SECCION 10: TESTIMONIO DE PABLO A LOS LIDERES DEL SACERDOCIO

La vida y Enseñanzas de Cristo y sus Apóstoles, (1979), 386–425


Lecciones

  1. 45

    "He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe" (2 Timoteo 4:7).

  2. 46.

    "Vamos adelante a la perfección" (Hebreos 1-7)

  3. 47.

    "Por la sangre sois santificados" (Hebreos 8-10)

  4. 48.

    La fe es "...Ia convicción de lo que no se ve" (Hebreos 11:13.)

BIOGRAFIAS

Fidelidad de Pablo

"...en la última carta que S. Pablo escribió a Timoteo, poco antes de su muerte, y que dice así: "He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida." Ninguno que acepta la narración dudará por un momento de esta afirmación que Pablo hizo, como él sabía, poco antes que partiese de este mundo. Aunque en un tiempo, él, según su propia palabra, persiguió a la Iglesia de Dios y la asoló, sin embargo, después de abrazar la fe, no cesó en su labor de extender las gloriosas nuevas; y como fiel soldado, cuando fue llamado a dar su vida por la causa que había abrazado, la dio, como él dice, con la seguridad de recibir una corona eterna. Si seguimos la obra de este apóstol desde el día de su conversión hasta el momento de su muerte, veremos un buen ejemplo de la diligencia y paciencia en la promulgación del evangelio de Cristo. Escarnecido, azotado y apedreado, no bien se libraba de las manos de sus perseguidores, cuando se ponía a proclamar con el mismo celo la doctrina del Salvador. Todos saben que no abrazó la fe por los honores de esta vida, ni para ganar cosas terrenales. ¿Qué, pues, fue lo que lo indujo a soportar tanta congoja? Fue, como dijo, a fin de que recibiese de las manos de Dios la corona de justicia. Nos atrevemos a decir que nadie dudará de la fidelidad de Pablo hasta el fin. ¿Y qué iba a recibir? Una corona de justicia. ¿Y qué recibirán los otros que no obran fielmente y permancen hasta el fin? Dejamos que tales busquen sus propias promesas, si acaso las hay para ellos; y si las hay, ojalá les aprovechen, porque el Señor dice que todo hombre recibirá de acuerdo con sus obras. Meditad por un momento, hermanos, y preguntaos si os consideraríais dignos de sentaros en la boda con Pablo y otros como él, si no hubiereis sido fieles. Si no peleado la huena baté y guardado la fe, ¿qué esperáis recibir? ¿Tenéis la promesa de recibir de la mano del Señor una corona de justicia con la Iglesia del Primogénito? Por esto, pues, entendemos que Pablo basaba su esperanza en Cristo, porque había guardado la fe y amaba su venida, y había recibido la promesa de recibir de su mano una corona de justicia" (Enseñanzas, págs. 69-70).

Timoteo era hijo de un griego y de una devota judía, Eunice (Hechos 16:1; 2 Timoteo 1:5). Vivió en Listra o en Derbe, donde fue convertido por Pablo cuando éste realizaba su primer viaje misional. Mientras completaba el segundo viaje misional, Pablo llevó a Timoteo como su secretario y compañero (Hechos 16:1-4; 1 Tesalonicenses 3:2), después de ordenarlo y circuncidarlo para complacer a los judíos (2 Timoteo 1:6; Hechos 16:3).

Timoteo permaneció con Silas en Berea después que Pablo fue obligado a huir de la ciudad (Hechos 17:14). Poco después se unió a Pablo en Corinto (Hechos 18:1, 5). Posteriormente Timoteo fue enviado de nuevo a Corinto para tratar de resolver los desórdenes ocurridos en la iglesia y allí trabajó hasta que Tito tomó su lugar (1 Tesalonicenses 3:6; Hechos 19:22; 1 Corintios 4:17; 16:11; 2 Corintios 7:6, 13;8:6, 16, 23; 12:18).

Después de ayudar a organizar una colecta para la iglesia en Jerusalén, acompañó a Pablo hasta Troas, aunque no es seguro que haya seguido hasta Jerusalén (Hechos 20:4-6). Ni tampoco hay señales de que estuviera con Pablo en Roma durante el primer encarcelamiento de éste. Lo que se sabe es que Timoteo estaba con Pablo cuando se escribieron las epístolas a los filipenses, colosenses y Filemón. No se dispone de más información en cuanto a los viajes de Timoteo.

Haciendo referencia a Timoteo y llamándolo de joven (1 Timoteo 1:3), Pablo lo considera capaz y soldado amado de Cristo. En las epístolas de Pablo a Timoteo, el apóstol apoya, anima y exhorta a Timoteo para que permanezca firme en la fe a pesar de la oposición por parte de los miembros licenciosos y judaizantes y de los paganos que no eran miembros. La última referencia a Timoteo en el Nuevo Testamento alude a su liberación de una prisión romana donde debe haber permanecido durante los últimos días de la vida de Pablo. (Hebreos 13:23.)

Tito, un converso griego convertido por Pablo (Tito 1:4), y cuyos padres probablemente eran gentiles (Gálatas 2:3), fue uno de los primeros compañeros de Pablo en la obra del ministerio (2 Corintios 8:23). Tito acompañó a Pablo desde Antioquía a Jerusalén, donde los judaizantes querían hacerlo circuncidar y donde los dirigentes de la iglesia determinaron no requerir que se sometiese al ritual mosaico (Hechos 15:2, 23-29; Gálatas 2:1, 3). Cuando Tito fue enviado a ocupar el lugar de Timoteo en Corinto (1 Corintios 4:17; 16:10), sus medidas conciliatorias tuvieron éxito y la paz fue restaurada (2 Corintios 7:5-15). Posteriormente, sin duda por causa de su influencia entre los santos de Corinto, Pablo envió nuevamente a Tito a visitar Corinto para completar una colecta para los miembros de la iglesia en Jerusalén (2 Corintios 8:6-16). Luego, fue asignado a trabajar en Creta hasta que fue llamado a encontrarse con Pablo (Tito 1:4, 5). La tradición sostiene que era el obispo de Creta y que efectuó labores misionales en Dalmacia, la cual ahora es parte de Yugoeslavia (2 Timoteo 4:10). Se considera que estuvo en Roma durante el último confinamiento de Pablo.