Restauración del Evangelio

Leales a la Fe: Una Referencia del Evangelio, (2004), 153–57


Cuando Jesucristo anduvo en la tierra, estableció Su Iglesia entre Sus seguidores. Después de Su crucifixión y de la muerte de Sus apóstoles, la plenitud del Evangelio se quitó de la tierra debido a la Apostasía general (véase “Apostasía”, páginas 17–19). Durante los siglos de la Gran Apostasía, muchos hombres y mujeres buscaron la plenitud de la verdad del Evangelio, pero no pudieron hallarla y, aunque muchos predicaron con sinceridad acerca del Salvador y Sus enseñanzas, nadie tenía la plenitud de la verdad ni la autoridad del sacerdocio de Dios.

La Gran Apostasía fue una era de oscuridad espiritual, pero ahora vivimos en una época en que podemos participar de “la luz del evangelio de la gloria de Cristo” (2 Corintios 4:4; véase también D. y C. 45:28). Se ha restaurado la plenitud del Evangelio y una vez más está sobre la tierra la verdadera Iglesia de Jesucristo. No existe ninguna otra organización que pueda compararse con ella. No es el resultado de una reforma, en la que hombres y mujeres bien intencionados hacen todo lo posible por realizar un cambio, sino que es una restauración de la Iglesia establecida por Jesucristo. Es la obra de nuestro Padre Celestial y de Su amado Hijo.

Como miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, tú puedes recibir bendiciones que no existieron en la tierra durante casi dos mil años. Por medio de las ordenanzas del bautismo y la confirmación, puedes recibir la remisión de tus pecados y disfrutar de la compañía constante del Espíritu Santo; además, te es posible vivir el Evangelio en su plenitud y sencillez, y obtener una comprensión de la naturaleza de la Trinidad, de la expiación de Jesucristo, del propósito de la existencia terrenal y de la realidad de la vida después de la muerte. Tienes el privilegio de ser guiado por profetas vivientes que enseñan la voluntad de Dios en nuestros días. Las ordenanzas del templo te permitirán recibir guía y paz, prepararte para la vida eterna, ser sellado a tu familia por toda la eternidad y proporcionar ordenanzas de salvación para tus antepasados fallecidos.

Los acontecimientos de la Restauración

El bosquejo que está a continuación es un resumen de algunos de los acontecimientos importantes de la restauración del Evangelio y del establecimiento de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, la cual el Señor ha declarado que es “la única iglesia verdadera y viviente sobre la faz de toda la tierra” (D. y C. 1:30).

Principios de la primavera de 1820. El joven José Smith, de catorce años de edad, en busca de la verdadera Iglesia de Jesucristo, ora en una arboleda cercana a su hogar en Palmyra, Nueva York. Como respuesta a su humilde oración, nuestro Padre Celestial y Jesucristo lo visitan y le dicen que no debe unirse a ninguna de las iglesias existentes sobre la tierra en aquella época. (Véase José Smith—Historia 1:11–19.) En la Iglesia nos referimos a esa experiencia como la Primera Visión de José Smith.

21–22 de septiembre de 1823. Un ángel llamado Moroni visita a José Smith. Moroni profetiza sobre acontecimientos venideros y le habla acerca del registro del Libro de Mormón, escrito en planchas de oro. El ángel le permite ver las planchas de oro, las cuales han estado enterradas en el cerro de Cumorah cercano a su hogar. (Véase José Smith—Historia 1:27–53.)

22 de septiembre de 1827. En el cerro de Cumorah, José Smith recibe de Moroni las planchas de oro después de haberse reunido con él cada 22 de septiembre durante los cuatro años anteriores. (Véase José Smith—Historia 1:53, 59.)

15 de mayo de 1829. Después de leer acerca del bautismo para la remisión de los pecados al estar trabajando en la traducción de las planchas de oro, José Smith y su escribiente, Oliver Cowdery, se retiran a un lugar apartado para preguntar al Señor en cuanto al asunto. Allí, en las orillas del río Susquehanna, cerca de Harmony, Pensilvania, reciben la respuesta a su oración. Juan el Bautista, un ser resucitado, los visita como “un mensajero del cielo en una nube de luz”. Él les confiere el Sacerdocio Aarónico. Luego, obedeciendo las instrucciones que él les da, ambos hombres se bautizan el uno al otro y se ordenan al Sacerdocio Aarónico. (Véase José Smith—Historia 1:68–72; véase también D. y C. 13.)

Mayo de 1829. Los apóstoles de la antigüedad Pedro, Santiago y Juan confieren el Sacerdocio de Melquisedec a José Smith y a Oliver Cowdery. (Véase D. y C. 128:20.)

Junio de 1829. Guiado “por el don y el poder de Dios” (D. y C. 135:3), el profeta José Smith termina la traducción del Libro de Mormón.

26 de marzo de 1830. En Palmyra, Nueva York, salen a luz los primeros ejemplares del Libro de Mormón.

6 de Abril de 1830. Se organiza la Iglesia en Fayette, Nueva York, iniciándose con seis miembros.

27 de Marzo de 1836. Se dedica el Templo de Kirtland, el primer templo construido en esta dispensación. El profeta José Smith ofrece la oración dedicatoria, la cual recibe mediante revelación. (Véase D. y C. 109.)

3 de abril de 1836. El Salvador aparece ante José Smith y Oliver Cowdery en el Templo de Kirtland. También aparecen Moisés, Elías y Elías el profeta y dan las llaves del sacerdocio a José y a Oliver. Elías el profeta trae las llaves del poder de sellar, con las cuales las familias pueden ser selladas para siempre. (Véase D. y C. 110.)

El destino de la Iglesia

El profeta Daniel del Antiguo Testamento profetizó que Dios “[levantaría] un reino” que “no [sería] jamás destruido” y que “[permanecería] para siempre” (Daniel 2:44). Cuando hizo esa profecía, hablaba de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el reino de Dios sobre la tierra en la actualidad. Desde el día de la organización de la Iglesia con seis miembros, ésta ha crecido y ha prosperado, y continuará progresando hasta que haya “[llenado] toda la tierra” (Daniel 2:35; véase también D. y C. 65:2); cientos de miles de personas se bautizan todos los años; el Libro de Mormón se está traduciendo en muchos idiomas; se están construyendo templos alrededor del mundo. Con Jesucristo como cabeza de la Iglesia, los profetas vivientes guiarán el progreso de la misma hasta que la tierra esté preparada para la segunda venida del Salvador.

El profeta José Smith habló de las bendiciones de la Restauración: “Ahora, ¿qué oímos en el evangelio que hemos recibido? ¡Una voz de alegría! Una voz de misericordia del cielo, y una voz de verdad que brota de la tierra; gozosas nuevas para los muertos; una voz de alegría para los vivos y los muertos; buenas nuevas de gran gozo” (D. y C. 128:19).