El matrimonio en el templo: Un requisito para que la familia sea eterna

Mujeres Jóvenes, Manual 1, 1994


Objetivo

Que cada una de las jóvenes comprenda que el matrimonio en el templo es necesario para tener una familia eterna.

Preparación

  1. 1.

    Lámina 8, “Una pareja de novios”, que se encuentra al final del manual.

  2. 2.

    Asigne a las jóvenes los pasajes de las Escrituras, los relatos o las citas que desee que se lean en la clase en voz alta.

Sugerencias para el desarrollo de la lección

Introducción

Análisis en la pizarra

Muestre a la clase la lámina de los novios. Escriba en la pizarra la palabra boda y pida a las jóvenes que piensen en diferentes palabras que, en su opinión, estén relacionadas con la lámina y la palabra boda. Vaya anotando en la pizarra las palabras que le digan; en esa lista se podrían incluir términos como traje de novia, felicidad, amor, anillo, eternidad, recomendación para el templo, flores, damas de honor, dignidad, luna de miel, ceremonia, regalos, familia, amigos, autoridad y fiesta de bodas.

Borre de la pizarra la palabra boda y escriba en su lugar matrimonio en el templo. Explique a las alumnas que hay una diferencia entre el matrimonio en el templo y la celebración de la boda; hay muchas maneras de celebrar una boda, como por ejemplo, con una fiesta y haciendo regalos a los novios. Pero el matrimonio en el templo en sí es una ceremonia sagrada, un convenio entre la novia, el novio y el Señor; el novio hace un pacto (convenio) con la novia y con el Señor; la novia hace un pacto con el novio y con el Señor; y ambos juntos hacen un pacto, o sea, entran en un convenio con el Señor. Pida a las jovencitas que determinen cuáles son las palabras de la lista que se refieren al matrimonio en el templo y no a la celebración de la boda; trace un círculo alrededor de esas pala- bras a medida que ellas las mencionen. Pregúnteles si desean agregar otras palabras a la lista.

Lámina y presentación por la maestra Señale la lámina de los novios y explíqueles que el matrimonio en el templo no se lleva a cabo con la pompa y la ceremonia que por lo general se relacionan con un casamiento en la iglesia, sino que se realiza en una sala de sellamientos pequeña y sencilla, pero hermosa. La pareja se arrodilla a ambos lados de un altar, uno enfrente al otro, en presencia de miembros de la familia y de amigos que tengan recomendación para el templo. Un hombre que tiene la autoridad para sellarlos por esta vida y por la eternidad les da consejos; luego lleva a cabo la ceremonia de sellamiento en sí.

Análisis

Pregunte a las jovencitas si saben cuáles son algunas de las razones que los jóvenes dan para explicar su falta de deseos de casarse en el templo. A continuación, hay una lista de pretextos que los jóvenes han dado como razón; considérelos brevemente, junto con otros que ellas mencionen.

  1. 1.

    Algunos no ven la importancia de casarse en el templo.

  2. 2.

    Algunas parejas se casan demasiado jóvenes.

  3. 3.

    Hay muchos que no quieren usar los gárments.

  4. 4.

    Hay quienes no son dignos (no son moralmente puros, no obedecen la Palabra de Sabiduría, no pagan el diezmo, etc.).

  5. 5.

    Algunos dicen que sus padres, familiares o amigos no podrían asistir a la boda si se casaran en el templo. 6. Hay muchos que se casan con personas que no son miembros de la Iglesia.

  6. 7.

    Otros no están completamente seguros de su amor y, por lo tanto, no saben si quieren casarse por la eternidad.

A continuación, pídales que mencionen las razones por las que muchos jóvenes desean casarse en el templo. Acá damos una lista de algunas de las razones que los jóvenes han ofrecido; considérelas brevemente, junto con otras que ellas mencionen.

  1. 1.

    Es un mandamiento de Dios.

  2. 2.

    Nuestro Padre Celestial ha prometido muchas bendiciones a los que se casen en el templo y vivan de acuerdo con los convenios que han hecho allí.

  3. 3.

    Es la única forma de que un matrimonio y sus hijos estén juntos por la eternidad.

  4. 4.

    Nos permitirá morar en la presencia de Dios, estando en la gloria más alta del Reino Celestial.

