Un plan maravilloso

Mensaje de la Presidencia del Área

Por el Élder José A. Teixeira, Portugal

Presidente del Área de Europa

 

Recientemente recibí un mensaje de correo electrónico de mi nuera Lisa, en el que expresaba la alegría que siente con su hija recién nacida. Sus palabras estaban llenas de gratitud por el maravilloso plan de un Padre Celestial que nos ama.

Empecé a pensar en cómo su experiencia de dar a luz le ha ayudado a comprender mejor la importancia del convenio del bautismo y ha profundizado su testimonio de Jesucristo como nuestro Salvador y Redentor.

En Juan 3:5 se declara: “El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios”. Cristo nos enseña más que el solo hecho de que el bautismo es esencial para la salvación. ¿Qué quiere que aprendamos cuando compara el bautismo al nacimiento? Después de haber dado a luz, mi nuera compartió algunas ideas de lo que nuestra pertenencia a la Iglesia significa para Él y lo que significa para nosotros. A continuación indicaré ocho lecciones que ella ha aprendido de su hijita Jane.

1. Tras el bautismo, somos completamente puros e inocentes. ¿Acaso el Señor podría explicarnos más claramente que nuestros pecados verdaderamente son lavados y que quedamos completamente limpios, que cuando nos compara a un bebé recién nacido?

2. Ser bautizados no es algo sin importancia y trivial. El precio de nuestra pureza es la expiación del Señor. Él describió su experiencia en D. y C. 19:18: “Padecimiento que hizo que yo, Dios, el mayor de todos, temblara a causa del dolor y sangrara por cada poro y padeciera, tanto en el cuerpo como en el espíritu, y deseara no tener que beber la amarga copa…”. Estos sentimientos coinciden con algunos de los que se experimentan durante el parto y el nacimiento. Así como dar a luz físicamente requiere gran sacrificio y dolor, dar a luz espiritual requiere el máximo sacrificio y el dolor de la Expiación. Pero, ¿por qué están dispuestas a tener hijos las madres? Porque aman a sus hijos, porque ellos ciertamente lo valen. El Señor nos ama, y ciertamente nosotros lo valemos.

3. Antes del nacimiento existe un largo periodo de nutrición, fortalecimiento y construcción de una relación, y hay mucha expectación. A pesar de que la madre está creando este vínculo con su hijo durante nueve meses, la primera vez que ve y sostiene a su niño experimenta unos sentimientos de reverencia y gozo que son imposibles de describir. Del mismo modo, el Señor alimenta y fortalece a sus hijos mientras se preparan para el bautismo. Tiene mucha expectación por ese día. El vínculo que se crea cuando sus hijos entran en las aguas del bautismo es sumamente intenso, y Él rebosa de alegría al igual que la nueva madre. ¡Qué imagen tan poderosa para describir su felicidad!

4. Jane tomó el nombre de nuestra familia y forma parte de ella. Nosotros tomamos el nombre de Cristo sobre nosotros cuando somos bautizados, y llegamos a formar parte de su familia. Esto implica una gran responsabilidad, pero también nos hace herederos de todo lo que Él tiene.

5. Una madre se entusiasma con todo lo que hace un recién nacido. Jane no tiene que ser perfecta para que su madre esté orgullosa de ella. Los nuevos conversos quizá sientan que no dan la talla en comparación con los miembros experimentados de la Iglesia, pero el Señor está sumamente orgulloso de cada uno de los logros que van alcanzando.

6. Lisa dijo que ella siempre sabe dónde está Jane y lo que está haciendo, incluso cuando el bebé no puede verla a ella o no sabe que está mirando. Lisa nunca, nunca la deja sola. El Señor está aún más pendiente de nosotros: “Iré delante de vuestra faz. Estaré a vuestra diestra y a vuestra siniestra, y mi Espíritu estará en vuestro corazón, y mis ángeles alrededor de vosotros, para sosteneros” (D. y C. 84:88).

7. Jane depende totalmente de su madre, y su madre le da todo lo que necesita. Si el bebé le dijera a su madre “no te necesito”, no sobreviviría. Decirle al Señor que no le necesitamos es el camino hacia la muerte espiritual. Necesitamos su alimento todos los días. Él se entrega a nosotros como una madre se entrega a su hijo.

8. Lisa dice: “No quiero que Jane se quede así para siempre. Quiero que crezca y se desarrolle y experimente la plenitud de la vida. La amo, y por eso quiero que experimente todo el gozo que yo he disfrutado. Eso es lo que los padres amorosos desean para sus hijos. “Tenemos un Padre Celestial que nos ama, y aunque ahora quizá parezca imposible que algún día podamos ser como Él, Él ve nuestro futuro y conoce nuestro potencial; y eso es exactamente aquello para lo que nos está capacitando, para que seamos como Él. Eso es lo que los padres llenos de amor hacen por sus hijos, y nosotros somos Sus hijos.

Ruego que nos demos cuenta de que solamente podemos volver a vivir con nuestro Padre Celestial al confiar en la gracia y misericordia de Su Hijo1. Que nos regocijemos por ser miembros de la Iglesia y siempre estemos agradecidos por el maravilloso plan que nuestro Padre Celestial ha provisto para nosotros.

Notas:

[1] Véase Predicad mi Evangelio, pág. 62.