Albedrío

Leales a la Fe: Una Referencia del Evangelio, (2004), 15–16


Tu Padre Celestial te ha dado el albedrío, o sea, la capacidad para escoger y actuar por ti mismo(a). El albedrío es esencial en el plan de salvación, puesto que sin él no podrías aprender, ni progresar, ni seguir al Salvador. Con él, eres libre “para escoger la libertad y la vida eterna, por medio del gran Mediador de todos los hombres, o escoger la cautividad y la muerte, según la cautividad y el poder del diablo” (2 Nefi 2:27).

Tenías el poder para elegir aun antes de nacer. En el Concilio de los Cielos preterrenal, nuestro Padre Celestial presentó Su plan, el cual incluía el principio del albedrío. Lucifer se rebeló y “pretendió destruir el albedrío del hombre” (Moisés 4:3). Como consecuencia de ello, a Lucifer y a todos los que le siguieron se les negó el privilegio de recibir un cuerpo mortal. Tu presencia aquí en la tierra confirma que ejerciste tu albedrío para seguir el plan de nuestro Padre Celestial.

En la vida terrenal, sigues teniendo albedrío. El uso que hagas de este don determinará tu felicidad o infelicidad en esta vida y en la vida venidera. Eres libre de escoger y de actuar, pero no eres libre de escoger las consecuencias de tus hechos; dichas consecuencias quizás no sean inmediatas, pero siempre ocurrirán. Si se escoge el bien y la rectitud, el resultado será la felicidad, la paz y la vida eterna, mientras que si se escoge el pecado y la maldad, con el tiempo se recibirán dolor e infelicidad.

Tú eres responsable de las decisiones que tomes, pero si decides desobedecer los mandamientos de Dios, no debes culpar a las circunstancias, ni a tu familia ni a tus amigos. Tú eres un hijo de Dios y tienes gran fortaleza; tienes la capacidad para escoger la rectitud y la felicidad sean cuales fueren tus circunstancias.

También eres responsable del desarrollo de las aptitudes y del talento que te haya dado nuestro Padre Celestial, y tendrás que rendirle cuentas por lo que hagas con las aptitudes que tienes y por tu uso del tiempo. No desperdicies tu tiempo. Debes estar siempre dispuesto a trabajar con ahínco; decídete a hacer muchas cosas buenas por tu propia y libre voluntad.