  5. 5.

    Los padres les han enseñado que deben casarse en el templo y tienen un gran deseo de que lo hagan.

  6. 6.

    Algunos de sus amigos se han casado en el templo.

  7. 7.

    La pareja se quiere tanto que desea estar junta para siempre.

  8. 8.

    Haciéndolo de esa manera, cada uno sabe el valor que el evangelio tiene para su compañero.

  9. 9.

    Cuando se casan en el templo, los dos pueden estar seguros de la pureza y la castidad del otro.

El matrimonio en el templo es una ordenanza eterna

Cita

Lea las siguientes palabras del élder Bruce R. McConkie, quien fue en vida uno de los Doce Apóstoles:

“Hace poco, mi esposa y yo estábamos conversando seriamente sobre las bendiciones que hemos recibido, y considerándolas una por una. Mencionamos una infinidad que hemos tenido a causa de la Iglesia, a causa de nuestra familia, a causa de la gloriosa restauración de la verdad eterna que ha tenido lugar en nuestros días. Entonces llegamos al punto culminante de la conversación con esta pregunta que nos hicimos mutuamente: ‘¿Cuál ha sido la bendición más grande que tú has recibido?’

“Sin vacilar ni un momento, yo dije: ‘Para mí, la bendición más grande que he recibido fue cuando el 13 de octubre de 1937, a las 11:20 de la mañana, tuve el privilegio de arrodillarme en el Templo de Salt Lake, junto al altar del Señor, y recibirte como mi compañera eterna’.

“Ella comentó sonriendo: ‘Bueno, ya aprobaste esa asignatura’.

“Creo que lo más importante que cualquier Santo de los Ultimos Días pueda hacer en este mundo es casarse con la persona apropiada, en el lugar apropiado y por medio de la autoridad apropiada; y que a partir de entonces —una vez que hayan sido sellados de esa manera por el poder y autoridad restaurados por Elías el profeta—, lo más importante que le queda por hacer a un Santo de los Ultimos Días es vivir de tal manera que los términos y las condiciones del convenio que allí hizo sean obligantes y valederas ahora y para siempre” (“Agency or Inspiration?”, New Era, enero de 1975, pág. 38).

Presentación por la maestra

Explique a las jóvenes que el poder que une a una mujer y un hombre para la eternidad es el sacerdocio. Cuando un hombre y una mujer se casan en el templo, hacen un convenio, o promesa, a su Padre Celestial, por el poder del sacerdocio, de que llevarán una vida correcta y obedecerán Sus mandamientos; a Su vez, nuestro Padre Celestial hace pacto con ellos de que, junto con sus hijos, vivirán unidos en familia por toda la eternidad. También les promete muchas otras bendiciones especiales si viven con integridad, obedeciendo Sus mandamientos.

Análisis

• ¿Por qué lo más importante que cualquier Santo de los Ultimos Días pueda hacer en este mundo es casarse con la persona apropiada, en el lugar apropiado y por medio de la autoridad apropiada?

• ¿Qué importancia tiene el matrimonio?

• ¿Por qué desea nuestro Padre Celestial que Sus hijos se casen en el templo?

• Aparte del sacerdocio, ¿hay algún otro poder que selle a un hombre y una mujer por la eternidad?

• El casarse en el templo ¿de qué manera puede contribuir a que marido y mujer progresen eternamente?

• Si una pareja se casa por la autoridad civil solamente, ¿tiene ese contrato matrimonial vigencia para toda la eternidad? ¿Por qué o por qué no?

Presentación por la maestra

Explíqueles que nuestro Padre Celestial manda a Sus hijos que se casen en el templo.

El presidente Spencer W. Kimball dijo esto: “Sólo por medio del matrimonio celestial se puede hallar el camino recto, el camino angosto. No se puede obtener la vida eterna de ninguna otra manera. El Señor ha sido muy claro y muy directo al referirse al matrimonio” (“Marriage—The Proper Way”, New Era, feb. de 1976, pág. 6). A fin de continuar a través de la eternidad como marido y mujer, una pareja debe casarse por medio de la autoridad del sacerdocio, en la Casa del Señor, y después vivir de acuerdo con los convenios que hizo allí.

