Capítulo 3: Una conversión de toda la vida: El continuar avanzando en los principios de la verdad

Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Lorenzo Snow, 2011


“Nuestra religión debe estar incorporada en nuestro interior, [debe ser] una parte de nuestro ser que no pueda dejarse de lado”.

De la vida de Lorenzo Snow

Lorenzo Snow fue bautizado y confirmado en junio de 1836. Más adelante, al recordar su creciente testimonio, dijo: “Creía que ellos [los Santos de los Últimos Días] tenían la religión verdadera y me uní a la Iglesia. Hasta ese momento, mi conversión fue meramente una cuestión de razonamiento”1. Lorenzo Snow recordó: “Estaba completamente satisfecho de que había hecho lo que era prudente para mí dadas las circunstancias”2. Aunque durante algún tiempo estuvo satisfecho con ese entendimiento, pronto anheló recibir una manifestación especial del Espíritu Santo. Dijo: “No había tenido manifestación alguna, mas esperaba una”3.

Lorenzo Snow recordó: “Dicha manifestación no ocurrió inmediatamente después del bautismo como yo había esperado. Pero, a pesar de que llevó tiempo, cuando la recibí, la experiencia fue más perfecta, tangible y milagrosa de lo que incluso mis más grandes esperanzas me habían llevado a anticipar. Un día, unas dos o tres semanas después del bautismo, mientras estudiaba, comencé a pensar en que no había obtenido el conocimiento de la veracidad de la obra, que no había obtenido el cumplimiento de la promesa de que ‘el que quiera hacer la voluntad de él conocerá si la doctrina es de Dios’ [véase Juan 7:17] y me sentí bastante preocupado.

“Puse a un lado los libros, salí de casa y deambulé por los campos bajo la opresiva influencia de un sentimiento sombrío y desconsolado, mientras una indescriptible nube de tinieblas parecía rodearme. Al anochecer tenía por costumbre ir a una arboleda cercana a mi casa para orar en privado, pero esta vez no sentía deseos de hacerlo.

“El ánimo de orar se había alejado de mí y los cielos parecían impenetrables. Finalmente, al darme cuenta de que había llegado el momento acostumbrado de orar en privado, resolví que no abandonaría mi oración vespertina y, por una cuestión de formalidad, me arrodillé como acostumbraba hacerlo y en el lugar al que habitualmente acudía, aunque sin sentir lo que solía sentir.

“Apenas había abierto la boca para orar cuando escuché algo encima de mí, como el movimiento de mantos de seda, e inmediatamente descendió sobre mí el Espíritu de Dios que me envolvió y me llenó por completo de la cabeza a los pies. Y, ¡oh! ¡El gozo y la felicidad que sentí! No hay lengua alguna que pueda describir la instantánea transición de la densa nube de obscuridad mental y espiritual al fulgor de luz y conocimiento que se impartieron a mi entendimiento en ese momento. Recibí entonces un conocimiento perfecto de que Dios vive, de que Jesucristo es el Hijo de Dios, y de la restauración del santo sacerdocio y de la plenitud del Evangelio.

“Fue un bautismo completo, una inmersión tangible en el principio o elemento celestial, el Espíritu Santo; e incluso más real y físico en sus efectos sobre cada parte de mi sistema que la inmersión en el agua; e hizo desvanecer para siempre, hasta donde la razón y la memoria perduran, toda posibilidad de duda o temor en relación con el acontecimiento que se nos legó históricamente de que el ‘Bebé de Belén’ es realmente el Hijo de Dios; además, el hecho de que Él ahora se revela a los hijos de los hombres y les comunica conocimiento al igual que en los tiempos apostólicos. Me sentí completamente satisfecho porque lo que ocurrió fue más de lo que esperaba, creo que puedo decir sin temor a equivocarme, que en un grado infinito.

“No estoy seguro de cuánto tiempo permanecí en medio de ese éxtasis de gozo y divino esclarecimiento, pero pasaron varios minutos antes de que el elemento celestial que me llenaba y rodeaba comenzara a desaparecer gradualmente. Al ponerme de pie, con el corazón colmado de una gratitud hacia Dios que excedía toda capacidad de expresión, sentí —supe— que Él me había conferido lo que sólo un Ser Omnipotente puede conferir: aquello que es de mayor valor que todas las riquezas y los honores que el mundo pueda conceder”4.

