El templo brilla como faro de rectitud, dice el presidente Monson


“Le damos gracias a nuestro Padre Celestial por las bendiciones que éste y los demás templos traen a nuestras vidas”, dijo el presidente Thomas S. Monson en la celebración cultural antes de la reciente rededicación del templo de Laie Hawaii, el domingo 21 de noviembre. Dijo que el templo “brilla como un faro de rectitud para todos los que sigan su luz”.

Vínculos relacionados


     

Los profetas y apóstoles participan siempre que se dedica un templo. Normalmente el Presidente de la Iglesia, o uno de sus consejeros, bajo su dirección, ofrece la oración dedicatoria del edificio como la Casa del Señor. Los profetas y apóstoles también participan en la aprobación del terreno donde el templo estará ubicado, en extender el llamamiento a los presidentes de templos y en animar a los miembros de la Iglesia a que asistan al templo. En esta ocasión se rededicó un templo tras una amplia renovación.

En tres sesiones dedicatorias, el presidente Monson discursó y ofreció la oración dedicatoria. El presidente Henry B. Eyring, primer consejero de la Primera Presidencia, dirigió las sesiones y discursó. También participaron el élder Quentin L. Cook del Quórum de los Doce y el élder William R. Walker de los Setenta, quien sirve como Director Ejecutivo del Departamento de Templos.

La tarde antes de la dedicación se llevó a cabo una celebración cultural; el presidente Monson prometió a los 2000 participantes del evento que serían bendecidos por sus esfuerzos.

“Ustedes y sus líderes han pasado largas, largas horas preparándose para esta tarde. En ocasiones se habrán preguntado si el resultado final merecería la pena por todo el esfuerzo realizado. Quiero asegurarles, a cada uno de ustedes, que cualquier esfuerzo que realicen, será recompensado con creces”.

El presidente Eyring comentó al ver al presidente Monson relacionarse con la gente a lo largo de los eventos dedicatorios:

“Creo que no pasó ni a una persona a la que no diera un apretón de manos, sonriera, ni a un niño que no acariciara la cabecita. Estuvo excepcional”, dijo el presidente Eyring. Estaba en su terreno aquí, al estar entre la gente. Él ama a la gente y la gente lo ama a él. Se podía sentir allá donde él iba.”

El presidente Eyring también dijo, “Los Santos de aquí tienen tanta fe que ésta hizo que todo brillara. El programa cultural fue incomparable, principalmente gracias a los jóvenes y sus familiares que debieron trabajar con ellos sin cesar. Fue más que profesional; fue celestial”.