Esta es la época en que deben prepararse para el matrimonio en el templo

Cita s y análisis

Lean y analicen las dos citas siguientes de Presidentes de la Iglesia:

“Creo que ningún joven Santo de los Ultimos Días que sea digno debe permitir que haya obstáculo alguno que le impida ir a la Casa del Señor para empezar su vida junto con su compañero. Los votos matrimoniales que se hacen en ese lugar santo y los sagrados convenios en que se entra allí por esta vida y por la eternidad son un escudo para defender- los de muchas de las tentaciones del mundo que procuran acabar con el hogar y destruir la felicidad de las personas.

“Las bendiciones y promesas que se reciben cuando se empieza la existencia juntos por esta vida y por la eternidad en un templo del Señor no se pueden obtener de ninguna otra forma, y los jóvenes Santos de los Ultimos Días que son dignos y así lo hacen encuentran que esa asociación eterna bajo el convenio sempiterno se convierte en una base sobre la cual se edifican la paz, la felicidad, la virtud y el amor, así como todas las otras realidades eternas de la vida, tanto para este mundo como para el más allá” (Heber J. Grant, “Presidents of the Church Speak on Temple Marriage”, New Era, junio de 1971, pág. 8).

“Las semillas de un matrimonio feliz se siembran muy temprano en la vida. La felicidad no empieza en el altar, sino durante la juventud y la época del noviazgo. Esas semillas las plantan los jóvenes según la capacidad que tengan de dominar sus arrolladoras pasiones. La castidad debe ser la virtud predominante entre la juventud. En la Iglesia no hay más que una norma, y se aplica por igual a los muchachos como a las jovencitas. Si ellos obedecen esa norma —es decir, si escuchan la inspiración de su corazón y su conciencia— aprenderán que el autodominio durante la juventud y la obediencia a esa norma de moralidad es la fuente de la verdadera virilidad, la corona de la hermosa femineidad, el fundamento de un hogar feliz y un importante factor que contribuye a la fortaleza y la prolongación de la especie.

“El descuido en los años de juventud es como un pagaré que con el tiempo tendrán que pagar; lo pagarán dentro de veinte, treinta, cuarenta años, pero lo pagarán. También el autodominio y la castidad son semillas que en años futuros les pagarán grandes dividendos; y esos años pasan rápidamente, muy rápidamente” (David O. McKay, “The Choice of an Eternal Companion”, Improvement Era, abril de 1965, pág. 285).

Por medio del matrimonio en el templo una joven puede obtener gozo

Relato

Léales el siguiente relato:

“Todo empezó aquel primer domingo de marzo. O quizás no. Tal vez no haya tenido en realidad un comienzo, porque Catalina, Emilia y yo habíamos sido siempre las mejores amigas. Ya fuera celebrando cumpleaños o haciendo pequeños trabajos manuales en la Primaria cuando niñas, ya fuera estudiando juntas para un examen de la secundaria o saliendo las tres juntas con otros tantos muchachos, nuestras personalidades, con vastas diferencias, parecían complementarse, y durante quince años fuimos inseparables.

“Sin embargo, después de terminar la secundaria, la situación empezó a cambiar en nuestro alegre trío. Catalina y Emilia vivían con sus padres y asistían a la universidad local, mientras que yo me había inscrito en un colegio universitario que quedaba a tres horas de viaje de mi casa y vivía en uno de los dormitorios del colegio con cinco muchachas extrañas. Pero, después de haber pasado juntas tantas experiencias, pensábamos qué efecto podrían tener unos pocos kilómetros en nuestra gran amistad. Sin embargo, al poco tiempo nos dimos cuenta de que algo había cambiado.

“Ya me había dado cuenta de que nuestra comunicación especial se había desvanecido, pero aun así me quedé de boca abierta cuando recibí por correo una invitación para el casamiento de Emilia; lo que más me sorprendía era no encontrar en la tarjeta la palabra templo.