Lorenzo Snow se mantuvo fiel al testimonio que recibió aquel día y trabajó con diligencia para aumentar su conocimiento espiritual y ayudar a otras personas a hacer lo mismo. “Desde ese momento en adelante”, dijo, “he tratado de vivir de manera tal de no perder Su Santo Espíritu, sino, más bien, ser guiado por Él continuamente al tratar de deshacerme de mi egoísmo y de cualquier ambición inapropiada, y al esforzarme por trabajar para Sus propósitos”5. Lorenzo Snow declaró: “En tanto la memoria subsista y la razón reine, jamás podré permitir que el testimonio y el conocimiento poderosos que se me han comunicado permanezcan en silencio”6. [Véase la sugerencia 1 en la página 72.]

Las enseñanzas de Lorenzo Snow

Obtener un testimonio es un buen punto de partida para los Santos de los Últimos Días.

El fundamento sobre el cual hemos basado nuestra fe es magnífico y glorioso; lo sé por mí mismo. Había pertenecido a esta Iglesia sólo durante un breve tiempo cuando logré obtener el conocimiento más perfecto de que había un Dios; de que había un Hijo, Jesucristo; y de que Dios reconocía a José Smith como Su profeta. Fue un conocimiento que ningún hombre podía trasmitir; se recibió mediante una revelación del Todopoderoso. Ése es un muy buen punto de partida para los Santos de los Últimos Días y es algo que toda persona que tenga ambición alguna de progresar en este camino necesitará en uno u otro momento; ésta afrontará circunstancias de tal naturaleza que necesitará fortaleza, y esa fortaleza provendrá de saber que el camino que está recorriendo la conducirá a lograr sus más excelsos y mejores deseos7.

Hermanos y hermanas, hay algunas cosas sobre las que ustedes y yo debemos pensar. Ha llegado el momento en que le corresponde a cada hombre y a cada mujer saber por sí mismo en qué fundamento está basado. Todos debemos esforzarnos por acercarnos un poco más al Señor. Es necesario que progresemos un poco y obtengamos un conocimiento pleno de aquellas cosas que debemos entender más completamente; ése es el privilegio de cada Santo de los Últimos Días8. [Véase la sugerencia 2 en la página 72.]

Podemos aumentar nuestra fe y nuestro conocimiento espiritual.

Los hombres y mujeres pueden aumentar su conocimiento espiritual; pueden mejorar conforme acumulan años de vida9.

Creo que los Santos de los Últimos Días están avanzando y que están recibiendo instrucción; nos elevamos más y más alto. Estamos avanzando hasta una condición, una esfera y un plano más elevados, y recibimos una formación tal que la sabiduría del mundo con todos sus logros y doctrinas y principios falsos no tendrán efecto sobre los Santos de los Últimos Días, ya que éstos se alzan por encima de las teorías e hipótesis de las invenciones humanas y se elevan mediante las cosas de la verdad que enaltecen la mente, exaltan el entendimiento y los establecen más y más plenamente en los verdaderos principios de vida y de gloria. Tenemos el corazón colmado de esas verdades y no podemos determinar el día ni la hora en los que ha aumentado nuestra fe; no obstante, al examinar en retrospectiva la semana, el mes o el año pasados, sentimos que nuestra fe y nuestro conocimiento de la fe y del poder de Dios han aumentado; sabemos que nos hemos acercado a nuestro Dios y sentimos que estamos en comunión con Dios, nuestro Padre10. [Véase la sugerencia 3 en la página 72.]

Si deseamos aumentar nuestra fe y nuestro conocimiento espiritual, debemos esforzarnos.

Cada hombre tiene que aprender a depender de su propio conocimiento; no puede depender de su prójimo; cada hombre debe ser independiente; en lo que a él respecta, debe depender totalmente de su Dios. Depende de él mismo ver si podrá detener el alud de problemas y superar los impedimentos que están diseminados por el sendero de la vida para evitar su progreso. El hombre puede recibir información mediante la obra del Santo Espíritu, y se acerca a Dios y aumenta su fe en proporción a su diligencia11.

