Cómo lograr la pureza por medio de la autodisciplina

Mujeres Jóvenes, Manual 1, 1994


Objetivo

Que cada alumna comprenda que la autodisciplina es un factor fundamental para que lleve una vida virtuosa.

Preparación

  1. 1.

    Haga las cinco tiras de cartulina que utilizará después del relato de Ana.

  2. 2.

    Asigne a las jóvenes los pasajes de las Escrituras, los relatos o las citas que desee que se lean en la clase en voz alta.

Sugerencias para el desarrollo de la lección

Es posible aprender a autodisciplinarnos

Relato

Un estrepitoso aplauso se extendió por la sala de conciertos al terminar su recital uno de los más famosos violinistas del mundo. Con gran entusiasmo, una de las espectadoras comenzó a abrirse camino hacia el escenario, con la esperanza de poder expresarle su admiración al gran artista. Pasando trabajosamente entre la multitud, al fin llegó hasta donde estaba el concertista y, estrechándole la mano, exclamó con vehemencia: “¡Daría la vida por poder tocar como usted!”; a lo cual el violinista respondió: “Ah, pero, señora, ¡yo la he dado!”

Análisis

• ¿Qué piensan que querría decir el violinista con su contestación? ¿Qué habría tenido que hacer para dominar el arte de tocar el violín? (Disciplinarse para practicar constantemente, renunciar a ciertas cosas que quizás hubieran sido divertidas o más fáciles, tener un gran deseo de tocar el violín, contar con un excelente maestro y establecerse la meta de llegar a ser un gran concertista.)

Explíqueles que nuestra habilidad de disciplinarnos determina mucho de lo que haremos o dejaremos de hacer en la vida. Esa disciplina implica hacer ciertos esfuerzos muy difíciles, así como también no hacer algunas cosas.

• ¿Qué cosas de las que tienen que hacer diariamente les resultan más difíciles de realizar? (Deje que las jovencitas respondan libremente.)

• ¿Qué hacen para dejar de hacer algo que saben que no deben hacer?

Dígales que se imaginen en las siguientes situaciones:

  1. 1.

    Su hermano ha estado fastidiándolas y se han enojado con él hasta el punto de sentir el deseo de pegarle o decirle alguna grosería. ¿Es posible contenerse en este caso?

  2. 2.

    Es el domingo de ayuno y sienten mucha hambre, pero todavía no ha llegado el momento de terminar el ayuno. ¿Pueden contener sus deseos de comer?

Presentación por la maestra

• ¿Sienten por dentro una cierta tensión cuando hablamos de estas situaciones?

Hágales notar que una parte de nosotros quiere “soltar amarras” y entregarse a las emociones o apetitos; pero otra parte desea ejercer control sobre ellos. Esa influencia que tiende a controlarnos y restringirnos es la que ejerce nuestro espíritu.

Cita

“Una de las nociones falsas de nuestra sociedad es que somos víctimas de nuestros apetitos y pasiones. Pero la verdad es que nuestro cuerpo está controlado por el espíritu que lo habita” (Terrance D. Olson, “Teaching Morality to Your Children”, Ensign, marzo de 1981, pág. 14).

Pizarra

Escriba en la pizarra: “Nuestro espíritu controla nuestro cuerpo”. Hay algunos elementos de nuestro cuerpo que son fáciles de controlar y otros que son más difíciles.

Presentación por la maestra

Dígales que ejercemos un buen control sobre algunas partes de nuestro cuerpo, como por ejemplo, los dedos. Si les damos la orden de cerrarse, se cierran; si les damos la orden de abrirse, se abren; si damos una orden a los pies, éstos obedecen de inmediato. Indíqueles que de igual manera podemos aprender a seleccionar lo que pensamos, y de ese modo concentrar nuestros pensamientos en una dirección positiva y constructiva.

Actividad

Explíqueles que van a hacer un experimento con la autodisciplina. Indíqueles que muevan la mano derecha en un círculo, luego que muevan el pie izquierdo hacia adelante y hacia atrás y, por último, que muevan la cabeza hacia arriba y hacia abajo. A continuación, dígales que se queden sentadas en silencio y sin moverse y que concentren sus pensamientos en cualquier cosa excepto lo que usted les va a describir. Después que estén todas quietas, empiece a describirles con detalles algún postre u otro plato delicioso.

