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Limpio e inmundo

En el Antiguo Testamento, el Señor les reveló a Moisés y a los antiguos israelitas que sólo ciertos alimentos se consideraban limpios o, en otras palabras, que se podían usar como alimento. La diferencia que los israelitas establecían entre lo limpio y lo inmundo ejercía un gran impacto en toda su vida religiosa y social. Se consideraban limpios y aceptables como alimento ciertos animales, aves y peces, mientras que otros se consideraban inmundos y estaban prohibidos (Lev. 11; Deut. 14:3–20). A algunas personas enfermas también se las consideraba inmundas.

En un sentido espiritual, estar limpio es estar libre de pecado y de deseos pecaminosos. En este sentido, el vocablo se usa para describir a la persona virtuosa y de corazón puro (Sal. 24:4). El pueblo del convenio de Dios siempre ha contado con instrucciones especiales de ser limpio (3 Ne. 20:41; DyC 38:42; 133:5).

  • El limpio de manos y puro de corazón subirá al monte de Jehová, Sal. 24:3–5.
  • A ningún hombre se le debe llamar común o inmundo, Hech. 10:11–28.
  • ¿Podréis mirar a Dios en aquel día con un corazón puro y manos limpias?, Alma 5:19.
  • Sed limpios los que lleváis los vasos del Señor, DyC 133:4–5, 14 (Isa. 52:11).