No debería ser necesario un terremoto

 

POR EL ELDER J DEVN CORNISH 

De los Setenta, enero 2012

 

 

A las 5:36 esta mañana mientras estaba aun en cama, un temblor de tierra de 5.2 de magnitud con su epicentro en la parte Oeste de la República Dominicana removió nuestra cama brevemente, pero de una manera aterradora. Esto me recordó el terremoto de más duración y magnitud (6.5) que nos tocó en Santiago, R.D. a las 11:45 PM, el 22 de septiembre del 2003. Ese temblor fue aun más largo que el de esta mañana, y el ruido que hizo era como el de un tren de carga pasando por el medio de nuestra habitación.

 El Señor nos advirtió en Doctrina y Convenios 88:89-91.

 “Porque después de vuestro testimonio viene el testimonio de terremotos que causarán gemidos en el centro de la tierra, y los hombres caerán al suelo y no podrán permanecer en pie. Y también viene el testimonio de la voz de truenos, y la voz de relámpagos, y la voz de tempestades, y la voz de las olas del mar que se precipitan allende sus límites. Y todas las cosas estarán en conmoción; y de cierto, desfallecerá el corazón de los hombres…”.

 Como han dicho los profetas recientemente, todas las cosas están en conmoción, pero este no es tiempo de nosotros temer, especialmente si nuestras vidas están en orden. El temblor de esta mañana ciertamente me recordó, de hecho, que el Señor está a cargo de los asuntos de los hombres y que “esta vida es cuando el hombre debe prepararse para comparecer ante Dios” (Alma 34:32).

 La experiencia en Puerto Plata después del terremoto del 2003 fue muy interesante. Había daños considerables a los edificios en la ciudad, y las personas sintieron un miedo real durante el tiempo del movimiento. El terremoto ocurrió un lunes; el próximo domingo las calles y tiendas de Puerto Plata estaban vacías. Todos estaban en la Iglesia, y las Iglesias estaban llenas hasta los pasillos.  El siguiente domingo todavía había algo de tráfico en las calles, y las Iglesia una vez más estaban llenas. Pero para nuestra sorpresa, para el 3er y 4to domingo después del terremoto, las calles estaban llenas y las tiendas estaban abiertas, casi como si nada hubiera pasado. Las personas no se habían vuelto al Señor por mucho tiempo.

 ¿Qué será necesario para que yo “me examine a mí mismo” (ver 1 Cor. 11:28) y reconsidere la profundidad de mi discipulado? ¿Soy yo fiel en hacer las cosas que muestran mi completo compromiso para con Jesucristo? Por ejemplo, ¿realmente me abstengo de 2 comidas consecutivas y pago una generosa ofrenda de ayuno para el apoyo de los pobres y asisto a la reunión de ayuno cada mes? ¿Oro yo en privado de día y de noche y oro cada día con mi familia? ¿Realmente trato yo a mi esposa(o) y familia con bondad y amor? ¿Estudio las escrituras diariamente? ¿Pago un diezmo honesto e integro, una decima parte de todos mis ingresos anuales? ¿Sirvo yo a los demás y magnifico mi llamamiento? ¿Cómo puede la Iglesia del Señor esperar ver un progreso constante si sus miembros activos no son valientes?

 Más importante que las cosas que yo debo hacer, es la clase de persona que yo debo ser. Aun cuando yo haga obras buenas, será en “vano” y no servirá de nada (Alma 34:28), si mi corazón no es recto ante Dios. Lo que el Señor requiere es “la nueva criatura” (Gal 6:15).

 No “os engañéis” porque “Dios no puede ser burlado”. Lo que el hombre sembrare eso mismo segará. (ver Gal. 6:7). Los días de terremotos y tempestades y de las  “olas del mar llegando más allá de sus límites” están aquí (piensen en el terremoto en Haití y el tsunami en Japón). ¡Podemos nosotros poner atención a sus testimonios y en este instante ponernos a nosotros mismos y a nuestra casa en orden!

 No debería ser necesario un terremoto para hacer que yo obedezca a Dios, pero debo confesar el recordatorio ha ayudado.