Lección 24: Las debilidades y las tribulaciones pueden ser una fuente de fortaleza

"Lección 24: Las debilidades y las tribulaciones pueden ser una fuente de fortaleza," Los Presidentes de la Iglesia, (1998)


Objetivo

Que los alumnos comprendan que con la ayuda del Señor las debilidades y las tribulaciones personales se transformarán en fuentes de fortaleza.

Preparación

  1. 1.

    Consiga ejemplares del Libro de Mormón y de Doctrina y Convenios para todos los alumnos.

  2. 2.

    Por lo menos dos o tres días antes de la clase, lea la actividad de clase titulada: “Las debilidades y las tribulaciones pueden ser una fuente de fortaleza”. Lleve a la clase varios objetos pesados con la siguiente nota pegada a cada uno de ellos: “Tribulaciones y debilidades personales”. Podría llevar una bolsa de cereales, de tierra o de arena; piedras grandes; libros grandes y pesados, o herramientas pesadas. Dése un margen de tiempo suficiente para reunir los elementos necesarios y hacer la nota para cada uno de los objetos. Con anterioridad a la clase, asigne a uno o a dos alumnos para que sostengan los objetos delante de la clase. De ser preciso, lleve un trozo de tela o una sábana vieja, pero limpia, para proteger la ropa de los participantes.

Sugerencias para presentar la lección

Introducción

Análisis en la pizarra

  • ¿Qué es una tribulación? (Es una aflicción que pone a prueba la fortaleza del carácter, de la fe y de los principios.)

  • ¿Qué es una debilidad? (Un defecto o falla del alma.)

  • ¿Qué tribulaciones y debilidades encaran ustedes día a día? (Dé tiempo a los alumnos para responder y expresar sus opiniones, y anótelas en la pizarra.)

Repaso

Hemos estado estudiando la vida de Heber J. Grant. ¿Qué tribulaciones y debilidades encaró él?

  1. 1.

    Cuando Heber tenía sólo unos días de vida, murió su padre.

  2. 2.

    Era muy delgado y pequeño de cuerpo.

  3. 3.

    No tenía grandes aptitudes para los deportes, como el béisbol, por ejemplo.

  4. 4.

    Desafinaba al cantar.

  5. 5.

    Tenía pésima letra.

  6. 6.

    Le resultaba difícil hablar en público.

  7. 7.

    Heber y su madre pasaron muchas penurias económicas cuando él era niño.

Análisis

  • ¿Es casualidad que se nos hayan dado debilidades y tribulaciones después de haber dejado nuestra vida preterrenal para recibir un cuerpo y ser probados? (No.)

Análisis de un pasaje de las Escrituras

Lean juntos Éter 12:27.

Nuestro Padre Celestial nos envió a la tierra para que fuésemos probados. Nosotros aceptamos tener tribulaciones y debilidades junto con las dificultades que éstas acarrean. Nuestro Padre Celestial sabe que por medio de ellas nos fortaleceremos.

Al transformar nuestras tribulaciones y debilidades en fuentes de fortaleza, progresamos

La forma en que reaccionemos frente a las tribulaciones y a nuestras debilidades adelantará nuestro progreso como hijos e hijas de Dios o lo obstaculizará. Heber J. Grant fue un ejemplo, ya que, pese a las dudas, a las debilidades y a las tribulaciones, puso su confianza en el Señor y superó sus dificultades, gracias a lo cual progresó.

Ejemplo

Al principio, Heber J. Grant se sintió abrumado por su llamamiento al Apostolado. Tenía sólo veinticinco años de edad cuando el presidente John Taylor le extendió dicho llamamiento.

