Deudas

Leales a la Fe: Una Referencia del Evangelio, (2004), 57–58


Por conducto del profeta José Smith, el Señor dijo en una ocasión a un grupo de santos: “En cuanto a vuestras deudas, he aquí, es mi voluntad que las paguéis todas” (D. y C. 104:78). Desde los inicios de la Iglesia, los profetas del Señor nos han advertido en repetidas ocasiones que evitemos la esclavitud de la deuda.

Uno de los grandes peligros de las deudas es el interés que las acompaña. Hay algunas formas de crédito, como las tarjetas de crédito, que tienen un interés particularmente elevado; una vez que contraigas una deuda, te darás cuenta de que el interés no tiene misericordia y que sigue acumulándose a pesar de la situación en la que te encuentres, ya sea que tengas empleo o no, que tengas buena salud o estés enfermo, y no desaparece sino hasta que la deuda quede pagada. No te dejes engañar por los ofrecimientos de crédito aunque éstos hagan que las deudas parezcan atractivas al prometer bajos intereses o ningún interés durante cierto tiempo.

Ten presente tu situación económica. Disciplínate en las compras y evita las deudas hasta donde puedas; en la mayoría de los casos, podrás evitarlas si administras en forma prudente tus recursos. Si contraes deudas, por ejemplo una cantidad razonable para comprar una casa modesta o para finalizar tu educación, esfuérzate por pagarlas lo antes posible y librarte de esa esclavitud. Cuando hayas pagado las deudas y acumulado algunos ahorros, estarás preparado para las tormentas económicas que podrían sobrevenirte y tendrás un refugio para tu familia y paz en el corazón.

Referencias adicionales: Lucas 16:10–11; D. y C. 19:35.