Epístola del Apóstol San Pablo a los Hebreos

Capítulo 3

Cristo es el Apóstol y Sumo Sacerdote de lo que profesamos — Jesús, por ser el Hijo, es más que un siervo — Ahora es el tiempo y el día de nuestra salvación.

 Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, aconsiderad al bApóstol y cSumo Sacerdote de nuestra dprofesión, Cristo Jesús,

 quien es fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés aen toda la casa de él.

 Porque de tanta mayor gloria que Moisés es estimado digno éste, así como el que edificó la casa tiene mayor honra que la casa misma.

 Porque toda casa es edificada por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios.

 Y Moisés en verdad fue fiel sobre toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se había de decir;

 pero Cristo, como hijo fue fiel sobre la acasa de Dios, cuya bcasa somos nosotros, si es que hasta el fin retenemos firme la confianza y la gloria de la esperanza.

 Por lo cual, como dice el Espíritu Santo:Si oyereis hoy su voz,

  no aendurezcáis vuestros corazones como en la bprovocación, en el día de la tentación en el desierto,

  donde me tentaron vuestros padres; me pusieron a prueba, y vieron mis obras cuarenta años.

  10  A causa de lo cual me enojé con esa generación, y dije: Siempre divagan ellos en su corazón, y no han conocido mis caminos.

  11  Juré, pues, en mi ira: aNo entrarán en mi reposo.

 12 Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros acorazón malo de incredulidad para bapartarse del Dios vivo.

 13 Antes bien, aexhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que dure lo que se llama hoy, para que ninguno de vosotros se endurezca por el bengaño del pecado.

 14 Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que conservemos afirme hasta el fin el comienzo de nuestra confianza,

 15 entre tanto que se dice:Si oyereis hoy su voz,ano endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación.

 16 Porque algunos de los que habían salido de Egipto con Moisés, habiendo oído, le provocaron, aunque no todos.

 17 ¿Y con quiénes estuvo enojado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos acuerpos cayeron en el desierto?

 18 ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que no obedecieron?

 19 Y vemos que no pudieron entrar a causa de su aincredulidad.