Capítulo 17: El sacerdocio: “Para la salvación de la familia humana”

Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Lorenzo Snow, 2011


“El sacerdocio que poseemos se ha revelado para la salvación de la familia humana. Nuestras mentes deben ser contemplativas en lo referente a ello”.

De la vida de Lorenzo Snow

El élder Lorenzo Snow fue ordenado apóstol el 12 de febrero de 1849. Ocho meses después se le llamó a abrir una misión en Italia. Partió a esa misión el 19 de octubre de 1849 junto con otros hermanos del sacerdocio a quienes se había llamado a servir. Él y sus compañeros hicieron el largo viaje a pie, a caballo y en barco.

Al llegar a Italia en junio de 1850, hallaron que las personas de las principales ciudades italianas aún no estaban listas para recibir el Evangelio. Sin embargo, un grupo de personas conocido como valdenses atrajo su atención y se sintió inspirado a trabajar entre ellos. Los valdenses habían vivido durante siglos en la aislada región del Piamonte, un valle rodeado de montañas al sur de la frontera ítalo-suiza y al este de la ítalo-francesa. Habiendo formado su sociedad debido al deseo de una reforma religiosa, estaban dedicados a estudiar la Biblia y seguir el ejemplo de los apóstoles del Salvador.

El élder Snow dijo que cuando consideró predicar el Evangelio a los valdenses, “un torrente de luz pareció invadir mi mente”1. No obstante, a pesar de esas certezas, sintió que era imprudente comenzar la obra misional activa de inmediato, ya que los enemigos de la Iglesia habían distribuido publicaciones entre el pueblo que difundían mentiras sobre ésta2. El élder Snow refirió: “Como sentí que la intención del Espíritu era que procediéramos primeramente por medio de pasos lentos y cautelosos, me sometí a la voluntad del cielo”3.

Aunque los misioneros no comenzaron a predicar de inmediato, el élder Snow supervisó la publicación de folletos en italiano y francés. Además, él y sus compañeros establecieron lazos de amistad con las personas que les rodeaban. Dijo: “Nos esforzamos por establecer cimientos que nos fueran útiles en el futuro, para lo cual preparamos silenciosamente la mente del pueblo para la recepción del Evangelio por medio del cultivo de sentimientos de amistad en el pecho de aquellas personas que estaban a nuestro alrededor. Sin embargo, sentí como algo singular y como una prueba nada pequeña para la paciencia el permanecer semanas y meses en medio de un pueblo interesante sin estar activa y públicamente consagrado a comunicar los grandes principios que había ido a promulgar”4.

Los sentimientos de los valdenses sobre la Iglesia comenzaron a cambiar en forma significativa después de que el élder Snow dio una bendición del sacerdocio a un niño que había caído muy enfermo. El élder Snow escribió lo siguiente en su diario personal:

“6 de septiembre. Esta mañana, mi atención se dirigió al pequeño Joseph Guy, un niño de tres años de edad, y el más pequeño de los hijos de nuestro anfitrión. Muchos amigos habían acudido a ver al niño, dado que, a juzgar por todas las apariencias, estaba pronto a fallecer. Después del mediodía fui a verlo; la muerte consumía su cuerpo, su anteriormente saludable físico se reducía ahora a un esqueleto, y era sólo observándolo de cerca que podíamos distinguir que continuaba con vida”.

Inquieto por la oposición a la predicación del Evangelio y preocupado por el pequeño Joseph Guy, aquella noche el élder Snow se tornó al Señor para procurar ayuda. Más adelante recordó: “Durante varias horas antes de acostarme, invoqué la ayuda del Señor en esta ocasión. Será difícil borrar de mi memoria lo que siento en estos momentos.

“7 de septiembre. Esta mañana… propuse… que ayunáramos y nos apartáramos a las montañas para orar. Al salir, visitamos al niño; era como si sus ojos se le hubieran dado vuelta hacia atrás; no podía abrir los párpados; su rostro y sus orejas estaban macilentos y presentaban un tono pálido y frío, anunciando el cercano fin. La helada transpiración de la muerte cubría su cuerpo y toda fuente de vida estaba casi agotada en él. La señora Guy y otras mujeres sollozaban, mientras el señor Guy inclinaba la cabeza”. El señor Guy murmuró al élder Snow y a los otros misioneros diciendo: “Se muere. Se muere”.

