Introducción

Mujeres Jóvenes, Manual 1, 1994


Información general

Este curso de estudios se ha preparado para las mujeres jóvenes de la Iglesia. Se espera que, al estudiar las lecciones de este manual, toda joven llegue a entender mejor el plan que el Señor tiene para ella y reciba la ayuda que necesite para basar sus decisiones y su conducta en los principios del evangelio.

El élder M. Russell Ballard aconsejó lo siguiente: “Sería una buena idea que los maestros estudiaran cuidadosamente las Escrituras y sus manuales antes de recurrir a materiales suplementarios. Demasiados maestros se apartan de los materiales de estudio aprobados sin estudiarlos cuidadosamente. Si los maestros creen que necesitan valerse de materiales suplementarios, además de las Escrituras y los manuales, para presentar una lección, primero deben considerar las revistas de la Iglesia” (“La enseñanza: El llamamiento más importante”, Liahona, julio de 1983, pág. 104).

La enseñanza por medio de unidades

La enseñanza por medio de unidades comprende la repetición, el estudio profundo y el aprender acerca de principios relacionados entre sí, hasta que éstos se entiendan y se apliquen en la vida diaria. Este manual se divide en las siguientes unidades:

  • Vivir como hija de Dios.

  • Cumplir las funciones divinas propias de la mujer.

  • Contribuir a la vida familiar.

  • Aprender sobre el sacerdocio.

  • Aprender sobre Historia Familiar y la obra del templo.

  • Participar en la obra misional.

  • Aumentar la espiritualidad.

  • Llevar una vida virtuosa.

  • Mantener la salud física.

  • Desarrollar cualidades sociales y emocionales.

  • Aprender a utilizar todos los recursos disponibles.

  • Para desarrollar habilidades de liderazgo.

Al enseñar la materia de estas unidades, evalúe las necesidades de las jóvenes de su clase respondiendo a las siguientes preguntas:

  • ¿Qué problemas enfrentan?

  • ¿Qué lecciones han tenido ya sobre este tema?

  • ¿Qué saben realmente del tema?

  • De estas lecciones, ¿cuáles son más apropiadas para ellas?

Después de considerar a fondo qué les hace más falta a las jóvenes de su clase, estudie los títulos y los objetivos de las lecciones para ver cuáles se adaptan mejor a esas necesidades. Preparándose con bastante anticipación tendrá la certeza de que las jovencitas que estén a su cargo recibirán lecciones de todas las unidades y de que su clase les proveerá un curso de estudios completo y equilibrado.

Los recursos con que cuenta

Las Escrituras. El fundamento principal de este curso son las Escrituras. Exhorte a las jóvenes a llevar a la clase sus propios ejemplares de los libros canónicos todas las semanas.

Enseñe la lección de tal manera que sea indispensable emplear las Escrituras en la clase todas las semanas. Si el tiempo es limitado o si a las jóvenes les cuesta prestar atención, elija sólo los pasajes de las Escrituras que sean más eficaces para enseñar el tema. Emplee las Escrituras con prudencia; si está bien preparada para usarlas, pueden convertirse en un instrumento esencial de sus clases.

En casi todas las lecciones, debe tratar de que, en forma individual, cada una de las alumnas de su clase lea en las Escrituras. Estimúlelas haciéndoles una pregunta o presentándoles un problema cuya solución se encuentre en las Escrituras. A fin de que sepan dónde buscar, es conveniente que escriba en la pizarra la referencia del pasaje. Por lo general, es mejor hacer la pregunta antes de que lo lean, pues de otro modo lo más probable es que tengan que releerlo para saber cómo contestar la pregunta.

Quizás alguna de las jóvenes conteste sin buscar el pasaje de referencia; si es así, hágale otra pregunta que la lleve a leerlo, por ejemplo: “Sí, pero ¿qué fue exactamente lo que dijo Pablo?”, o “¿Qué otra cosa aprendemos en ese pasaje?”

A fin de entusiasmarlas en la búsqueda y en el estudio de las Escrituras, usted misma tendrá que sentir ese entusiasmo. Prepárese haciendo un estudio profundo, orando y meditando sobre los pasajes que desee que las jóvenes escudriñen.

La enseñanza, el llamamiento más importante. (33043 002) Este manual es una invalorable fuente de información para todos los maestros de la Iglesia. Contiene sugerencias para planificar las lecciones y para la preparación espiritual; y también técnicas didácticas como las dramatizaciones y representaciones, sesiones de consulta, preguntas, ilustraciones en la pizarra, lecciones prácticas y otras sugerencias para lograr la participación de los miembros de la clase. Además, da ideas para mantener la disciplina en la clase, para preparar la sala para la lección y muchas otras para mejorar las habilidades de enseñar que se posean. Consúltelo cuando esté preparando las lecciones que va a enseñar.

La revista Liahona. La revista Liahona contiene artículos y relatos, tanto de ficción como de la vida real, que podrían servir de complemento a la lección a fin de despertar el interés de las jóvenes.

