Capítulo 44: La restauración de todas las cosas: La dispensación del cumplimiento de los tiempos

"Capítulo 44: La restauración de todas las cosas: La dispensación del cumplimiento de los tiempos," Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: José Smith, (2007)


De la vida de José Smith

El profeta José Smith amaba el Templo de Nauvoo y anhelaba verlo terminado. Martha Coray, que residía en esa ciudad, estaba presente durante un discurso del Profeta, cuando él extendió el brazo en dirección al templo y dijo, con tono melancólico: “Si fuera… la voluntad de Dios que yo pudiera vivir hasta ver el templo completo y terminado desde el cimiento hasta la piedra de coronación, diré, ‘Señor, con esto basta. Permite a Tu siervo, Señor, partir en paz’ ” 1 .

George Q. Cannon, que después fue consejero de la Primera Presidencia, comentó lo siguiente: “Antes de su muerte, el profeta José expresó mucha ansiedad por ver el templo [de Nauvoo] terminado, como saben muy bien casi todos ustedes que han estado en la Iglesia desde aquellos días. ‘Apuren la obra, hermanos’, solía decir; ‘terminemos el templo; el Señor tiene en reserva una gran investidura para ustedes, y estoy ansioso de que los hermanos tengan sus investiduras y reciban la plenitud del sacerdocio’. Continuamente exhortaba a los santos a avanzar, predicándoles la importancia de terminar el edificio a fin de que pudieran administrarse allí las ordenanzas de vida y salvación a todo el pueblo, pero especialmente a los quórumes del santo sacerdocio. ‘Entonces’, decía, ‘el reino quedará establecido y no me importa lo que sea de mí’ ” 2 .

Los planos del Templo de Nauvoo eran para un edificio de mayores proporciones y más hermoso que el de Kirtland. Situado en la cima de una colina sobre el río Misisipí, una vez terminado iba a ser uno de los edificios más espléndidos de Illinois. Estaba hecho de piedra caliza que habían obtenido en canteras cercanas a la ciudad, y de madera que habían llevado flotando por el río desde los pinares de Wisconsin. Cuando lo terminaron, medía 39 metros de largo, casi 27 de ancho, y tenía una altura de más de 50 metros hasta la punta de la aguja; el exterior estaba adornado de piedras representando la luna, el sol y las estrellas, meticulosamente talladas, mientras que la luz del sol iluminaba el interior penetrando a través de muchas ventanas.

José Smith no vivió hasta ver el Templo de Nauvoo terminado, pero después de su muerte miles de santos recibieron en él las ordenanzas sagradas bajo la dirección de Brigham Young. Después que los santos se vieron forzados a abandonar Nauvoo, su hermoso templo fue destruido; en 1848 el interior se quemó durante un incendio, y en 1850 un tornado derribó algunas paredes dejando las otras tan débiles que hubo que demolerlas. Unos ciento cincuenta años más tarde se comenzó la construcción de un nuevo Templo de Nauvoo en el mismo sitio en que se levantaba el original. El templo reconstruido fue dedicado el 27 de junio de 2002, uno de más de cien que había entonces por todo el mundo; cada uno de ellos es un símbolo de que se ha restaurado en esta última dispensación la plenitud de las bendiciones de Dios a Sus hijos, vivos y muertos.

El profeta José Smith fue llamado por Dios para restaurar a la tierra esas grandes bendiciones y estar a la cabeza de la dispensación del cumplimiento de los tiempos. Durante el ministerio del Profeta se restauraron todas las cosas que eran necesarias para establecer el cimiento de la mayor dispensación de todos los tiempos. Se restauró el sacerdocio, con sus llaves esenciales; se tradujo el Libro de Mormón; se organizó la Iglesia; y se revelaron doctrinas, ordenanzas y convenios, incluso los de la investidura y del sellamiento del matrimonio. El Señor declaró que había entregado a José Smith “las llaves de mi reino y una dispensación del evangelio para los últimos tiempos; y para el cumplimiento de los tiempos, en la cual juntaré en una todas las cosas, tanto las que están en el cielo, como las que están en la tierra” (D. y C. 27:13).

Las enseñanzas de José Smith

En esta última dispensación, se han restaurado toda la autoridad, las ordenanzas y el conocimiento de dispensaciones anteriores.

“Concuerda con el orden de lo celestial el hecho de que Dios siempre envíe una dispensación al mundo cuando los hombres han apostatado de la verdad y han perdido el sacerdocio” 3 .