Es imposible avanzar en los principios de la verdad, obtener más conocimiento celestial, [a menos que] ejercitemos nuestra facultad de razonar y nos esforcemos de la manera apropiada. Tenemos un ejemplo registrado en Doctrina y Convenios del concepto erróneo que tenía Oliver Cowdery tocante a ese principio. El Señor le prometió el don de traducir registros antiguos; al igual que muchos de nosotros hoy en día, él tenía algunas ideas equivocadas en cuanto al ejercicio del don. Él pensó que todo lo que debía hacer, dado que Dios le había prometido dicho don, era dejar que su mente aguardara ociosa, sin esforzarse, hasta que [el don] obrara de modo espontáneo. Mas cuando se colocaron los registros frente a él, no se le comunicó conocimiento, continuaron sellados, por así decirlo, ya que no recibió poder alguno para traducir.

Aunque se [le] había conferido el don de traducir, no podía llevar a cabo la obra sencillamente porque no se había esforzado ante Dios a fin de cultivar el don dentro de sí; y se desilusionó sobremanera, y el Señor, en Su bondad y misericordia, le informó sobre su error utilizando las siguientes palabras:

“He aquí, no has entendido; has supuesto que yo te lo concedería cuando no pensaste sino en pedirme. Pero he aquí, te digo que debes estudiarlo en tu mente; entonces has de preguntarme si está bien; y si así fuere, haré que tu pecho arda dentro de ti; por tanto, sentirás que está bien”, etc. [véase D. y C. 9].

Así es con nosotros respecto a las cosas que estemos emprendiendo. Si esperamos mejorar, avanzar en la obra que tenemos ante nosotros y, finalmente, obtener la posesión de esos dones y glorias, hasta llegar a aquella condición de exaltación que anhelamos, debemos pensar y reflexionar, debemos esforzarnos, y además debemos hacerlo al máximo de nuestra capacidad12.

Debemos… obtener el Espíritu nosotros mismos, y no quedarnos satisfechos con andar en la luz de otras personas; tenemos que tenerlo incorporado en nuestras propias organizaciones espirituales…

Al principio, a la persona que se propone aprender a tocar la flauta le resulta difícil reproducir las notas, y se requiere una gran cantidad de diligencia y paciencia a fin de tocar cierta melodía correctamente. La persona debe proseguir, hacer pausas y regresar y comenzar otra vez; no obstante, después de un tiempo está facultada, mediante gran esfuerzo, para dominar esa melodía. Luego, cuando se le pide que toque la melodía, no tiene necesidad de recordar dónde debe colocar los dedos, sino que la toca con naturalidad. No fue así al principio; tuvo que existir una gran cantidad de paciencia y trabajo antes de que interpretar la melodía llegara a ser algo natural.

Sucede exactamente lo mismo con los asuntos pertinentes a las cosas de Dios. Debemos esforzarnos y continuar de gracia en gracia para lograr que la ley de la acción esté incorporada en nosotros de tal modo que sea natural hacer las cosas que se requieran de nosotros13. [Véase la sugerencia 4 en la página 72.]

Conforme ahondamos en las cosas de Dios y permanecemos fieles, nuestra religión llega a ser parte de nuestro ser.

Existe el peligro de quedarnos satisfechos con un progreso superficial, con progresar sólo en lo trivial. Hablamos sobre andar en la luz del Espíritu y de sentirlo en nosotros, pero ¿hacemos estas cosas? Debemos ahondar en las cosas de Dios [y] edificar nuestros cimientos sobre la roca hasta que lleguemos a esa agua que será en nosotros una sempiterna fuente de vida eterna14.

Hay hombres entre nosotros sobre los que anteriormente el Espíritu del Todopoderoso descendía con gran poder, cuyas intenciones eran alguna vez tan buenas y puras como las de los ángeles, y quienes concertaron convenios con Dios de que le servirían y guardarían Sus mandamientos bajo toda circunstancia… pero, ¿qué sucede ahora con algunos de esos élderes? No sienten lo mismo hoy en día. Su amor está puesto en las cosas de este mundo que el Señor les ha permitido adquirir, de modo que ahora aguardan hasta que se les llama y, en muchos casos, cuando se les llama, obedecen más debido al deseo de conservar su prestigio y posición que debido a un sincero amor a la obra a la que pueden haber sido llamados.