El formato de las lecciones

Elementos principales

Cada una de las lecciones contiene lo siguiente:

1. El objetivo. En éste se establece el propósito de la lección, o sea, lo que usted quiere que las jóvenes entiendan y/o hagan como resultado de la lección.

2. La preparación. En esta parte se menciona lo que se necesita conseguir para presentar la lección, cosas como láminas y volantes, e incluso las asignaciones que deba hacer con anticipación. La mayoría de las láminas que se mencionan en la lección se encuentran en la parte de atrás de este manual; el número que se da junto con la lámina indica el orden en que se hallan las láminas al final del manual. Si lo que hay es un número entre paréntesis, eso significa que la lámina se puede conseguir en la biblioteca del centro de reuniones, y ése es el número que le corresponde. No se debe sacar ninguna lámina del manual; tampoco se deben sacar los volantes ni las hojas de trabajo, que generalmente se encuentran al final de cada lección. Todos éstos se pueden copiar en una máquina copiadora.

Nota: Para la mayoría de las lecciones se requieren las Escrituras, una pizarra y una tiza.

3. Sugerencias para el desarrollo de la lección. Las notas al margen indican los métodos didácticos que se sugieren y la parte principal de la lección contiene los detalles del tema que se va a enseñar. Debe seleccionar de entre las sugerencias que se dan los materiales y los métodos más apropiados, de acuerdo con lo que necesiten las jóvenes de su clase y con el tiempo que tenga disponible. (Cuando lo considere conveniente, las lecciones se pueden extender a más de un período de clase.)

La parte principal de la lección contiene:

  1. a.

    La introducción. Esta es una sugerencia para empezar la clase de manera de atraer la atención de las jóvenes y despertarles el interés en la lección.

  2. b.

    Los subtítulos. Son las partes de la lección que contienen las ideas principales. Enseñe cada una empleando las Escrituras, los relatos, las citas y las actividades que se sugieran.

  3. c.

    La conclusión. En esta parte se hace un resumen de la lección; se presta para que se expresen opiniones sobre el principio que se haya analizado y/o el testimonio de ese principio del evangelio.

  4. d.

    La aplicación de la lección. Aquí se sugiere un plan de acción determinado, una asignación o una meta que ayude a cada una de las alumnas a aplicar en su vida el principio estudiado. (Cuando lo considere apropiado, puede dedicar parte del tiempo al comienzo de la lección siguiente a que las jovencitas expresen las experiencias que hayan tenido al aplicar ese principio. Para estimularlas a este breve intercambio, empiece diciendo: “La semana pasada hablamos de _______________. ¿Lo pusieron en práctica? ¿Qué piensan ahora de eso?” Si la clase no responde al principio, sería una buena idea que les dijera: “Cuando yo lo puse en práctica, tuve esta experiencia”, y les contara algo positivo que le haya pasado con relación al principio estudiado. Su propia experiencia puede ayudar a las jóvenes a aprender cómo aplicar el principio.)

  5. e.

    Actividades que se sugieren. Estas son actividades relacionadas con el tema de la lección que tienen como objeto ampliarlo y reforzarlo.

La enseñanza de las Mujeres Jóvenes

Tenga en cuenta que usted no va a enseñar solamente una lección, ¡va a enseñar a un grupo de jovencitas! Ore fervientemente pidiendo inspiración para ayudarles a aprender cuál es su potencial como hijas de Dios y a alcanzarlo.

Para que la enseñanza sea eficaz, usted debe conocer bien a cada una de sus alumnas, a sus padres y al resto de su familia.

  • Piense sobre cada una de ellas, individualmente; piense sobre la familia de la joven.

  • Vea y valore a cada una tal como lo hace nuestro Padre Celestial.

  • Acepte a cada una tal como es, y ayúdela a progresar en el evangelio.

Aprenda a conocer a cada una de las jovencitas buscando respuesta a estas preguntas:

  • ¿Cuáles son sus intereses y deseos, su talento, sus habilidades y sus metas?

  • ¿Qué antecedentes y experiencias ha tenido en el hogar?, ¿en la Iglesia?, ¿en los estudios?, ¿en el trabajo?, ¿con sus amistades?

  • ¿Qué le hace falta para progresar?

  • ¿Qué puedo hacer para ayudarle?

Lo mejor que puede hacer por cada una de sus alumnas es ayudarle a conocer el evangelio y vivir de acuerdo con sus principios. El presidente Marion G. Romney aconsejó lo siguiente: “Sin embargo, aprender el evangelio sólo por medio de la palabra escrita no es suficiente, sino que es preciso vivirlo. En realidad, obtener el conocimiento del evangelio y vivir de acuerdo con él son dos cosas que están estrechamente relacionadas; son inseparables. No es posible aprender completamente el evangelio si no se vive de acuerdo con él. El conocimiento viene gradualmente: se aprende un poco y se obedece lo que se aprendió; se aprende otro poco y se obedece eso. Y ese ciclo continúa en un giro interminable. Ese es el modelo a seguir para obtener un conocimiento completo del evangelio” (“Records of Great Worth”, Ensign, sept. de 1980, pág. 4).