El 6 de septiembre de 1842, el profeta José Smith escribió a los santos lo siguiente, que después quedó registrado en Doctrina y Convenios 128:18: “Al iniciarse la dispensación del cumplimiento de los tiempos, dispensación que ya está comenzando, es menester que una unión entera, completa y perfecta, así como un encadenamiento de dispensaciones, llaves, poderes y glorias se realicen y sean revelados desde los días de Adán hasta el tiempo presente. Y no sólo esto, sino que las cosas que jamás se han revelado desde la fundación del mundo, antes fueron escondidas de los sabios y entendidos, serán reveladas a los niños pequeños y a los de pecho en ésta, la dispensación del cumplimiento de los tiempos” 4 .

“Ciertamente, éste es un día que será mucho tiempo recordado por los santos de los postreros días, un día en el cual el Dios del cielo ha comenzado a restaurar el orden antiguo de Su reino a Sus siervos y a Su pueblo, un día en el que todas las cosas se combinan para llevar a cabo el cumplimiento de la plenitud del Evangelio, una plenitud de la dispensación de dispensaciones, sí, del cumplimiento de los tiempos; un día en el que Dios ha empezado a manifestar y a establecer en orden, en Su Iglesia, las cosas que han sido, y las cosas que los antiguos profetas y hombres sabios quisieron ver pero murieron sin contemplarlas; un día en que comienza a manifestarse lo que ha estado escondido desde antes de la fundación del mundo y que Jehová ha prometido que haría conocer a Sus siervos en Su debido tiempo, a fin de preparar la tierra para el retorno de Su gloria, sí, una gloria celestial y un reino de sacerdotes y reyes de Dios y el Cordero, para siempre, en el monte de Sión” 5 .

“La dispensación del cumplimiento de los tiempos sacará a luz lo que se ha revelado en todas las dispensaciones anteriores; también otras cosas que nunca jamás se han revelado. Él enviará a Elías el Profeta, etc., y restaurará todas las cosas en Cristo” 6 .

“ ‘Dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra’ [Efesios 1:9–10].

“Lo que se había propuesto en Sí mismo, en la escena final de la última dispensación, es que todas las cosas que pertenecen a esta dispensación sean conducidas precisamente de acuerdo con las dispensaciones anteriores.

“Y además, Dios propuso en Sí mismo que no hubiese una plenitud eterna sino hasta que se cumplieran todas las dispensaciones, y fueran reunidas en una; y que todas las cosas que habían de ser reunidas en una, en dichas dispensaciones, para la misma plenitud y gloria eterna, cualesquiera que fueren, lo fuesen en Cristo Jesús…

“…Todas las ordenanzas y los deberes que jamás haya requerido el sacerdocio, bajo la dirección y los mandamientos del Todopoderoso, en cualquiera de las dispensaciones, se hallarán en la última dispensación; por consiguiente, todo lo que haya existido bajo la autoridad del sacerdocio en cualquier época anterior se tendrá de nuevo, con lo que se efectuará la restauración de la que han hablado todos los santos profetas” 7 .

José Smith posee las llaves de la dispensación del cumplimiento de los tiempos.

“Bajo el poder sellador del Sacerdocio de Melquisedec, poseo las llaves del último reino, en el cual está la dispensación de la plenitud de todas las cosas, de la que han hablado todos los santos profetas desde los principios del mundo” 8 .

“Todo hombre que recibe el llamamiento de ejercer su ministerio a favor de los habitantes del mundo fue ordenado precisamente para ese propósito en el gran concilio celestial, antes que este mundo fuese. Supongo que me fue conferido este oficio en aquel gran concilio. Ese es el testimonio que deseo de que soy el siervo de Dios, y que este pueblo es Su pueblo. Los antiguos profetas declararon que en los últimos días el Dios del cielo levantaría un reino que jamás sería destruido ni dejado a otro pueblo…

“Considero que soy uno de los instrumentos en el establecimiento del reino de Daniel, mediante la palabra del Señor, y es mi intención establecer un fundamento que revolucionará al mundo entero” 9 .

“Tengo todo el plan del reino ante mí, y no hay ninguna otra persona que lo tenga” 10 .

En 1832, Lucy Mack Smith estaba presente cuando José Smith predicó en Kirtland, Ohio. Ella relató las siguientes palabras del Profeta: “Yo mismo poseo las llaves de esta última dispensación, y las poseeré para siempre en el tiempo y en la eternidad. Por lo tanto, tranquilícese tu corazón, porque todo está bien” 11 .

Esta dispensación final es tan extremadamente importante que exige la dedicación completa y abnegada de los santos.