• ¿Qué les resultó más difícil, dar las órdenes a sus manos y pies para que se movieran o tratar de dominar sus pensamientos?

Aclare que muchas personas no creen que para disciplinarse hay que controlar los pensamientos y las emociones. Pero, como nuestra mente sólo se puede concentrar en un pensamiento a la vez, podemos controlar lo que pensemos cambiando nuestros pensamientos y encaminándolos en otra dirección. Lamentablemente, hay quienes piensan que esa disciplina es innecesaria, muy difícil o que no vale la pena.

Cita

“Algunas personas se vuelven esclavas de sus hábitos compulsivos, se entregan a sus apetitos o cometen acciones impropias, y fervientemente afirman que son indefensos frente a ese hábito, que han sido seducidos, arrastrados; que la tentación fue más fuerte que su voluntad para resistir. No obstante, nos es posible escoger… Podemos librarnos de los malos hábitos; podemos adquirir buenos hábitos; nos es posible escoger nuestros pensamientos sólo con la mera determinación de hacerlo” (Richard L. Evans, “Self Control”, Improvement Era, dic. de 1963, pág. 1113).

Presentación por la maestra

Reconozca ante la clase que es difícil dominarnos, pero que es algo que nos es posible aprender. Nuestro Padre Celestial nos dice que debemos mantener dentro de ciertos límites nuestros pensamientos, apetitos y emociones, y siendo nuestro Padre, El no nos pediría algo que no fuéramos capaces de hacer. Somos Sus hijos y tenemos la capacidad de llegar a ser como El.

Relato

Escuchen con atención este relato de una joven llamada Ana, y vean si pueden descubrir cuáles fueron algunas de las cosas que Ana hizo para aprender a disciplinarse.

“Todos los demás lo hacían, ¿por qué no lo iba a hacer yo? El mandamiento sólo prohibía tomar el nombre del Señor en vano; eso era lo que me decía para justificarme por decir malas palabras, pero no me hacía sentir mejor. Sabía que estaba mal emplear lenguaje vulgar, aunque todos mis amigos lo hicieran. Como la idea seguía molestándome, al fin decidí hacer algo al respecto, pues me sentía ‘sucia’ e indigna de acercarme al Señor en la oración; también sabía que si no me arrepentía, la situación iba a empeorar.

“Empecé por tratar de dominarme durante un día entero. Había adquirido el hábito de decir malas palabras, y como todo el día escuchaba en la escuela expresiones vulgares, parecía natural decirlas también yo. Así que resolví tratar de pasar un día entero sin hacer eso.

“El primer día que lo intenté hice un gran esfuerzo y no tuve dificultad para controlarme sino hasta la hora de comer; entonces, todos a mi alrededor estaban alborotados y haciendo mucha algarabía y, cuando quise acordar, mi lengua había empezado a moverse al compás de mis emociones. Apenas me di cuenta de que había dicho algo impropio; pero, al estar otra vez consciente de ese mal hábito, sentí gran desilusión y malestar.

“Esa noche oré fervientemente y supliqué fortaleza. Al día siguiente, me hice de valor y les dije a mis dos mejores amigas que nuestra manera de expresarnos me disgustaba y que estaba tratando de cambiar. Y otra vez hice un esfuerzo ese día.

“No tenía la menor idea de lo difícil que sería, y siempre había pensado que era fácil vivir de acuerdo con el evangelio. Pasaron cuatro días antes de que transcurriera uno entero sin decir malas palabras. Estaba muy contenta, pero sabía que debía tener mucho cuidado día tras día, porque sería muy fácil volver a mis costumbres de antes.

“Durante todo ese tiempo oraba y pedía las fuerzas para seguir. Llegué al punto de dejar de lado el lenguaje vulgar; sin embargo, no sentía que hubiera sido perdonada. Entonces, un día las Mujeres Jóvenes tuvimos una reunión de testimonios. Yo les pedí a mis compañeras que me perdonaran por haber sido un mal ejemplo para ellas; sentía tan fuerte el Espíritu que no podía contener el deseo de dar mi testimonio; expresé el amor que tengo por mi Padre Celestial y por Su Hijo y la gratitud que siento por el evangelio.