El élder Snow continuó: “Después de un breve descanso en la montaña, apartados de toda interrupción posible, suplicamos al Señor, en solemne y sincera oración, que preservara la vida del niño. Al contemplar el curso de acción que deseábamos tomar y las verdades que pronto presentaríamos al mundo, consideré que esta ocasión era de gran importancia. No conozco ningún sacrificio que me sea posible hacer, que no esté dispuesto a ofrecer para que el Señor conceda nuestra petición”.

Cuando regresaron [a casa de] la familia Guy aquella tarde, el élder Snow dio a Joseph una bendición del sacerdocio. Algunas horas más tarde fueron a ver a la familia, y el padre de Joseph, “con una sonrisa de agradecimiento”, les dijo que el niño estaba mucho mejor.

“8 de septiembre.El niño estuvo tan bien anoche que sus padres han podido descansar, lo cual no habían hecho desde hace algún tiempo; hoy han podido dejarlo y atender sus ocupaciones”. Cuando la madre expresó su dicha por la recuperación del niño, el élder Snow respondió: “El Dios del cielo ha hecho esto por usted”.

“Desde ese momento comenzó a restablecerse”, refirió el élder Snow, “y con el corazón lleno de gratitud a nuestro Padre Celestial, estoy feliz de decir que en pocos días dejó la cama y se sumó a sus pequeños amigos”5.

Después de esa experiencia, el élder Snow sintió que las circunstancias eran “tan favorables como podría esperarse” para que la obra del Señor progresara entre el pueblo. El 19 de septiembre de 1850, exactamente once meses después de haber dejado su hogar para servir en Italia, dijo a sus compañeros que debían “comenzar [sus] labores públicamente”. Otra vez subieron una montaña, donde el élder Snow dedicó la tierra para la predicación del Evangelio restaurado6.

Las palabras del élder Snow a la señora Guy —“El Dios del cielo ha hecho esto por usted”— reflejaban sus enseñanzas de toda una vida sobre el sacerdocio. Él recordaba a los santos que mediante la obra de los poseedores del sacerdocio “la gloria y el poder de Dios [se] manifiestan” para beneficio de otras personas7. [Véase la sugerencia 1 en la página 226.]

Las enseñanzas de Lorenzo Snow

Los poseedores del sacerdocio son mensajeros del Todopoderoso con autoridad delegada del cielo para administrar ordenanzas santas.

Nosotros, los Santos de los Últimos Días, profesamos haber recibido de Dios la plenitud del Evangelio sempiterno; profesamos estar en posesión del santo sacerdocio, la autoridad de Dios delegada al hombre, en virtud de la cual oficiamos en sus ordenanzas de manera aceptable para Él8.

Cualquier hombre que se humille ante Dios y sea sumergido en el agua, después del arrepentimiento, para la remisión de sus pecados, recibirá el don del Espíritu Santo mediante la imposición de manos. ¿Puedo yo dárselo a él? No; yo, simplemente como mensajero del Todopoderoso al que se ha delegado autoridad, administro la inmersión para la remisión de los pecados; yo sencillamente lo sumerjo en el agua con la autoridad para hacerlo. Simplemente coloco las manos sobre él para comunicar el Espíritu Santo; entonces Dios, desde Su presencia, reconoce mi autoridad, reconoce que soy Su mensajero y confiere el Espíritu Santo a la persona9.

Cuando [he] bau[tizado] personas y administra[do] las ordenanzas de este santo sacerdocio, Dios ha confirmado dichas ministraciones al impartir el Espíritu Santo, dando conocimiento a las personas a quienes he ministrado, convenciéndolas de que la autoridad se había delegado del cielo. Y cada élder que haya salido a predicar este Evangelio sempiterno y actuado de acuerdo con su llamamiento puede dar el mismo testimonio, que a través de sus ministraciones en estas santas ordenanzas se han manifestado la gloria y el poder de Dios de manera convincente sobre la cabeza de aquellas personas a quienes ha ministrado. Ése es nuestro testimonio; ése fue el testimonio [en 1830] de cierta persona que se presentó y afirmó que Dios le había autorizado a bautizar gente para la remisión de los pecados e imponer las manos para comunicar el Espíritu Santo, el cual les impartiría el conocimiento desde los mundos eternos de que él tenía dicha autoridad. Esa persona fue José Smith; y éste confirió dicha autoridad, la cual le había sido dada por medio de santos ángeles, a otras personas a las que se envió a dar testimonio al mundo de que quienes recibieran esas santas ordenanzas recibirían el testimonio del Todopoderoso de que dichas personas estaban autorizadas para ministrar de ese modo. Y ése es nuestro testimonio; y ése es mi testimonio ante este pueblo y ante el mundo10.