Ésa es la condición de todos los hombres que permiten que sus pensamientos y afectos sigan al mundo y sus costumbres, independientemente de lo bien que hayan comenzado, y es una prueba clara e indiscutible de que, cuando tal es así con los hombres, éstos aman al mundo más de lo que aman al Señor y Su obra sobre la tierra. Al haber recibido la luz del Evangelio sempiterno y participado de las cosas buenas del reino, y al ser de la simiente de Israel y herederos de grandes y gloriosas promesas, debemos trabajar con fidelidad y diligencia para lograr lo que Dios ha diseñado hacer a través de nosotros; debemos ser hombres y mujeres de fe y poder, así como de buenas obras y, al vernos negligentes o indiferentes en lo más mínimo, debe bastarnos con saberlo para enmendar nuestro modo de actuar y regresar a la senda del deber15.

Nada puede ser más absurdo que la idea de que el hombre se quite su religión cual [lo haría con] un manto o prenda. No existe tal cosa como un hombre que deje de lado su religión sin que se deje de lado a sí mismo. Nuestra religión debe estar incorporada en nuestro interior, [debe ser] una parte de nuestro ser que no pueda dejarse de lado. Si hubiera tal cosa como un hombre que deja de lado su religión, en el momento en que lo hiciese entraría en un terreno totalmente desconocido para él, se entregaría a los poderes de las tinieblas, no estaría en su propio terreno, no tendría nada que hacer allí. La idea de que los élderes de Israel usen lenguaje vulgar, mientan y se embriaguen está muy por debajo de ellos; y ellos tienen que estar por encima de este tipo de cosas. Eliminemos de nosotros toda maldad y vivamos de acuerdo con toda palabra que salga de la boca de Dios [véase D. y C. 98:11]. Aferrémonos a todo deber que se nos asigne con afán y energía para que tengamos el Espíritu de nuestro Dios, la luz de verdad y las revelaciones de Jesucristo dentro de nosotros de manera continua16.

Manténganse en el barco de Sión. Si pasan embarcaciones al costado que presentan hermosos colores y realizan maravillosas promesas, no desciendan del barco para ir a la costa en cualquier otra embarcación; más bien, manténganse en el barco. Si les maltratara alguna de las personas que están a bordo, personas que no tengan el espíritu correcto, recuerden que el barco en sí es correcto. No debemos permitir que nuestra mente se envenene debido a cosa alguna que las personas del barco pudieran hacernos; el barco es correcto, la tripulación es correcta y nosotros estaremos en lo correcto si nos mantenemos en el barco. Puedo asegurarles que les llevará directamente a la tierra de gloria17.

[Presentaré] un ejemplo referente a dar lugar a ese espíritu y a tenerlo en nosotros, y a ser muy dedicados para que, en el momento de la tormenta, no quedemos a la deriva. Coloquen un pepino en un barril de vinagre y se producirán muy pocos efectos durante la primera hora, así como durante las primeras doce horas. Examínenlo y hallarán que los efectos se produjeron sólo en la cáscara, ya que se requiere mayor tiempo para encurtirlo. Cuando una persona se bautiza en la Iglesia, se produce un efecto en ella, pero no es el efecto inmediato de encurtir; es decir, no se establece en ella la ley de la justicia y del deber durante las primeras doce o veinticuatro horas; debe permanecer en la Iglesia, al igual que el pepino en el vinagre, hasta que llegue a estar empapada con el espíritu correcto y hasta que se encurta en el ‘mormonismo’, en la ley de Dios; debemos tener esas cosas incorporadas en nuestros sistemas.

…Hermanos y hermanas… dejo el asunto a su atención, consideración y meditación minuciosas, rogando al Señor Dios de nuestros padres que derrame Su Espíritu sobre Su pueblo. Ustedes son aquellas personas a quienes el Señor ha seleccionado para glorificarlo en Su presencia, y ruego que el Señor les bendiga y colme de Su Espíritu, y que sus ojos vean claramente para discernir las cosas pertinentes a su salvación. Y si hubiera algún hombre o alguna mujer que no esté totalmente despierto, ruego que llegue el tiempo en que el Espíritu y el poder del Espíritu Santo estén sobre ellos, para que Él les enseñe sobre las cosas pasadas, presentes y venideras, y mediante la ayuda del Señor, plante la rectitud y el principio de la verdad en sus sistemas, a fin de que estén preparados para las tormentas que vendrán18. [Véase la sugerencia 5 en la página 72.]

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Considere estas ideas al estudiar el capítulo o al prepararse para enseñarlo. Para obtener ayuda adicional, consulte las páginas V–VIII.

  1. 1.

    Repase las experiencias de Lorenzo Snow que aparecen en las páginas 63–65. Para usted, ¿cómo llegó su testimonio a ser algo real? Considere compartir su experiencia con algún familiar o amigo, como, por ejemplo, con alguien a quien preste servicio como maestro orientador o maestra visitante.

