Capítulo 23: El profeta José Smith

Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Lorenzo Snow, 2011


“Sabía que José Smith era un hombre honrado; un hombre de verdad, honor y fidelidad, dispuesto a sacrificar todo lo que poseía, incluso la vida misma, como testimonio a los cielos y al mundo de que había declarado la verdad a la familia humana”.

De la vida de Lorenzo Snow

“Es posible que haya muy pocos hombres vivos ahora que hayan estado tan familiarizados con José Smith, el Profeta, como yo lo estuve”, dijo el presidente Lorenzo Snow en 1900. “Estuve con él con frecuencia; lo visité cuando estaba en familia, me senté a su mesa, me relacioné con él bajo diversas circunstancias y tuve entrevistas en privado con él para solicitarle consejo”1.

Además de esas interacciones en privado, Lorenzo Snow vio a José Smith en público, durante el ministerio de éste como amigo de los santos y como el profeta de la Restauración. Contó sobre una reunión a la que asistió José Smith en el parcialmente construido Templo de Nauvoo. El Profeta caminó hasta el púlpito en compañía de un ministro de otra religión; el ministro “era extremadamente solemne. Cuando se decía algo que causaba alegría o risas entre la gente, [éste] permanecía completamente callado, sin mostrar ni siquiera el cambio más mínimo en el semblante”. En cambio, José Smith “se sentía muy bien esa mañana” e hizo un comentario que “causó algunas risas entre la gente” antes de que empezara la reunión. Lorenzo Snow refirió que “después del comienzo de la reunión, el presidente Smith se puso de pie y nunca le oí hablar con mayor poder que en esa ocasión. Las personas estaban encantadas, él estaba lleno del Espíritu de Dios y habló con gran fuerza y elocuencia”2.

Aunque al presidente Snow lo habían impactado las experiencias que había tenido con José Smith, su testimonio de la misión del Profeta no se basaba en ellas. Declaró repetidamente que él había recibido su testimonio por medio del Espíritu Santo. Dijo: “Ni yo ni ninguna otra persona que conociera a [José Smith] tenemos razón alguna para cuestionar siquiera por un momento que fuera un hombre de verdad y honor. No obstante, jamás salí a predicar los principios de este Evangelio dependiendo enteramente de información alguna que hubiera recibido por medio de él o de algún otro hombre; pero creí en sus palabras, que llegaron a mí como palabras de verdad, de un inspirado hombre de Dios… El Espíritu de Dios, el Espíritu Santo que todos los hombres pueden recibir y disfrutar… confirmó la verdad de lo que me había dicho y para mí llegó a ser un conocimiento de una naturaleza tal que ningún hombre puede dar ni quitar”3. [Véase la sugerencia 1 en la página 288.]

Las enseñanzas de Lorenzo Snow

Cuando José Smith recibió su llamamiento divino, era un jovencito puro, sincero y honrado.

José Smith, a quien Dios escogió para establecer Su obra, era pobre e indocto, y no pertenecía a ninguna religión cristiana conocida. Era apenas un jovencito, sincero, lleno de integridad, [que] desconocía los engaños, las artimañas y la sofistería empleada por los políticos y religiosos hipócritas para lograr sus fines. Al igual que Moisés de antaño, se sentía incompetente y falto de preparación para la tarea, para erigirse como reformador religioso, en una posición muy impopular; para luchar contra las opiniones y los credos que habían perdurado durante generaciones, que tenían el aval y el apoyo de los hombres, las opiniones religiosas más profundas; pero Dios lo había llamado a liberar de la esclavitud [servidumbre] espiritual y temporal a las personas pobres y de corazón sincero de toda nación. Y Dios le prometió que quienquiera que recibiera y obedeciera su mensaje —se bautizara para la remisión de los pecados con un propósito sincero— podría recibir manifestaciones divinas, recibiría el Espíritu Santo, las mismas bendiciones del Evangelio que se prometieron y obtuvieron mediante el Evangelio cuando lo predicaron los apóstoles de la antigüedad. Y ese mensaje, esa promesa, había de estar en vigor doquiera y para con quienquiera que lo llevaran los élderes, los mensajeros de Dios autorizados. Así lo dijo José Smith, el muchacho indocto, poco sofisticado, sencillo, simple y honrado4.

