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Mansedumbre, manso

Temeroso de Dios, recto, humilde, presto para aprender y paciente al sufrir. Los mansos están dispuestos a seguir las enseñanzas del Evangelio.

  • Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón: Mateo 11:29.
  • La mansedumbre es un fruto del Espíritu: Gál. 5:22–23.
  • El siervo del Señor debe ser amable, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen: 2 Tim. 2:24–25.
  • Un espíritu agradable y apacible es de gran estima delante de Dios: 1 Pe. 3:4.
  • Despojaos del hombre natural y sed mansos: Mos. 3:19. Alma 13:27–28.
  • Dios mandó a Helamán que enseñara al pueblo a ser manso: Alma 37:33.
  • La gracia del Señor es suficiente para los mansos: Éter 12:26.
  • Tenéis fe en Cristo a causa de vuestra mansedumbre: Moro. 7:39.
  • Nadie es aceptable a Dios sino los mansos y humildes de corazón: Moro. 7:44.
  • La remisión de los pecados trae la mansedumbre y la humildad de corazón, y, por motivo de la mansedumbre, viene la visitación del Espíritu Santo: Moro. 8:26.
  • Camina en la mansedumbre de mi Espíritu: DyC 19:23.
  • Gobierna tu casa con mansedumbre: DyC 31:9.
  • El poder y la influencia del sacerdocio pueden mantenerse con benignidad y mansedumbre: DyC 121:41.