SECCION 8: EL TESTIMONIO DE PABLO COMO MISIONERO

La vida y Enseñanzas de Cristo y sus Apóstoles, (1979), 282–337


  1. 33.

    La venida del Señor Jesucristo

  2. 34.

    "Que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres"

  3. 35.

    "Haced esto en memoria de mí"

  4. 36.

    "Procurad, pues, los dones mejores"

  5. 37.

    La aflicción obra para nosotros un mayor peso de gloria

  6. 38.

    "Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará"

  7. 39.

    "El hombre es justificado por [la] fe"

  8. 40.

    "Herederos de Dios, y coherederos con Cristo"

  9. 41.

    Elegidos antes de la fundación del mundo

"LOS SANTOS HOMBRES DE DIOS" ESCRIBIERON

"...ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada,.

"porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo" (2 Pedro 1:20-21).

La Primera Presidencia de la Iglesia de Cristo dirigió toda la obra misional en esta Dispensación Meridiana

De los veintisiete libros del Nuevo Testamento, catorce fueron escritos por el apóstol Pablo. Esto ha llevado a algunos comentaristas a llegar a la conclusión injustificada, de que la la obra de este apóstol sobresaliente, junto con las cartas que escribió, hizo sombra a la obra de los otros apóstoles. Pero en este estudio, deben recordar que "Pedro, Santiago y juan actuaban como la Primera Presidencia de la Iglesia en su época" (Joseph Fielding Smith, Doctrines of Salvation, 3:152). La obra de esparcir el evangelio ya había progresado bajo la dirección de la Primera Presidencia antes de que la obra de Pablo hubiera comenzado. Fue por indicación de ella que Pablo fue enviado a los gentiles (Gálatas 2:9). y se encontrará, que cuando Dios revela "muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios" (noveno Artículo de Fe), Pedro y los otros hermanos de aquellos tiempos viajaron extensamente y escribieron tanto como lo hizo Pablo.

Antes de leer las cartas de estos primeros testigos, será útil hacer un repaso de lo que se conoce de sus biografías. Las mismas están resumidas por separado a lo largo de este manual y deben servir para proveerles alguna información útil en cuanto a por qué los primeros apóstoles se expresaban en la forma en que lo hacían.

Por qué los primeros apóstoles se comunicaban por cartas con la iglesia

En la época de la conversión de Pablo, aproximadamente en el año 36 D.C., la iglesia de Jesucristo era un pequeño cuerpo de creyentes apenas conocido más allá de los límites de judea. Unos quince o dieciséis años después, cuando Pablo escribió sus dos primeras cartas, Primero y Segundo Tesalonicenses, el mensaje del evangelio se había extendido a varias partes del Imperio Romano. La Iglesia estaba entonces grandemente extendida y los medios rápidos y modernos de transporte y comunicación eran desconocidos. Además, los conversos de la iglesia primitiva provenían de un mundo de filosofías que competían entre sí y que degradaban el alma. El problema mayor de las autoridades de la iglesia en aquel tiempo, por lo tanto, era el de mantener a la iglesia pura y libre de las filosofías falsas y de las prácticas inmorales de la época; además de comunicar esa instrucción en la forma más rápida. La comunicación por correo expreso era mediante palabra directa o por carta a las autoridades locales del sacerdocio y era la forma más rápida en la que las autoridades de la iglesia podían atender las necesidades y problemas locales (2 Tesalonicenses 2:2). Es en este escenario que Pablo, sin duda bajo la dirección de la presidencia de la iglesia, fue autorizado para poner en orden muchas de las ramas que él había fundado. En su mayoría, esto se hacía mediante cartas, catorce de las cuales tenemos en nuestro Nuevo Testamento. Del mismo modo, en el canon del del Nuevo Testamento hay otras cartas de otros oficiales del sacerducio: Pedro, el presidente de la iglesia; Santiago, un apóstol; Juan, un apóstol y, según piensan algunos, sucesor del presidente luego del martirio de Pedro; y Judas, un apóstol. Cada carta fue escrita para dar ánimo e instrucción a los santos esparcidos por todas partes o para combatir la herejía que había comenzado a infiltrarse en la iglesia.

¿En qué secuencia histórica se escribieron las cartas?

