Quentin L. Cook

Quórum de los Doce Apóstoles

El élder Quentin L. Cook es conocido por su voluntad de aprender de otras personas y por su desinteresado servicio a lo largo de su vida.

En una escuela primaria de Logan, Utah, aquel día había un ejercicio para casos de incendio. Joe Cook, un valeroso alumno, líder del sexto grado y “capitán” encargado de ayudar a llevar a cabo el ejercicio, estaba resuelto a realizarlo en un tiempo mínimo; por eso, quedó complacido cuando, al sonar la alarma, los alumnos empezaron a evacuar el edificio rápidamente. Y justo cuando parecía que iba a alcanzar la fama, oyó el anuncio: “Todavía queda alguien en el edificio. La evacuación no ha sido completa”.

Mientras la esperanza de batir el récord se esfumaba ante sus ojos, Joe Cook al fin vio salir del edificio a un niño de primer grado, el único que había quedado adentro: ¡Era su hermanito Quentin!

Furioso, le gritó: “¿Me puedes decir qué estabas haciendo?”.

Quentin le mostró un par de botas grandes y gastadas, y le explicó: “Joe, tú sabes que [mencionó el nombre de un amigo] a veces tiene que usar zapatos de segunda mano y que le quedan grandes. Cuando sonó la alarma, salió corriendo y se le salieron las botas. Las dejó y se fue afuera descalzo porque no quería echar a perder el ejercicio, yo volví a buscárselas porque no quería que se le enfriaran los pies en la nieve”.

El pequeño Quentin L. Cook con sus padres, su hermano mayor, Joe, y su hermana menor, Susan. Es muy unido a su familia.

Esta historia revela la compasión que el élder Quentin L. Cook ha tenido en el corazón desde que era niño hasta la actualidad, una compasión basada en los principios que enseñó el Salvador.

El élder Cook nació el 8 de septiembre de 1940, en Logan, Utah, hijo de J. Vernon y Bernice Kimball Cook. Aprendió de su padre la importancia de ponerse metas y esforzarse por alcanzarlas, y cómo incorporar en su propia personalidad los atributos que admiraba en otras personas. De su madre aprendió a confiar en el Señor.

De pequeño, Quentin era conocido por ser un niño compasivo y comprensivo, que con frecuencia pensaba en otras personas antes que en sí mismo.

Un momento decisivo

Una de las experiencias más importantes de la vida de Quentin ocurrió cuando tenía quince años. Su hermano Joe deseaba cumplir una misión, pero el padre —un buen hombre que había perdido interés en las actividades religiosas— opinaba que en vez de ello, Joe debía entrar en la facultad de medicina. Joe y Quentin respetaban mucho a su padre, por lo que se retiraron a un lugar privado para considerar el consejo que Joe había recibido de él.

Al fin decidieron que el elemento determinante era éste: Si la Iglesia era nada más que una institución tan buena como otras, Joe prestaría más servicio yendo a la facultad de medicina. Pero si creían que el Salvador realmente vive, que José Smith fue en verdad un profeta, que la Iglesia que él organizó con la dirección de Dios es ciertamente la Iglesia de Jesucristo, que el Libro de Mormón es verdadero, entonces la obligación de Joe estaba claramente definida. A la mañana siguiente, el joven fue a hablar con el padre, presentándole ese razonamiento y le expresó su testimonio. Poco después partió para la misión, con el apoyo de su padre y la gozosa bendición de su madre.

Quentin siempre había tenido un testimonio del Salvador, pero José Smith, la Iglesia y el Libro de Mormón eran asunto aparte para aquel jovencito de quince años; creía en ellos; no obstante, todavía no había recibido una atestiguación espiritual que los confirmara como una innegable realidad.

Después de que se separó de Joe aquella noche, fue a su cuarto, se arrodilló a orar y pidió recibir el mismo testimonio que su hermano tenía, un testimonio que deseaba con todo el corazón. Y lo recibió con tal potestad que cualquier duda que hubiera tenido quedó totalmente disipada para siempre.

En la escuela secundaria, Quentin Cook contribuyó a que el equipo de baloncesto de su escuela se destacara en todo el estado de Utah. También jugó en el equipo de fútbol americano.

Una influencia para bien

Cuando era joven, al élder Cook le gustaban mucho los deportes y contribuyó a que los equipos de fútbol americano y de baloncesto de su escuela secundaria se destacaran en todo el estado de Utah. También le interesaban el debate y la política.