Cuando terminé de hablar, fue como si un peso gigantesco se hubiera levantado de sobre mis hombros y supe que había recibido el perdón”.

Análisis

Analice con las alumnas la experiencia de Ana, utilizando como guía las preguntas que están a continuación. Después de analizar cada una, coloque en el lugar apropiado la tira de cartulina que preparó y que contenga la conclusión sobre la autodisciplina a la que haya llevado ese análisis.

  1. 1.

    ¿Cómo trataba Ana de justificar su comportamiento? ¿Por qué nos esforzamos por justificarnos cuando hacemos algo incorrecto? ¿Por qué debemos evitar eso? (Coloque la tira de cartulina que diga: “Cuando justificamos nuestra desobediencia a los mandamientos, debilitamos nuestra capacidad de ejercer el autodominio”.)

  2. 2.

    ¿Qué influyó en Ana para que tratara de cambiar de conducta? ¿Cómo se sentía con respecto a eso? ¿Qué pasa cuando desobedecemos un mandamiento? (Coloque la tira de cartulina que diga: “Cuando desobedecemos un mandamiento, perdemos el Espíritu del Señor”.)

  3. 3.

    ¿Qué hizo Ana para tratar de disciplinarse? ¿En qué le ayudó el decirles a sus amigas la decisión que había tomado? El ir paso a paso, ¿cómo nos ayuda a adquirir autodisciplina? (Coloque la tira de cartulina que diga: “Yendo paso a paso aprendemos a disciplinarnos”.)

  4. 4.

    ¿Cuál era la mayor fuente de fortaleza a la que Ana podía recurrir en su intento por disciplinarse? (Coloque la tira de cartulina que diga: “Nuestro Padre Celestial nos fortalecerá si oramos suplicando Su ayuda”.)

  5. 5.

    ¿Qué sintió Ana al vencer el problema que tenía? ¿Por qué el expresar su testimonio le ayudó a obtener paz? (Coloque la tira de cartulina que diga: “El autodominio nos pone en armonía con nuestro Padre Celestial y con nosotras mismas”.)

Pida a las alumnas que cuenten alguna experiencia que hayan tenido aprendiendo a disciplinarse, recalcando lo que a ellas les haya ayudado a lograr su meta.

Si nos disciplinamos, llevaremos una vida virtuosa

Presentación por la maestra

Hágales comprender que ya sea que estemos aprendiendo a tocar un instrumento musical, tratando de controlar nuestro genio o esforzándonos por levantarnos cuando preferiríamos quedarnos en la cama, los esfuerzos que hagamos por disciplinarnos en cualquier aspecto nos ayudarán a llevar una vida virtuosa.

Relato

Cuénteles el siguiente relato:

“Un misionero que cumplía la misión en el este de los Estados Unidos se puso a conversar con un estudiante universitario que estaba más interesado en discutir con él sobre las estrictas reglas morales de la misión que en escuchar el mensaje del evangelio. Burlonamente, el estudiante le preguntó cómo podía dominar sus deseos con tantas muchachas bonitas que había por allí, insinuando que el misionero seguramente no tendría sensaciones normales. El élder le contestó: ‘No es que no sea normal; es que soy responsable y me disciplino tanto en mente como en cuerpo. Usted piensa que está indefenso frente a sus deseos, que es una víctima de sus pasiones. Yo me he probado que sé dominarlos’ “ (Terrance D. Olson, “Teaching Morality to Your Children”, pág. 14).

Análisis

• ¿Qué diferencia existía entre el punto de vista del estudiante y el del misionero? ¿Qué había aprendido a hacer el misionero con sus sensaciones y emociones?

Presentación por la maestra

Explíqueles que el ser moralmente limpia, o sea, virtuosa, exige que nos refrenemos y autodominemos físicamente.

Hágales comprender que al ejercer la autodisciplina, fortalecemos el dominio del espíritu sobre el cuerpo. Y nuestra capacidad de autodisciplinarnos aumenta cada vez que tomamos una decisión en la que ponemos en práctica ese autodominio.

