L. Tom Perry

Quórum de los Doce Apóstoles

Élder L. Tom Perry en la Conferencia General

El élder Perry deja una impresión duradera por motivo de su estatura, su estilo y su resonante voz.

Como madre joven, Roberta Jensen estaba en el avión intentando alimentar a su bebé recién nacido y tranquilizar a sus otros tres hijos, todos menores de cuatro años. Estaba agotada, avergonzada y sola. Viajaba de vuelta a casa para una visita que se suponía que debía servirle de descanso de la presión de ayudar a su esposo en la universidad, criar una joven familia con él, y luchar para “llegar a fin de mes”. Pero hasta el momento, el viaje había sido todo menos un descanso.

El pasajero al otro lado del pasillo del avión era un hombre alto y alegre. Cuando le habló, se presentó como el élder L. Tom Perry, del Quórum de los Doce Apóstoles. “Un Apóstol aquí, a mi lado”, pensó ella. “Me pregunto si puede sentir la confusión en la que me encuentro y si puede leer los sentimientos de mi corazón”.

Al despegar el avión, los niños lloraron, todos. La vergüenza de Roberta se tornó en pánico. El élder Perry guardó su maletín y le preguntó amablemente: “¿Quiere que le sostenga al bebé?”. Durante el resto del viaje cuidó al niño, acunándolo para que se durmiese, mientras la agradecida madre calmaba a los otros niños y les daba algo de comer. Cuando sirvieron la cena, ella trató de tomar el bebé de nuevo, pero el élder Perry, que estaba aún sonriendo, le dijo que el niño estaba tranquilamente dormido y no había razón para molestarle.

“Sobreviví al viaje”, dijo ella, “y conservé un querido recuerdo que será parte de nuestra familia para siempre… Él vio a alguien que necesitaba ayuda y dejó a un lado sus propias necesidades para brindar esa ayuda”.

La familia Perry

El joven Tom (fila superior, a la izquierda) con sus padres, hermanos y hermanas. El élder Perry todavía recuerda la formación espiritual que sus padres le dieron cuando era niño.

Un compromiso desde el principio

El élder L. Tom Perry recuerda la formación espiritual que sus padres, Leslie Thomas Perry y Nora Sonne Perry, le dieron cuando era niño. Recuerda que su fiel madre esperaba cada noche al otro lado de la puerta de su habitación para asegurarse de que él hiciera su oración.

El joven Tom se comprometió a ir a la Iglesia sin faltar una sola vez. Un domingo estaba enfermo de amigdalitis y sus padres decidieron que debería romper su marca de no faltar una sola vez. Todos los miembros de la familia se fueron a la Iglesia con excepción de Tom y su madre. Pero la familia se sorprendió al verles entrar en la capilla unos minutos después de que empezara la reunión. A pesar de estar enfermo, Tom hizo todo el esfuerzo posible para estar donde debía estar.

Entre los niños del vecindario, Tom era el líder. No hacía falta tener árbitros en los juegos de pelota dada su habilidad para arbitrar en disputas. Como resultado, los juegos estaban increíblemente libres de discusiones.

L. Tom Perry en el Cuerpo de Marines

En el Cuerpo de Marines, Tom Perry estuvo entre las primeras tropas de ocupación que entraron en Japón después de la Segunda Guerra Mundial.

L. Tom Perry al teléfono

Como hombre de negocios, L. Tom Perry se dio cuenta que había sido bendecido por lo que había aprendido como consejero del obispo.

Centrado en el servicio

El élder Perry asistió a la Facultad de Agricultura Utah State, en Logan, Utah, desde 1940 a 1941. Después sirvió una misión en la Misión Estados del Norte, Estados Unidos, donde desarrolló una gran estima por el Libro de Mormón. Varias semanas después de su regreso a casa, se le reclutó en el servició militar y fue como voluntario al Cuerpo de Marines. Estuvo entre las primeras tropas de ocupación que entraron en Japón después de la Segunda Guerra Mundial.

Después de su relevo del Cuerpo de Marines en el otoño de 1946, el élder Perry regresó a Logan y a Utah State Agricultural College, donde estudió dirección de empresas y se graduó en 1949. Después de su graduación trabajó en finanzas al año siguiente.

Como hombre de negocios exitoso, el élder Perry le da crédito a los principios que aprendió en sus responsabilidades de liderazgo en la Iglesia. Al relatar una de sus primeras experiencias, dijo:

“Cuando era joven, al final de mi década de los veinte, se me ofreció un puesto de controlador en una pequeña tienda en la parte central de Idaho, después de sólo seis meses de experiencia en el negocio de venta al público. Trabajé durante un mes en este nuevo puesto antes que mi familia pudiera venir y reunirse conmigo. Durante ese mes, prácticamente viví en la tienda. Trabajar hasta altas horas de la madrugada era lo normal, mientras intentaba ponerme al día con la carga de trabajo que se me había asignado. Éste era un tiempo en el que traté desesperadamente de aprender tanto un trabajo nuevo, como mantener el ritmo con todas las responsabilidades que se me habían dado.