Durante los seis meses que siguieron a su sostenimiento en calidad de Apóstol, desde octubre de 1882 a febrero de 1883, el presidente Grant pensaba que no podía realizar la obra del Señor en la forma que consideraba que nuestro Salvador lo deseaba. Opresivos sentimientos de debilidad espiritual e imperfecciones de carácter le atormentaban. De eso, dijo:

“Siempre hay dos espíritus luchando con nosotros, uno que nos dice que continuemos haciendo el bien, y el otro que nos dice que somos indignos por motivo de las faltas y fallas de nuestra naturaleza. Puedo decir con certeza que desde octubre de 1882 hasta febrero de 1883 ese espíritu [el segundo] me siguió de día y de noche, diciéndome que yo no era digno de ser un Apóstol de la Iglesia, y que [debía renunciar a ese cargo]. Cuando testificaba de mi conocimiento de que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente, el Redentor de todo el género humano, parecía oír una voz que decía: ‘¡Mentiroso! Nunca lo has visto’.” (Presidentes de la Iglesia, Curso de religión 345, manual del alumno, pág. 173; véase también Heber J. Grant, Gospel Standards, comp. por G. Homer Durham, Salt Lake City: Deseret Book Co., 1969, págs. 194–195).

Pero en la primavera de 1883, ocurrió a Heber J. Grant un suceso notable: viajaba con otros líderes de la Iglesia por el territorio de los indios Navajo; al llegar a cierto lugar, el camino doblaba hacia la izquierda, pero delante de ellos había un sendero bien transitado. El entonces élder Grant preguntó si habría algún peligro en que él siguiera solo por el sendero que serpenteaba por un hondo precipicio y conectaba con el camino principal al otro lado. Una vez que le dijeron que no correría peligro, dijo a los demás: “Deseo estar solo. Sigan adelante” (Presidentes de la Iglesia, Curso de religión 345, manual del alumno, pág. 173; véase también Gospel Standards, pág. 195).

El presidente Grant relató aquel suceso como sigue. Lea el relato:

“Mientras cabalgaba para reunirme con ellos en el otro lado, me pareció oír y ver lo que para mí fue una de las experiencias más reales de mi vida. Me pareció ver un concilio en los cielos, y también me pareció oír lo que hablaban. Escuché el diálogo con mucho interés. La Primera Presidencia y el Consejo de los Doce no habían podido llegar a un acuerdo en cuanto a quiénes debían llenar dos vacantes en el Quórum de los Doce. Había habido en éste una vacante durante dos años y dos vacantes durante un año, pero en ninguna de las conferencias se habían [llenado]. El Salvador estaba presente en ese concilio, y mi padre y el profeta José Smith también estaban allí. Ellos comentaron que había sido un error el no llenar tales vacantes, y que probablemente tendrían que pasar otros seis meses antes de que pudiera completarse el Quórum. También hablaron en cuanto a quiénes deseaban ellos que ocuparan esos cargos y decidieron que la manera de enmendar el error sería enviar una revelación. Se me hizo saber que el profeta José Smith y mi padre mencionaron mi nombre y pidieron que yo fuera llamado a ocupar ese cargo. Entonces me senté y lloré de gozo. Se me hizo saber que yo no había hecho nada que me diera derecho a ese cargo, excepto que había llevado una vida limpia y pura. También se me hizo saber que a causa de que mi padre prácticamente había sacrificado su vida en lo que se conoció como la gran reforma, por decirlo así, de la gente en los tiempos anteriores, habiendo sido casi un mártir, el profeta José Smith y mi padre desearon que yo ocupara ese cargo; fue a causa de las fieles obras de ellos que yo fui llamado, y no por algo extraordinario que yo hubiera hecho. Por lo demás, se me hizo saber que eso era todo lo que ellos, el Profeta y mi padre, podían hacer por mí; que a partir de ese día dependería de mí y solamente de mí el que yo hiciera de mi vida un éxito o un fracaso…

“No hubiera podido haber persona más infeliz que yo desde octubre de 1882 hasta febrero de 1883, pero desde ese día no me ha vuelto a incomodar, ni de día ni de noche, la idea de que yo no era digno de ser Apóstol, ni me ha preocupado más desde las últimas palabras que me dijo Joseph F. Smith antes de morir: ‘El Señor te bendiga, hijo mío, el Señor te bendiga; tienes una gran responsabilidad. Recuerda siempre que ésta es la obra del Señor y no de los hombres. El Señor es más grandioso que el hombre. Él sabe a quién quiere para que dirija Su Iglesia, y no se equivoca nunca. El Señor te bendiga’.” (véase Presidentes de la Iglesia, Curso de religión 345, manual del alumno, págs. 173–174; véase también Gospel Standards, págs. 195–196 y Heber J. Grant, en “Conference Report”, abril de 1941, pág. 5).

