Ofrenda

    Una dádiva al Señor. En el Antiguo Testamento, a menudo se usa este vocablo para referirse a los sacrificios u holocaustos. En la actualidad, la Iglesia utiliza las ofrendas de ayuno y otras contribuciones voluntarias (entre ellas, la donación de tiempo, de habilidades y talentos, y de bienes) para ayudar a los pobres y también para otras causas dignas.

    • Me habéis robado en vuestros diezmos y ofrendas, Mal. 3:8–10.
    • Reconcíliate primero con tu hermano y entonces ven y presenta tu ofrenda, Mateo 5:23–24.
    • Ofrecedle a Cristo vuestras almas enteras como ofrenda, Omni 1:26.
    • Si un hombre presenta una ofrenda sin verdadera intención, de nada le aprovecha, Moro. 7:6.
    • Las llaves del sacerdocio nunca más serán quitadas de la tierra, hasta que los hijos de Leví de nuevo ofrezcan al Señor un sacrificio en rectitud, DyC 13:1.
    • En éste, el día del Señor, ofrecerás tus ofrendas y tus sacramentos al Altísimo, DyC 59:12.
    • Ofrezcamos, como iglesia y como pueblo, una ofrenda al Señor en rectitud, DyC 128:24.