  2. 2.

    El presidente Snow dijo que obtener un testimonio es “un muy buen punto de partida para los Santos de los Últimos Días” (página 66). ¿Por qué el testimonio es sólo un punto de partida y no el destino final?

  3. 3.

    En la sección que comienza en la parte inferior de la página 66, el presidente Snow compara la instrucción del mundo con la formación “más elevada” que ofrece el Señor. ¿Cómo podemos procurar esa “formación más elevada”? ¿Qué bendiciones ha recibido conforme lo ha hecho?

  4. 4.

    Lea la sección que comienza en la página 67. ¿En qué ocasiones ha tenido que “depender de su propio conocimiento”? ¿Qué pueden hacer los padres y los maestros para ayudar a los niños y a los jóvenes a depender de su propio conocimiento?

  5. 5.

    Repase el consejo del presidente Snow que está en la última sección del capítulo (páginas 69–71). ¿Qué piensa que significa “ahondar en las cosas de Dios”? ¿Qué piensa que significa que la religión esté “incorporada en nuestro interior”?

Pasajes de las Escrituras que se relacionan con el tema: 2 Nefi 31:20; Mosíah 5:1–4, 15; Alma 12:9–10; 3 Nefi 9:20; Moroni 10:5; D. y C. 50:24.

Ayuda didáctica: “Gran parte de la enseñanza en la Iglesia se efectúa de manera tan rígida que es un sermón. En la sala de clases no se responde bien a los sermones. Esto se hace en las reuniones sacramentales y en las conferencias. Pero la enseñanza puede ser interactiva, para que usted pueda hacer preguntas. Es fácil fomentar las preguntas en la clase” (Boyd K. Packer, “Principios de la enseñanza y del aprendizaje”, Liahona, junio de 2007, pág. 55).

“Debemos ahondar en las cosas de Dios [y] edificar nuestros cimientos sobre la roca hasta que lleguemos a esa agua que será en nosotros una sempiterna fuente de vida eterna.”

Poco después de haber sido bautizado y confirmado, Lorenzo Snow recibió una apacible manifestación del Espíritu Santo que le cambió la vida.

“Los hombres y mujeres pueden aumentar su conocimiento espiritual; pueden mejorar conforme acumulan años de vida”.

Mostrar las referencias

    Notas

  1.   1.

    En Frank G. Carpenter, “A Chat with President Snow”, citado en Deseret Semi-Weekly News, 5 de enero de 1900, pág. 12.

  2.   2.

    “The Grand Destiny of Man”, Deseret Evening News, 20 de julio de 1901, pág. 22.

  3.   3.

    En “A Chat with President Snow”, pág. 12.

  4.   4.

    Véase Presidentes de la Iglesia, Manual del alumno, Religión 345, 2003, pág. 82.

  5.   5.

    “The Object of This Probation”, Deseret Semi-Weekly News, 4 de mayo de 1894, pág. 7.

  6.   6.

    Millennial Star, 18 de abril de 1887, pág. 242.

  7.   7.

    “Glory Awaiting the Saints”, Deseret Semi-Weekly News, 30 de octubre de 1894, pág. 1.

  8.   8.

    Millennial Star, 18 de abril de 1887, pág. 244.

  9.   9.

    Deseret News: Semi-Weekly, 31 de marzo de 1868, pág. 2.

  10.   10.

    Salt Lake Daily Herald, 11 de octubre de 1887, pág. 2.

  11.   11.

    Deseret News, 11 de abril de 1888, pág. 200; tomado de una paráfrasis detallada de un discurso que Lorenzo Snow pronunció en la conferencia general de abril de 1888.

  12.   12.

    Deseret News, 13 de junio de 1877, pág. 290.

  13.   13.

    Deseret News, 28 de enero de 1857, pág. 371.

  14.   14.

    Deseret News, 28 de enero de 1857, pág. 371.

  15.   15.

    Deseret News: Semi-Weekly, 15 de agosto de 1882, pág. 1.

  16.   16.

    Deseret News: Semi-Weekly, 31 de marzo de 1868, pág. 2.

  17.   17.

    Deseret Semi-Weekly News, 30 de marzo de 1897, pág. 1.

  18.   18.

    Deseret News, 28 de enero de 1857, pág. 371.