David A. Bednar

Quórum de los Doce Apóstoles

El élder Bednar habla con frecuencia sobre las preguntas que le hacen las personas a las que enseña, usando las Escrituras y el Espíritu para guiarlos a encontrar las respuestas por sí mismas.

En su primer discurso de la conferencia general como miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, el élder David Allan Bednar enseñó doctrina de las Escrituras y compartió su testimonio personal del Salvador. Sus palabras reflejaron la fuente de su apacible audacia en la obra del Señor y su notable capacidad para dirigir a las personas. Dijo que mediante la gracia del Señor, mediante la fe en la expiación de Jesucristo y el arrepentimiento de nuestros pecados, podemos recibir fortaleza y ayuda para hacer buenas obras más allá de nuestra propia capacidad. El élder Bednar prometió: “En la fuerza del Señor, podemos hacer, soportar y vencer todas las cosas”. 

Fiel e intrépido

Los tres hijos del élder Bednar, ahora ya crecidos, describen la influencia de su padre.

Michael dice: “Parece como si la fe hubiera erradicado el temor en mi padre. Siempre es muy optimista. No importa si algo va mal, siempre dice: ‘Las cosas saldrán bien’. Cuando pasé momentos difíciles en la misión me dijo que trabajara duro y que entonces tendría éxito. También me dijo que cuando llegara el éxito recordara que Dios me lo había dado y que yo no lo merecía”.

Cuando era adolescente, el élder Bednar estaba profundamente influenciado por el buen ejemplo de sus padres y por experiencias positivas durante su infancia

Eric describe el ejemplo de su padre: “Siempre ha acudido a la fuente verdadera: las palabras de los profetas y las Escrituras. Es audaz, pero escucha. Hace preguntas inspiradas y luego presta atención a tu respuesta; entonces te hace otra pregunta inspirada. En cierta ocasión, cuando tenía yo 14 años, me estaba haciendo algo parecido a una entrevista para la recomendación para el templo, y me preguntó si sostenía al presidente Ezra Taft Benson. Le dije que sí. Entonces, tras una pausa, me preguntó: ‘¿Qué has leído últimamente de lo que el presidente Benson ha dicho?’”. Las lecciones aprendidas gracias a aquellas y otras preguntas siguen enseñando a Eric y a sus hermanos.

Jeffrey, el menor de los tres hijos, dice: “Desde que era pequeño, papá me ha enseñado a ponerme metas y a ejercer la fe”. Y agrega: “Deseo que todos sepan que es un hombre sencillo que puede hacer cosas extraordinarias gracias a la fuerza del Señor. Es un testigo viviente del poder de la Expiación”.

La hermana Bednar dice de su esposo: “Aquellos que le conocen bien dirían que es duro pero de buen corazón. Es competente y caritativo. Es motivado y exigente a la vez. Es fiel e intrépido. Tiene una gran capacidad para dirigir y la sabiduría para seguir”.

David A. Bednar juega como mariscal de campo en el equipo de fútbol americano de su escuela secundaria en el norte de California. Como a muchos otros jóvenes de su edad, le encantaban los deportes y disfrutaba en competiciones atléticas.

La influencia de la familia

Al igual que sus hijos, el élder Bednar recibió la profunda influencia de su temprana vida familiar. Nació el 15 de junio de 1952 en Oakland, California. Su madre, Lavina Whitney Bednar, descendía de pioneros fieles a la Iglesia. El élder Bednar la describe a ella y a su fe con una palabra: “Firme”. Su padre, Anthony George Bednar, fue un diestro fabricante de herramientas y troqueladoras. No era miembro de la Iglesia, aunque era constante para asistir a las reuniones con su hijo, ayudarle en sus labores eclesiásticas y apoyarlo cuando llegó la hora de que David sirviera como misionero en Alemania. Años más tarde, después de su misión, el élder Bednar bautizó, confirmó y ordenó a su padre al sacerdocio. 

Después de su servicio misional regresó a la Universidad Brigham Young donde conoció a Susan Kae Robinson, que se crió en el pueblecito de Afton, Wyoming. Ella desciende de una familia de miembros fieles de la Iglesia y líderes en su comunidad. Su padre fue presidente de un banco y sirvió como obispo. David y Susan se casaron en el Templo de Salt Lake en 1975.