“Ese fin de semana fui a casa y me apresuré a ir inmediatamente a visitar a Emilia. Entonces conversamos, y lo hicimos de la misma manera, casi olvidada ya, en que lo hacíamos un año atrás, un año que parecía una eternidad. Ella me contó que sólo hacía dos meses que conocía a Tomás, pero que él era el muchacho más apuesto, más inteligente y popular de toda la universidad. Pensaban seguir estudiando los dos, y Tomás iba a sacar su título de dentista; los padres de él ya les habían asegurado que los ayudarían económicamente, así que eso no era problema. Mi amiga me dijo bromeando que después que él terminara la carrera, todo lo que tendrían que hacer sería sentarse y dedicarse a hacerse ricos.

“Empecé a sentirme cerca de Emilia otra vez; de pronto, casi sin darme cuenta, le pregunté por qué no habían mencionado en la invitación la ceremonia del templo. ‘Es que no podemos casarnos en el templo’, me contestó, con un tono ligero que no llegaba a ocultar completamente la preocupación que yo pude percibir, ‘en primer lugar, porque Tomás es católico; y además, queremos casarnos en el jardín de la casa de los padres, que es precioso, y escribir nosotros parte de nuestros votos. Una ceremonia de bodas es algo muy personal y tiene que ser significativo para los novios, no con las mismas pala- bras para todos. Estoy segura de que Tomás se va a convertir a la Iglesia algún día; pero si no, bueno, mi papá no es miembro de la Iglesia y eso no ha impedido que mi mamá sea activa; así que el hecho de que mi marido no sea miembro tampoco me impedirá a mí ir a la Iglesia’.

“Cuando Emilia terminó su bien ensayada perorata, su actitud desafiante había levantado un muro entre nosotras otra vez. ¿Qué me quedaba por decir? Después de unos momentos de charla insubstancial en la que tratamos de borrar la impresión de incomodidad, me despedí y me fui.

Haga una pausa en el relato para hacer a las alumnas esta pregunta:

• Si estuvieran en el lugar de la amiga de Emilia, ¿qué le habrían dicho?

Después, continúe el relato:

“Tres semanas después, fui a la boda de Tomás y Emilia en el hermoso jardín de los padres de ella. Contrariamente a lo que yo esperaba, todo fue magnífico, aunque sin influencia religiosa alguna. Durante la ceremonia, ambos leyeron trozos poéticos, mien- tras alguien tocaba en una flauta suave música de fondo; después, hubo un baile y sirvieron refrescos para los invitados mormones y champaña para los demás. Se notaba claramente que los padres de Tomás eran muy ricos y que ellos se habían encargado de la fiesta. Además, se veía que estaban encantados con su nueva nuera, pues irradiaban alegría (tal vez un poco de la alegría también se debiera al vino). Pero no pude menos que notar que la mamá de Emilia tenía a momentos una expresión de gran tristeza en el rostro; y pensé que cualquier madre en la Iglesia sería así, especialmente tratándose de su única hija.

“Para nuestra sorpresa, Emilia se mantuvo activa en la Iglesia y, a pesar de las exigencias de sus estudios y de sus deberes de ama de casa, asistía fielmente a las reuniones y tenía el cargo de ayudante de la bibliotecaria. Vivían en un apartamento dentro de los límites de nuestro barrio, así que nos veíamos a menudo. Siempre me hablaba con mucho entusiasmo de su matrimonio y me contaba de lo bueno que era Tomás con ella. Se ve que son felices, pensaba yo.

“Seis meses más tarde, Catalina se casó con un ex misionero que estaba terminando los estudios universitarios y muy próximo a recibir su título. Se casaron en el templo, por lo que no pude asistir a la ceremonia, por supuesto, pues no había recibido la investidura todavía; pero fui a la fiesta que hicieron en el salón de actividades de nuestro centro de reuniones, y que estuvo muy bien…

“Seguí viendo regularmente a Emilia, que siempre iba a la iglesia radiante y entusiasmada con todo lo que hacía. ‘No tenemos ningún problema’, me decía. ‘Tomás es muy liberal y me dice: “Tú vas a tu iglesia y yo voy a la mía”; claro está que él ni va a la iglesia’. Pero en un rincón de la memoria yo tenía grabadas imágenes de Emilia, cuando éramos niñas y adolescentes, orando para que su papá se hiciera miembro y pudiera bautizarla, preguntándose si él la acompañaría a la fiesta de padres e hijas de la Primaria, tratando de disimular su desilusión cuando él se fue a un partido de fútbol en lugar de asistir a la ceremonia de graduación del seminario. Con todo, parece que esa época es una porción tan pequeña de la vida que, ¿qué influencia puede tener en toda una existencia?

