Selecciones de la Traducción de José Smith

TJS Génesis 14:25–40 (compárese con Génesis 14:18–19)

(Melquisedec bendice a Abram; se describen el ministerio de Melquisedec y los poderes y las bendiciones del Sacerdocio de Melquisedec.)

 25  Y Melquisedec alzó su voz y bendijo a Abram.

 26  Melquisedec era un varón de fe, que hacía justicia; y cuando era niño temía a Dios, y tapaba la boca de leones y apagaba la violencia del fuego.

 27  Y así, habiendo sido aprobado por Dios, fue ordenado sumo sacerdote según el orden del convenio que Dios hizo con Enoc,

 28  que era según el orden del Hijo de Dios; orden que vino, no por el hombre ni por la voluntad del hombre; ni por padre ni madre; ni por principio de días ni fin de años, sino por Dios.

 29  Y fue otorgado a los hombres por el llamado de su propia voz, de acuerdo con su propia voluntad, a cuantos creyeron en su nombre.

 30  Pues Dios, habiendo jurado a Enoc y a su posteridad, con su propio juramento, que todo aquel que fuese ordenado según este orden y llamamiento tendría poder, por medio de la fe, para derribar montañas, para dividir los mares, para secar las aguas, para desviarlas de su curso;

 31  para desafiar los ejércitos de las naciones, para dividir la tierra, para romper toda ligadura, para estar en la presencia de Dios; para hacer todas las cosas de acuerdo con su voluntad, según su mandato, para someter principados y potestades; y esto por la voluntad del Hijo de Dios que existió desde antes de la fundación del mundo.

 32  Y los hombres que tenían esta fe, habiendo llegado hasta este orden de Dios, fueron trasladados y llevados al cielo.

 33  Ahora, pues, Melquisedec era sacerdote de este orden; por tanto, alcanzó la paz en Salem y fue llamado el Príncipe de paz.

 34  Y su pueblo hizo justicia, y alcanzó el cielo y buscó la ciudad de Enoc, la cual Dios previamente había llevado, separándola de la tierra, habiéndola reservado hasta los últimos días, o sea, el fin del mundo;

 35  y ha dicho, y ha jurado con juramento, que los cielos y la tierra se han de reunir; y los hijos de Dios serán probados como por fuego.

 36  Y este Melquisedec, habiendo establecido así la rectitud, fue llamado por su pueblo el rey de los cielos, o, en otras palabras, el Rey de paz.

 37  Y él alzó su voz, y bendijo a Abram, siendo el sumo sacerdote y el guarda del almacén de Dios;

 38  él, a quien Dios había designado para recibir los diezmos para los pobres.

 39  Por lo que Abram le pagó los diezmos de todo lo que tenía, de todas las riquezas que poseía, las cuales Dios le había dado en mayor abundancia de lo que necesitaba.

 40  Y aconteció que Dios bendijo a Abram y le dio riquezas, y honor y tierras por posesión perpetua, conforme al convenio que había hecho y conforme a la bendición con que Melquisedec lo había bendecido.