Casos para analizar

Adapte las situaciones que se presentan a continuación para que se presten mejor a las necesidades y características de las jóvenes de su clase. Después de presentarles cada situación, hágales las siguientes preguntas: (1) ¿Cómo debería emplear la autodisciplina la persona que se halla en esta situación? (2) ¿Qué podría suceder si la persona no lo hiciera? (3) ¿Habría podido hacer algo la persona para evitar hallarse en esa situación? (4) ¿Por qué es importante la autodisciplina en situaciones como éstas? Después que las jóvenes hayan dado sus respuestas, lea la conclusión de cada uno de los casos.

Situación y análisis

1. Unos compañeros de estudios me invitaron para ir a una fiesta. Me quedé muy entusiasmada, porque uno de los muchachos, que me gustaba mucho, me dijo que él pensaba ir y que esperaba que yo fuera. Así que estaba ansiosa por pasar ese rato con él. Cuando llegamos mis amigas y yo, en seguida nos dimos cuenta de que los dueños de casa no estaban y que no había ninguna persona mayor presente. Las luces apenas alumbraban las habitaciones; había algunas parejas bailando y otras sentadas aquí y allí besándose y abrazándose. El muchacho que me gustaba me miró cuando entré.

Conclusión

Sabía que debía salir de allí, pero me gustaba mucho el muchacho y me preocupaba lo que él fuera a pensar si me iba de la fiesta. Además, ya había obscurecido y no quería volver a mi casa caminando sola. Por fin, pude dominar mis emociones y llamé por teléfono a mis padres pidiéndoles que fueran a buscarme.

Situación y análisis

2. Ya sabía que no debía salir sola con un muchacho hasta después de los dieciséis años, pero en la escuela me divertía mucho charlando y haciendo bromas con los chicos. Uno de ellos, Pablo, era muy apuesto y parecía gustar de mí. Un día, a la hora del almuerzo, se me acercó y me invitó a encontrarme con él enfrente a la tienda para ir juntos al cine, que estaba cerca. Ese mismo día y a la misma hora había una actividad de las Mujeres Jóvenes, así que sería muy fácil decirles a mis padres que iba a la actividad y en cambio tomar el autobús para ir hasta la tienda; también podría volver más o menos a la misma hora en que terminaría la actividad. Acepté la invitación. Pero, cuando llegó la hora de irme, estaba muy nerviosa; al salir, mi mamá me llamó para recordarme que llevara un abrigo y me dijo: “¡Que te diviertas!”, volviendo a entrar en la casa.

Conclusión

Me encaminé a la parada del autobús. Aunque debería haberme sentido muy feliz porque iba a ver una buena película con un muchacho que me gustaba, no era así; por el contrario, me sentía angustiada; la mitad de mí quería correr a tomar el ómnibus, y la otra mitad deseaba volver a casa. Me detuve bruscamente en medio de la acera y empecé a pensar en todo lo que tendría que fingir al regresar a casa, en las mentiras que tendría que decir durante varios días. Entonces me vino a la memoria una frase que papá siempre nos repetía: “A veces, querer es no poder”. Sentí que me invadía la calma y empecé a pensar más claramente. Me dije que debía volver a casa, llamar a Pablo y decirle que no iría, explicándole por qué, y luego irme a la actividad. Después, hice exactamente lo que me había dicho que debía hacer.

Concluya esta parte de la lección analizando con las alumnas la forma en que el ejercicio del autodominio en situaciones similares a las que se estudiaron les permitirá controlar su vida y vivir virtuosamente.

Conclusión

Presentación por la maestra

Hágales notar que en cada una de las experiencias que se examinaron durante la lección había una lucha por ejercer la autodisciplina, pero que en todos los casos las personas fueron capaces de hacerlo. Cada vez que nos disciplinamos, fortalecemos nuestra propia capacidad de ser virtuosas. Dé fin a la lección con las siguientes palabras del presidente Brigham Young, las cuales confirman que es posible aprender a dominarnos. Pídales que presten atención a lo que se promete a las personas que ejerzan el autodominio.

“Cuando se les sorprenda en una falta, o hagan algo en público sin pensar, cuando estén llenos de malas pasiones y sientan el deseo de ceder, deténganse en ese momento y permitan que el espíritu que Dios ha puesto en sus tabernáculos carnales tome el timón. Si lo hacen, les prometo que vencerán cualquier mal y obtendrán al fin la vida eterna” (en Journal of Discourses, 2:256; cursiva agregada).