“Catalina y Emilia, que siempre habían hecho muchas cosas al mismo tiempo, también tuvieron sendas hijas con una semana de separación entre los nacimientos. Fui a visitar a Emilia y le llevé un vestidito color rosa para la nena, de la cual me enamoré instantáneamente. La madre de Catalina me dijo que ésta, con David, su marido, y la pequeña Mariela irían de visita en marzo para que la familia conociera a la niña y para que la bendijeran en nuestro barrio, donde el abuelo y los tres hermanos de Catalina, que la adoraban, pudieran estar en el círculo.

“Entonces llegó aquel primer domingo de marzo…

“Al dirigirme… a la capilla, me encontré con Emilia y su bebé en el vestíbulo. Era la primera vez que ella iba a la iglesia después del nacimiento de la pequeña Julia. Hablamos unos momentos y después entramos en la capilla; ella se sentó con su mamá en el banco que estaba delante del mío…

“Por entre las cabezas que veía desde mi banco, en la parte de atrás de la capilla, distinguí a Catalina sentada con el resto de su familia en un banco, el que ocupaban por entero…

“Después de los himnos y los anuncios, y antes de la Santa Cena, el obispo Paredes se puso de pie y dijo: ‘Esta tarde tenemos con nosotros a Catalina Cruz, a quienes muchos de ustedes han conocido desde que era niña’. Emilia se dio vuelta y me hizo un guiño de complicidad, pero volvió bruscamente la cabeza cuando el obispo continuó diciendo: ‘Catalina, que es ahora la Sra. de Silva, ha traído a su niñita para ser bendecida; su esposo la bendecirá y le dará el nombre. En el círculo estarán también el padre y los hermanos de Catalina’.

“Mientras miraba a David, que tomó a la niña de los brazos de su madre y la llevó casi con reverencia al frente, observé a Emilia, a quien veía de costado desde mi asiento; noté que las lágrimas le corrían como ríos por las mejillas y caían sobre la pelusa clara que cubría la cabecita de Julia; vi cómo se le estremecían los hombros al hundir la cara en el cuello de la niñita. La madre le pasó el brazo tiernamente alrededor de los hombros para consolarla, y noté que ella también estaba llorando. Hubo un momento en que mi amiga inclinó la cabeza hacia su mamá y escuché el murmullo angustiado con que le dijo: ‘¡Ah, mamá! ¿Quién va a bendecir a mi nena?’

“En ese momento, David Silva estaba diciendo: ‘Te bendigo, Mariela, con mente y cuerpo sanos. Te bendigo para que vivas rectamente y para que, a su debido tiempo, conozcas a un hijo selecto de nuestro Padre Celestial, que honre el sacerdocio que posea y que te lleve a un templo del Señor para ser sellados allí por toda la eternidad’. En el transcurso de la bendición y durante todo el resto de la reunión, las lágrimas de Emilia siguieron mojando el rebozo de su pequeña Julia.

“Y hasta ahora, aun cuando ya ha pasado un año de aquello… se me oprime el corazón cada vez… que veo en la iglesia a una madre sola con su niño, pues todavía me parece ver a Emilia” (Carolyn White Zaugg, “I Keep Seeing Emily”, New Era, junio de 1975, págs. 26–29).

Conclusión

Cita

Lea lo siguiente, tomado de un discurso del élder Boyd K. Packer, uno de los Doce Apóstoles. Si lo desea, puede hacer copias de estas palabras para repartir entre las jovencitas.

“Te imagino yendo al templo para sellarte por esta vida y por toda la eternidad. Ansío poder hablarte de la sagrada ordenanza del sellamiento, pero no hablamos de ello fuera de esos santos muros. La trascendental naturaleza de todo lo que se nos confiere en el altar al contraer matrimonio es tan maravillosa que toda la espera y la resistencia anterior valen la pena…

“Pero esto no es la consumación de la historia del amor. En la novela, en el teatro, en el cine, el telón baja en este momento. Mas en el amor real no sucede así. Esto no es el final; es sólo el principio” (Eternal Love, Salt Lake City: Deseret Book Co., 1973, pág. 20).