CAPÍTULO 16

Isaías ve al Señor—Son perdonados los pecados de Isaías—Él es llamado a profetizar—Profetiza que los judíos rechazarán las enseñanzas de Cristo—Un resto volverá—Compárese con Isaías 6. Aproximadamente 559—545 a.C.

  En el aaño en que murió el rey Uzías, vi también al Señor sentado sobre un trono alto y enaltecido, y las faldas de su ropa llenaban el templo.

  Encima del trono estaban los aserafines; cada uno de ellos tenía seis alas; con dos se cubrían el rostro, con dos los pies, y con dos volaban.

  Y el uno exclamaba al otro, diciendo: ¡Santo, santo, santo es el Señor de los Ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria!

  Y a la voz del que clamaba, se estremecieron los aquiciales de las puertas, y la casa se llenó de humo.

  Entonces dije yo: ¡Ay de mí!, pues soy aperdido; porque soy hombre de labios inmundos, y habito entre un pueblo de labios inmundos; por cuanto mis ojos han visto al Rey, el Señor de los Ejércitos.

  Entonces voló hacia mí uno de los serafines con un acarbón encendido en la mano, el cual había tomado del altar con las tenazas;

  y tocó con él sobre mi boca, y dijo: He aquí, esto ha tocado tus labios, y tu ainiquidad es quitada, y borrado es tu pecado.

  Y luego oí la voz del Señor decir: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces dije: Heme aquí, envíame a mí.

  Y él dijo: Ve y di a este pueblo: Oíd bien, mas no entendieron; ved por cierto, mas no percibieron.

 10  Deja que se endurezca el corazón de este pueblo, y que se entorpezcan sus oídos, y que sean cerrados sus ojos; no sea que vea con sus ojos, y aoiga con sus oídos, y entienda con su corazón, y sea convertido y sanado.

 11  Yo entonces dije: Señor, ¿hasta cuándo? Y él respondió: Hasta que las ciudades queden asoladas y sin habitantes, y las casas sin hombre, y la tierra enteramente desierta;

 12  y el Señor haya aechado lejos a los hombres, porque habrá gran desolación en medio de la tierra.

 13  Mas todavía quedará una décima parte, y volverá, y será consumida; como el terebinto y como la encina que guardan en sí su substancia cuando echan sus hojas; así la santa semilla será su asubstancia.