Plan de salvación

Leales a la Fe: Una Referencia del Evangelio, (2004), 143–46


En la existencia preterrenal, nuestro Padre Celestial preparó un plan para permitirnos llegar a ser como Él y recibir una plenitud de gozo. Las Escrituras se refieren a ese plan como “el plan de salvación” (Alma 24:14; Moisés 6:62), “el gran plan de felicidad” (Alma 42:8), “el plan de redención” (Jacob 6:8; Alma 12:30) y “el plan de la misericordia” (Alma 42:15).

El plan de salvación es la plenitud del Evangelio e incluye la Creación, la Caída, la expiación de Jesucristo y todas las leyes, ordenanzas y doctrinas del Evangelio. El albedrío moral, la capacidad de decidir y de actuar por nuestra cuenta, también es esencial para el plan de nuestro Padre Celestial. Debido a ese plan, podemos ser perfeccionados mediante la Expiación, recibir una plenitud de gozo y vivir para siempre en la presencia de Dios. Nuestras relaciones familiares pueden perdurar a través de las eternidades.

Tú eres participante en el plan de nuestro Padre Celestial y tu experiencia eterna puede dividirse en tres partes principales: la vida preterrenal, la vida terrenal y la vida después de la muerte. Cuando llegas a comprender el plan, encuentras respuestas a preguntas que se hace mucha gente: ¿De dónde vinimos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Adónde vamos después de esta vida?

Vida preterrenal

Antes de nacer en la tierra, vivías en la presencia de nuestro Padre Celestial como uno de Sus hijos espirituales. En esa existencia preterrenal, participaste en un concilio con los demás hijos espirituales de nuestro Padre Celestial en el que presentó Su gran plan de felicidad (véase Abraham 3:22–26).

En armonía con el plan de felicidad, Jesucristo, el Hijo Primogénito del Padre en el espíritu, en su estado preterrenal, hizo convenio de ser el Salvador (véase Moisés 4:2; Abraham 3:27). A los que siguieron a nuestro Padre Celestial y a Jesucristo se les permitió venir a la tierra para experimentar la condición de seres mortales y progresar hacia la vida eterna. Lucifer, otro hijo espiritual de Dios, se rebeló contra el plan y “pretendió destruir el albedrío del hombre” (Moisés 4:3). Él llegó a ser Satanás, y él y sus seguidores fueron expulsados del cielo y se les negaron los privilegios de recibir un cuerpo físico y de experimentar la vida terrenal (véase Moisés 4:4; Abraham 3:27–28).

Durante tu vida preterrenal, cultivaste tu identidad y aumentó tu capacidad para todo lo espiritual. Bendecido(a) con el don del albedrío, tomaste decisiones importantes, tales como la de seguir el plan de nuestro Padre Celestial. Esas decisiones afectaron tu vida en ese entonces y también ahora; progresaste en inteligencia y aprendiste a amar la verdad, y te preparaste para venir a la tierra, donde podías seguir progresando.

Vida terrenal

Ahora experimentas la vida terrenal. Tu espíritu y tu cuerpo están unidos, lo que te da oportunidades de progresar y desarrollarte en formas que no eran posibles en la vida preterrenal. Esta parte de tu existencia es un período de aprendizaje en el que puedes demostrar tu fidelidad, decidir venir a Cristo y prepararte para ser digno(a) de la vida eterna. También es una época en la que puedes ayudar a otras personas a encontrar la verdad y obtener un testimonio del plan de salvación.

Vida después de la muerte

Cuando mueras, tu espíritu entrará en el mundo de los espíritus para esperar la resurrección, momento en que se reunirán tu espíritu y tu cuerpo, y serás juzgado(a) y recibirás un reino de gloria. La gloria que heredes dependerá de la profundidad de tu conversión y de tu obediencia a los mandamientos del Señor (véase “Reinos de gloria”, páginas 150–153) y dependerá de la manera en que hayas “[recibido] el testimonio de Jesús” (D. y C. 76:51; véanse también los vers. 74, 79, 101).

Bendiciones por conocer el plan

Un testimonio del plan de salvación puede darte esperanza y propósito conforme luches con las dificultades de la vida. El conocimiento de que eres un hijo de Dios y viviste en Su presencia antes de nacer en la tierra tiene que darte tranquilidad. Al saber que tus hechos aquí en la tierra influyen tu destino eterno, la vida presente tiene más sentido para ti; con ese conocimiento, podrás basar tus decisiones importantes en verdades eternas en lugar de basarlas en las siempre cambiantes circunstancias de la vida; te será posible mejorar continuamente tu relación con los miembros de la familia, regocijándote en la promesa de que ésta puede ser eterna; hallarás gozo en tu testimonio de la Expiación y de los mandamientos, las ordenanzas, los convenios y las doctrinas del Señor, sabiendo que “el que hiciere obras justas recibirá su galardón, sí, la paz en este mundo y la vida eterna en el mundo venidero” (D. y C. 59:23).