Los nefitas guardan la ley de Moisés, miran adelante hacia la venida de Cristo y prosperan en la tierra—Muchos profetas trabajan con diligencia para conservar al pueblo en el camino de la verdad. Aproximadamente 399—361 a.C.

  Ahora bien, he aquí, yo, Jarom, escribo unas pocas palabras de acuerdo con el mandato de mi padre, Enós, para que sea preservada nuestra agenealogía.

  Y como aestas planchas son bpequeñas, y ya que estas cosas se cescriben con el propósito de beneficiar a nuestros hermanos los dlamanitas, es preciso, pues, que escriba un poco; pero no escribiré lo de mis profecías ni de mis revelaciones. Pues, ¿qué más podría yo escribir de lo que mis padres han escrito? ¿Acaso no han revelado ellos el plan de salvación? Os digo que sí; y esto me basta.

  He aquí, conviene que se haga mucho entre este pueblo, a causa de la dureza de sus corazones, y la sordera de sus oídos, y la ceguedad de sus mentes, y la adureza de sus cervices; no obstante, Dios es misericordioso en sumo grado con ellos, y hasta ahora no los ha bbarrido de la superficie de la tierra.

  Y hay muchos entre nosotros que reciben muchas arevelaciones, porque no todos son obstinados. Y todos los que no son de dura cerviz, y tienen fe, gozan de bcomunión con el Santo Espíritu, el cual se manifiesta a los hijos de los hombres según su fe.

  Y ahora bien, he aquí, habían pasado ya doscientos años, y el pueblo de Nefi se había hecho fuerte en el país. Se esforzaban por aguardar la ley de Moisés y santificar el día de breposo ante el Señor. Y no cprofanaban ni tampoco dblasfemaban; y las leyes del país eran sumamente estrictas.

  Y estaban esparcidos sobre gran parte de la superficie de la tierra, y los lamanitas también. Y éstos eran mucho más numerosos que los nefitas, y se deleitaban en el aasesinato y bebían la sangre de animales.

  Y sucedió que muchas veces vinieron a la batalla contra nosotros, los nefitas. Pero nuestros areyes y dirigentes eran grandes hombres en la fe del Señor; y enseñaron a la gente las vías del Señor; por lo tanto, resistimos a los lamanitas y los lanzamos de nuestras btierras, y empezamos a fortificar nuestras ciudades, y los sitios de nuestra herencia, cualesquiera que fuesen.

  Y nos multiplicamos en sumo grado, y nos extendimos sobre la superficie de la tierra, y llegamos a ser sumamente ricos en oro, y en plata y en cosas preciosas, y en finas obras de madera, en edificios, y en mecanismos, y también en hierro y cobre, y en bronce y acero, elaborando todo género de herramientas de varias clases para cultivar la tierra, y aarmas de guerra, sí, la flecha puntiaguda, y la aljaba, y el dardo, y la jabalina y todo preparativo para la guerra.

  Y estando así preparados para hacer frente a los lamanitas, éstos no prevalecieron contra nosotros, sino que se cumplió la palabra que el Señor habló a nuestros padres, diciendo: Según guardéis mis mandamientos, prosperaréis en la tierra.

 10  Y aconteció que los profetas del Señor amonestaron al pueblo de Nefi, según la palabra de Dios, que si ellos no guardaban los mandamientos, sino que caían en transgresión, serían adestruidos de sobre la faz de la tierra.

 11  Por tanto, los profetas y los sacerdotes y los maestros trabajaron diligentemente, exhortando con toda longanimidad al pueblo a la diligencia, enseñando la aley de Moisés y el objeto para el cual fue dada, persuadiéndolos a bmirar adelante hacia el Mesías y a creer en su venida ccomo si ya se hubiese verificado. Y fue de esta manera como les enseñaron.

 12  Y sucedió que por obrar así, evitaron que los del pueblo fuesen adestruidos de sobre la faz de la tierra; pues bcompungieron sus corazones con la palabra, exhortándolos sin cesar a que se arrepintieran.

 13  Y aconteció que habían transcurrido doscientos treinta y ocho años en guerras y contiendas y disensiones, durante gran parte del tiempo.

 14  Y yo, Jarom, no escribo más, porque las planchas son pequeñas. Pero he aquí, hermanos míos, podéis recurrir a las aotras planchas de Nefi, pues he aquí, sobre ellas está grabada la historia de nuestras guerras, según los escritos de los reyes, o lo que ellos hicieron escribir.

 15  Y entrego estas planchas en manos de mi hijo Omni, para que se lleven según los amandamientos de mis padres.