SECCION 9: EL TESTIMONIO DE PABLO DESDE LA PRISION

La vida y Enseñanzas de Cristo y sus Apóstoles, (1979), 354–363


Lecciones

  1. 42.

    "...como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma" (Hechos 23:11)

  2. 43.

    "...sois...conciudadanos de los santos..." (Efesios, Filemón)

  3. 44.

    "...sé ejemplo de los creyentes..." (Filipenses; 1 Timoteo)

BIOGRAFIA

Encarcelamiento de Pablo

En Cesarea Pablo tuvo una audiencia ante Félix, el gobernador romano. En esos días Pablo había sido acusado de traición, herejía y sacrilegio. La audencia no tuvo como resultado la liberación de Pablo. Durante dos años el apóstol estuvo en Cesarea esperando una audiencia final. Cuando Félix fue llamado a Roma, Pablo permaneció en prisión. Aproximadamente en el año 60, Félix fue substituido en la silla de gobernador por Porcio Festo. Festo, queriendo hacer un favor a los judíos, quiso que Pablo enfrentarse un juicio en Jerusalén. A esto se opuso Pablo, sabiendo que los judíos no deseaban darle un juicio justo. En cambio, apeló a César, lo cual era su derecho como ciudadano romano. La apelación fue concedida (Véase Hechos 24:1-26; 32).

Durante su viaje a Roma, Pablo sufrió muchas dificultades. Después de su estancia de tres meses en la isla de Malta, como resultado de un naufragio, Pablo y sus compañeros viajaron de nuevo y finalmente llegaron a Roma. Allá, Pablo vivió en una casa alquilada por él mismo y gozó de cierta libertad. Pablo enseñó a todos los que los visitaban durante este período y escribió varias cartas a los santos que estaban en el extranjero.

Según la tradición y por las deducciones que se pueden hacer de sus cartas, llegamos a la conclusión de que Pablo fue liberado después de dos años de estar preso. Parece probable que Pablo inmediatamente haya comenzado a entregarse a la obra misional.

Posiblemente viajó hasta España y es probable que sus viajes lo hayan llevado a Macedonia. También es posible que haya viajado a Efeso y luego a las otras ramas de la Iglesia en el sur de Asia.

En algún momento de sus viajes, probablemente en el año 67 ó 68, el apóstol Pablo fue arrestado y llevado de nuevo a Roma. Este segundo encarcelamiento fue diferente del primero en el sentido de que la libertad de Pablo fue casi totalmente restringida. Pablo fue encadenado y se le prohibió predicar abiertamente. Parece ser que sus amigos encontraron que era peligroso visitarlo. Cuando llegó el momento del juicio nadie se paró en defensa suya. Cuando su caso fue presentado a una segunda audiencia, el apóstol sintió que su ministerio terrenal estaba llegando a su final. La muerte parecía inminente. Pablo había luchado la buena batalla. Había terminado su recorrido. Había mantenido la fe; había ganado aquella corona de justicia que es reservada por el Señor para todos los que guardan la fe y perseveran hasta el fin (Véase 2 Timoteo 4:7-8).