En septiembre de 1840, José Smith y sus consejeros de la Primera Presidencia emitieron la siguiente declaración a los miembros de la Iglesia: “La obra del Señor en estos últimos días es de enorme magnitud y está casi más allá de la comprensión de los seres mortales. Sus glorias son indescriptibles y su grandiosidad insuperable. Es el tema que ha alentado el pecho de los profetas y de los hombres justos desde la creación del mundo y a través de todas las generaciones subsecuentes hasta el tiempo presente; y es ciertamente la dispensación del cumplimiento de los tiempos, cuando todas las cosas que son en Cristo Jesús, ya sea en el cielo o en la tierra, serán reunidas en Él, y cuando todas las cosas serán restauradas, tal como lo han hablado todos los santos profetas desde el principio del mundo; porque en ella tendrá lugar el cumplimiento glorioso de las promesas hechas a los padres, mientras que las manifestaciones del poder del Altísimo serán grandiosas, gloriosas y sublimes…

“…Nos sentimos dispuestos a seguir adelante y unir nuestras energías para la edificación del reino y el establecimiento del sacerdocio en su plenitud y gloria. La obra que se tiene que llevar a cabo en los últimos días es de enorme importancia, y exigirá que se ponga en acción la energía, la habilidad, el talento y la capacidad de los santos a fin de poder avanzar con esa gloria y majestad que describió el profeta [véase Daniel 2:34–35, 44–45]; y en consecuencia, se requerirá la concentración de los santos para realizar obras de tal magnitud y grandiosidad.

“La obra del recogimiento de que se habla en las Escrituras será necesaria para que se manifiesten las glorias de la última dispensación…

“Queridos hermanos, por el deseo que tenemos de llevar a efecto los propósitos de Dios, a cuya obra hemos sido llamados, y de trabajar con Él en esta última dispensación, sentimos la necesidad de tener la enérgica cooperación de los santos de toda esta tierra y de las islas del mar. Será necesario que los santos escuchen el consejo y dediquen su atención a la Iglesia, al establecimiento del reino; que dejen de lado todo principio egoísta, todo lo que sea bajo y servil, y avancen en la causa de la verdad; y que ayuden en todo lo que les sea posible a los que han recibido el modelo y el plan…

“Aquí, entonces, amados hermanos, tenemos una obra en la que debemos embarcarnos y que es digna de arcángeles, una obra que dejará en la sombra todo lo que se ha logrado hasta ahora; una obra que los reyes, profetas y hombres justos de otras épocas han buscado, esperado y anhelado fervientemente ver, pero han muerto sin contemplarla; y bueno será para aquellos que lleven a efecto las grandiosas obras de Jehová” 12 .

“El establecimiento de Sión es una causa que ha interesado al pueblo de Dios en todas las épocas; es un tema que los profetas, reyes y sacerdotes han tratado con gozo particular. Han mirado adelante, con gloriosa expectación, hacia el día en que ahora vivimos; e inspirados por celestiales y gozosas esperanzas, han cantado, escrito y profetizado acerca de nuestros días; pero murieron sin verlos. Nosotros somos el pueblo favorecido que Dios ha elegido para llevar a cabo la gloria de los últimos días; a nosotros nos es permitido verla, participar en ella y ayudar a extender esta gloria de los últimos días, ‘la dispensación del cumplimiento de los tiempos’, en la cual Dios reunirá en una todas las cosas, ‘así las que están en los cielos, como las que están en la tierra’ [véase Efesios 1:10]; cuando los santos de Dios serán recogidos de toda nación, y tribu, y lengua, y pueblo; cuando los judíos serán congregados en uno, y además se reunirá a los inicuos para ser destruidos, como lo anunciaron los profetas. El Espíritu de Dios también morará con Su pueblo y se apartará del resto de las naciones, y todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra, serán reunidas en una, sí, en Cristo.

“El sacerdocio celestial se unirá con el terrenal para realizar estos grandes propósitos; y mientras nosotros nos hallamos unidos en esta causa común de extender el reino de Dios, los portadores del sacerdocio celestial no son espectadores ociosos, el Espíritu de Dios descenderá de lo alto y morará entre nosotros. Las bendiciones del Altísimo descansarán sobre nuestros tabernáculos, y nuestro nombre pasará a las generaciones futuras; nuestros hijos se levantarán y nos llamarán bienaventurados, y generaciones aún por nacer contemplarán con peculiar deleite las escenas que hemos vivido, las privaciones que hemos sobrellevado, el celo incansable que hemos manifestado, las casi insuperables dificultades que hemos vencido para poner los cimientos de una obra que dio origen a la gloria y bendición que ellos reconocerán; una obra que Dios y los ángeles han considerado con gozo por muchas generaciones; que ardió en las almas de los antiguos patriarcas y profetas; una obra que está destinada a ejecutar la destrucción de los poderes de las tinieblas, la renovación de la tierra, la gloria de Dios y la salvación de la familia humana” 13 .