¿Dónde, en todo el mundo, puede hallarse una clase de ministros [religiosos] que se atrevan a asumir la posición que nuestros élderes asumen? ¿Dónde puede hallarse al hombre o grupo de hombres que se atreva a presentarse a sí mismo ante el mundo y decir que Dios le ha autorizado para administrar a las personas ciertas ordenanzas mediante las cuales ellas puedan recibir revelación de Dios? Se sabría pronto si alguna persona que anuncia una doctrina de esa clase es un impostor; se colocaría a sí misma en una posición muy peligrosa y pronto se descubriría que no poseía tal autoridad. Nuestros élderes, no obstante, se atreven a asumir esa posición… Dios ha enviado Sus santos ángeles del cielo y restaurado la autoridad al hombre para administrar la[s] ordenanza[s] del Evangelio11. [Véase la sugerencia 2 en la página 226.]

El sacerdocio nos ayuda a hallar felicidad en esta vida y a lo largo de toda la eternidad.

El sacerdocio se ha restaurado; se ha conferido al hombre para que a través de ese medio todas las personas que deseen ser buenas y felices puedan tener ese privilegio. El Evangelio nos dice cómo ser excelentes, buenos y felices. La esencia del evangelio de Cristo enseña todas las cosas que son necesarias para nuestro bienestar presente y futuro.

Tenemos esos objetivos en mente hoy y debemos tenerlos presentes continuamente. Consideren los últimos veinticinco años, o solamente los últimos diez años —y un gran número de personas han estado en la Iglesia durante ese periodo— y vean lo que hemos logrado. Discernimos más y comprendemos mejor las cosas, y por consiguiente estamos mejor preparados para lo que sobrevendrá en la tierra de lo que estábamos hace diez, quince, veinte o veinticinco años para saber cómo ser útiles, para saber cómo hacer las cosas de la manera que deben hacerse…

…El objeto del sacerdocio es hacer felices a todas [las personas], difundir información, para hacer que a su vez todas las personas sean partícipes de las mismas bendiciones12.

Para ese mismo propósito se ha conferido el santo sacerdocio en nuestros días, para guiar y perfeccionar aquí a los santos de Dios, y en la misma proporción en que logremos inteligencia e integridad y fidelidad en este mundo… a tal grado será la condición exaltada en la cual apareceremos detrás del velo13.

El Señor ha dicho que Él nos dará todo lo que tiene; y esto va de acuerdo con el juramento y el convenio que corresponden a este sacerdocio [véase D. y C. 84:33–44]. Nadie debe dudar lo que Jesús dice, y Él declara, según se registra en el Apocalipsis de San Juan: “Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono” [Apocalipsis 3:21]. ¿Puede decirse algo mayor que eso? ¿No incluye eso todo?14.

Este Evangelio que hemos recibido se ha revelado desde el cielo, y el sacerdocio que poseemos se ha revelado para la salvación de la familia humana. Nuestras mentes deben ser contemplativas en lo referente a ello15. [Véase la sugerencia 3 en la página 226.]

Los poseedores rectos del sacerdocio procuran, de modo diligente y llenos de energía, dones espirituales para que les ayuden a prestar servicio a otras personas.