Yo tenía unos dieciocho años de edad la primera vez que vi al profeta José Smith. Fue alrededor del año 1832, en el otoño. Se rumoraba que el Profeta celebraría una reunión en Hiram, condado de Portage, Ohio, a unos tres kilómetros de la casa de mi padre. Puesto que había oído muchos relatos sobre él, se despertó considerablemente mi curiosidad y pensé que podría aprovechar la oportunidad de verlo y escucharlo. Por consiguiente, fui a Hiram en compañía de algunos de los miembros de la familia de mi padre. Cuando llegamos allí, las personas ya se habían congregado en un cobertizo pequeño; había unas ciento cincuenta o doscientas personas presentes. La reunión ya había comenzado y José Smith estaba de pie, en la puerta de la casa de [John] Johnson, situado frente al cobertizo y dirigiéndose a la gente. Mientras le escuchaba hablar realicé un examen crítico sobre su apariencia, su ropa y su comportamiento. Sus palabras se limitaban principalmente a sus propias experiencias, en especial la visita del ángel, y dio un firme y potente testimonio en cuanto a esas manifestaciones maravillosas. Al principio parecía algo inseguro [titubeante] y hablaba más bien en voz baja, mas conforme continuaba, se volvía firme y potente y parecía imbuir en todos sus oyentes el sentimiento de que era honrado y sincero. Ciertamente influyó en mí de ese modo, y me causó [ciertas] impresiones que perduran hasta el día de hoy5.

Al contemplarlo [esa primera vez] y escucharlo, me dije a mí mismo que un hombre que da un testimonio tan maravilloso como él dio y tiene un semblante tal como él poseía, difícilmente podría ser un falso profeta6. [Véase la sugerencia 2 en la página 288.]

A lo largo de su vida, el profeta José mantuvo su honradez y su gran integridad moral.

Sé que José Smith, el Profeta, con quien me familiaricé estrechamente durante años —tan familiarizado como lo estaba con mi hermano— ha sido un hombre de integridad, un hombre dedicado a los intereses de la humanidad y a lo que Dios requería todos los días que se le permitió vivir. Nunca ha habido un hombre que poseyera un mayor grado de integridad ni más dedicación al interés de la humanidad que el profeta José Smith7.

Sabía que José Smith era un hombre honrado; un hombre de verdad, honor y fidelidad, dispuesto a sacrificar todo lo que poseía, incluso la vida misma, como testimonio a los cielos y al mundo de que había declarado la verdad a la familia humana8.

Sabía que era un hombre de Dios, lleno del espíritu de su llamamiento, un hombre cuya integridad no podía cuestionarse y que era honrado en todas sus acciones. Nadie que estuviera tan familiarizado con él como yo lo estaba podía hallar falta alguna en su persona, en lo que concernía a su integridad moral… Doy testimonio de la buena naturaleza del hermano José Smith, de su honradez, su fidelidad, su lealtad, su generosidad y benevolencia como hombre y como siervo de Dios9. [Véase la sugerencia 2 en la página 288.]

Libre de hipocresía, José Smith podía participar en sanas diversiones así como enseñar con el poder de Dios.

Yo asistía a… reuniones en el templo con regularidad y escuchaba al Profeta discursar sobre los temas más grandiosos. En ocasiones, estaba lleno del Espíritu Santo y hablaba como con voz de arcángel y, lleno del poder de Dios, brillaba toda su persona y se le iluminaba el rostro …

A veces hablaba a la ligera y otras veces explicaba los misterios del reino. El cambio era tan notable que parecía que se elevaba al cielo mientras se dirigía a las personas que estaban en la tierra, y luego regresaba nuevamente a temas más familiares…

José Smith siempre se comportaba de manera natural y extremadamente calmada; nunca lo confundían ni irritaban las personas ni las cosas que le rodeaban. Muchos ministros religiosos lo visitaban y procuraban sorprenderlo con la guardia baja haciendo algo por lo que pudieran criticarlo, mas sus acciones eran siempre las mismas, aun cuando no estuviera acompañado. Nunca fue culpable de hipocresía. Se permitía practicar todos los deportes sanos y no pensaba que fuera inapropiado jugar pelota, correr una carrera o permitirse cualquier otro deporte al aire libre. Mientras estaba en la casa del Profeta, un ministro religioso miró por la ventana y lo vio jugando a las luchas con un amigo en el jardín. Eso, junto con otros casos de sana diversión, convencieron al ministro en cuanto a la sinceridad del Profeta y su total falta de hipocresía…

En otra ocasión, José Smith se había permitido jugar un partido de pelota con algunos de los hombres jóvenes de Nauvoo. Cuando su hermano Hyrum lo vio, quiso corregir al profeta e incluso lo reprendió, diciéndole que tal conducta no era apropiada de un profeta del Señor. El Profeta respondió con voz apacible: “Hermano Hyrum, el que fraternice con los muchachos en un sano deporte como éste no me hace daño de modo alguno, sino que, por el contrario, los hace felices a ellos y acerca sus corazones al mío”10. [Véase la sugerencia 3 en la página 288.]

Fortalecido por el Espíritu Santo, José Smith creció en poder e influencia espirituales.

