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Consagrar, ley de consagración

Dedicar(se), santificar(se), alcanzar la rectitud. La ley de consagración es un principio divino por el cual hombres y mujeres dedican voluntariamente su tiempo, su talento o habilidades y sus bienes materiales al establecimiento y la edificación del reino de Dios.

  • Hoy os habéis consagrado a Jehová, Éx. 32:29.
  • Todos los que habían creído tenían en común todas las cosas, Hech. 2:44–45.
  • Tenían en común todas las cosas; por tanto, no había ricos ni pobres, 4 Ne. 1:3.
  • El Señor explica los principios de la ley de consagración, DyC 42:30–39 (DyC 51:2–19; 58:35–36).
  • Un hombre no debe poseer más que otro, DyC 49:20.
  • Se dio una porción igual a cada hombre, según su familia, DyC 51:3.
  • Se estableció una orden para que los santos fueran iguales en los vínculos de cosas celestiales y terrenales, DyC 78:4–5.
  • Todo hombre debía tener el mismo derecho, según sus carencias y necesidades, DyC 82:17–19.
  • Sión solamente puede edificarse sobre los principios de la ley celestial, DyC 105:5.
  • El pueblo de Enoc era uno en corazón y voluntad y vivía en rectitud; y no había pobres entre ellos, Moisés 7:18.