordenanzas.

“Creemos en la misma organización que existió en la Iglesia Primitiva, esto es, apóstoles, profetas, pastores, maestros, evangelistas, etc.

“Creemos en el don de lenguas, profecía, revelación, visiones, sanidades, interpretación de lenguas, etc.

“Creemos que la Biblia es la palabra de Dios, hasta donde esté traducida correctamente; también creemos que el Libro de Mormón es la palabra de Dios.

“Creemos todo lo que Dios ha revelado, todo lo que actualmente revela, y creemos que aún revelará muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios.

“Creemos en la congregación literal de Israel y en la restauración de las Diez Tribus; que Sión será edificada sobre este continente [Americano]; que Cristo reinará personalmente sobre la tierra; y que la tierra será renovada y recibirá su gloria paradisíaca.

“Reclamamos el derecho de adorar a Dios Todopoderoso conforme a los dictados de nuestra propia conciencia, y concedemos a todos los hombres el mismo privilegio, que adoren cómo, dónde o lo que deseen.

“Creemos en estar sujetos a reyes, presidentes, gobernantes y magistrados, en obedecer, honrar y sostener la ley.

“Creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y en hacer el bien a todos los hombres; en verdad, podemos decir que seguimos la admonición de Pablo, Todo lo creemos, todo lo esperamos, hemos sufrido muchas cosas, y esperamos poder sufrir todas las cosas. Si hay algo virtuoso, o bello, o de buena reputación, o digno de alabanza, a esto aspiramos. [Véase los Artículos de Fe 1:1–13.]

“Respetuosamente, etc.,

“JOSé SMITH” 4 .

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Considere estas ideas al estudiar el capítulo o al prepararse para enseñarlo. Si necesita más ayuda, consulte las páginas VII–XIII.

  • José Smith escribió la Carta a Wentworth en respuesta a una solicitud de John Wentworth y George Barstow (págs. 465–466). ¿Le han preguntado a usted otras personas sobre la historia o las creencias de la Iglesia? Al estudiar o analizar este capítulo, piense en la forma en que respondería a esas preguntas en el futuro. Por lo que dice José Smith en esta carta, ¿qué aprendemos sobre la forma de responder a esas preguntas?

  • Lea lo que dijo el Profeta sobre su Primera Visión (págs. 466–467). La próxima vez que explique a alguien la Primera Visión, ¿cómo puede ayudar a esa persona a comprenderla y a entender la importancia que tiene para usted?

  • Lea la descripción del Profeta sobre la aparición del Libro de Mormón (págs. 467–469). ¿Qué impacto ha tenido en su vida el Libro de Mormón? ¿Cómo podemos compartir nuestro testimonio de ese libro?

  • En las páginas 469–473 aparece una breve historia que relató José Smith de los comienzos de la Iglesia, seguida de su testimonio sobre el destino de ésta. ¿Qué siente al estudiar el primer párrafo de la página 473? ¿Por qué no puede la persecución detener el progreso de la Iglesia? ¿Qué ejemplos hay de personas que han progresado a pesar de la oposición? (Considere ejemplos de las Escrituras, de la historia de la Iglesia y de su propia experiencia.)

  • Repase los Artículos de Fe (págs. 473–474). ¿En qué forma le han ayudado a usted? En su opinión, ¿por qué pedimos a los niños de la Primaria que los memoricen? Considere el organizarse un horario para estudiarlos y memorizarlos.

Pasajes de las Escrituras relacionados con el tema: José Smith—Historia 1:1–75

Mostrar las referencias

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    1. “To Subscribers”, editorial publicado en Times and Seasons, 15 de febrero de 1842, pág. 696; uso actualizado de mayúsculas; José Smith era el editor del periódico.

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    2.  History of the Church, 4:535–536; tomado de una carta de José Smith a solicitud de John Wentworth y George Barstow, Nauvoo, Illinois, publicada en Times and Seasons, 1º de marzo de 1842, pág. 706. En ambas publicaciones, el apellido del señor Barstow aparece incorrectamente como “Bastow”.

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    3. A pesar de que aparentemente ni John Wentworth ni George Barstow publicaron nunca la carta, el mismo relato con agregados y revisiones fue publicado a nivel nacional en 1844 por I. Daniel Rupp en “Latter Day Saints”, He Pasa Ekklesia [Toda la Iglesia]: An Original History of the Religious Denominations at Present Existing in the United States, págs. 404–410.

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    4.  History of the Church, 4:536–541; la palabra “sobre”, en el primer párrafo de la página 466, y las del tercer párrafo de la página 474, que están entre corchetes, se hallan así en el original; ortografía y puntuación actualizados; tomado de una carta de José Smith a solicitud de John Wentworth y George Barstow, Nauvoo, Illinois, publicada en Times and Seasons, 1º de marzo de 1842, págs. 706–710. En varias oportunidades el Profeta escribió o dictó un relato detallado de la Primera Visión; el que aparece en la Carta a Wentworth es uno de ellos. El relato oficial para las Escrituras se encuentra en la Perla de Gran Precio, José Smith—Historia. Se hicieron también pequeños cambios en los Artículos de Fe, al prepararlos para su publicación en la edición de 1981 de la Perla de Gran Precio; por lo tanto, hay pequeñas diferencias entre la versión actual de los Artículos de Fe y la que se publica en este capítulo.