Un estudioso de las Escrituras

El élder Bednar se graduó en 1976 con una licenciatura y en 1977 con una maestría, ambas cursadas en BYU. Recibió el doctorado de la Universidad Purdue en 1980 y formó parte del cuerpo docente de la facultad de ciencias empresariales de la Universidad de Arkansas en Fayetteville. En 1982, a la edad de 30 años, fue llamado como consejero de una presidencia de estaca. También sirvió como obispo; presidente de la Estaca Fort Smith, Arkansas; presidente de la Estaca Rogers, Arkansas y después como Representante Regional y como Setenta Autoridad de Área.

El élder Bednar habla en una conferencia de prensa después de su llamamiento como Apóstol en octubre de 2004.

Su propia dependencia de las Escrituras y sus enseñanzas sobre la importancia de éstas fueron patentes durante su servicio en el sacerdocio. El élder Bednar recuerda: “Durante mi preparación para la misión fuimos a la sala de asambleas solemnes del Templo de Salt Lake. El presidente Harold B. Lee estaba allí para responder a las preguntas de cerca de 300 misioneros; estuvo allí con su traje blanco y sus Escrituras blancas. Contestó cada pregunta empleando las Escrituras, o bien decía: ‘No lo sé’. Allí estaba yo, sentado y pensando que jamás llegaría a conocer las Escrituras como él, pero mi objetivo se concretó en emplearlas para enseñar tal y como lo hacía el presidente Harold B. Lee. Ese deseo es la génesis de todo mi estudio de las Escrituras”.

Desde sus puestos de liderazgo ha tratado de alentar ese deseo en otras personas. Recuerda una ocasión en 1987, mientras era obispo en Fayetteville, Arkansas. “Un día fui a la Primaria”, dice. “Me habían invitado. Decidí ponerme unos tirantes rojos que tenía intención de emplear para ilustrar una lección. Cuando llegué al aula de la Primaria, me quité la chaqueta y dije: ‘Niños, el obispo tiene estos tirantes rojos. ¿En qué se parecen las Escrituras a mis tirantes rojos?’. Un pequeño levantó la mano y dijo: ‘Las Escrituras sostienen nuestra fe en Jesús del mismo modo que sus tirantes le sostienen los pantalones’. ‘Así es’, le dije”.

Después de una reunión, el élder Bednar saluda a los miembros en Cebú, una isla al sur de las Filipinas.

Presidente de una universidad durante un tiempo de cambio

En 1997, David A. Bednar fue nombrado presidente del Colegio Universitario Ricks en Rexburg, Idaho. En ese tiempo era el colegio universitario privado más grande del país, con 8500 alumnos. Durante su primera reunión con el cuerpo docente y el personal laboral, dijo: “Nunca he sido director de un colegio universitario, desconozco el procedimiento. Pero sé algo respecto a enseñar y espero que al menos esto sirva para dar un primer paso”.  

Cuando el Colegio Universitario Ricks pasó a ser una institución educativa que impartiría cursos de cuatro años y que se llamaría Universidad Brigham Young—Idaho, el presidente Bednar tuvo una función clave al convertir el centro de educación innovadora a la par que contribuyó a edificar la fe en el evangelio de Jesucristo. Dio el ejemplo a los estudiantes al llevar siempre sus Escrituras a los devocionales y al pedirles que ellos también lo hicieran.

El élder y la hermana Bednar

El élder y la hermana Bednar saludan a la congregación al finalizar una sesión de la conferencia general

En la fuerza del Señor

Su fe en el poder que emana de la Expiación le ha inspirado la confianza de que recibirá fuerza más allá de su capacidad natural para hacer todo aquello que el Señor le mande. Su fe le ha permitido extender esa confianza a todo al que enseña y guía. Debido a esa fe en lo que tanto él como los demás pueden hacer, uno se contagia de optimismo y energía en su presencia nacida del conocimiento de que “todas las cosas son posibles para Dios” (Mateo 19:26, Marcos 10:27).

La gran capacidad que el élder Bednar tiene para elevar al prójimo, junto con su valor para hacer todo lo que el Señor requiera de él, proceden de su testimonio de Jesucristo. Ha pagado el precio de la oración, el estudio de las Escrituras y las pruebas personales para poder ser un testigo especial del Salvador. Su vida manifiesta la veracidad de sus palabras a la conclusión de su primer discurso de la conferencia general: “A donde me manden el Señor y los líderes de Su Iglesia iré. Haré lo que quieran que haga. Enseñaré lo que quieran que enseñe, y me esmeraré por llegar a ser lo que deba llegar a ser. En la fuerza del Señor y mediante Su gracia, sé que ustedes y yo podemos tener la bendición de lograr todas las cosas”. 

el Quórum de los Doce Apóstoles

El Quórum de los Doce Apóstoles (abajo).

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