CAPÍTULO 25

Los del pueblo de Zarahemla (mulekitas) se convierten en nefitas—Se enteran de la gente de Alma y de la de Zeniff—Alma bautiza a Limhi y a todo su pueblo—Mosíah autoriza a Alma para que organice la Iglesia de Dios. Aproximadamente 120 a.C.

  Entonces el rey Mosíah hizo que se congregase todo el pueblo.

  Ahora bien, no había tantos de los hijos de Nefi, o sea, tantos de aquellos que eran descendientes de Nefi, como de los del apueblo de Zarahemla, el cual era descendiente de bMulek, y de aquellos que salieron con él al desierto.

  Y no eran tantos los del pueblo de Nefi y los del pueblo de Zarahemla, como lo eran los lamanitas; sí, no eran ni la mitad de su número.

  Y ahora bien, todo el pueblo de Nefi se hallaba reunido, y también todo el pueblo de Zarahemla; y se hallaban congregados en dos grupos.

  Y sucedió que Mosíah leyó, e hizo que se leyeran los anales de Zeniff a su pueblo; sí, leyó los anales del pueblo de Zeniff desde la época en que salieron de la tierra de Zarahemla, hasta que volvieron otra vez.

  Y también leyó la narración de Alma y sus hermanos, y todas sus aflicciones, desde el día en que salieron de la tierra de Zarahemla, hasta la ocasión en que volvieron.

  Y cuando Mosíah hubo terminado de leer los anales, su pueblo que moraba en el país se llenó de admiración y asombro.

  Pues no sabían ellos qué pensar, porque cuando vieron a aquellos que habían sido alibrados del cautiverio, se sintieron llenos de un gozo sumamente grande.

  Por otra parte, cuando pensaron en sus hermanos que habían sido muertos por los lamanitas, se llenaron de tristeza, y aun derramaron muchas lágrimas de dolor.

 10  Además, cuando pensaron en la cercana bondad de Dios y su poder para libertar a Alma y sus hermanos de las manos de los lamanitas y de la servidumbre, alzaron la voz y dieron gracias a Dios.

 11  Y más aún, cuando pensaron en los lamanitas, que eran sus hermanos, y en su condición de pecado y corrupción, se llenaron de adolor y angustia por el bienestar de sus balmas.

 12  Y aconteció que aquellos que eran hijos de Amulón y sus hermanos, quienes se habían casado con las hijas de los lamanitas, se disgustaron con la conducta de sus padres y no quisieron llevar más el nombre de sus padres; por consiguiente, adoptaron el nombre de Nefi, para ser llamados hijos de Nefi y ser contados entre los que eran llamados nefitas.

 13  Ahora bien, todos los del pueblo de Zarahemla fueron acontados entre los nefitas, y se hizo así porque el reino no se había conferido a nadie sino a aquellos que eran descendientes de Nefi.

 14  Y aconteció que cuando Mosíah hubo concluido de hablar y de leer al pueblo, fue su deseo que Alma también les hablara.

 15  Y Alma les habló mientras se hallaban reunidos en grandes grupos; y fue de grupo en grupo, predicando al pueblo el arrepentimiento y la fe en el Señor.

 16  Y exhortó al pueblo de Limhi y sus hermanos, todos aquellos que habían sido librados de la servidumbre, a que recordaran que fue el Señor quien los libró.

 17  Y sucedió que después que Alma hubo enseñado al pueblo muchas cosas, y hubo acabado de hablarles, que el rey Limhi sintió deseos de bautizarse; y todo su pueblo sintió el deseo de bautizarse también.

 18  Por tanto, Alma entró en el agua y los abautizó; sí, los bautizó de la manera como lo hizo con sus hermanos en las baguas de Mormón; sí, y cuantos bautizó pertenecieron a la iglesia de Dios; y esto por causa de su creencia en las palabras de Alma.

 19  Y aconteció que el rey Mosíah le concedió a Alma que estableciera iglesias por toda la tierra de Zarahemla, y le dio apoder para ordenar sacerdotes y maestros en cada iglesia.

 20  Ahora bien, se hizo así porque era tanta la gente, que un solo maestro no podía dirigirla; ni todos podían oír la palabra de Dios en una asamblea;

 21  se reunían, pues, en diferentes grupos llamados iglesias; y cada iglesia tenía sus sacerdotes y sus maestros; y todo sacerdote predicaba la palabra según le era comunicada por boca de Alma.

 22  Y así, a pesar de que había muchas iglesias, todas eran auna, sí, la iglesia de Dios; porque nada se predicaba en todas ellas sino el arrepentimiento y la fe en Dios.

 23  Ahora pues, eran siete las iglesias que había en la tierra de Zarahemla. Y sucedió que quienes deseaban tomar sobre sí el anombre de Cristo, o sea, el de Dios, se unían a las iglesias de Dios;

 24  y se llamaban el apueblo de Dios. Y el Señor derramó su Espíritu sobre ellos, y fueron bendecidos, y prosperaron en la tierra.