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Considere estas ideas al estudiar el capítulo o al prepararse para enseñarlo. Si necesita más ayuda, consulte las páginas VII–XIII.

  • Repase las páginas 541–543. ¿Por qué son tan importantes los templos para llevar a cabo la obra del Señor?

  • Los profetas y los hombres sabios de la antigüedad, ¿por qué habrán contemplado nuestros días con expectación? (Véanse las páginas 543–544 donde hay algunos ejemplos.) Medite sobre el privilegio de ser miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en la dispensación del cumplimiento de los tiempos.

  • Estudie el párrafo que comienza al final de la página 544. Al reflexionar sobre esas palabras, ¿qué piensa y siente con respecto a sus llamamientos para prestar servicio en la Iglesia?

  • Lea los tres primeros párrafos completos de la página 545. Esas palabras, ¿cómo fortalecen su testimonio de la misión del profeta José Smith?

  • El profeta José Smith dijo: “La obra del Señor en estos últimos días es de enorme magnitud” (pág. 545). Estudie las páginas 545–548 y reflexione sobre la responsabilidad que tenemos de ayudar a llevar a cabo la obra del Señor en la última dispensación. ¿Por qué debemos “unir nuestras energías” para lograrlo? ¿Por qué tenemos que dejar “de lado todo principio egoísta”? Piense en la forma en que usted puede utilizar “la energía, la habilidad, el talento y la capacidad” que tenga para contribuir a la obra del Señor.

Pasajes de las Escrituras relacionados con el tema: D. y C. 27:12–13; 90:2–3; 112:30–32; 124:40–41

Mostrar las referencias

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    1. Citado por Martha Jane Knowlton Coray en el informe de un discurso pronunciado por José Smith en Nauvoo, Illinois; Martha Jane Knowlton Coray, “Notebook”, Archivos de la Iglesia, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, Salt Lake City, Utah; en las anotaciones de la hermana Coray, este discurso tiene fecha del 19 de julio de 1840, pero es posible que el discurso se haya dado en una fecha posterior.

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    2. George Q. Cannon, Deseret News: Semi-Weekly, 14 de diciembre de 1869, pág. 2.

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    3.  History of the Church, 6:478–479; tomado de un discurso pronunciado por José Smith el 16 de junio de 1844, en Nauvoo, Illinois; informe de Thomas Bullock; véase también el apéndice, pág. 598, artículo 3.

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    4. Doctrina y Convenios 128:18; carta de José Smith a los santos, 6 de septiembre de 1842, Nauvoo, Illinois.

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    5.  History of the Church, 4:492–493; tomado de una anotación en el diario de José Smith, 6 de enero de 1842, Nauvoo, Illinois.

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    6.  History of the Church, 4:426; tomado de las actas de una conferencia de la Iglesia realizada el 3 de octubre de 1841, en Nauvoo, Illinois; publicado en Times and Seasons, 15 de octubre de 1841, pág. 578.

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    7.  History of the Church, 4:208, 210–211; tomado de un discurso preparado por José Smith y leído en una conferencia de la Iglesia realizada el 5 de octubre de 1840, en Nauvoo, Illinois.

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    8.  History of the Church, 6:78; ortografía actualizada; tomado de una carta de José Smith a James Arlington Bennet, 13 de noviembre de 1843, Nauvoo, Illinois; el apellido Bennet aparece incorrectamente como “Bennett” en History of the Church.

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    9.  History of the Church, 6:364–365; tomado de un discurso pronunciado por José Smith el 12 de mayo de 1844, en Nauvoo, Illinois; informe de Thomas Bullock.

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    10.  History of the Church, 5:139; tomado de un discurso pronunciado por José Smith el 29 de agosto de 1842, en Nauvoo, Illinois; informe de William Clayton.

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    11. Citado por Lucy Mack Smith, en su informe de un discurso pronunciado por José Smith a principios de 1832, en Kirtland, Ohio; Lucy Mack Smith, “The History of Lucy Smith, Mother of the Prophet”, manuscrito de 1844–1845, libro 13, pág. 5, Archivos de la Iglesia.

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    12.  History of the Church, 4:185–187; puntuación actualizada; tomado de una carta de José Smith y sus consejeros de la Primera Presidencia a los santos, septiembre de 1840, Nauvoo, Illinois; publicada en Times and Seasons, octubre de 1840, págs. 178–179.

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    13.  History of the Church, 4:609–610; puntuación actualizada; alteración en la división de párrafos; tomado de “The Temple”, editorial publicado en Times and Seasons, 2 de mayo de 1842, pág. 776; José Smith era el editor del periódico.