Traducción de José Smith Apéndice

TJS, Apocalipsis 12:1–17. Compárese con Apocalipsis 12:1–17

Juan explica los símbolos de la mujer, del hijo, de la vara de hierro, del dragón y de Miguel. La guerra que comenzó en el cielo continúa en la tierra. Téngase en cuenta el cambio en la secuencia de los versículos de la TJS.

1 Y apareció una gran señal en el cielo a semejanza de las cosas de la tierra: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas.

2 Y estando la mujer encinta, clamaba con dolores de parto y sufría por dar a luz.

3 Y ella dio a luz un hijo varón que había de regir a todas las naciones con vara de hierro; y su hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono.

4 Y apareció otra señal en el cielo: y he aquí, un gran dragón rojo, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas, siete diademas; y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró delante de la mujer que había dado a luz, listo para devorar a su hijo después que hubiese nacido.

5 Y la mujer huyó al desierto, donde tenía un lugar preparado por Dios, para que allí la sustentasen durante mil doscientos sesenta años.

6 Y hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles contra Miguel;

7 y el dragón no prevaleció contra Miguel, ni contra el hijo ni contra la mujer, que era la iglesia de Dios, la que había sido aliviada de sus dolores y dado a luz el reino de nuestro Dios y su Cristo.

8 Ni fue hallado más lugar en el cielo para el gran dragón, que fue lanzado fuera, la serpiente antigua, que se llama Diablo y que también se llama Satanás, quien engaña a todo el mundo; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.

9 Y oí una gran voz en el cielo que decía: Ahora han venido la salvación, y el poder, y el reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo;

10 porque el acusador de nuestros hermanos ha sido arrojado, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche.

11 Porque ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra de su testimonio, y no amaron sus propias vidas, y conservaron el testimonio aun hasta sufrir la muerte. Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos.

12 Y después de estas cosas, oí otra voz que decía: ¡Ay de los moradores de la tierra, sí, y de los que habitan sobre las islas del mar!, porque el diablo ha descendido a vosotros, teniendo gran ira, pues sabe que tiene poco tiempo.

13 Porque cuando el dragón vio que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón.

14 Por tanto, le fueron dadas a la mujer las dos alas de la gran águila, para que huyese de la presencia de la serpiente al desierto, a su lugar, donde es sustentada por un tiempo, y tiempos y la mitad de un tiempo.

15 Y la serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, a fin de hacer que fuese arrastrada por el río.

16 Pero la tierra ayudó a la mujer, y la tierra abrió su boca y tragó el río que el dragón había arrojado de su boca.

17 Por lo que el dragón se enfureció contra la mujer; y se fue a hacer la guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.