Guardad mis mandamientos… y permaneced en mí

 

Mensaje de los Setenta de Área México

 

Élder Glendon Lyons Castillo

Los mandamientos del Señor son dados para nuestro beneficio y dentro de nuestra capacidad para entenderlos y obedecerlos (1 Nefi 3:7). Son manifestaciones de Su amor eterno y Su misericordia. A medida que obedecemos los mandamientos demostramos nuestra fe, lealtad y devoción a Dios, quien a su vez siempre bendice a los fieles.

El rey Mosíah enseñó: "Y además, quisiera que consideraseis el bendito y feliz estado de aquellos que guardan los mandamientos de Dios. Porque he aquí, ellos son bendecidos en todas las cosas, tanto temporales como espirituales; y si continúan fieles hasta el fin, son recibidos en el cielo, para que así moren con Dios en un estado de interminable felicidad. ¡Oh recordad, recordad que estas cosas son verdaderas!, porque el Señor Dios lo ha declarado" (Mosíah 2:41).

Es necesario ejercer la fe en Cristo y confiar en Él para poder guardar sus mandamientos. “El primer principio del Evangelio es la fe en Jesucristo, lo que implica creer en Él como el Hijo de Dios, el Unigénito del Padre, y aceptarlo como nuestro Salvador” (Predicad Mi Evangelio, pág. 122).

"Cuando aceptamos esta condición básica obtenemos una aceptación de sus enseñanzas y obediencia que traerán paz y gozo en esta vida y la exaltación después de esta vida" (Gordon B. Hinckley, Ensign, agosto de 1988, pág.5).

La fe nos fortalece

Tener fe en Jesucristo es el cimiento para poder vivir la ley de la obediencia y la ley de sacrificio. A medida que nos esforzamos por "venir a Cristo y ser perfeccionados en Él” (Moroni 10:32) aprendemos que la obediencia requiere sacrificio personal. Estas leyes ofrecen la oportunidad de demostrar nuestra fidelidad al Señor durante la vida terrenal, y por experiencia propia, aprender a "allegarnos a Dios como Él se allega a vosotros" (Jacob 6:5). Para aquellos con poca o ninguna fe en Cristo y cuyos corazones están fijos en las cosas de este mundo, el precio de la obediencia es por lo general considerado demasiado alto para invertir en ella.

El profeta José Smith enseñó: "Observemos aquí, que una religión que no requiere el sacrificio de todas las cosas, nunca tiene el poder suficiente para producir la fe necesaria para llevarnos a vida y salvación” (Lectures on Faith, pág. 58). Por lo tanto “muchos son los llamados y pocos los escogidos" (D. y C. 121:34-35).

Colocar la voluntad del Señor en primer lugar en nuestras vidas es el reto principal de la vida terrenal. El presidente Ezra T. Benson enseñó: "La gran prueba de la vida es la obediencia a Dios. La gran tarea de la vida es aprender la voluntad del Señor y luego cumplirla" (Ezra Taft Benson, "El gran Mandamiento-Amarás al Señor ", Ensign, Mayo de 1988, pág. 4 ).

“...el Señor mandó criar a vuestros hijos en la luz y la verdad (D. y C. 93:40)

...y enseñarles a tener fe en Cristo y a orar y andar rectamente delante del Señor (D. y C. 68:25-28).

     

Enseñar a los hijos

Dirigiéndose a los padres dentro de la Iglesia, el Señor mandó "criar a vuestros hijos en la luz y la verdad" (D. y C. 93:40) y enseñarles a tener fe en Cristo y a orar y andar rectamente delante del Señor (D. y C. 68: 25 -28). Estas prácticas forjarán el escudo de la fe y la coraza de la rectitud de la que habla el Señor (D. y C. 27:16-18), los cuales son elaborados cuidadosamente en el hogar para los miembros de la familia. El Espíritu Santo, la enseñanza de los padres y un recto y amoroso ejemplo se convierten en poderosos constructores de la fe, que dejarán una profunda e inolvidable huella en los corazones y espíritus de nuestros hijos.

Mientras servía como consejero en la presidencia de misión, llevé a mi familia en una asignación que había recibido para visitar la lejana rama de Zitácuaro en México. Después de una capacitación de liderazgo realizada temprano por la mañana, volví por mi familia para asistir a la iglesia en una casa alquilada que servía de capilla. Fue una reunión de ayuno y testimonios en la cual varios miembros compartieron sus testimonios humildes y sinceros. Al final de la reunión, testifiqué del Padre y Su Hijo Jesucristo, de Su expiación, Su misericordia y gracia.