Quisiera ofrecer algunas palabras de consejo, instrucción y exhortación a mis hermanos del sacerdocio. Sobre ustedes descansan elevadas y sagradas responsabilidades, las cuales se relacionan no sólo con la salvación de esta generación, sino de muchas generaciones pasadas y muchas por venir. El glorioso estandarte del reino de Emanuel que se ha establecido una vez más en el mundo debe desplegarse en cada nación, reino e imperio; la voz de amonestación… debe llevarse a todo pueblo; ustedes son los que el Señor ha seleccionado para este propósito, el cuerno mismo de José, para reunir al pueblo [véase Deuteronomio 33:13–17]. Por cierto, al procurar la mejor manera de magnificar los santos y sagrados oficios que ustedes tienen para provecho propio y el de la humanidad, deben hacer todo lo que esté a su alcance para estar anhelosa y laboriosamente consagrados.16.

Hay hombres en esta Iglesia que son tan buenos de corazón y de sentimientos como es posible que los hombres lleguen a ser, pero carecen de fe y energía, y no obtienen lo que realmente tienen el privilegio de recibir. Si su fe, su energía y su determinación fueran iguales a sus buenos sentimientos y deseos, a su honradez y bondad, en verdad serían hombres poderosos en Israel; y las enfermedades y afecciones y el poder del maligno huirían delante de ellos como el tamo que se lleva el viento. No obstante, decimos que somos un buen pueblo y que no sólo estamos a la altura de otras personas, sino que hacemos grandes avances en rectitud ante Dios; y sin duda lo hacemos. Sin embargo, deseo recalcarles, mis hermanos y hermanas, que hay élderes entre nosotros investidos con dones espirituales de los que podemos valernos mediante la ayuda del Espíritu Santo. Los dones del Evangelio deben cultivarse a través de la diligencia y la perseverancia. Cuando los profetas de la antigüedad deseaban alguna bendición singular o conocimiento importante, revelación o visión, en ocasiones ayunaban y oraban durante días e incluso semanas para ese propósito17.

Mis jóvenes hermanos del sacerdocio, cuando las cosas se vuelvan contra ustedes, cuando todo parezca obscuro, cumplan con su deber y llegarán a ser hombres fuertes, hombres poderosos; los enfermos sanarán debido a sus bendiciones; los demonios huirán de ustedes; los muertos se levantarán; y serán capaces de hacer todo lo que se haya hecho alguna vez desde los días de Adán mediante el poder de Dios y mediante el deseo apropiado18.

La pureza, la virtud, la fidelidad y la santidad se deben procurar con afán; de lo contrario, no puede obtenerse la corona. Esos principios deben estar incorporados [dentro de] nosotros, entrelazados en nuestro ser, y llegan a formar parte de nosotros, haciendo de nosotros un núcleo, una fuente de verdad, de equidad, justicia y misericordia, de todo lo que es bueno y grandioso, para que de nosotros proceda la luz, la vida, el poder y la ley a fin de dirigir, gobernar y ayudar a salvar a un mundo errante, actuando como hijos de Dios, para nuestro Padre Celestial y a favor de Él. En la resurrección esperamos ejercer los poderes de nuestro sacerdocio; podemos ejercerlos sólo en la medida en que procuremos su rectitud y perfecciones; dichos requisitos sólo pueden tenerse conforme se busquen y obtengan, de modo que, en la mañana de la resurrección, ¡poseeremos solamente aquello que hayamos adquirido en este mundo! La santidad no puede conferirse sino que debe lograrse, un hecho del que el mundo religioso extraña y lamentablemente no parece ser consciente. Procuren beneficiar a otras personas y otras personas procurarán beneficiarles a ustedes; y que quien quiera hacerse grande, sea bueno, al buscar el interés colectivo, al llegar a ser el siervo de todos19.

Como santos de Dios, élderes de Israel, hemos de estar dispuestos a dedicar tiempo y trabajo, haciendo todos los sacrificios necesarios a fin de obtener las debidas aptitudes espirituales para ser útiles en extremo en nuestros diversos llamamientos. Y que el Señor inspire en cada corazón la importancia de estos asuntos para que procuremos, de modo diligente y llenos de energía, los dones y poderes prometidos en el Evangelio que hemos obedecido20. [Véase la sugerencia 4, en la página 227.]

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Considere estas ideas al estudiar el capítulo o al prepararse para enseñarlo. Para obtener ayuda adicional, consulte las páginas V–VIII.

  1. 1.

    Repase el relato que se encuentra en las páginas 217–220. ¿De qué manera pueden prepararse los poseedores del Sacerdocio de Melquisedec para dar bendiciones del sacerdocio? ¿Qué podemos hacer todos a fin de prepararnos para recibir bendiciones del sacerdocio?