José Smith, el gran profeta, no era un hombre instruido cuando Dios lo escogió y le dio a conocer su misión. El Señor confiere dones espirituales y conocimiento a los indoctos, y se les da a conocer la grandeza del reino mediante el poder del Espíritu Santo, y llegan gradualmente a ser grandes en el conocimiento de las cosas de Dios11.

Durante los últimos años de su vida, José Smith llegó a ser un maestro de fortaleza e influencia sobre sus compañeros. Ese hecho me llamó la atención de forma muy manifiesta a mi regreso de una misión en Europa. Noté, e incluso le comenté a él, que había cambiado muchísimo desde la última vez que lo había visto; que había llegado a ser más fuerte y poderoso. Lo admitió y me dijo que el Señor lo había investido con una porción adicional de Su Espíritu.

Un día reunió a los hermanos de los Doce Apóstoles y a otros élderes prominentes de la Iglesia para asignarles sus diversas labores y misiones. Cada uno de ellos se sentó y aguardó con gran ansiedad para escuchar la palabra del Profeta en lo concerniente a sus deberes futuros. Sentían que estaban en presencia de un ser superior. Mientras se hallaba en Kirtland, el Profeta no parecía poseer esa fortaleza ni ese poder… pero durante los últimos años había llegado a ser tan fuerte en el poder del Señor que las personas lo percibían. Así fue en esa ocasión. Los élderes se dieron cuenta de esa fortaleza superior. “Hermano Brigham”, dijo, “quiero que vaya al Este y que atienda los asuntos de la Iglesia en los estados orientales; y el hermano Kimball podrá acompañarle”. Volviéndose a otro, dijo: “Usted centre su atención en la publicación de nuestro periódico”, y así asignó a cada uno su misión especial. Todos aceptaron su palabra como la voluntad del Señor…

El Profeta tenía el poder de impresionar de un modo notable a todas las personas que se le acercaban. Había algo en él que les llegaba al corazón. Tal era el caso particular de los hermanos cuando recibían de él sus asignaciones para salir a predicar el Evangelio. La inspiración que emanaba de él les embargaba el alma y sus palabras penetraban hasta el rincón más hondo de su ser. Lo amaban y creían en él, y estaban listos para hacer cualquier cosa que les indicara para el progreso de la obra de Dios. Los colmaba con el poder de su presencia y los conmovía con el testimonio de su misión profética. Hay mucha gente en el mundo que posee un extraordinario espíritu de amistad y cordialidad que cada persona que las conoce siente. He conocido a muchos hombres así, pero todavía no he conocido a otra persona en cuya compañía sienta la singular y poderosa influencia que sentía mientras estaba en presencia del profeta José Smith. Ésta se debía a la gran porción del Espíritu de Dios que él poseía; su mero apretón de manos causaba que las personas rebosaran de esa influencia, y cualquier ser de naturaleza sensible sabía que sostenía la mano de una persona extraordinaria12. [Véase la sugerencia 4 en la página 288.]

Cada uno de nosotros puede obtener un testimonio de que José Smith fue un profeta y de que el Evangelio se restauró por medio de él.

En la integridad de mi corazón, con sincera intención por conocer la verdad, recibí el mensaje de [José Smith]; obedecí esa forma de doctrina y recibí, de la manera más tangible y satisfactoria, una manifestación divina, la bendición prometida: un conocimiento de esta obra. ¿Soy el único testigo? ¿Cuál fue la experiencia de los millares de personas a las que ahora me dirijo? ¿Ustedes también son testigos?13.

¿Cuál es la naturaleza de nuestro testimonio? Es la siguiente: Que ésta es la dispensación del cumplimiento de los tiempos; que el ángel que Juan el Revelador vio volar por en medio del cielo, el cual tenía el Evangelio eterno para predicarlo a los que moran en la tierra, y a toda nación, y tribu, y lengua y pueblo; que ese ángel se apareció y restauró el Evangelio sobre la tierra; que José Smith fue el instrumento mediante el cual se efectuó la Restauración [véase Apocalipsis 14:6]14.

José Smith afirmó que Pedro, Santiago y Juan lo visitaron y le confirieron la autoridad para administrar las santas ordenanzas del Evangelio mediante las que se prometió a todo hombre y mujer de corazón sincero el Espíritu Santo y un conocimiento perfecto de la doctrina15.

Se autorizó a José Smith a abrir una senda y trazar un plan a través del cual el hombre pudiera recibir el conocimiento de estas cosas, de modo que no se nos dejara librados a depender del testimonio de los profetas, ni del testimonio de los apóstoles de antaño, ni del testimonio de los apóstoles de la época presente, ni del Libro de Mormón, ni de nada que se haya hecho ni dicho en el pasado, sino que pudiésemos saber por nosotros mismos. Es un conocimiento personal16.