“Poco después de llegar mi familia, una noche un coche se estacionó frente a nuestra casa y me invitaron a hablar con un miembro de la presidencia de estaca y un miembro del obispado de nuestro barrio. Estaba muy sorprendido, al consejero del obispo lo habían llamado como nuevo obispo y él me había escogido a mí como su segundo consejero. Mi primera reacción fue decir, ‘No. Tengo mucho trabajo’, pero aquello que mis padres me habían enseñado tuvo mayor efecto que mi primera reacción y acepté servir en ese cargo.

“Esta primera experiencia en el obispado fue la mejor educación que jamás haya recibido en cuanto a organización y dirección. Me di cuenta que la manera del Señor podía transferirse al mundo de los negocios. Conforme practicaba la técnicas que se me habían enseñado mediante mi servicio en la Iglesia, me volví más eficiente en mis asignaciones de negocios. Pronto me di cuenta que tenía más tiempo para mi familia, la Iglesia y para mis responsabilidades de negocio”.

L. Tom Perry con sus hijos

Como padre de niños pequeños, L. Tom Perry convirtió en una prioridad el tiempo que pasaba con sus hijos.

Se toma el tiempo para estar con la familia

Tom Perry convirtió en una prioridad real el tiempo que pasaba con su familia, que estaba compuesta por su esposa Virginia y sus tres hijos. El élder Perry incluía a su familia en sus actividades de la Iglesia cada vez que era posible. Durante esos años, la familia le ayudó a escribir y editar sus discursos, hacer copias, encontrar citas e historias y cronometrarle el tiempo al dar discursos.

Su hijo Lee, hablaba de las veces que acompañó a su padre como cronometrador en asignaciones en las que su padre tenía que hablar como sumo consejero en la zona de Sacramento.

“Me daba su reloj y yo me sentaba en el centro de la congregación, en las primeras filas al frente. Utilizábamos los signos de los tres monos sabios: no oyen nada malo, no ven nada malo y no dicen nada malo. Si no estaba erguido, yo me tapaba los ojos. Si estaba hablando demasiado alto, yo me cubría los oídos, y poco antes de que se le terminara el tiempo, me tapaba la boca”, dijo Lee.

L. Tom Perry con su familia en la década de 1970

El élder Perry disfruta del tiempo con su familia a principios de la década de 1970, unos cuantos años antes del fallecimiento de su esposa, su hija y dos de sus nietos.

El élder y la hermana Perry

La hermana Barbara Perry dice que ella y su marido disfrutan de muchas cosas juntos, incluso de la jardinería, las tareas domésticas, correr, caminar y las asignaciones de la Iglesia.

Sube la siguiente montaña

Al experimentar la muerte de su esposa en 1974, su hija en 1983 y dos de sus nietos, el élder Perry contó con su fe en un amoroso Padre Celestial: “El Señor es muy bondadoso. Aunque algunas experiencias son difíciles, Él colma nuestra mente con recuerdos y nos brinda otras oportunidades. La vida no termina simplemente porque tenemos una tragedia, hay una montaña nueva que escalar. No pases mucho tiempo pensando en lo que perdiste. Empieza a escalar la siguiente montaña”.

En enero de 1976 le presentaron a Barbara Dayton y se casaron ese abril en el Templo de Salt Lake. “Disfrutamos de hacer juntos casi todo”, dijo la hermana Perry. “Hemos hecho jardinería juntos; hemos lijado techos. Corremos un par de veces por semana y hacemos largas caminatas”. Cuando le es posible, el élder Perry va en automóvil a sus asignaciones de conferencia en lugar de tomar un avión para poder llevar a Barbara con él.

L. Tom Perry fue llamado al Quórum de los Doce Apóstoles en 6 de abril de 1974, después de prestar servicio como Asistente de los Doce desde 1972. Como apóstol de Jesucristo, él brinda un testimonio especial del Salvador: “Me maravilla que el Padre nos amara tanto que sacrificó a Su Hijo y que tenemos la seguridad reconfortante de que la vida continúa para siempre, que la muerte no es el fin. Si nos atenemos al plan del Evangelio, hay grandes bendiciones reservadas para nosotros. El sistema del Señor trabaja para bendecirnos tanto aquí como en las eternidades. Es la única seguridad reconfortante que podemos encontrar en la tierra. Y cuando la tenemos, es la mayor bendición que se puede recibir”.

el Quórum de los Doce Apóstoles

El Quórum de los Doce Apóstoles (abajo).

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