Después de la escuela secundaria fue a la Universidad del Estado de Utah, donde fue elegido para un puesto en el alumnado. Hizo una pausa en sus estudios para servir en la Misión Británica desde 1960 a 1962. Uno de sus compañeros de misión fue el élder Jeffrey R. Holland.

Otra de las grandes influencias de su vida ha sido Mary, su esposa. “Sería difícil hallar en el mundo entero una persona tan buena, tan correcta y tan inteligente como ella”, dice su marido. “Tiene además un fabuloso sentido del humor”. Durante sus años en la universidad, ambos tuvieron numerosas oportunidades de trabajar juntos. En los primeros años de secundaria, a él lo eligieron presidente del alumnado y a ella vicepresidenta. Formaron parte del mismo grupo de debates. Y durante el último año de secundaria, trabajaron juntos, él como presidente de la clase y ella como oficial del alumnado. El élder y la hermana Cook se casaron en el Templo de Logan, Utah, el 30 de noviembre de 1962.

Los hijos de la familia Cook disfrutan pasando tiempo con su padre. Como padres, el élder y la hermana Cook se han dedicado a cultivar estrechas relaciones con cada uno de sus hijos.

Una familia unida

Después de que se graduó de la Universidad del Estado de Utah, en 1963, con un título en ciencias políticas, él y Mary se trasladaron a California, donde en 1966 obtuvo el título de jurisconsulto en la Universidad Stanford. Luego, el élder Cook entró a trabajar en una firma de abogados en la zona de la bahía de San Francisco. Fue llamado para servir como obispo, después como consejero del presidente de la estaca y más tarde como presidente de la misma.

Durante el tiempo en que crió a sus tres hijos junto con su esposa, el élder Cook se aseguró de desarrollar una estrecha relación con cada uno de ellos a pesar de las exigencias de su trabajo y de sus llamamientos en la Iglesia.

Joe, el segundo de sus hijos, recuerda que su padre estaba preocupado ante la idea de que manejara solo desde la Universidad Brigham Young [en Provo, Utah] hasta San Francisco, después de terminar los exámenes de su primer semestre universitario. Era a fines de diciembre, era probable que las carreteras estuvieran cubiertas de nieve y el muchacho iba a estar cansado. Un día, al fin del semestre, Joe contestó una llamada a la puerta de su cuarto y, al abrirla, se encontró allí a su padre, que había viajado en avión desde la zona de la bahía para acompañarlo en el viaje hasta su casa.

El élder Cook y su esposa, Mary Gaddie Cook, disfrutan hasta el día de hoy de la amistad que comenzó cuando colaboraban juntos en la escuela secundaria como oficiales del alumnado. Se casaron en 1962, como esposo y esposa continuamente se fortalecen el uno al otro.

Responsabilidades que se le confiaron

En California, durante tres décadas, el élder Cook pasó de una posición de responsabilidad a otra, tanto en su carrera profesional como en la Iglesia. De empleado, pasó a socio de la firma de abogados y luego a socio administrador; después lo contrataron como presidente y director ejecutivo del Sistema de Salud de California, que más adelante se unió a otra organización de salud, Sutter Health, de la cual llegó a ser subdirector.

Durante ese tiempo, prestó servicio como representante regional y Autoridad de Área, antes de que, en 1996, lo llamaran a integrar el Segundo Quórum de los Setenta. Se lo llamó al Primer Quórum de los Setenta en 1998.

Como Autoridad General, el élder Cook prestó servicio en la Presidencia del Área Filipinas–Micronesia y como Presidente de las Áreas de las Islas del Pacífico y Norteamérica Noroeste de la Iglesia. Su amor por los santos fieles de todo el mundo siguió aumentando después de ser llamado como Apóstol en octubre de 2007.

La voluntad del élder Cook de aprender de otras personas y el servicio desinteresado a lo largo de su vida, lo ha capacitado para ofrecer al Señor el corazón y una mente bien dispuesta.

“He venerado, sostenido y honrado a todos los que han sido apóstoles”, dice. “La influencia que han tenido en mí ha sido profunda. No sé qué es lo que aportaré, pero sí sé que Jesucristo es el Salvador, que Dios es nuestro Padre Celestial, que José Smith es el Profeta de esta dispensación y que tenemos un profeta en la actualidad. Ese conocimiento es el punto central de mi vida”.

el Quórum de los Doce Apóstoles

El Quórum de los Doce Apóstoles (abajo).

Lea la biografía oficial