Sé que José Smith fue un profeta verdadero del Dios viviente. Testifico que él vio y habló con Dios y con Su Hijo Jesucristo. El Señor me dio ese testimonio viviente y ha ardido dentro de mi alma desde que lo recibí. Ahora lo doy al mundo entero. No sólo testifico a toda la humanidad que José Smith fue enviado por Dios y que la obra que se estableció por medio de él es la obra de Dios, sino que exhorto a todas las naciones de la tierra en lo concerniente a las predicciones que hizo el Profeta, y testifico de la manera más solemne que sé que son verdaderas17. [Véanse las sugerencias 5 y 6 en la página 288.]

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Considere estas ideas al estudiar el capítulo o al prepararse para enseñarlo. Para obtener ayuda adicional, consulte las páginas V–VIII.

  1. 1.

    Imagínese el acontecimiento que se describe en la página 281. ¿Qué transmite ese relato en cuanto a José Smith?

  2. 2.

    Repase las descripciones que hace el presidente Snow sobre el carácter de José Smith (páginas 282–283). ¿De qué manera piensa que el carácter de José Smith le ayudó a ser un instrumento en las manos del Señor?

  3. 3.

    ¿Qué piensa o siente en cuanto a que el profeta José dedicara tiempo a las “sanas diversiones”? (páginas 283–284). ¿Cómo podemos asegurarnos de que nuestras diversiones contribuyan a nuestra capacidad de ser llenos del Espíritu Santo en vez de disminuirla?

  4. 4.

    ¿De qué manera José Smith “lle[gó] gradualmente a ser gran[de] en el conocimiento de las cosas de Dios”? (Para ver algunos ejemplos, véanse las páginas 284–285.) ¿Qué podemos hacer para seguir el ejemplo del Profeta conforme procuremos crecer espiritualmente?

  5. 5.

    Lea el primer párrafo completo de la página 287 como si el presidente Snow le hablara directamente a usted. ¿Cómo respondería sus preguntas?

  6. 6.

    Estudie la sección que comienza en la página 287. ¿Qué experiencias ha tenido en las que le haya sido preciso saber por usted mismo que el Evangelio ha sido restaurado mediante el profeta José Smith? ¿Qué consejo le daría a un amigo o miembro de su familia que quiera obtener ese testimonio?

Pasajes de las Escrituras que se relacionan con el tema: D. y C. 1:17; 5:9–10; 35:17–18; 135:3; José Smith—Historia 1:1–26.

Ayuda didáctica: “Cuando [alguien] haga una pregunta, considere la posibilidad de invitar a otros para que la contesten en lugar de responder usted mismo. Por ejemplo, podría decir: ‘Ésa es una pregunta interesante. ¿Qué piensan todos ustedes?’ o ‘¿Quién desea responder esa pregunta?’” (La enseñanza: El llamamiento más importante, pág.69).

El profeta José Smith era “un hombre de Dios, lleno del espíritu de su llamamiento”.

José Smith disfrutaba de la “sana diversión” con familiares y amigos.

Mostrar referencias

    Notas

  1.   1.

    En Conference Report, octubre de 1900, pág. 61.

  2.   2.

    “Reminiscences of the Prophet Joseph Smith”, Deseret Semi-Weekly News, 29 de diciembre de 1899, pág. 1.

  3.   3.

    Deseret News: Semi-Weekly, 27 de junio de 1882, pág. 1.

  4.   4.

    Deseret News: Semi-Weekly, 9 de marzo de 1886, pág. 1.

  5.   5.

    “Reminiscences of the Prophet Joseph Smith”, pág. 1.

  6.   6.

    “The Grand Destiny of Man”, Deseret Evening News, 20 de julio de 1901, pág. 22.

  7.   7.

    En Conference Report, abril de 1898, pág. 64.

  8.   8.

    Millennial Star, 25 de noviembre de 1889, pág. 738; tomado de una paráfrasis detallada de un discurso que Lorenzo Snow pronunció en la conferencia general de octubre de 1889.

  9.   9.

    Millennial Star, 27 de junio de 1895, pág. 402.

  10.   10.

    “Reminiscences of the Prophet Joseph Smith”, pág. 1.

  11.   11.

    En Journal History, 14 de noviembre de 1898, pág. 4; tomado de una paráfrasis detallada de un discurso que Lorenzo Snow pronunció en la conferencia de la Estaca Box Elder de noviembre de 1898.

  12.   12.

    “Reminiscences of the Prophet Joseph Smith”, pág. 1.

  13.   13.

    Deseret News: Semi-Weekly, 9 de marzo de 1886, pág. 1.

  14.   14.

    Deseret News, 22 de noviembre de 1882, pág. 690.

  15.   15.

    Deseret News: Semi-Weekly, 9 de marzo de 1886, pág. 1.

  16.   16.

    Deseret News, 22 de noviembre de 1882, pág. 690.

  17.   17.

    “Reminiscences of the Prophet Joseph Smith”, pág. 1.