Se Necesitan Mas Misioneros

 

Mensaje de la presidencia de área

 

Élder Benjamín De Hoyos

Seguramente a todos debe habernos impresionado el inspirado llamado que nuestro querido profeta el presidente Thomas S. Monson nos hizo en la Conferencia General de Octubre 2010, cuando dijo:

“...quisiera mencionar un asunto que está muy cerca de mi corazón y que merece nuestra seria atención. Hablo de la obra misional.

“En primer lugar, a los hombres jóvenes del Sacerdocio Aarónico y a ustedes jóvenes que están llegando a ser élderes, repito lo que los profetas han enseñado por mucho tiempo: que todo joven digno y capaz debe prepararse para servir en una misión. El servicio misional es un deber del sacerdocio, una obligación que el Señor espera de nosotros, a quienes se nos ha dado tanto. Jóvenes, los amonesto a que se preparen para prestar servicio como misioneros. Consérvense limpios y puros, y dignos de representar al Señor. Preserven su salud y fortaleza. Estudien las Escrituras. En donde estén disponibles, participen en seminario e instituto. Familiarícense con el manual misional Predicad Mi Evangelio.

“No hay obra más importante que ésta, ni hay ninguna otra que brinde mayor satisfacción”.

"Mensaje de la Primera Presidencia", Predicad Mi Evangelio, Pág. V.

“Un consejo para ustedes jóvenes hermanas: Aunque ustedes no tienen la misma responsabilidad del sacerdocio que la que tienen los hombres jóvenes de servir como misioneros de tiempo completo, ustedes aportan una valiosa contribución como misioneras y les agradecemos su servicio.

“Y ahora a ustedes hermanos y hermanas mayores: necesitamos muchos, muchos más matrimonios mayores. A los fieles matrimonios que sirven actualmente y que han servido en el pasado, les damos las gracias por su fe y devoción al evangelio de Jesucristo. Ustedes sirven bien y de buen grado, y logran mucho bien” (Al encontrarnos Reunidos. Conferencia General de Octubre 2010, Sesión del Sábado por la Mañana. Ver Liahona de Noviembre 2010).

Seguramente todos nos hemos sentido embargados por el poderoso espíritu de la obra misional, ya sea mientras los misioneros nos enseñaban el mensaje de la restauración, o como misioneros dando testimonio de las bendiciones de la misma. Es esa experiencia la que el Señor nos ha mandado ofrecer a todos sus hijos, especialmente a los que no han encontrado la verdad tan “sólo porque no saben dónde hallarla” (D. y C. 123:12).

Llamado y amonestación de un profeta

El llamado y amonestación del Presidente Monson tiene que ver de manera directa con el llamado de muchos más misioneros que los que han sido llamados hasta ahora. De hecho, tiene que ver primeramente con el llamado de todos los jóvenes actualmente activos en edad de cumplir una misión, y seguidamente con aquellos, que estando menos activos con nuestro interés y ayuda responderían a la amonestación de prepararse y salir acumplir una misión de proselitismo.

Al recibir la sagrada ordenanza del bautismo, haciendo convenio con nuestro Dios de tomar sobre nosotros el nombre de Su Hijo, entrar en su redil, llorar con los que lloran, consolar a los que necesiten de consuelo, y ser testigos de Dios en todo tiempo, en todas las cosas, y en todo lugar “…en que estuvieseis” (Mosíah 18:8-9), le ofrecimos ser sus colaboradores en la gran obra de salvación de Sus hijos nuestros hermanos. Entonces no es más que natural, que él espere nuestro diligente e incondicional servicio.

“El Señor espera que todo joven capaz se prepare espiritual, física, mental, emocional y económicamente para el servicio misional de tiempo completo. Cuanto más pronto decida un hombre joven servir en una misión, más probable es que lo haga.” (Manual de Instrucciones 1, párrafo 8.7)

Aplicación para la familia


"De amigas a hermanas y compañeras" (Liahona, marzo de 2007).

El élder De Hoyos dice, "nunca fue tan urgente como lo es ahora respecto a la identificación, preparación y el llamado a servir una misión de cada uno de nuestros hijos y jóvenes en edad de hacerlo".

