¿Por qué tenemos tribulaciones?

Durante los primeros días de la Restauración, se llamaba a los misioneros a que dejaran sus hogares y familia, algunas veces por años. En esta escena de un video basado en un mensaje de conferencia del élder Hales (vea el vínculo a la derecha), un misionero se despide de su esposa.

“Muchas veces he reflexionado preguntándome: ¿Por qué tienen pruebas y tribulaciones el Hijo de Dios, Sus santos profetas y todos los santos fieles aun cuando tratan de hacer la voluntad del Padre Celestial?”. Dijo el élder Robert D. Hales, del Quórum de los Doce Apóstoles. “¿Por qué es tan difícil, especialmente para ellos?… ¿Por qué tan terrible tribulación? ¿Con qué fin? ¿Con qué propósito?”.

El élder Hales respondió a esas preguntas en su discurso de conferencia general de octubre de 2011 diciendo: “Al hacernos esas preguntas, nos damos cuenta de que el propósito de nuestra vida terrenal es crecer, desarrollarnos y fortalecernos por medio de nuestras propias experiencias. ¿Y cómo lo hacemos? Las Escrituras nos dan la respuesta en una sencilla frase: nosotros ‘espera[mos] en Jehová’”.

Esperamos en Jehová

“A todos se nos dan pruebas y aflicciones, estas dificultades del ser mortal nos demuestran, a nosotros y a nuestro Padre Celestial, si somos o no capaces de ejercer el albedrío para seguir a Su Hijo. Él ya lo sabe y nosotros tenemos la oportunidad de aprender que, no obstante lo difícil de nuestras circunstancias, ‘todas estas cosas [nos] servirán de experiencia, y serán para [nuestro] bien’ (D. y C. 122:7).

“¿Quiere decir que siempre entenderemos nuestras dificultades? ¿No tendremos todos, de vez en cuando, razón para preguntar: ‘Oh Dios, ¿en dónde estás?’. ¡Sí! Cuando muere un cónyuge, su compañero se hará la pregunta; cuando una familia sufre privación económica, el jefe de familia se la hará también; cuando los hijos se apartan del camino, la madre y el padre la exclamarán con dolor. Sí, ‘Por la noche durará el llanto, y a la mañana vendrá la alegría’ (Proverbios 30:5).Entonces, en el amanecer de mayor fe y entendimiento, nos levantaremos para esperar en el Señor diciendo: “Hágase tu voluntad”.

El élder Hales habló sobre lo que significa esperar en el Señor, haciendo notar que en las Escrituras, la palabra esperar significa tener esperanza, aguardar y confiar.

“Tener esperanza y confianza en el Señor requiere fe, paciencia, humildad, mansedumbre, conformidad, guardar los mandamientos y perseverar hasta el fin”, dijo el élder Hales.

Las canciones que no pudieron cantar

El élder Quentin L. Cook, del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo que el entendimiento del plan de felicidad del Padre Celestial es la clave para aprender a esperar en el Señor.

“Entre las preguntas más frecuentes que se hacen a los líderes de la Iglesia están: ¿Por qué un Dios justo permite que sucedan cosas malas, especialmente a las personas buenas?; ¿por qué aquellos que son justos y están al servicio del Señor no son inmunes a esas tragedias?”.

Aunque no sepamos todas las respuestas, dijo el élder Cook, conocemos principios importantes que nos permiten afrontar las tragedias con fe y confianza en el futuro.

Principios de fe

“Primero”, dijo, “tenemos un Padre Celestial que nos conoce, nos ama personalmente y entiende perfectamente nuestro sufrimiento.

“Segundo, Su hijo Jesucristo es nuestro Salvador y Redentor; Su expiación no solamente proporciona la salvación y la exaltación, sino que también compensará todas las injusticias de la vida.

“Tercero, el plan de felicidad del Padre para Sus hijos incluye no sólo la vida premortal y mortal sino también la vida eterna, incluso una grande y gloriosa reunión con aquellos que hemos perdido. Todas las injusticias serán enmendadas, y veremos con perfecta claridad y con una perspectiva y entendimiento impecables”.

La perspectiva eterna

“Desde la limitada perspectiva de aquellos que no tienen conocimiento, entendimiento ni fe en el plan del Padre —que ven el mundo sólo a través de los lentes de la mortalidad con sus guerras, violencia, enfermedad y maldad— esta vida puede parecer deprimente, caótica, injusta y sin sentido …

“Muchos no aprecian que, bajo Su amoroso y comprensivo plan, los que parecen estar en desventaja sin tener culpa, en última instancia no son sancionados …

“Existen muchas clases de retos. Algunos nos brindan experiencias necesarias. Los resultados desfavorables en esta vida terrenal no son evidencia de falta de fe o de alguna imperfección en el plan global de nuestro Padre en los Cielos. El fuego purificador es real, y las cualidades de carácter y rectitud que se forjan en el horno de la aflicción nos perfeccionan, nos purifican y nos preparan para encontrarnos con Dios”.

Continuemos con paciencia

El presidente Dieter F. Uchtdorf, de la Primera Presidencia, habló de las bendiciones de paciencia y confianza en el tiempo del Señor.

“Los hijos de Israel esperaron 40 años en el desierto antes de poder entrar en la tierra prometida. Jacob esperó siete largos años a Raquel. Los judíos esperaron 70 años en Babilonia antes de poder regresar a reconstruir el templo. Los nefitas esperaron una señal del nacimiento de Cristo, incluso sabiendo que si la señal no llegaba, perecerían. Las pruebas que enfrentó José Smith en la cárcel de Liberty hicieron que incluso el profeta de Dios se preguntase: ‘¿Hasta cuándo?’.

“En todos esos casos, el Padre Celestial tenía un propósito al pedir a Sus hijos que esperaran”.

Llamados a esperar

“A cada uno de nosotros se nos pide que esperemos de una u otra manera”, continuó el presidente Uchtdorf. “Esperamos respuestas a nuestras oraciones; esperamos cosas que en ese momento nos parecen tan correctas y buenas que no logramos entender por qué el Padre Celestial se demora en contestar”.

El presidente Uchtdorf recordó cuando se preparaba para formarse como piloto de combate y dedicaba gran parte de su capacitación a hacer ejercicio físico, que incluía correr mucho. Mientras corría, el presidente Uchtdorf se dio cuenta que los hombres que fumaban, bebían y hacían todo tipo de cosas que eran contrarias al Evangelio y a la Palabra de Sabiduría lo pasaban.

“Recuerdo que pensé: ‘¡Un momento! ¿No se supone que soy yo el que tiene que poder correr sin desmayar?’. Pero me sentía agotado, como para desmayarme, y me pasaban personas que definitivamente no seguían la Palabra de Sabiduría. Confieso que en ese entonces eso me perturbaba. Me preguntaba: ¿Es verdad la promesa o no?

“La respuesta no llegó de inmediato, pero con el tiempo descubrí que las promesas de Dios no siempre se cumplen con la velocidad o de la forma que nos gustaría, sino en el momento y a la manera de Él. Años después tuve una evidencia clara de las bendiciones temporales que llegan a los que obedecen la Palabra de Sabiduría, además de las bendiciones espirituales que enseguida llegan al obedecer cualquiera de las leyes de Dios. En perspectiva, sé con certeza que las promesas del Señor, si bien no siempre son rápidas, siempre son seguras”.