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Espíritu

La parte del ser viviente que existe desde antes del nacimiento del cuerpo mortal, que mora dentro de ese cuerpo durante la vida terrenal y que después de la muerte existe como un ser separado hasta la resurrección. Todos los seres vivientes -el hombre, los animales y la vegetación- fueron creados espiritualmente antes que existiese físicamente sobre la tierra forma alguna de vida (Gén. 2:4–5; Moisés 3:4–7). El cuerpo de espíritu es a semejanza del cuerpo físico (1 Ne. 11:11; Éter 3:15–16; DyC 77:2; DyC 129). Todo espíritu es materia, pero es más refinada y pura que los elementos o la materia terrenales (DyC 131:7).

Toda persona es literalmente hijo o hija de Dios, habiendo nacido como espíritu, de Padres Celestiales, antes de nacer de padres terrenales en la carne (Heb. 12:9). Toda persona que viva o haya vivido sobre la tierra tiene un cuerpo espiritual inmortal, además de su cuerpo de carne y huesos. Según lo definen a veces las Escrituras, el espíritu y el cuerpo unidos constituyen el alma (DyC 88:15; Moisés 3:7, 9, 19; Abr. 5:7). El espíritu puede vivir independiente del cuerpo, pero el cuerpo no puede vivir sin el espíritu (Stg. 2:26). La muerte física es la separación del espíritu y el cuerpo. En la resurreción, el espíritu se reúne con el mismo cuerpo de carne y huesos que habitó siendo un ser mortal, con dos diferencias importantes: nunca volverán a separarse, y el cuerpo físico será inmortal y perfecto (Alma 11:45; DyC 138:16–17).

  • Un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo, Lucas 24:39.
  • El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios Rom. 8:16.
  • Glorificad a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, 1 Cor. 6:20.
  • Este cuerpo es el cuerpo de mi espíritu, Éter 3:16.
  • El hombre es espíritu, DyC 93:33.
  • Cristo ministró a los espíritus de los justos en el paraíso, DyC 138:28–30 (1 Pe. 3:18–19).
  • Habéis nacido en el mundo mediante el agua, y la sangre, y el espíritu, Moisés 6:59.
  • Estaba entre aquellos que eran espíritus, Abr. 3:23.

Espíritus inmundos.

  • Jesús echó fuera muchos demonios, Mar. 1:27, 34, 39.
  • Sal de este hombre, espíritu inmundo, Mar. 5:2–13.
  • El espíritu malo enseña al hombre que no debe orar, 2 Ne. 32:8.
  • En el nombre de Jesús echaba fuera demonios y espíritus inmundos, 3 Ne. 7:19.
  • Muchos espíritus falsos se han esparcido por la tierra, engañando al mundo, DyC 50:2, 31–32.
  • José Smith explicó las tres claves para distinguir si un espíritu es de Dios o del diablo, DyC 129.