Las debilidades y las tribulaciones pueden ser una fuente de fortaleza

Actividad y análisis

Muchas veces nos sentimos apesadumbrados por las dificultades que nos presentan las tribulaciones y las debilidades personales. El sentimiento de depresión y de falta de valía como persona pesa sobre nuestros pensamientos y acciones. Durante esos momentos de desaliento, el Señor nos ayudará si estamos dispuestos a ayudarnos a nosotros mismos.

Pida a los alumnos previamente designados que se pongan de pie delante de la clase.

  • Tras señalar la lista de debilidades que habrá anotado en la pizarra, haga de nuevo la pregunta que sigue: ¿Qué tribulaciones y debilidades enfrentan los jóvenes de la actualidad? (Mientras los alumnos las vayan mencionando y expresando sus opiniones, comience usted a pasar a los que estén delante de la clase los objetos pesados, uno a la vez. Cuando se los haya dado a todos y los alumnos hayan estado recargados durante unos minutos, haga a éstos las preguntas siguientes:

  • ¿Qué siente uno cuando carga tanto peso? (Uno se siente débil, cansado, molesto, más manso, etc.)

  • ¿Por qué el acarrear todos esos objetos pesados sería un obstáculo para realizar cualquier cosa y para trasladarse de un sitio a otro? (Dé a los alumnos oportunidad de contestar.)

  • ¿Podemos establecer una comparación entre este ejemplo y el acarrear constantemente nuestras debilidades y tribulaciones personales? (Como se ha mencionado anteriormente, nuestras tribulaciones y debilidades personales muchas veces nos hacen sentir apesadumbrados.)

  • ¿Adónde podemos acudir en busca de ayuda? (Nuestro Padre Celestial sabe todo lo que nos ocurre y se interesa por cada uno de nosotros, así como por los problemas que tengamos. Él está siempre presente para ayudarnos y nos ayudará a superar nuestras debilidades y tribulaciones, y puede quitar las cargas que nos agobien. [Ayude a los alumnos a dejar a un lado los objetos pesados e indíqueles que regresen a sus asientos.])

Análisis de un pasaje de las Escrituras

Lean y comenten lo que dice en Mosíah 24:10–16.

  • En medio de nuestras tribulaciones y debilidades, y las inquietudes que nos causan, ¿qué podemos hacer para aliviar nuestras cargas o preocupaciones y hacer frente a los sentimientos que experimentemos? (Refiérase a lo que aprendemos en Mosíah 24:10–16.)

Aprendemos que:

  1. 1.

    Esas personas derramaron a Dios sus corazones (véase el versículo 12).

  2. 2.

    Gracias a la fe, pudieron seguir adelante en medio de sus tribulaciones (véase el versículo 14).

  3. 3.

    Tenían fe en que el Señor les ayudaría y soportaron con paciencia sus aflicciones (versículo 15).

Si al enfrentarnos con tribulaciones y debilidades, buscamos la compañía de nuestro Salvador, ganaremos la victoria y recibiremos nuestro galardón, porque Él nos ha prometido: “…si [las personas] se humillan ante mí, y tienen fe en mí, entonces haré que las cosas débiles sean fuertes para ellos” (Éter 12:27). Nuestro Salvador también nos dice a nosotros, tal como lo dijo al profeta José Smith cuando éste se encontraba en la cárcel de Liberty: “…entiende, hijo mío, que todas estas cosas te servirán de experiencia, y serán para tu bien” (D. y C. 122:7).

Testimonio y exhortación

Dé su testimonio y exhorte a los alumnos a acudir al Señor con fe y a pedirle ayuda en sus tribulaciones y debilidades. Él cumplirá Su promesa de hacer que las cosas débiles sean fuertes para nosotros.