Momentos más tarde se me pidió dar una clase y cuando estaba a punto de comenzar, nuestro hijo de 7 años de edad, jaló mi mano y dijo: "Papá, papá, tengo que decirte algo". Estaré eternamente agradecido por haber tomado el tiempo para escucharlo. Salimos al pasillo y con sinceridad alzó la vista y me dijo: "Cuando estabas dando tu testimonio de Jesucristo ... sentí que mi espíritu se movía dentro de mí, aquí", poniendo su mano en el pecho, mientras las lágrimas rodaban de sus ojos. Le aseguré que era el Espíritu Santo testificando a su espíritu que Jesucristo lo amaba y que Él es el Salvador del mundo. Mi esposa y yo atesoramos esta experiencia sagrada. Siempre he admirado a mi esposa por enseñar a nuestros hijos desde la infancia a amar y obedecer al Señor.

La obediencia es un principio clave

Aún cuando estemos lejos y en circunstancias peligrosas, la fe en Cristo personal y familiar traerá el poder y la protección divina. Tal fue el caso de los 2060 hijos de Helamán cuando se enfrentaron a un enemigo veterano y aguerrido.

Estos hijos "permanecieron firmes e impávidos ... obedecieron y procuraron cumplir con exactitud toda orden (porque) sus madres les habían enseñado ... que si no dudaban ... serían preservados" (Alma 57:20-21, 25-27). A medida que obedecemos Sus mandamientos y convenios con nuestra mejor fidelidad, podemos confiar en que el Señor peleará nuestras batallas, así como las batallas de nuestros hijos y de los hijos de nuestros hijos (D. y C. 98:37).

Por lo tanto, la fe firme en Jesucristo es el comienzo de la conversión personal (Santiago 2:17), una llave para obtener luz y al conocimiento. La obediencia es la clave para el liderazgo y la ley divina para merecer las bendiciones del cielo. No hay progreso personal sin ella (D. y C. 130:18-21). Al final, la fe y la obediencia producen las buenas obras que nos califican para entrar en la presencia de Dios (D. y C. 93:1), gracias a nuestro Salvador, Jesucristo (D. y C. 45:3-5).

De ley de obediencia emana el principio básico de la integridad personal, que significa confiar en el Señor y a su vez ser dignos de Su confianza constantemente. Una definición conocida de la integridad en la organización de las Mujeres Jóvenes es: "Tendré el valor moral de hacer que mis acciones sean compatibles con el conocimiento que tengo del bien y del mal" (Mujeres Jóvenes, Progreso Personal, Ser Testigos de Dios, pág. 61).

El presidente Hinckley enseñó: "En todo este mundo no hay substituto para la integridad personal. Ésta incluye el honor; incluye el actuar; incluye el cumplir con nuestra palabra; incluye el hacer lo correcto sin importar las consecuencias" (Enseñanzas de Gordon B. Hinckley p.270). José en Egipto defendió su virtud e integridad al responder a la esposa de Potifar, diciendo: "... ¿cómo, pues, haría yo este gran mal y pecaría contra Dios?" (Génesis 39:9). Los hombres y las mujeres de integridad no sólo evitan el mal, sino también la apariencia del mal.

El carácter recto

Las palabras del élder Richard G. Scott nos enseñan la naturaleza espiritual ligada de estos principios y atributos:

“Un carácter moralmente firme es el resultado de haber hecho elecciones correctas durante las pruebas de la vida”.

Élder Richard G. Scott

     

"Un carácter moralmente firme es el resultado de haber hecho elecciones correctas durante las pruebas de la vida. Tu fe te guiará a hacer esas elecciones correctas. Es evidente que lo que haces y lo que piensas determina quién eres y en qué te convertirás… La fe moldeará la fortaleza de carácter que estará a tu alcance en tiempos de urgente necesidad. Ese carácter no se desarrolla en momentos de grandes desafíos o tentación, sino que es ahí cuando se utiliza. El carácter se teje pacientemente con hilos de principio, de doctrina y de obediencia… El fundamento del carácter es la integridad. El carácter digno fortalecerá tu capacidad para responder con obediencia a la guía del Espíritu. Llegarás a tener un carácter recto… lo que dará por resultado que se te tenga confianza. Un carácter recto proporciona el cimiento de la fortaleza espiritual. Permite que en tiempos de pruebas tomes correctamente decisiones difíciles y muy importantes, aun cuando parezcan abrumantes" (Élder Richard G. Scott, “El Poder Sustentador de la Fe en Tiempos de Incertidumbre y de Pruebas”, Liahona, Mayo de 2003, pág.75).

Doy mi testimonio de que Nuestro Padre Celestial vive, nos conoce en lo individual y nos ama íntimamente. Sé que al guardar los mandamientos de su Hijo Muy Amado podemos permanecer en los brazos de Su amor y protección en esta vida y para siempre. Testifico que el reino de Dios está sobre la tierra, dirigida por profetas y apóstoles vivientes. En el nombre de Jesucristo, Amén.