  2. 2.

    Lea el párrafo que está en la parte inferior de la página 221. ¿De qué modo manifiestan las ordenanzas del sacerdocio el poder de Dios en nuestra vida?

  3. 3.

    ¿De qué forma nos ayudan a todos las ordenanzas y bendiciones del sacerdocio a hallar felicidad en esta vida? ¿Cómo nos ayudan a lograr la felicidad eterna? En relación con estas preguntas, medite las enseñanzas del presidente Snow de la página 223.

  4. 4.

    En las páginas 224–226, analice los dones espirituales que el presidente Snow alienta a cultivar a los poseedores del sacerdocio. ¿Qué significa cultivar un don espiritual? ¿Cómo se relaciona ese consejo con los esfuerzos de todos los miembros de la Iglesia?

Pasajes de las Escrituras que se relacionan con el tema: Santiago 5:14–15; Alma 13:2–16; D. y C. 84:19–22; 128:8–14; Artículos de Fe 1:3, 5.

Ayuda didáctica: “Para ayudar a sus alumnos a prepararse para contestar preguntas, podría informarles antes de que algo se les lea o se les presente que les hará algunas preguntas… Por ejemplo, podría decirles: ‘Escuchen a medida que leo este pasaje para que puedan expresar lo que es de mayor interés para ustedes en cuanto al mismo’, o ‘Mientras leemos este pasaje de las Escrituras, traten de entender lo que el Señor nos dice acerca de la fe’” (La enseñanza: El llamamiento más importante, págs. 74–75).

Fotografía de la época actual de la región del Piamonte, Italia, donde el élder Lorenzo Snow sirvió como misionero a principios de la década de 1850.

Todos los miembros de la Iglesia fieles reciben bendiciones a través de las ordenanzas y convenios del sacerdocio.

Pedro, Santiago y Juan, los Apóstoles de antaño, confirieron el Sacerdocio de Melquisedec a José Smith y a Oliver Cowdery.

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    Notas

  1.   1.

    Véase carta dirigida a Brigham Young en The Italian Mission, 1851, pág. 11.

  2.   2.

    Véase “Organization of the Church in Italy”, Millennial Star, 15 de diciembre de 1850, pág. 371.

  3.   3.

    Carta dirigida a Brigham Young, en The Italian Mission, pág. 14.

  4.   4.

    Carta dirigida a Brigham Young, en The Italian Mission, pág. 14.

  5.   5.

    Citado en “Organization of the Church in Italy”, pág. 371.

  6.   6.

    Véase carta dirigida a Brigham Young en The Italian Mission, pág. 15.

  7.   7.

    En Conference Report, abril de 1880, pág. 81.

  8.   8.

    Deseret News: Semi-Weekly, 23 de enero de 1877, pág. 1.

  9.   9.

    Deseret News, 24 de enero de 1872, pág. 598.

  10.   10.

    En Conference Report, abril de 1880, págs. 81–82.

  11.   11.

    Deseret News: Semi-Weekly, 2 de diciembre de 1879, pág. 1.

  12.   12.

    Deseret News, 15 de mayo de 1861, págs. 81–82.

  13.   13.

    Deseret Evening News, 6 de octubre de 1880, pág. 2; tomado de una paráfrasis detallada de un discurso que Lorenzo Snow pronunció en la conferencia general de octubre de 1880.

  14.   14.

    “The Object of This Probation”, Deseret Semi-Weekly News, 4 de mayo de 1894, pág. 7.

  15.   15.

    En Journal History, 11 de julio de 1865, pág. 2.

  16.   16.

    “Address to the Saints in Great Britain”, Millennial Star, 1 de diciembre de 1851, pág. 362.

  17.   17.

    Deseret News: Semi-Weekly, 15 de agosto de 1882, pág. 1.

  18.   18.

    En “Anniversary Exercises”, Deseret Evening News, 7 de abril de 1899, pág. 9.

  19.   19.

    “Address to the Saints in Great Britain”, págs. 362–363.

  20.   20.

    Deseret News: Semi-Weekly, 15 de agosto de 1882, pág. 1.