Lea aquí como un miembro no solo sirvió una misión pero compartió el evangelio con su amiga para que ella sirviera una misión también.

 

"Un día en la vida de un misionero" (Liahona, marzo de 2007).

Platicen como familia sobre lo que hacen los misioneros cada día.

¿Cómo ayuda el Señor a los misioneros a llevar a cabo Su obra tan importante?

Preparación para la misión

Mientras que los padres tienen la responsabilidad primordial de preparar a sus hijos para el servicio misional, es mucho lo que los obispados y líderes de quórums y auxiliares pueden hacer para apoyar esos esfuerzos y para complementarlos.

Felicitamos con todo nuestro corazón a todos aquellos líderes de los consejos de barrio y estaca que ya han respondido al llamado de la Presidencia de Área de contactar, animar, y ayudar a un joven o hermana (activo o menos activo) en edad misional, a prepararse para cumplir una misión. Seguramente ellos también tienen ya un testimonio de que “No hay obra más importante que ésta, ni hay ninguna otra que brinde mayor satisfacción” (Predicad Mi Evangelio. Mensaje de la Primera Presidencia, Pág. V).

Necesidad urgente

Queridos hermanos, escuchar y seguir a los profetas nunca fue tan urgente como lo es ahora respecto a la identificación, preparación y el llamado a servir una misión de cada uno de nuestros hijos y jóvenes en edad de hacerlo. Desde el inicio de esta última dispensación del evangelio el profeta José Smith declaró: “Después de todo lo que se ha dicho, el mayor y más importante deber es predicar el Evangelio”(Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 132).

Consecutivamente a través de este tiempo al que llamamos los últimos días, otros profetas modernos nos han enseñado diciendo: “Ahora es el momento en la cronología del Señor de llevar el Evangelio más lejos de lo que jamás se haya llevado... Muchas personas en este mundo imploran, a sabiendas o sin saberlo: Vengan... y ayúdennos” (Teachings of Spencer W. Kimball, 1982, pág. 546).

Aun cuando muchos de nuestros jóvenes están siendo llamados a servir a otros países además del nuestro, no hemos alcanzado como área el número de misioneros requeridos para México, y sin embargo, tenemos un número potencial de misioneros suficientemente grande como para satisfacer nuestra necesidad local y disponer muchos más para otras áreas del mundo. Instamos a nuestros jóvenes, a sus familias, y todos los miembros de la Iglesia a responder al llamado del Presidente Monson no solo con nuestra disposición a servir, sino contribuyendo con nuestros recursos financieros y con nuestro tiempo.

El Señor acepta nuestro sacrificio y nos bendice

El Señor no ignora las ocupaciones e intereses personales que ellos y nosotros tenemos en este momento. El evangelio de nuestro Señor Jesucristo siempre ha sido predicado con sacrificio, y no esperamos que para nosotros fuera diferente. Para nuestros jóvenes, aceptar un llamamiento misional no significa renunciar a su educación académica, como tampoco significa descartar otro tipo de ocupaciones significativas, sino tan sólo colocarlas en un sabio orden de secuencia y prioridad para la mejor realización de todas ellas.

Amados hermanos y jóvenes de la Iglesia, enfatizamos y repetimos los consejos y las promesas que los profetas nos han hecho como se encuentran en Predicad Mi Evangelio:

“Le instamos a tener una dedicación aún más firme de ayudar a nuestro Padre Celestial en Su gloriosa obra. Todo misionero tiene una importante función en la tarea de llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre(Moisés 1:39).

“El Señor le recompensará y le bendecirá grandemente a medida que le sirva con humildad y un espíritu de oración. Al trabajar entre los hijos de Él, recibirá más felicidad que la que jamás haya experimentado” (Predicad Mi Evangelio, Mensaje de la Primera Presidencia. Pág. V).

Que cada joven activo en edad de servir una misión “dejando al instante las redes” (Mateo 4:20) responda al llamado del Señor que nos ha hecho el Presidente Monson. Que todo joven se prepare para recibir el sacerdocio de Melquisedec y se comprometa con el Señor para servir una misión tan pronto cumpla la edad correspondiente.