Desideria Quintanar de Yáñez

La primera mujer bautizada en México

(1814-1893)

 

     Desideria Quintanar Yañez (1814-1893) fue descendiente de Cuauhtémoc, el último de los emperadores aztecas por el año 1500.  Además de tener derecho a tan noble herencia, también tuvo el honor de ser la primer mujer mexicana bautizada en la Iglesia en México. 

Por F. LaMond Tullis

     Un sueño milagroso llevó a Desideria Quintanar de Yáñez, una viuda y madre, al Evangelio restaurado de Jesucristo. Había podido sobreponerse a la muerte de su esposo. Se había resignado a aceptar las pérdidas familiares resultantes del saqueo en el municipio de Nopala de Villagrán que en 1864 protagonizó el ejército francés y los monárquicos mexicanos bajo las órdenes del aquel entonces emperador de México, el Archiduque austriaco Fernando Maximiliano. Había vencido el temor de que su hijo José María, quien se había unido al ejército Hidalguense antimonárquico, muriera en manos de los franceses y sus elitistas aliados mexicanos. Se había hecho a la idea de pasar el resto de sus días, sola, en el rancho de su familia en la tierra que la vio nacer entre cerros y valles productores de nopales en el desierto semiárido del estado de Hidalgo. Lo que no podía olvidar era su sueño, el cual tuvo como resultado que Desideria llegara a ser una de las primeras conversas del Evangelio restaurado en México y la primera mujer en ser bautizada aquí en la dispensación del cumplimiento de los tiempos.

     Cuando las tenues nubes de la cortina de aquel sueño se diluían, Desideria vio a un hombre que sostenía un libro como si quisiera dárselo. Mientras el hombre se acercaba a los ojos de su mente, Desideria trató de leer el título en la portada: ¿voz? ¿amonestación? Por fin el título se hizo más claro: UNA VOZ DE AMONESTACIÓN. Vio a varios hombres cerca de una imprenta haciendo copias del libro, lo que la impresionó sobremanera al saber que esto mismo estaba sucediendo en la Ciudad de México y que debía obtener una copia del libro para leerlo. Ella formaba parte de un pequeño porcentaje de mujeres rurales alfabetizadas de su época.

     Cuando Desideria tuvo ese sueño, el apóstol Moses Thatcher y los misioneros consigo, quienes habían llegado a la Ciudad de México a fines del año 1879, estaban trabajando con ahínco. Una de sus tareas consistía en traducir el libro del apóstol Parley P. Pratt, A Voice of Warning al español (Una voz de amonestación), y conseguir que lo imprimieran para el pueblo mexicano. Melitón González Trejo, con la ayuda de Plotino Constantino Rhodakanáty, acababa de terminar la traducción. El 9 de febrero de 1880, el apóstol Thatcher había enviado el manuscrito a una impresora local para tener el tipo de letra establecido en preparación para la publicación del libro al español. Los misioneros estaban esperando a que les regresaran las pruebas de la imprenta para hacer las correcciones y después sacar cientos de copias impresas y distribuirlas a lo largo del centro de México.

     Desideria quedó impresionada después de leer el libro. Pensó que ella era; y bien pudo haber sido; descendiente directo de Cuauhtémoc, primo de Moctezuma, el  último gobernante de los aztecas. Como la mayoría de los mexicanos, algunos de ellos llamados Cuauhtémoc, Desideria estaba orgullosa de su ascendencia indígena, muy probablemente real. El mensaje en Una voz de amonestación y las palabras que Quintanar encontró en ello acerca de un libro más importante llamado El Libro de Mormón, la motivaron y pronto pidió ser bautizada. Cuando eso pasó en 1880 en el caudal de un río en el rancho de los Yáñez en Nopala, Desideria se convirtió en la persona número 22  (siendo primera mujer) que entró en las aguas del bautismo en México en esta dispensación. Como debió ser, Melitón González Trejo la bautizó junto con su hijo José María y su hija Carmen. Así mismo, la esposa de José María recibió el bautismo, probablemente por González Trejo también.

     Desde aquel sueño en 1880 y por el resto de su vida, Desideria Quintanar de Yáñez trabajó para merecer una promesa hallada en el Libro de Mormón que ella tanto amaba y que había encontrado primero en La voz de amonestación: “Benditos son aquellos que quieran arrepentirse y escuchar la voz del Señor su Dios, porque son éstos los que serán salvos” (Helamán 12:23).

Hay dos artículos completos acerca de Desideria Quintanar de Yáñez en este sitio de la Iglesia: