El templo al alcance de todos

 

Mensaje de los Setenta de Área México

 

Élder Miguel Hidalgo

Un amigo mío que invité a una casa abierta del templo mi hizo esta pregunta: “Me han dicho que no se puede entrar a este templo, aun siendo miembros de su Iglesia, a menos que se tenga un año como miembro y se haya probado una dignidad inminente. ¿Qué esperanzas tengo de entrar a este santo lugar, yo que NO soy miembro de su Iglesia?”

¿Cuando puedo ir al templo?

Esa pregunta me ha preocupado mucho. Hemos hecho creer a la gente que NO puede entrar al templo hasta que tenga un año como miembro de la Iglesia. Tal vez muchos miembros nuevos ya habrían entrado si todos, o la mayoría de nosotros como miembros o nuestros líderes, entendiéramos y propagáramos la información correcta. TODO miembro de la Iglesia puede entrar al templo después de ser bautizado y, para los varones, después de obtener el Sacerdocio de Aarón. Esto significa que podríamos entrar a la segunda o tercer semana de haber sido bautizados.

Un miembro nuevo que entra a la Casa del Señor con su esposa y sus hijos mayores de doce años para hacer bautismos por sus seres queridos que ya cruzaron el velo, ciertamente van a pensar en regresar.

     

Entramos a la “Casa del Señor” a realizar diferentes convenios y ordenanzas. Hacemos cada uno de esos convenios y ordenanzas en su debido tiempo y con cumplimiento de ciertas condiciones que nos hacen estar preparados para tales compromisos. Los jóvenes y los miembros nuevos pueden entrar al templo con una recomendación limitada únicamente para hacer bautismos por los muertos, lo cual significa que entran al templo. Aunado a ellos, otros miembros entran a hacer ordenanzas preparatorias o iniciatorias, pero ellos necesitan otro tipo de recomendación.

Los que entran para hacer ordenanzas como los convenios de la investidura, requieren también que ya tengan más tiempo en la Iglesia, más madurez espiritual y dignidad en todas las cosas para concertar dichos convenios. Otros, entran a la “Casa del Señor” para sellarse o para contraer matrimonio por esta vida y por toda la eternidad. Ellos también necesitan tener una recomendación más amplia y por supuesto los mismos requisitos que para la investidura e iniciatorias.

El deseo de participar en las ordenanzas sagradas del templo crece cada vez que vaya

Un miembro nuevo que entra a la Casa del Señor con su esposa y sus hijos mayores de doce años para hacer bautismos por sus seres queridos que ya cruzaron el velo, ciertamente van a pensar en regresar, tantas veces como sea necesario, hasta que se cumpla el tiempo para sellarse como familia. El poder y espíritu del Señor se manifiesta en sus ordenanzas, pero es más factible que se manifieste dentro de ese recinto sagrado. Estos nuevos conversos, con estas sagradas ordenanzas, aprenden el principio básico de buscar a sus seres queridos, entrando tan frecuentemente como puedan.

Moisés enseñó lo mismo al salir del Mar Rojo; Él se dirigió a la montaña sagrada donde él se había quitado las sandalias por causa de la santidad del lugar, donde se había manifestado la divinidad, para llevar a todo su pueblo a “El Monte” para que escucharan la voz de Dios. Lo hizo para que Lo conocieran mejor. El gran Jehová le pidió a Moisés que los preparara porque en dos días descendería "a la vista de todo el pueblo sobre el monte Sinaí" (Éxodo 19:9-11).  José Smith vio esos días y nos dice la verdad de lo que sucedió (D. y C. 84:19-26).

Como podemos ver, necesitamos prepararnos y estar listos para recibir al Señor… ¿Qué tanto nos toma estar listos? ¿Qué tanto nos toma arrepentirnos? ¿Qué tanto le toma al Señor perdonarnos? ¿Qué tantas cosas debemos hacer, para ser dignos de confianza y presentarnos sin mancha ante esos altares? 

Cada uno de nosotros debe reflexionar esos asuntos y debe presentarse ante su obispo para que tanto los miembros nuevos y los que ya tenemos tiempo en la iglesia vayamos al templo.

Ruego al Señor que cada día, esto sea más claro de entender y que más miembros nuevos puedan participar de este fruto tan dulce que es estar en la Casa del Altísimo. En el nombre de Jesucristo. Amén.