Por causa del detallado relato histórico del libro de los Hechos, y por otras alusiones que se encuentran en las cartas mismas, tenemos una noción general en cuanto a cuándo fueron escritas la mayoría de las cartas contenidas en el Nuevo Testamento. En ningún caso, naturalmente, podemos asignar una fecha exacta a las cartas. Algunas parecen haber sido escritas durante el segundo y tercer viaje misional de Pablo, entre los años 50 y 60 D.C.; otras tueron escritas durante el primer y segundo encarcelamiento en Roma, aproximadamente entre los años 61 y 68 D.C.; aun otras parecen haber sido escritas hacia el final del primer siglo. Una, el libro de Hebreos, no aporta indicios de fecha alguna, haciendo muy difícil establecer la fecha de cuándo fue escrita. La cronología de las cartas de Pablo en este manual es, en esencia, la usada por el Dr. Sidney Sperry en "The Life and Letters of Paul". En cuanto a la cronología de los escritos del Nuevo Testamento, véase el Bosquejo de la Historia del Nuevo Testamento, en la sección central.

BIOGRAFIA

Pablo el misionero

Después de su conversión, Pablo fue llevado a Damasco con Ananías, quien probablemente era el oficial que presidía en la iglesia del lugar, y quien lo ayudó a sanar de su ceguera. Luego Pablo fue bautizado y recibió el don del Espíritu Santo. Debido a que progresó tan rápido en comprender su nueva fe, y a que su conocimiento del Antiguo Testamento era tan completo, en muy poco tiempo Pablo pudo confundir a los dirigentes judíos de Damasco probando que Jesucristo era el Mesías tan largamente esperado. Fue en este tiempo que Pablo fue a Arabia para prepararse espiritualmente (Gálatas 1:17). Allí, en la soledad del desierto, es posible que sus oraciones y meditaciones fueran de tal poder que se le enseñó el evangelio por revelación directa del Salvador (Gálatas 1:11, 12).

No conocemos el lugar exacto ni el tiempo de la estadía de Pablo en Arabia; sólo sabemos que al cabo de este tiempo estaba preparado para comenzar sus labores misionales. Regresó a Damasco y nuevamente enseñó en las sinagogas judías. Esta vez su prédica era tan vehemente que los judíos intentaron matarlo. Los miembros de la iglesia ayudaron a Pablo bajándolo por las murallas de la ciudad en un canasto, y el acosado hombre pudo escapar a Jerusalén.

Probablemente durante su estadía en Jerusalén aprendió mucho de Pedro concerniente a la vida mortal y ministerio del Salvador. Pablo aprovechó la ocasión para predicar el evangelio en las sinagogas de Jerusalén. Como razonaba con tal vigor y eficacia contrarió a los judíos que lo escuchaban e intentaron matarlo. Sus complots, sin embargo, fueron ineficaces, pues el Salvador intervino para salvar a Pablo. El Señor se mostró a Pablo en una visión mientras éste oraba en el templo y le advirtió que debía abandonar la ciudad. Obediente a este mandato, Pablo huyó de Jerusalén y con la ayuda de los hermanos de la iglesia escapó a Cesarea y luego volvió a Tarso, su ciudad natal y capital de la provincia de Cilicia.

Mientras estuvo en Cilicia y en la vecina provincia de Siria, predicó con gran poder; tanta gente se convirtió que la noticia de su éxito fue llevada a los hermanos en Jerusalén (Gálatas 1:21-24). Posteriormente, cuando Bernabé necesitó un ayudante en el ministerio, sin duda fue influido por el conocimiento que tenía de la eficacia de Pablo como misionero. Bernabé buscó a Pablo en Tarso y lo persuadió a que lo ayudase en las labores misionales en Antioquía (Hechos 11:25, 26). También recogieron fondos para los miembros pobres de la Iglesia en Jerusalén. Luego los dos hombres viajaron a Jerusalén para llevar la ayuda tan necesaria para los santos. (Hechos 11:29-31).

En Hechos leemos en cuanto a los tres viajes misionales conocidos de Pablo, y en cuanto a sus cinco visitas a Jerusalén. Las cartas de Pablo, muchas de las cuales fueron escritas durante estos viajes, aportan mucho para ayudarnos a entender los detalles de su vida y ministerio apostólico. Al final de su tercer viaje misional, Pablo regresó a Jerusalén. Allí los soldados romanos lo libraron de una muerte segura a manos de un populacho enfurecido por judíos. Cuando el capitán en jefe de los romanos supo que Pablo era ciudadano romano y que había una conspiración entre los judíos para matarlo, asignó varios cientos de soldados para que acompañaran a Pablo hasta Cesarea donde pudiera estar protegido y ser juzgado por Félix, el gobernador romano.

Map Chp. 32